sábado, setiembre 18

Los Pioneros

En el camino de los grandes pioneros 

Familia Darraud
En tanto pioneros de la colonización, la historia de los inmigrantes suizos sigue estrechamente los avatares económicos y políticos del país, entre la segunda mitad del siglo XIX y los primeros años del XX, período que se conoce con el nombre de "Argentina agro-exportadora".
Es por esa razón que para comprender la trayectoria de la colectividad suiza en Rosario se hace necesaria una mirada de conjunto sobre los momentos centrales de la evolución de Santa Fe, provincia que experimentó un crecimiento formidable en aquellas décadas y convirtió a Rosario en el puerto de salida de la producción de una vasta región del país (...).
Es posible distinguir dos momentos centrales en la marcha del proyecto agro-exportador en la provincia de Santa Fe, el primero, que corre entre 1850 y 1880, se desarrolla a partir de la llegada de los primeros contingentes de inmigrantes suizos, el trazado ferroviario y la creación de las colonias; el segundo, entre 1880 y las primeras décadas del siglo XX, marca el desencadenamiento de un proceso de expansión económica, anunciado desde la etapa anterior, que hará de Rosario la segunda ciudad del país. Éstos son los años de la inmigración masiva, cuando millones de europeos llegan a tierra argentina.

Tiempo de aventura
A partir de mediados del siglo XIX, la provincia de Santa Fe promueve la creación de colonias y la subdivisión de la propiedad territorial, en el marco de una política que busca resolver con urgencia el problema de un territorio con fronteras móviles, con una ausencia casi total de inversión de capitales y con insuficiente mano de obra. La construcción del ferrocarril Central Argentino será el elemento clave en el desarrollo de las colonias, con la conformación de un mercado regional y la constitución de una pequeña y mediana burguesía agraria, compuesta mayoritariamente por inmigrantes helvéticos provenientes de los cantones de lengua francesa y alemana.
Paulatinamente, al calor de un crecimiento sostenido, llegan a la provincia y a la ciudad suizos de todos los cantones y de todas las condiciones. Esta es una historia mucho menos conocida y por esa razón debemos subrayarla: ya desde la década de 1850 se constata la existencia de un número importante de tecineses en Rosario. En su mayoría son jóvenes solteros, de humilde condición, ligados a los diversos oficios de la construcción, quienes en el futuro jugarán un papel relevante en el desarrollo edilicio de la ciudad de Rosario.
Hacia 1864 quedó definitivamente encaminada la construcción del Ferrocarril entre Rosario y Córdoba, ciudades hasta entonces sólo accesibles con carretas o diligencias. La línea de 396 km significó un cambio trascendental para la ciudad y el país, permitió la salida de los productos del interior por el puerto de Rosario y sentó las bases para la definitiva consolidación de un mercado nacional que terminaría por dibujarse con la comunicación entre Buenos Aires y Rosario (1890), y más tarde con la extensión de vías hacia Tucumán y Mendoza.
Siguiendo la traza del Central Argentino se asentaron nuevas colonias que contaron con el aporte decisivo de inmigrantes suizos. De acuerdo con el contrato firmado entre el gobierno argentino y Guillermo Wheelwright, la Compañía del Central Argentino formó una empresa colonizadora que en 1869 encomendó a Guillermo Perkins contratar inmigrantes europeos para establecerse en Roldán, primera estación del ferrocarril y punto donde comenzaba el derecho de la empresa a las tierras.
El primer contingente, compuesto por 25 familias oriundas del cantón de Berna, llegó a Rosario en marzo de 1870. A su arribo recibieron casas de madera, alambre para cercos, implementos y provisiones que les permitieron emprender el trabajo de manera inmediata. Así, a 20 km de Rosario, comenzó a formarse la colonia que fue llamada Bernstad (ciudad de Berna) y que hoy conocemos como Roldán. La segunda colonia fue fundada en el cruce entre el río Carcarañá y la vía férrea, y tomó el nombre de dicho río. En 1872, la habitaban 89 familias de las cuales 20 eran suizas. Entre las dos colonias iniciales se fundó, ese mismo año, San Jerónimo Sud, poblada fundamentalmente por suizos. Esa localidad se encontraba administrativamente dentro de la jurisdicción de Bernstad, junto con Zavalla. También para 1870 se fundó Cañada de Gomez, con colonos ingleses, italianos y suizos. El proceso continuó más tarde con la creación de Tortugas, Amstrong, Leones, Marcos Juárez.
En 1870, junto con el arribo de los contingentes europeos, se instalan en Bernstad colonos provenientes de otras localidades que habían llegado al país en años anteriores. En general, se trata de inmigrantes que no habían obtenido concesión de tierras en otras colonias. También se encuentran suizos que instalados inicialmente en los centros urbanos intentan suerte en la labor agrícola. He aquí un ejemplo de un vasto fenómeno de movilidad geográfica que caracteriza al grueso de la inmigración europea en aquella época, y que en el caso de los suizos está motivado fundamentalmente por el afán de acceder a una parcela de tierra. (Del mismo modo, los campos de Sierra de la Ventana, en la provincia de Buenos Aires, fueron colonizados en 1885 por la empresa Tornsquist y Cía., con colonos provenientes de Baradero, Bernstad y Carcarañá).
En este primer período del proyecto agro-exportador, la historia de la ciudad de Rosario se vincula estrechamente con la de las colonias y poblados santafesinos. En verdad, ambas forman parte de un mismo espacio y de un mismo proceso, signado por una notable movilidad que hace que los inmigrantes transiten sin descanso de una a otra región, de una a otra ciudad.
El signo de la diversidad
En el trabajo El inmigrante suizo en la colonia Bernstad, Sandra Mengarelli y Elena Wullschleger han analizado el recorrido de más de una decena de colonos antes de su radicación en esa localidad. Ilustrativo de ese desplazamiento es el recorrido de Samuel Hegi. Natural de Berna, llegó a la Argentina en 1857, cuando contaba con 37 años de edad. En principio se instaló en Buenos Aires, luego se trasladó a Carmelo (Uruguay), más tarde se afincó en Baradero, luego pasó por Coronda, hasta establecerse definitivamente en Bernstad, en 1870. Murió en Rosario, en 1873.
Tal capacidad de traslado indica también una notable variación en los oficios que podía ejercer un mismo inmigrante: Pedro Dürst había realizado desde su llegada al país los trabajos más diversos —peón, leñador, empleado, agricultor, propietario (frustrado) de un hotel en Esperanza—, hasta convertirse con los años en el maestro más destacado de las colonias suizas de Santa Fe.
La ciudad de Rosario, que en ciertos casos aparece como el lugar elegido con premeditación por algunos inmigrantes, resulta, en otras ocasiones, el último destino de un largo itinerario que lleva al viajero por distintos lugares del país, o de la provincia, en búsqueda de una parcela de tierra o de un trabajo expectante. Ello significa que en estos años la ciudad no poseía todavía el carácter de polo de atracción determinante para el inmigrante helvético que sí adquirirá en las décadas siguientes.
En suma, en este primer período que se extiende hasta 1880, nos enfrentamos a un proceso marcado por la diversidad. Los inmigrantes provienen de diferentes cantones, clases y grupos sociales. Sus recorridos en Argentina obedecen también a comportamientos disímiles, un grupo mayoritario se ubica en las colonias dedicado a las actividades agrícolas y grupos más reducidos se instalan en los centros urbanos.
Esos suizos comparten, sin embargo, algunos rasgos en común: un notable nivel de instrucción, un acendrado espíritu de cuerpo y la adhesión a un conjunto de valores culturales que definen el carácter de esta comunidad. A ello se agrega que las mismas características del proceso migratorio en este primer estadio (que impone en el inmigrante un marco de expectativas ciertas, pero también de fuertes incertidumbres en cuanto al futuro) desalienta la expresión de jerarquías al interior del mismo grupo étnico, y más bien favorece las extensión de comportamientos solidarios aun entre compatriotas con situaciones económicas muy distintas. Por lo demás la estructura productiva de las colonias agrícolas determina una sociedad fuertemente igualitaria en cuanto a los ingresos y a las condiciones de vida.
Son estos grupos pioneros, de todos los cantones, quienes desarrollarán en conjunto una activa labor comunitaria mediante la creación de asociaciones étnicas y culturales a lo largo de la provincia. Asociaciones imbuidas de un espíritu liberal: sus miembros se adherían libre y voluntariamente, al tiempo que se los consideraba iguales en derechos.
Raquel Galuppo / Alejandro Moreira
Fuente: La Capital 

 

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