sábado, agosto 29

Payadores negros

LOS NEGROS Y LA PAYADA

Entre el candombe y el tango se reconocen etapas o períodos. Uno de ellos es el de la payada. Siguiendo la definición tradicional consiste en el canto del payador, y de la competencia o contrapunto de dos o más payadores. Payador por su parte ha sido definido como el cantor popular que acompañado de guitarra, y generalmente en contrapunto con otro, improvisa sobre temas variados.

En este último caso se habla de payada de contrapunto. Se establece en el confrontamiento entre los cantores-payadores una competencia poético musical, en la que ambos tratan de superarse logrando de esa manera el apoyo y la adhesión popular. Para Leopoldo Lugones, la payada es el certamen improvisado por los trovadores errantes. El tema, como el de las églogas de Virgilio o de Teócrito, tiene un fondo filosófico que se desarrolla por preguntas y respuestas. El buen payador inventaba también el acompañamiento recital de sus canciones.

En esta actividad artística y musical, también hay herencia aborigen, ya que el payador no fue originalmente urbano sino, rural. Basta para comprobarlo releer las observaciones de los varios viajeros de la época hispana, como también las cartas de Hernandarias al rey de España, donde dice haber erradicado a los que estaban todo el día sin hacer tareas de provecho y se pasaban todo el tiempo tomando mate y cantando con la guitarra en la mano, solos o en grupos. Por ello, el payador es un personaje muy típico del Río de la Plata y ha dado lugar al nacimiento literario de un personaje como Santos Vega. La parábola de este poema es la payada con el diablo y la muerte final del cantor-payador. Puede ser tomada como el significado de la inevitable muerte de este canto y su confrontamiento lírico y musical, por la acción del progreso material, que implicó de manera directa el ingreso al nivel de vida de nuevas formas, al mismo tiempo que señala la desaparición física del gaucho cantor, con toda la herencia cultural del negro y del indio sublimadas en el mestizo que es el gaucho. Además, de la payada de Santos Vega, ha quedado en las páginas de la literatura nacional la de Martín Fierro y el negro. La derrota de este, también puede ser tomada como un signo premonitorio del destino final de la raza negra, en una civilización de blancos: su derrota cultural y su desaparición física.

A la influencia o herencia aborigen, mencionada antes, por ser la payada original un fenómeno cultural agrario y rural, hay que agregar la influencia de los negros con sus confrontaciones tamboriles -a los que hacen alusión las fuentes hispanas, ya enunciadas- por el sonido monocorde durante horas. Es lo que Néstor Ortiz Oderigo llama los diálogos organográficos, que terminaban cuando un contrincante dejaba fuera de combate al contendiente.

No es fortuito que ante la poca penetración de los negros en la literatura que podemos llamar blanca, expresada en la novela y el periodismo, sus mejores creadores literarios, volcados en la veta poética hayan logrado destacarse en la poesía payadoresca, a la que se debe agregar la colaboración periodística en prosa, pero en este caso como seudópodo, reafirmando sus valores payadorescos. Los libros publicados que llevan el nombre de payadores son para reafirmar sus condiciones de contendores versales y no como prosistas probados.

Otra particularidad hay que hacer notar respecto a todos los payadores en general, y a los de color, en especial. Es la de haber incursionado en alguna etapa de su trayectoria, como compositores de música o letristas en el tango, en la época en que éste era semiurbano y semirural, por estar en la etapa de definición desde la payada, la milonga y el tango ciudadano. Ello indica que los payadores de la campaña, o sea, desde los pueblos de la campaña, se fueron acercando, cuando no afincando, en las grandes urbes como fueron Santa Fe, Córdoba, Rosario y Buenos Aires.

Sin pretender hacer una lista totalizadora se dan a continuación breves biografías de los más destacados payadores que tienen raigambre africana:

ACOSTA GARCÍA, LUIS

ALFARO, ANDRÉS

BARRERA, RAMÓN

BETINOTI, JOSÉ

CAGIANO, ANTONIO A.

CAZÓN, HIGINIO

CEPEDA, ANDRÉS

CURLANDO, FEDERICO

DAMILANO, JUAN

DAVANTES, TOMÁS M.

DÍAZ, MAMERTO

DORREGO, CELESTINO

EZEIZA, GABINO

FERRETI, CONSTANTINO

GARCÍA, JUAN J.

GARCÍA, LUIS

HIDALGO, FÉLIX

JEREZ, PABLO

JUÁREZ, FELIPE

LUNA, PANCHO

MANCO, SILVERIO

SUÁREZ, RUDECINDO

TREJO, NEMESIO

MARTÍN: sobre este payador moreno es más lo que se ignora que lo que se sabe de su vida. Así por ejemplo se sabe que era conocido por el apodo de Matilibimbe y que sostuvo una payada con el payador Agapito, posiblemente bajo la carpa de un circo. El resto de su actividad se desvanece en la ignorancia de hechos probatorios.

RAMÍREZ: Con este payador moreno se repite la circunstancia ya dicha en el caso anterior, es más lo que se ignora que lo que se sabe. Se lo ubica como afincado en la zona de Dolores, Buenos Aires, donde trabajaba en tareas rurales, las que dejaba para celebrar payadas en los partidos cercanos. Así se menciona la payada con el manco Baigorria, ya citado antes, en el ex partido de El Vecino, hoy General Guido.

Quedan otros nombres para incluir en esta lista somera, como Pancho Luna de quien se hablaba en la época rivadaviana o Valentín Ferreyra, de la zona de 9 de Julio, Buenos Aires, para el filo de la federalización de Buenos Aires, pero la enorme ausencia de datos creibles y comprobables, hace que se dejen sin mencionar.

Una curiosidad posible de apuntar, es la referida al homenaje popular brindado a los negros de la ciudad de Buenos Aires. Se estima que sus calles, plazas y parques están adornados y embellecidos por unas 2.000 estatuas u obras de arte. De ese número sólo tres corresponden a negros. Uno es el recordatorio de la esclavitud, otro el de Falucho y el tercero de Gabino Ezeiza.

Una variante en la poética popular la constituyen los versos de los pregoneros. Esta actividad es muy antigua data, conociéndose su actividad en las ciudades griegas y romanas, pero fue en la Edad Media, donde tuvieron un apogeo inusitado. En la época del dominio español el pregonero callejero, adquirió los perfiles de la actual publicidad televisiva, pues al mismo tiempo que mostrar la mercadería, decían en palabras muy directas las virtudes y el precio de los pregonado. Por ello, en las viejas crónicas virreinales se encuentran menciones de pregones de todo aquello que podía ser consumido por la población, ya fuera la carne, como el agua traída del río, el pan, la leche o la mazamorra, y también profesiones como la de hormiguero, jardinero, trenzador, frutero, pocero, etc.

Han quedado reflejados en las litografías de Bacle o en los cuadros de Vidal o de Pellegrini, haciendo el pregón y vendiendo al menudeo. Por las noches esos pregoneros de mercaderías eran reemplazados por los pregones de los serenos, que además de dar las condiciones climatológicas, daban con la afirmación de Sereno, la tranquilidad para seguir durmiendo o descansando. Con el correr del tiempo y el avance material, fueron reemplazados los pregones por los carteles, pues ya el nivel de alfabetismo hacía posible la lectura de los mismo. Quedaron como resabio los negros y negras que vendían y pregonaban por las calles la mazamorra, las tortas y los pasteles, intentando reunir el dinero necesario para el cotidiano vivir. Estos a su vez fueron desapareciendo por sucesión biológica y adelantos técnicos.

1 comentario:

  1. Querría mas información de Luís García (no Luis que habría empatado con Ezeiza con quien payara, según he leído en muy escueta información, y que fue de los buenos negros

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