jueves, agosto 27

La esclavitud en Buenos AIres III

COMERCIO Y TRATA EN EL RÍO DE LA PLATA

  A manera de síntesis y para hacer comprensible la maraña de altibajos registrados en el comercio y la trata de negros en el Río de la Plata, se acompaña el siguiente cuadro esquemático:

  Primera época:

  - Asiento otorgado a Enrique Ehinger y a Jerónimo Sayller, entre 1518 y 1532.

  - Asientos parciales celebrados con varios contratistas en los años 1541, 1561, 1571 y 1586.

  - Contrato o asiento celebrado con Pedro Gómez Reynel entre 1595 y 1601.

  Segunda época o período portugués:

  - Asiento otorgado a Juan Rodríguez Coutinho, y a su hermano González Váez Coutinho, entre los años 1601-1603.

  - Renovación del asiento al segundo de los nombrados, en los años 1604-1609.

  - Asiento a favor de Martín Cuello o Coelho, en el año 1609. Como se comprobó que el titular era otro, se procedió a rescindir el contrato respectivo.


  - Entre 1609 y 1615 se realizó la trata de negros de manera directa, por parte de la corona española.

  - Asiento a nombre de Antonio Rodrígues Delvas, quien inicia la internación de negros al interior del territorio.

  - Asiento a nombre de Diego de Pereira en el año 1617.

  - Asiento a nombre de Manuel Rodríguez Lamego que se inició en 1623 y terminó en 1631.

  - Asiento parcial a favor de Nicolás Salvago, quien había comprado 1500 licencias libradas a nombre del arzobispo de Toledo, en el año 1631.

  - Asiento que duraría entre 1631 y 1640, pero que fue declarado anulado al estallar la revolución en Portugal.

  Tercer período:

  - Entre 1640 y 1651 se interrumpió la trata.

  - Entre 1651 y 1662 se volvió a la administración directa.

  Cuarto período o la transición:

  - Duró entre 1662 y se prolongó hasta 1684. Durante el mismo se otorgaron asientos a genoveses, portugueses, al Consulado de Sevilla, y a varios asentistas de distintas nacionalidades.

  Quinto período u holandés:

  - Se extendió entre 1685 y 1687, siendo anulado al fallecer el titular del mismo Baltasar Coymans.

  Sexto período o segunda transición:

  - Entre 1687 y 1689 se realizó la trata de manera directa. Entre 1689 y 1701 se sucedieron asientos a varios titulares, con complicaciones diplomáticas y guerreras que dificultaron la provisión de negros hasta que en

  - 1696 se celebró asiento con la Compañía Real de Guinea o Compañía de Cacheu, que eran de nacionalidad portuguesa. Duró hasta 1701.

  Séptimo período o asiento francés:

  - Tiene como duración los años 1702-1713 y el titular del asiento de negros fue la Real Compañía de Guinea de Francia.

  Octavo período o asiento inglés:

  El titular de este asiento fue Su Majestad Británica, quien lo transfirió a la South Sea Company, la duración del mismo fue entre 1713 y 1744.

  Noveno período.

  Se extiende entre 1744 y el Reglamento del Libre Comercio en 1778.

  Décimo período:

  - Comprende desde 1778 hasta 1824.

   También para simplificar y hacer más comprensible el problema del comercio y trata de negros, por medio de algunas cifras se da un panorama general de los distintos períodos señalados.

  Los negros estuvieron presentes en el Río de la Plata a bordo de los primeros buques hispanos que surcaron sus aguas. Posiblemente los primeros correspondan al embarque que hizo Diego García en la expedición de Juan Díaz de Solís. También estuvieron presentes con Caboto, Pedro de Mendoza, Juan Ortiz de Zárate, etc.

  Como se ha señalado reiteradamente es imposible determinar con exactitud, pese a la abundancia documental, cuántos negros entraron por Buenos Aires en total (vía legal y contrabando), como lo prueban los excesos cometidos por el obispo Vitoria cuando exportó a Brasil y trajo de retorno mercaderías europeas y negros esclavos, aduciendo que era mano de obra reclamada en el noroeste. Reafirman lo anterior las cartas de Hernando Arias de Saavedra al rey comentándole el contrabando realizado, la existencia de bandas de comerciantes porteños especializados en el ingreso ilegal y sus denodados trabajos para terminar con esas malas prácticas.

  Una estimación de los negros entrados por Buenos Aires entre 1588 y 1597 indica que nada más que el 17% corresponde al ingreso de negros por la vía legal. Confirma lo anterior la manifestación siguiente: Es imposible calcular el número de negros introducidos clandestinamente, pero el número de los apresados era tan grande, que obliga a pensar que si para los tratantes era notable la merma, la introducción furtiva debió ser cuantiosa para cubrir esas pérdidas.

  Cálculos realizados sobre el ingreso de negros esclavos desde las costas de Brasil entre 1606 y 1655, dan un total estimado de 26.650, que en realidad es mayor, por las deficiencias que presentan los documentos existentes en el A.G.N. y además por la pauta anterior. Por todo ello es posible calcular que el número correcto de negros esclavos ingresado llegó a superar los 160.000, correspondiendo una estimación de casi 135.000 a los ingresados de contrabando.

  El contrabando realizado en tal gran escala fue facilitado por una larga serie de factores como era el delta que forman el río Paraná con el Uruguay; la cercanía de las posiciones portuguesas; las posibilidades de desembarcar los negros a lo largo de la accesible costa bonaerense; la carencia de medios militares y navales, para combatir los desembarcos clandestinos; la práctica de permitir el ingreso de buques de arribada forzosa y la complicidad deshonesta de los funcionarios reales y cabildantes.

  La arribadas forzosas eran permitidas por razones de práctica marítima y de humanidad. Los buques que se presentaban ante la rada del puerto y solicitaban permiso para entrar y descargar, aduciendo falta de agua, comida, enfermos, averías graves ocurridas en la navegación o en el enfrentamiento con buques que los atacaron, como otros mil artilugios pícaros, aprovechaban para entrar parte del cargamento por la vía legal y parte por la ilegal, recurriendo a la complicidad administrativa.

  Este contrabando tenía doble vía, pues para salir del puerto y navegar a otros puertos realizaban las cargas clandestinas de los buques. Los productos que predominaron en Buenos Aires hasta mediados del siglo pasado, fueron los llamados frutos de la tierra, como eran los cueros vacunos, yegüerizos, sebos, grasas animales, pieles de animales salvajes, plumas de avestruz, crin, astas y al principio pequeñas cantidades de tasajo o cecina, destinada a alimentar a la marinería embarcada, pero que luego adquirió mayores volúmenes cuando el tasajo se convirtió en parte obligada de la comida de la población esclava en la mayoría de las plantaciones de azúcar, tabaco, añil, algodón, arroz y otras manifestaciones agrícolas. Como no siempre había disponibilidad de cueros prontos para el embarque, se procedía a equilibrar el ingreso (legal o ilegal) con dinero o metales preciosos, amonedados o en barras, provenientes de las minas del Alto Perú.

  Todo ello contribuyó a fortalecer la vida comercial de esta parte del continente que se encontraba muy alejada de las vías normales, al mismo tiempo que muy aislada por las reiteradas paralizaciones del comercio por la guerras internacionales que España mantuvo contra Portugal, Holanda, Francia e Inglaterra, al mismo tiempo que la declinación económica, política y militar acusada por el reino, después de Felipe II, adquiría niveles cada vez más altos, colocándola a merced de las naciones que lograban muy buenos niveles de desarrollo manufacturero y fabril, impulsando y consolidando las políticas internacionales de expansión y engrandecimiento.

  El asiento francés o de la Real Compañía de Guinea, se distinguió de los anteriores, por esta mejor organizado administrativamente en tierra, para recepción y venta de los negros esclavos.

  Durante su tiempo de acción es que se inició la concentración de negros en el lugar llamado El Retiro y que corresponde al actual emplazamiento del edificio Cavannagh, frente a la Plaza San Martín.

  Durante el tiempo que duró este asiento (1702-1714), oficialmente se registró el ingreso de 3475 cabezas de negros, equivalente a 2802 - 5/6 piezas de Indias, sobre las que se debió pagar aranceles de ingreso.

  La literatura internacional referida a la trata de negros, especialmente la emanada de investigaciones realizadas en los repositorios, españoles, portugueses, franceses, británicos y norteamericanos, dan como promedio y resumen constante las siguientes proporciones en lo referido a los ingreso legales y por ello contabilizados: 2/3 de hombres, 1/3 de mujeres y entre el 3-5% de niños muy menores. También, como resumen y promedio las pérdidas en las cargas oscilaban entre el 25 y el 30%, debido a múltiples razones, datos ya suministrados anteriormente, salvo los casos de hundimientos, pues entonces la pérdida era total.

  De las licencias o permisos de importación se cumplieron entre el 55 y el 58%. Entre el ingreso legal y el ilegal existió la siguiente proporción: 20-25% para el primero y 80-75%, para el segundo. En cuanto a la ganancia dejada por las operaciones del comercio o la trata de negros, es casi imposible establecer una cifra confiable, pero el piso rondaba el 180% de beneficios y el techo podía llegar a 300%, habiendo operaciones muy bien documentadas, donde se superó con largueza este techo.

  Por lo anterior es posible sostener que el verdadero ingreso de negros esclavos en el período que corresponde al asiento francés supera por mucho la cantidad de 20.000 cabezas de negros.

  Respecto a la introducción clandestina de mercaderías es posible indicar que en Buenos Aires existió la Pandilla del Barranco, dedicada casi exclusivamente a la introducción de contrabando.

  Utilizando poderosos catalejos, avistaban desde la barranca del río el ingreso de los buques y disponían de inmediato las partidas de gauchos para que se apostaran en la costa desde el actual Berazategui hasta la Ensenada de Samborombón, para recibir cantidades parciales de mercaderías que se llevaban de inmediato a ranchos o casas de campo, para ocultarlas y en caso de no haber construcciones, se las tapaba con parvas de paja. Muy rápido se producía luego el traslado de las cargas parciales recibidas hasta concentrarlas en quintas ubicadas en la zona de San Isidro, donde se procedía a separar lo destinado al mercado porteño y lo destinado al interior. El ingreso en la ciudad era lento, nocturno y para satisfacer la demanda de uno o dos comerciantes, pues muchos animales o carretas cargados marchando de noche llamaban la atención de las autoridades. Las mercaderías destinadas al interior se distribuían en arrias o caravanas de carretas que se desplazaban por distintos caminos a Santa Fe, Córdoba y Mendoza, para seguir más allá, si había demandas confirmadas.

  Por su parte el asiento inglés significó el desplazamiento de Francia en el comercio hispano con sus posesiones americanas y un fortalecimiento político, económico y militar de Inglaterra.

  Sus fluctuaciones han sido muy bien estudiadas y detalladas por la señora de Studer, por lo que se remite al lector a su obra.

  Una estimación de la cantidad de negros introducidos por la vía legal por la compañía inglesa a lo largo de los años que duró el asiento, posibles de contabilizar utilizando la documentación disponible en el A.G.N. entre 1722 y 1738, es de 7072 hombres, 3048 mujeres y 32 niños, totalizando 10.513, pero otra estimación posible de realizar utilizando otras fuentes informativas (españolas e inglesas) elevan esa cantidad a casi el doble.

  Siguiendo el patrón referido antes, sobre el porcentaje de introducción total, tomando en cuenta la cifra legal, para estimar el contrabando y luego arribar al total de la posible introducción. Es posible entonces que sobre esas cifras totales legales, lo introducido por contrabando ascendiera a algo más de 200.000 cabezas de esclavos (no piezas de Indias).

  Una estimación moderada de la cantidad de negros esclavos ingresados por la región del Plata desde la refundación realizada por Garay hasta 1813, de la cifra de 2.358.520, ingresos. Como se ha indicado antes, la mayoría de ella se distribuyó en las regiones del interior, siendo absorbida por dos focos principales, como eran Chile, con sus minas de cobre y el Alto Perú, con sus minas de plata. Por ello no ha de sorprender que en las cifras de los censos practicados antes de 1810, la cantidad de negros esclavos existentes en Buenos Aires resulte casi ínfima en proporción a la introducciones, que se verán más adelante.

  Para fines del siglo XVIII el comercio negrero estaba amparado y legislado por dos R. O. (1791 y 1798), y podían practicarlo españoles y extranjeros. La diferencia más notable era que los españoles podían introducir junto a los negros mercaderías variadas, mientras los extranjeros no podían hacerlo. Ambos tenían ciertas franquicias, como la de no pagar impuestos en el primer ingreso.

  El reclutamiento de la mano de obra esclava quedaba liberado a los puertos africanos y brasileños, pero a partir de 1800, se concentró en los primeros, realizando el tráfico únicamente en buques españoles, para evitar el contrabando que se hacía desde Brasil.

  Entre los elementos permitidos al ingreso, además de los negros, figuraban cristal de roca, goma, ébano, especias, marfil, máquinas para ingenios y algunas otras cosas. En el Río de la Plata, el puerto de Montevideo concentró la preferencia para el arribo de los buques de ultramar, por ser puerto de aguas profundas para la época. De allí podían o no traer los negros a Buenos Aires, venderlos en pública subasta y luego distribuirlos.

  Posiblemente la diferencia que resulta entre los ingresos legales comprobados y las estimaciones de los ingresos de contrabando, se deba a la deficiente anotación realizada en los documentos que hoy son posibles de consultar, respondiendo a modalidades contables de la época que resultan inaccesibles para notros que las desconocemos.

  De este ingreso, sea correcto o estimativo, una parte importante se destinaba a satisfacer las demandas de mano de obra del interior, como se ha señalado antes, absorbiendo Chile y el Alto Perú casi el 70% del mismo.

  Esas internaciones de negros esclavos a la provincias del interior o regiones vecinas, implicaron un doble contrabando. El primero consistió en acompañar a los negros con verdaderos convoyes cargados de mercadería que con el pretexto de llevar bastimentos, transportaban cuchillos, géneros, variadas telas multicolores aptas para la confección de ropa, espejos, abalorios, herramientas, ponchos y estribos fabricados en Manchester que desplazaban del mercado regional lo producido por las manifestaciones locales a las que superaban en calidad y baratura. De retorno traían frutos de la tierra, pero muy especialmente plata y oro, amonedado o en pasta, oculta en las bolas de sebo vacuno. Esta extracción ilegal motivó los continuos reclamos del Virreinato de Lima que veía drenar hacia el sud sus riquezas minerales.

  A pesar de los altibajos y períodos de suspensión, la trama comercial urdida desde Buenos Aires, para comerciar legal o ilegal, quedó intacta y se perfeccionó, después del cese del asiento inglés. Un ejemplo de la trama comercial urdida fue que el fletador de un buque que pudiera transportar 300 negros, al venderlos obtenía $75.000. Pero por la capacidad de carga de su buque, sólo podía retornar con $20.000, en frutos de la tierra, quedándose un remanente de $55.000, para futuros viajes. De esta manera, además del intercambio de negros por frutos, se multiplicaban las oportunidades de contrabando tanto en el ingreso como en el retorno.


Buenos Aires y sus negros II

CARIMBA

Esta palabra es de origen portugués y designa al hierro utilizado para marcar los esclavos, tanto en la operación de embarque en África, como en el desembarque en las posesiones americanas. Fue llamado de esta manera en la mayoría de los países latinoamericanos, con excepción de Cuba y Bolivia, donde se lo llamó calimba y en Perú donde el nombre fue carimbo.

Tenían la misma función que las marcas aplicadas al ganado, pues servían para demostrar la propiedad del introductor legal. Casi siempre tenían signos o letras que identificaban al propietario y son posibles de encontrar en legajos del Archivo General de la Nación referidos a compras de esclavos, sirviendo también para el control de las caravanas de esclavos que partían para el control de las caravanas de esclavos que partían de Buenos Aires al interior, pues su ausencia denunciaba el ingreso irregular.

La operación de marcar o carimbar a los esclavos se realizaba a continuación del palmeo y volvía a ser otro episodio terrorífico para los esclavos. Se la aplicaba en el pecho o los omóplatos en los hombres y en los glúteos a las mujeres, casi siempre cerca de la anterior marca aplicada al embarcar.

Dio lugar a más de una escena de rebeldía o intentos de fuga masivos, a pesar de encontrarse encadenados y en tierras extrañas. Se siguió practicando esta bárbara costumbre en Buenos Aires hasta que el ministro Gálvez la suprimió por R. O. del 4 de noviembre de 1784.

Una vez terminada esta etapa, se concentraba a los negros en determinados lugares, casi siempre en la plaza de la Aduana, para proceder a su venta particular o en almoneda.

Es casi imposible determinar el precio promedio de un negro o un negra, pues el mismo dependía de múltiples factores, de quienes lo compraban y del destino que se les daba. Lo que es posible determinar con más precisión, es quienes eran los adquirentes, pudiendo decirse que salvo los carentes de dinero o los marginados por ley, todos podían comprarlos. Es así como aparecen en los documentos del A.G.N. funcionarios reales, del Cabildo, tenderos, almaceneros, quinteros, hacendados, sacerdotes o directivos de órdenes religiosas afincadas en Buenos Aires o en el interior, familias tradicionales, pulperos, propietarios de tahonas, etc.

TRATO

En lo que respecta al trato dado a los esclavos en la sociedad del Río de la Plata, hay que hacer la salvedad que salvo excepciones anómalas, el trato dispensado por los patrones de esclavos fue benigno. Muchos de ellos fueron adquiridos para el servicio doméstico y por ello debieron vivir en ambientes familiares, donde la violencia no era lo cotidiano a pesar de la autoridad paterna sin límites que regían en aquel entonces.

Al no existir casi indios dispuestos a conchabarse en el servicio doméstico y la ausencia total de los blancos europeos para esos menesteres, hizo que el negro llenara la demanda de servicio. El europeo comerciante de medianos recursos, necesitaba para su atención personal y de su casa, por lo menos cuatro o cinco criados, en el caso de ser soltero. Si era casado y con dos o tres hijos, ese número se multiplicaba por dos o tres, dependiendo del nivel social y del giro comercial alcanzado.

Además de los blancos e indios, el tercer elemento étnico lo constituyó el africano. Comenzó a llegar en cantidades apreciables para principios del siglo XVII y formó la mano de obra del personal doméstico y del artesano manual.

Su valor comercial era grande y su propiedad significaba riqueza, fuente de ingresos y status social. Los esclavos vivían la vida de sus amos, a quienes servían fielmente; se ganaron la benevolencia y eran tratados con suavidad. En la ciudad de Buenos Aires no se conocieron las crueldades que en otras regiones hicieron odiosa la esclavitud doméstica o laboral. Se los distinguía con diferentes nombres, según hablaran o no el castellano. A los primeros se los llamó negros ladinos y a los segundos negros bozales.

Los negros tenían bastante libertad y aparte de sus tareas específicas no era raro que se dedicaran a producir diferentes artesanías cuya renta, en muchos casos, representaba buena parte de los ingresos familiares. Cuando el blanco bautizaba a los esclavos, además del nombre cristiano, le daba su propio apellido, como se ha dicho antes y esta costumbre se extendió incluyendo a pardos y morenos.

El negro esclavo era utilizado por el propietario blanco en todos los oficios manuales que el español se resistía a desempeñar. Unas veces lo hacían en talleres, por jornales que percibían de sus amos, y otras trabajaban directamente bajo la dirección de éstos. Sus mujeres mientras tanto, atendían las tareas domésticas y colaboraban en aquellas faenas caseras, que representó un verdadero ahorro en la economía familiar. Una tarea reservada, casi con exclusividad a las negras, fue la de hacer de amas de leche de los hijos de la familia a la que pertenecían, atendiendo a esos hijos ajenos con afecto y dedicación como si se tratara de hijos propios.

Contra lo que pudiera esperarse, dado el número relativamente considerable que alcanzó a haber, los africanos no se multiplicaron mucho entre sí.

Cuando aumentó el número de los negros, fueron autorizados a reunirse en naciones, que designaba a su jefe o rey y celebraban reuniones de baile y canto, acompañando a ceremonias típicas de sus lejanos orígenes, donde por transculturación mezclaron el culto ancestral con el catolicismo imperante en la sociedad de los blancos.

El buen trato dado a los negros, no significó en ningún momento la equiparación con el blanco. Nada pudo vencer el prejuicio que separaba a esos elementos étnicos. El español se mostró reacio para admitirlos, a pesar de no ser esquivo para cohabitar ilegalmente con las mestizas, cuya escala de colores fue una de las preocupaciones constantes de la sociedad en el período español. La separación fue siempre bien marcada, en talleres, oficios, escuelas, orfelinatos u hospitales, pues se temía que los vicios reales o imaginarios de los negros, pudieran propagarse entre los blancos.

Un ejemplo de estos últimos prejuicios fue lo acaecido en la segunda mitad del siglo XVIII en el convento de Capuchinas, donde casi se amotinaron las monjas por haber sido admitida una persona que fue señalada como mulata. El escándalo trascendió los muros del convento y se desparramó por la ciudad, creando bandos enfrentados y causando la intervención de las autoridades eclesiásticas y civiles sin llegar a poner fin a la cuestión, que terminó cuando se produjo la muerte de la mujer en cuestión.

A ello hay que agregar el desprecio que el blanco tuvo para todo lo vinculado y relacionado con el negro, al grado de dar nombres distintivos para las graduaciones de mezclas étnicas pues el concepto de inferioridad racial referido al negro africano y sus descendientes americanos, penetró profundamente en el vocabulario popular, al grado que mulato, fue el desprecio más generalizado y agraviante, pues encerraba connotaciones despreciativas para las condiciones morales de las personas.

Los esclavos, únicos negros que llegaron al Río de la Plata, se consideraban piezas de comercio y figuraban en inventarios y tasaciones apenas en lugar diferente al del ganado, posiblemente debido al alto precio que significaban.

Uno de los principales contrabandos ejercidos en los siglos XVII y XVIII fue el de los negros, que enriqueció a no pocos comerciantes porteños.

La importancia del comercio negrero fue tal, que la corona española otorgó permisos especiales para recompensar o premiar actuaciones durante las invasiones inglesas.

El viento del norte, cuando soplaba, traía del Retiro el olor de los negros que estaban concentrados en el asiento, por lo que en 1793 se ordenó cambiar de ubicación al mismo, para evitar a la población el hedor y las miasmas. El comercio negrero era aceptado por todos y los obispos no fueron una excepción, pues participaban activamente en el mismo.

La llegada de negros a Buenos Aires se remonta a la época de Pancalto, ya que a bordo de sus naves había dos negros llamados Macián y Vivencio, que tras mucho papeleo fueron rematados el 30 de diciembre de 1539.

Los relatos de viajeros en el período español, demuestran su sorpresa por el trato benigno dispensado a los esclavos y ni uno solo que manifieste haber sabido o presenciado castigos físicos brutales. Concolorcorvo, que tan atento y crítico observador se manifestó, no ha dejado expresiones en contra del trato social y personal recibido por los esclavos en la región del Plata, por lo benigno.

Respecto a los viajeros extranjeros su sorpresa es muy manifiesta al no encontrar la expoliación, la venganza sanguinaria ni los castigos excesivos.

Los buenos tratos que predominaron no ocultan ocasionales excesos con apaleamientos o castigos en el cepo, que patrones muy rigurosos aplicaron a sus esclavos, de la misma manera que no es posible ocultar algunas mañas o comportamientos antisociales de algunos esclavos, ya fueran hombres o mujeres.

Sin embargo, la condición de castas, imponía numerosas limitaciones tanto en la ropa, como en las joyas, peinados, calzado, relaciones sociales, ya que eran el último estamento social. Por ello no ha de sorprender encontrar en los documentos del A.G.N. limitaciones que nos resultan ridículas, para nuestros conceptos, pero tuvieron plena vigencia y observancia en el momento histórico respectivo.

Se prohibió por ejemplo, la introducción de negros esclavos que estuvieran casados, sin la mujer y los hijos, cuando la realidad práctica demostró que la formación de los contingentes embarcados se realizó por la astucia, el engaño y la coacción, sin interesar la familia del embarcado. También se prohibió que las mulatas o las negras se vistan con orlas ni perlas, seda ni mantos; los hombres tenían prohibido portar armas de fuego o blancas, aún cuando fueran acompañantes de blancos; de la misma manera se prohibió que los negros, hombres o mujeres, andar solos de noche por las calles, pero era conocida la costumbre de empresarios blancos de armar grupos llamados teatrales, casi siempre con varias mujeres blancas o de color, para actuar de noche y hacerlas ejercer la prostitución. También se prohibió el trabajo de los negros los domingos y fiestas de guardar, con la obligación de oír misa, para que aprendieran la doctrina cristiana. Otra prohibición muy común era el amancebamiento entre negros, mulatos, zambos o entre miembros de las distintas castas aludidas en otra parte de este trabajo. Se aceptaba la cohabitación previo casamiento religioso.

Sin embargo, no siempre el blanco observó las reglas de la religión cristiana respecto a los negros fallecidos, pues son numerosas las quejas de los vecinos respecto a los cadáveres de esclavos que se encontraban tirados en los huecos, o arrastrándolos por las calles, para abandonarlos luego insepultos, esperando que fueran devorados por los perros o los cerdos sueltos, como lo eran los fetos o recién nacidos abandonados en zaguanes o baldíos.

Son ya clásicos los relatos respecto a la negrita que acompañaba a la señora o señorita de la casa al templo, portando la alfombra donde se arrodillaba o la llamada negrita del coscorrón, que era la mulatita que cebaba mate, atendía las órdenes o caprichos del ama y siempre estaba cerca y disponible para recibir el coscorrón o el tirón de mechas, con que se descargaban los nervios o las frustraciones.

OCUPACIONES Y OFICIOS
Además de la compra para el servicio doméstico, muchos esclavos fueron adquiridos para que aprendieran un oficio y trabajaran fuera de la casa por un salario o retribución que acordaba el patrón. Este dinero era una forma de solventar las necesidades de la casa respectiva. Hubo así carpinteros, violinistas, herreros que hacían esas funciones. Algo parecido hicieron muchas negras y mulatas especializadas en pastelitos, pan, tortas y empanadas.

Esta actividades se difundieron mucho entre los esclavos manumitidos, lo mismo que las lavanderas en el río o las planchadoras en sus ranchos o en las casas de los amos. Donde se destacó la mujer africana fue como ama de leche, y en el cuidado y crianza de los bebés y de los niños, por el afecto demostrado, el cuidado manifiesto y la suavidad de los métodos de enseñanza de las buenas costumbres y obediencia debida a los mayores. No debe olvidarse el múltiple papel de la mujer en la sociedad africana, donde su función matriarcal, sirvió para dar cohesión a la familia, si bien hay que señalar la promiscuidad manifiesta en sus relaciones sexuales, pues no buscaba maridos ni padres para sus hijos. Sólo quería descendencia, tal vez llevada por el ancestro de la familia numerosa de la que era centro.

Es posible decir sin exageración que salvo las ocupaciones negadas por la ley (sacerdote o funcionario estatal o municipal), el resto del amplio espectro del trabajo fue desempeñado por los negros y negras.

Además de la ocupaciones domésticas, se los ocupó en el cuidado de las caballadas, bueyes y arrias de mulas, corte de leña, cuidado y conducción de carretas. Las autoridades cabildantes fueron siempre muy remisas para permitir la agrupación en gremios a negros, mulatos o mestizos de las distintas castas, como fue el caso de los zapateros. Por su parte los utilizaron en muy variadas ocupaciones como el zanjeo de las calles, para desagotar los pantanos que se formaban en las épocas de lluvia, combatir las hormigas, los perros y las ratas que amenazaban de continuo a la población; retirar de los huecos los cadáveres y también fueron ocupados como pregoneros, faroleros, serenos y hasta verdugos.

Hubo esclavos que fueron comprados exprofeso para hacerles aprender un oficio y luego emplearlos como mano de obra experta y lograr el aporte de dinero para mantener la casa del amo. También hubo panaderos, alarifes, veleros, peluqueros, marineros, ladrilleros, proveedores de agua del río, pescadores y vendedores de pescado, matarifes y carniceros a domicilio y muchos otros oficios.

En las quintas y campos fueron empleados en la preparación de los sembrados, siembras, cosechas, yerras, amansamiento de los caballos, conducción de tropillas o arreos vacunos, de la misma manera en que fueron utilizados para la caza de animales cimarrones, marcaje o castración, llegando muchos de ellos a ser muy gauchos y por ello, respetados y considerados dentro de la comunidad campestre. También hubo guitarristas y cantores.

Como curiosidad es posible anotar que a fines del siglo XVIII, los negros Roque y Tadeo fueron muy populares entre la gente adinerada de Buenos Aires por dedicarse a alquilar coches y carruajes de paseo.

Buenos Aires y sus negros

En el siglo XVIII, y en especial con la creación del Virreinato del Río de la Plata como consecuencia de las reformas borbónicas, la ciudad más austral del imperio español comenzó a adquirir una importancia inusitada hasta entonces. Su desarrollo se verifica en el rápido aumento de la población, la burocracia y el comercio, circunstancia que incrementó una demanda de mano de obra que intentaría paliarse con la introducción de un mayor número de esclavos africanos. Durante casi toda esa centuria – hasta el libre comercio decretado en sus postrimerías –, éstos fueron traídos forzosamente por diversas compañías, principalmente desde África occidental, Congo y Angola10 . En el período aquí analizado, la población total de Buenos Aires creció de 26.000 a cerca de 43.000 personas, de las que el 28,4 % era negra/mulata para 1778, aumentando esa cifra a 33,0 % para 181011 . Según estos autores, para el inicio del período virreinal el 24,8 % de esa población de color era libre, ocupando los esclavos el 75,2 %; mientras que para el final de éste los guarismos se modifican a 13,7 y 86,3 %, respectivamente, lo que refleja el claro aumento de la esclavitud.
Los esclavos – de predominio masculino y en general jóvenes y solteros, lo que dificultaba su crecimiento vegetativo – eran requeridos tanto en el ámbito urbano como en el rural, realizando múltiples actividades cuya diversidad va desde el servicio doméstico hasta el trabajo en la estancia como capataces, pasando por el de artesanos.

ARRIBADA

  La verdadera importación de negros por Buenos Aires se inició con las operaciones comerciales realizadas por el Obispo Victoria del Tucumán, en 1595, continuando de manera esporádica en años sucesivos. Se sabe que entre ese año y 1600 ingresaron oficialmente 1095 negros y en los tres años siguientes 3291. Desde entonces y hasta 1605 llegaron y fueron internados, bajo el control de las autoridades españolas 1628.

  Esto significa que en el término de un decenio son más o menos 6000 los negros esclavos ingresado por la vía de la legalidad. Quedan sin registrar los ingresados por contrabando.

  El fin del viaje marítimo no significó siempre el fin del traslado, pues muchos esclavos fueron vendidos para otras plazas que no eran los puertos de arribada.

  La llegada del buque negrero, casi siempre era anunciado por el olor a materia descompuesta que se desprendía de él y que el viento llevaba, sirviendo de heraldo.

  Cuando el buque fondeaba recibía la visita, que era también control de las autoridades, para verificar que los documentos coincidían con el contenido del buque, anticipándose a maniobras de contrabando. Entre los funcionarios que también subían a bordo estaba el médico, quien verificaba el estado de salud de la carga humana y dictaminaba si procedía a la internación en cuarentena o se podían bajar los esclavos a tierra firme.

  Corresponde hacer notar al respecto que cuando se creó el Protomedicato en Buenos Aires, durante la administración de Juan José de Vértiz en 1779, una de las primeras medidas fue regular el ejercicio de la medicina, pues quienes se titulaban médicos, no lo eran, pero sí charlatanes, barberos, boticarios y sangradores.

  A ello hay que agregar, para tener una idea muy somera sobre el estado sanitario de la ciudad de Buenos Aires, durante el período hispano y buena parte del independiente, la mala calidad del agua consumida pues provenía de las capas subterráneas o el río y era muy mal tratada en cuanto a las condiciones de hacerla potable. Era común encontrar en las calles o en los huecos o baldíos animales muertos, infinitos desperdicios, restos de innumerables materiales que al descomponerse atraían, junto con los pantanos a moscos, perros sueltos, algunos rabiosos o muy peligrosos por la agresividad constante, mosquitos y ratas, como también los enterramientos muy superficiales realizados en los jardines de las iglesias. Todo ello conspiraba para que fuera posible la propagación de enfermedades introducidas con los negros esclavos, especialmente la viruela, que constituyó una amenaza constante, o escarlatina, descripta como fiebre pútrida con llagas a la garganta, a la que hay que agregar la sirigonza, que era así llamada la diarrea de los negros bozales. Por consiguiente, las inspecciones debieron ser muy malas desde el punto de vista profesional.

  La decisión de mantener el buque y su carga en cuarentena, por la posibilidad de propagar enfermedades como la viruela, significaba para los cargadores y despachantes navales tiempo perdido con el aumento de los riesgos de mayor mortandad. Se dio el caso en más de una oportunidad de plagas transmitidas por esclavos, con los consiguientes reclamos de autoridades y pobladores, que se pueden consultar en las páginas del extinguido Cabildo.

  Un caso típico del mal estado de salud de la carga de negros esclavos son el arribo del buque Amphitrite y algún otro, que dieron lugar a un largo trámite administrativo para permitir el desembarco de los negros, pues de los 500 embarcados, más de 300 estaban afectados de calenturas, tiña, viruela y otras enfermedades epidémicas.

  También se dieron casos en que las autoridades exigieron el estricto pago de los derechos de internación a bordo, desatendiendo los reclamos de desembarco y atención de los negros, para poder alimentarlos y brindarles mejor atención médica, al mismo tiempo que se aceleraba el proceso de venta y con el barco desocupado, poder recibir la carga de retorno. Por su parte las autoridades temían el contagio y dispusieron que a los negros se los alojase en extramuros del lado sur. El cuidado que los esclavistas y las autoridades tenían con respecto a los negros que morían después del desembarco, debió ser muy poco, pues en más de una oportunidad se hicieron sentir las quejas y reclamos referidos a los cadáveres de negros abandonados en los huecos de la ciudad o arrastrados por las calles.

  La operación de desembarque se realizaba desde las siete de la mañana hasta las cinco de la tarde, o sea en las horas del sol. Si en ese tiempo no se habían podido desembarcar a todos, se procedía a cerrar las escotillas, para evitar huidas o desembarcos clandestinos, se ponían guardias a bordo, a la espera del día siguiente.

  De acuerdo a la documentación posible de consultar en el Archivo General de la Nación, es relativamente poco el contrabando encontrado a bordo de los buques negreros, pero por otros documentos, también ubicables en el mismo repositorio, es posible comprobar la complicidad de las autoridades hispanas para facilitar el contrabando.

  Una de las maniobras favoritas en este sentido era cargar el barco con la mitad de su capacidad con esclavos, aduciendo razones de humanidad, y la otra mitad con mercaderías, no declaradas, para su desembarco clandestino en horas de la noche o en la extensa costa que va desde el Delta hasta Samborombón. Para esto se procedía primero a la descarga de las mercaderías en pequeñas cantidades, en lugares ya establecidos en la costa. Allí lo recibían gauchos que luego trasladaban lo recibido a almacenes preparados al efecto en quintas cercanas a Buenos Aires y cubrían los bultos con parvas de paja, preparadas exprofeso. En estas maniobras delictivas tomaban participación desde los gobernadores hasta los gauchos de la campaña que eran necesitados para el acarreo.

  Una vez que el barco estaba libre de mercaderías se acercaba al puerto de Buenos Aires y hacía su entrada oficial. Las autoridades entonces no tenían nada que objetar, concentrando su labor al tema de los negros.

  De las cifras y estadísticas posibles de contabilizar de acuerdo a la documentación del Archivo General de la Nación, además de ser parcial e incompleta (Ver Molinari y Studer), presenta la constante de que ella no es lo totalmente veraz que se desea, pues comparando las arribadas al puerto de Buenos Aires con las salidas consignadas en Sevilla, por ejemplo, se comprueba una notable discrepancia, siendo lo arribado nada más que algo menos del 20% de lo salido. Esta proporción también se comprueba en el Registro Estadístico de Trelles. Puede argumentarse que muchos buques se desviaron del destino original y dejaron su carga humana en otros puertos americanos, o que la mortandad fue muy superior a lo calculado.

  Sin embargo los principales trabajos realizados en España, utilizando la documentación allí reunida sobre esclavatura, descontando las pérdidas por asaltos en las rutas, los hundimientos, las muertes registradas de los esclavos y otras causales de disminución de ingresos, da una constante entre el 25 y el 28%, como promedio. Estos porcentajes coinciden con estudios realizados respecto a la introducción de negros en el Caribe Insular y en Estados Unidos.

  Hay también casi una coincidencia total respecto a los sexos: 2/3 hombres, 1/3 mujeres. Respecto a los niños no llegaron a superar el 12% del total de cada embarque, y como consecuencia del total importado. Existe también casi perfecta coincidencia en lo referente a los precios pagados por los esclavos en América Sajona y América Española, en determinados períodos coincidentes, haciendo al mismo tiempo la equivalencia en el poder adquisitivo de la moneda.

  Todo ello hace pensar que la importación de negros por el puerto de Buenos Aires, fue la tapadera de un importantísimo comercio clandestino de mercaderías acompañadas de mano de obra esclava. Por su propia naturaleza, lo clandestino, es imposible de rastrear y reconstruir en series de cifras confiables.

  Por lo anterior, cuando se trata el tema del ingreso de negros por el puerto de Buenos Aires durante el período hispano, debe asociarse al ingreso clandestino de mercaderías, pues ambos términos de esta ecuación portuaria están íntimamente ligados entre sí, no pudiendo decirse cual de ellos se realizó para beneficio del otro. Tienen la misma interrelación que en la región caribeña y en los Estados esclavistas de Estados Unidos ya que existió entre las plantaciones de algodón, tabaco, azúcar e índigo, pues no pudieron existir sin el negro esclavo introducido, carece de explicación y justificación sin aquellas. Para Buenos Aires esclavos y comercio ilícito son las dos caras de una misma moneda, como lo son esclavo y plantación de azúcar o algodón o tabaco, para el Caribe y el Hemisferio Norte.


PALMEO



  Cuando se desembarcaba a los negros se los conducía a determinados lugares para su concentración, casi siempre plazas públicas, o lugares abiertos, para una mejor vigilancia.

  Cuando se había terminado el arribo se producía el palmeo, que era una operación para medirlos en altura y luego por descarte, poder establecer que cantidad de cabezas de negros habían entrado y que cantidad de piezas de Indias había, para pagar sobre esta última cantidad de derechos de internación.

  El palmeo deriva de palmo o cuarta, que es una medida española determinada por la distancia entre la punta del pulgar y la punta del meñique en una mano abierta, del hombre adulto. Era de unos 21 centímetros.

  Para palmar a los negros se los medía con una varilla de madera, sobre la que se habían marcado las palmas o cuartos, las medias palmas o medios cuartos y los cuartos de palma o cuarto de cuarto.

  En general se acepta como válida la clasificación hecha por Molinari respecto a los negros cuando dice que se les llamaba cabeza de negro o cabeza de esclavo, a todo individuo de cualquier edad, sexo y condición; pieza de India, para todo hombre o mujer desde quince hasta los veinticinco o treinta años, robusto, sin taras ni defectos y con todos sus dientes; un cuarto, media pieza o cuatro quintos de pieza, correspondían a los que por edad, estatura y salud no llegaban a llenar las anteriores condiciones; tres piezas de Indias, constituían una tonelada de negros. Un negro bozal era el recién llegado de África, sin haber estado en otra parte del continente; ladino se llamaba al que ya tenía un año de esclavitud en América hispana.

  Finalmente negro de asta, o cabeza de esclavo el que llegaba a la medida llamada asta; muleque era el negro bozal de siete a diez años; mulecón, el negro bozal de diez a quince o dieciocho años. A los muy pequeños se los llamó mulequilla o mulequillo. La determinación de estas diferenciaciones necesitó la intervención de expertos en el tema.

  Estos registros pueden servir para tener una idea de la cantidad y calidad de los negros introducidos, pero pierden importancia, pues los ingresos ilegales impidieron la constatación del palmeo.

  Una vez medidos se los agrupaba separándolos por sexo, considerando los defectos físicos o enfermedades que se podían detectar, para fijar un valor estimativo que los abarcara a todos los integrantes de cada grupo. El ideal del negro esclavo era el mayor de quince y menos de treinta años, sano, robusto con la dentadura completa y en buen estado, que llegaba a una altura de 7/4, o sea 1,67 metros como mínimo. Sobre ese tipo ideal de negro se pagaban los derechos de internación sin protestas, pues era posible obtener un buen precio de venta y con ello una apreciable ganancia. Por ello no hay que dejarse llevar por las declaraciones sobre defectos y enfermedades de los negros arribados (que las hubo y en cantidades no despreciables), en primer lugar, porque de ser ciertos, no hubieran sido embarcados en el puerto de origen y en caso de enfermedades contraídas en el traslado, estaban consideradas en el margen de pérdida (25 a 28%), y por ello era un riesgo calculado, como lo eran los suicidios, las fugas o muertes por causas muy variadas. Los defectos y las enfermedades existieron, pero no en la cantidad exagerada que las declaraciones existentes que los repositorios de todo el mundo muestran. Deben ser tomadas como maniobras de los esclavistas introductores para reducir el número de cabezas de Indias sobre el número de cabezas de esclavos y con ello pagar menos derechos, abaratando el costo real.

Una noticia vieja para tenr en cuenta

Si bien la noticia es del mes de febrero de 2009, perteneciente al diario Clarin de Argentina, es bueno traerla al presente y tenerla en cuenta para el proximo mes de octubre.

La riqueza de la ruta del esclavo
Por Susana Reinoso

Noticias de Cultura
Jueves 26 de febrero de 2009

Se trata de contar la esclavitud, de enseñarla para romper el silencio sobre la tragedia de la trata de esclavos que desgraciadamente pervive en el siglo XXI. Y de comprender la riqueza de los aportes que la cultura de esos seres privados de todos sus derechos hicieron a este continente. Con ese objetivo y para reflexionar sobre el pluralismo cultural, la Unesco reforzó, en 2008, el "Proyecto la Ruta del Esclavo".

En Buenos Aires, la cátedra Unesco de la Universidad Nacional de Tres de Febrero, decidió embarcarse, para octubre próximo, en un seminario internacional que exhibirá un amplio diálogo intercultural. Vendrán especialistas de Brasil, Uruguay y Paraguay, quienes debatirán con los argentinos. Pero el plato fuerte serán los africanos invitados al encuentro. Brasil tiene mucho para decir sobre la ruta del esclavo. En Buenos Aires, entre el 5 y el 10 de marzo, la Fundación de Estudios Brasileños (Funceb), con la eficaz Camila do Valle al frente, presentará la cultura de la resistencia de pueblos y comunidades tradicionales de Brasil. Habrá un seminario con especialistas del vecino país, que hablarán sobre la preservación de la cultura afrobrasileña, los procesos de territorialización, la nueva cartografía social del Amazonas, y la inclusión de la Universidad en este último proyecto. El antopólogo Alfredo Wagner Berno de Almeida presentará su libro "Tierras tradicionalmente ocupadas". De Almeida es un investigador apasionado de los quilombos y las comunidades de la Amazonia. La muestra que completa la "Jornada de pueblos y comunidades tradicionales de Brasil y la Argentina" se completa con una muestra fotográfica de André Cypriano, sobre las "Quilombolas. Tradiciones y cultura de la resistencia", cuyo material recoge la vida en 11 comunidades, la que permanecerá abierta entre el 5 de marzo y el 6 de abril. En su itinerario hispanohablante estará en siete países de la región.

La palabra quilombo procede de la lengua africana de origen bantú, y expresa términos como "campamento, floresta, guerrero y habitación". Pero también significa "lugar para estar con Dios". Los miles de esclavos que durante casi cuatro siglos fueron sometidos a una tragedia sin parangón, reconstruyeron a través de los quilombos una organización territorial africana, cuya función era diluir la violencia generada por la esclavitud. El quilombo contemporáneo vincula a estas comunidades con la resistencia de una cultura, que reclama su derecho a existir aun en las condiciones más adversas.

sreinoso@lanacion.com.ar

martes, agosto 25

Los Acadianos...saben quienes son?

Hace unos dias leia sobre los primeros asentamientos en lo que hoy es Estados Unidos y Canada, siempre tratando de encontrar algun rastro de los BRAUM (o BROWN) y los YOUNG que integran mi arbol.
Me tope con los ACADIANOS.....si, leyeron bien, no sabia que existian, jamas habia ecuchado sobre ellos, asi que investigando un poco pude enterarme de esta gente que fue pionera en el norte del continente americano.
Acadianos, la etnia canadiense
Dentro de la amplia sociedad canadiense destacan sus etnias que se calculan en 100. Una de ellas son los Acadianos que son descendientes de los habitantes que vivían en los asentamientos franceses originales y que hoy son las provincias canadienses de Nueva Escocia, New Brunswick y la Isla del Príncipe Eduardo.

Su región fue Acadia y fue fundada cuatro años antes que Quebec en un área geográfica separada formado su propia cultura. El origen del nombre “Acadia” es incierto, pero se dice que habría sido utilizado por primera vez en 1524 por el explorador al servicio de Francia Giovanni da Verrazano.

Las crónicas también relatan que los acadianos fueron expulsados en 1755 por los británicos y muchos se asentaron después en lo que luego sería el estado de Luisiana, donde fueron llamados cajunes. Actualmente, ellos viven principalmente en las regiones del norte y este de New Brunswick, en la isla Miscou y en la isla de Lamèque, y una minoría en el sur y oeste de New Brunswick.

Sobre su cultura le comentamos que los acadianos hablan un dialecto del francés llamado francés acadiano; el inglés también está muy difundido. Por ejemplo, en Luisiana, los cajuns hablan inglés en su mayoría, pero muchos aún utilizan el francés cajun.



Como ven en la foto, la bandera de Acadia es tricolor, similar a la bandera de Francia pero con una estrella dorada en la banda azul, que simboliza a Nuestra Señora de la Asunción, patrona de los acadianos. En suma, son una comunidad my trabajadora y cuya actividad primordial es la agricultura y ganadería viviendo en los campos
.



Acadia

Si bien en el Siglo XVII las casas eran amplias y elaboradas, al mejor estilo francés de la época, los sucesivos ataques de los ingleses y las deportaciones con pérdida de sus bienes, influyeron más tarde en la construcción de casas más simples. Casi siempre hechas en madera, con el sistema de listones de madera cortados con hacha y apilados horizontalmente uno sobre el otro. Con pocas aberturas, eran armados con clavos de madera, pues los metálicos eran costosos y difíciles de conseguir. Los techos se cubrían con caña o con tablas de abeto. La chimenea era infaltable e importante. Se ubicaba en el medio o en un extremo de la casa, y allí se cocinaba. Muchas veces se le agregaba al costado un horno de pan. Tenían dos ó tres habitaciones y dos pisos, unidos por una escalera interior.

Si bien en Louisbourg había en 1730 construcciones de piedra, en el resto de la Nouvelle France se usaba sobre todo la madera. También eran de madera las casas de Saint Pierre et Miquelon, pero además allí se usaba en la puerta frontal un "tambor" para protegerlos del frío. En la parte posterior, siempre había una granja para sus cultivos y un establo para los animales.
El interior de las casas era amplio y confortable. En la parte inferior, había una gran habitación que era sala, cocina y comedor. En la parte superior se ubicaban las habitaciones de los padres y los hijos. Los pisos eran de madera y los techos con vigas. Los interiores se hacían casi siempre en madera de pino, por ser liviana y fácil de maniobrar. Los armarios con los utensilios se ubicaban en los rincones. En algún lado de la pared solía estar colgado un cuerno con pólvora y un rifle de caza. Los cofres servían para guardar las vestimentas o los utensilios, y también de silla.

LA DIETA DE LOS ACADIANOS

Se cocinaba en la chimenea de piedra, con el fuego de la leña. Comían carne de buey, pescados, puercos de la granja y pollos, así como gran cantidad de productos de sus cultivos: legumbres y vegetales, que se consumían por lo general hervidos. El pan era el elemento esencial de la dieta, y se hacía en hornos especiales. Guisos, estofados, y sopas aromatizadas con las hierbas de su cultivo: estragón, perifolio, perejil, albahaca, laurel. Las comidas eran bastante saladas, porque se conservaban en sal. En el otoño se mataban los animales (bueyes, puercos) para ser conservados para el invierno, y sólo se comían frescas las mejores partes, el resto se guardaba. Como platos frecuentes tenían el esturión cocinado a la salsa de pollo, o el arenque salado con papas hervidas o grilladas. Comían bastante bacalao, salmón, y anguila. También comían patos, ocas, perdices y caribúes. En primavera se recolectaban todos los frutos del bosque: manzanas, frutillas, grosellas, frambuesas. Y durante todo el año tenían sus propios árboles con cítricos. La vajilla, los utensilios, los vinos, los tés y las melazas venían de Francia.

LA VIDA EN LOS CICLOS DEL AÑO: Los inviernos duraban 5 ó 6 meses, y durante mucho tiempo la nieve cubría todo. Las tormentas de nieve eran frecuentes. Al comenzar el otoño, la llegada del frío era marcada por las tareas necesarias para la subsistencia: preparación de las semillas y los cultivos, matanza de animales, preparación de jaleas obtenidas de frutos del bosque, conservación del pescado. Durante el invierno se vivía más en los interiores, los hombres cuidando los animales y las mujeres preparando las vestimentas con la lana, las telas y las pieles de animales obtenidas en primavera. Al llegar la primavera, todos volvían a sus tareas: la cosecha, la recolección de frutos del bosque, y el inicio de la pesca, que duraba todo el verano.

LAS MEDICINAS:

Los mayores problemas de enfermedades venían traídos en los barcos que llegaban de todo el mundo, por el comercio marítimo: la peste, la viruela, la disentería, el tifus y otras enfermedades contagiosas. La tasa de mortalidad infantil era alta, provocada por infecciones. Los males más frecuentes, tratados con la medicina del siglo XVIII, eran los resfriados, la gripe, los problemas dentales, los abcesos y las úlceras.Tenían cirujanos civiles y militares, y boticarios.
Algunos remedios o curaciones frecuentes de la época: Para el mal de la garganta: poción de miel de rosas (hervir pétalos de rosas en agua azucarada), o aplicar arenque salado a la garganta. Para el mal de los oídos: aplicar jugo de cebollas saladas o soplar humo en la oreja. Para dolor de muelas: enduír el diente enfermo en estiércol de vaca o en vinagre. Para los ojos enfermos: aplicar azúcar blanca en los ojos.

RELIGION Y FOLKLORE: El elemento principal de la cultura acadiana era su religión católica, con profundo sometimiento a la autoridad del Papa y a la Virgen María. Las iglesias y los sacerdotes mantenían la conservación de las costumbres y el cuidado de la moral, y hasta intervenían en los litigios particulares. Los feriados religiosos eran respetados, y todos los actos civiles de la comunidad eran registrados y celebrados por la Iglesia. La Iglesia también archivaba cuidadosamente los documentos civiles, para controlar que no hubiera demasiados casamientos entre parientes cercanos, situación inevitable en las comunidades pequeñas.

El folklore y las leyendas estaban influenciados por antiguas leyendas europeas y los cuentos e historias de los indios de la región, así como por los extranjeros llegados en los barcos y los leñadores con sus cuentos de los bosques.

TEXTILES Y VESTIMENTAS:

Desde el principio, la lana y el lino fueron los principales materiales usados para la fabricación de ropa. Hacia fines del siglo XVIII incorporan el algodón. Durables, simples, sus vestimentas fabricadas a mano ofrecen una gran libertad de movimientos. En los vestidos mantienen normas tradicionales: a cada uno, según las normas morales y sociales de la época, le corresponde un hábito; quien quiera distinguerse por sus ropas será sancionado por las normas religiosas. Los hombres siembran el lino en Mayo, y proceden a la tintura de las pieles de oveja y de bovinos almacenadas desde el invierno. Las mujeres hacen el trabajo de cardado, del hilado, y la terminación de las ropas.En sus ropas más tradicionales, siempre predomina el negro y el rojo. En su contacto con los indios de la zona, los Micmaqs, los acadianos aprenden la fabricación de un calzado que se hará famoso por siempre: el mocasín.

VIDA COTIDIANA Y FAMILIA:

La familia era el pilar sobre el cual se basaba toda la comunidad acadiana. Típicamente compuesta de padre, madre, y muchos hijos, era el centro de transmisión patrimonial y cultural de la comunidad. El matrimonio era la forma de extender la red comunitaria y conservar la subsistencia. El promedio de matrimonios era entre gente de más o menos la misma edad, generalmente el hombre unos pocos años mayor que la mujer. Las mujeres no se casaban tan jóvenes como en Francia, (donde en esa época encontramos muchas casadas a los 16 años), sino, por lo general, después de los 20 años de edad. Pero pasados los 25 años de edad, si quedaban solteras, debían resignarse a su papel de tías o encontrar una vocación religiosa. El paso a la adolescencia estaba dado por la Gran Ceremonia de la Comunión, que se hacía a los 14 años para las niñas y a los 16 para los varones. Es de destacar que cuando una joven pareja se casaba, toda la comunidad contribuía a construir su nuevo hogar, aportando los materiales y el trabajo.

En su vida cotidiana, todos tenían sus tareas: las mujeres se ocupaban de mantener el fuego de la chimenea, traer el agua potable, cocinar y lavar los utensilios. El hombre salía al mar, al campo o al bosque, y cuando estaba en la casa alimentaba los animales del establo y lo limpiaba, o se encargaba de las reparaciones de emergencia. Cuando él estaba afuera, la mujer hacía las tareas del hombre.
Originalmente, fue fundada en 1604 por los primeros colonos franceses llegados a América del Norte, en el área en la que hoy están las provincias canadienses de Nova Scotia y New Brunswick. Cuando Pierre Du Gua de Mons llega con un grupo de 80 hombres, entre ellos el cartógrafo Samuel de Champlain a la Île Sainte-Croix, ya el territorio estaba desde hacía miles de años habitado por los indios micmacs y abenakis, quienes se vuelven aliados y amigos de los colonos. En 1605 de Mons y Jean de Poutrincourt fundan Port Royal, (hoy Nova Scotia) que será el primer establecimiento francés permanente en América del Norte y la capital de la Acadia por más de un siglo. A partir de 1613, cuando se produce el primer ataque inglés, los acadianos son permanentemente agredidos por Inglaterra. Los ingleses estaban interesados en la enorme riqueza pesquera de la zona y en el desarrollo agricultural y ganadero que los acadianos estaban logrando, junto con un importante comercio de pieles. A partir de 1630 numerosos colonos franceses llegan y Port Royal crece en importancia. Acadia forma parte de un gran imperio colonial que se llama la Nouvelle France y cuya capital es Quebec, pero mantiene su propia administración y autonomía, con centro en Port Royal. Desde 1690 los ataques ingleses son cada vez más intensos (los ingleses eran los vecinos en las colonias de América del Norte y Francia estaba muy alejada para defenderlos) hasta que, por el Tratado de Utrecht en 1713, Francia cede a Inglaterra toda la Bahía de Hudson, la Acadia y Terranova. Sólo conserva las colonias francesas vecinas de Île Saint-Jean y de Île Royale. Francia tiene entonces que consolidar su presencia en la región para proteger su importante industria pesquera, y funda en la Île Royale, (hoy Cap Breton) una sólida fortaleza militar: Louisbourg. Los trabajos de construcción de Louisbourg comienzan en 1720. Y caerá para siempre en poder de los británicos en 1758.

.Fuentes:http://genbriand.blogspot.com
http://humanidades.uprrp.edu
http://absolut-canada.com

domingo, agosto 23

Para tener en cuenta: Biblioteca Mayor de la Universidad Nacional Cordoba, Argentina


Un legado de casi 400 años

Nace a comienzos del siglo XVII, una institución que como parte integrante de la Universidad comenzaría a gravitar en la vida cultural de Córdoba. Fue la Librería Grande de los padres de la Compañía de Jesús que posteriormente se llamaría Biblioteca Mayor.-

La expulsión de los jesuitas de todos los dominios de la corona de España, marca el principio de desintegración de la Librería Grande; y hubo que esperar hasta octubre de 1812 para que volviera a la Universidad parte del legado jesuítico, ya que la otra parte, por decreto de la Junta de 1810, fueron remitidas a Buenos Aires con el objeto de fundar la Biblioteca Pública, hoy Biblioteca Nacional.-

Con este grupo de libros, en 1813 empezó nuevamente a funcionar la Biblioteca de la Universidad, pero sólo al servicio de un reducido número de eruditos. Recién el 26 de septiembre de 1818, el entonces Gobernador Intendente de Córdoba, don Manuel Antonio de Castro, le da carácter de pública, creándose de esta manera la Biblioteca Mayor, sobre la base de la Antigua Librería Jesuítica, en una de las salas del Colegio Monserrat.

A partir de 1883 la Biblioteca Mayor fue enriqueciéndose con una serie de donaciones que tienden a caracterizarla como una Biblioteca de obras únicas y especiales vinculadas íntimamente a la vida cultural de Córdoba, del país y de América,.

En la década del '90, Biblioteca Mayor ingresa al mundo de las nuevas tecnologías, la biblioteca enciclopedista va dejando paso a la biblioteca especializada en Ciencias Sociales.

En el año 1992 se comienza a trabajar en la automatización de los procesos de ingreso del material nuevo al fondo documental de Biblioteca Mayor. Posteriormente se trabajó con la carga retrospectiva de sus catálogos; obteniendo así la base de datos “MAYOR”, de 40169 registros de libros, revistas y CDs. En esta base se conjugan las siguientes temáticas: educación, filosofía, derecho, historia, sociología, literatura y economía.

Ya el año 2000, la Biblioteca adopta el formato MARC21 para la recuperación de información bibliográfica y se ha trabajado en la creación de la base de datos unificada de libros y revistas, permitiendo una mayor agilización en la búsqueda y pertinencia en la recuperación de la información.

La Biblioteca en su afán por brindar un mejor servicio a sus usuarios y a la comunidad toda, en el año 2005 se convierte en la primera Biblioteca del país que certificó su Sistema de Calidad con normas ISO 9001:2000, cuya política se focaliza en un cambio de la cultura organizacional sustentada en su razón de ser: Usuario, Servicio y Tiempo.

En su misión de colaborar con la investigación científica en nuestra sociedad, en el año 2006, desarrolla un nuevo Proyecto: “Pilares de la Ciencia”, un nuevo servicio bibliotecnológico, con acceso interactivo de profesionales, investigadores, docentes, graduados, estudiantes y público en general; como así también comunicadores sociales interesados en la problemática.

Pilares de la Ciencia, se apoya en las tecnologías de la información y las comunicaciones, un modelo donde está implícita de manera fundamental la ciencia, la comunicación y la democracia.

Repasando métodos de divulgación, participación y herramientas tecnológicas disponibles, se propone un modelo que favorezca el impacto social, la conciencia y la comprensión de la investigación científica y tecnología desarrollada en la Universidad y en el que se produzcan diálogos y conversaciones entre los diferentes públicos de la ciencia, construyendo entre todos las reglas para la democracia científica y tecnológica. Esta iniciativa viene potencialmente a calificar toda búsqueda bibliográfica, motivada por el estudio individual o interdisciplinario de aspectos tales como la documentación, comunicación, divulgación y enseñanza de la ciencia.

Se conformó una sección especializada en ciencia, con libros y publicaciones periódicas, revistas electrónicas y sitios especializados, difusión de cursos, boletín de alerta, y una sección de la página web institucional destinada a la difundir la ciencia, además se ofrece al usuario el acceso a servicios de búsquedas y localización de artículos científicos, con acceso a proveedores nacionales e internacionales para la obtención del documento primario full-text, la difusión de novedades virtuales, por correo electrónico, sobre ciencia

Contribuyendo a la Historia de Córdoba, la Biblioteca Mayor de la Universidad Nacional de Córdoba conjuntamente con la empresa periodística de “La Voz del Interior” han llevado a cabo la microfilmación de la colección que posee esta Biblioteca del mencionado periódico. Este proyecto fue apoyado por Fundación Antorchas y el asesoramiento técnico de CEHIPE, de Parque España, Rosario

Este proyecto tubo como objetivo recuperar y salvaguardar la colección histórica del periódico más representativo de la Provincia de Córdoba, "La Voz del Interior" desde su comienzo (1904) hasta nuestros días, con la finalidad de facilitar la consulta y preservarlo para las próximas generaciones.

La reiterada exposición de tan valioso material para consulta de investigadores pertenecientes a diversas áreas del conocimiento produce, aun cuando se tengan innumerables precauciones, un deterioro que podría privar, en un futuro inmediato, la consulta de otros usuarios. Dado que la conservación de estos periódicos, en tantas fuentes documentales, tiene como una de sus finalidades contribuir al estudio y la investigación, es el compromiso de Biblioteca Mayor dar garantías de su conservación y accesibilidad.

Se ha realizado la primera etapa de microfilmación, la cual abarca el período que va desde el mes de marzo de 1904 a diciembre de 1954. La colección es conformada por 433 rollos.

También está disponible para su consulta, en el Centro de Documentación de la Biblioteca, la colección existente en Córdoba del Periódico “Eco de Córdoba” en formato microfilm. La colección está conformada por 39 rollos que abarcan los años 1860 hasta 1886 inclusive. Este proyecto ha sido un trabajo conjunto entre la Biblioteca Mayor, el Archivo Histórico de la Provincia de Córdoba, la Biblioteca de la Facultad de Filosofía y Humanidades (de la Universidad Nacional de Córdoba) y el Centro Regional de Preservación Y Conservación del Patrimonio Cultural en Obras sobre Papel, con sede en esta Biblioteca, en el año 2007.

La Biblioteca Mayor, posee un fondo documental formado por 120.000 volúmenes entre libros y folletos; 3500 títulos de publicaciones periódicas, de las cuales 281 se siguen recibiendo. Es biblioteca depositaria de Naciones Unidas, cuenta además con una de las más importantes colecciones de periódicos nacionales y locales, algunos de los cuales datan del siglo XIX, como "La Carcajada", "El Eco de Córdoba", entre otros.

Un promedio diario de 200 usuarios, no sólo pertenecientes al ámbito universitario, como profesionales, legisladores, periodistas y funcionarios concurren tanto al Centro de Documentación como a su Sala de Lectura.

LA BIBLIOTECA MAYOR HEREDERA DE LA LIBRERIA GRANDE

Los orígenes de la Universidad Nacional de Córdoba se remontan al año 1613 cuando los padres de la Compañía de Jesús fundaron el Colegio Máximo, donde los alumnos, en particular religiosos de esa orden, recibían clases de filosofía y teología. Aquel Colegio contaba con una importante biblioteca conocida con el nombre de "Librería Grande o Mayor".

El Padre Furlong entendió siempre que la misión de la orden jesuítica "...no era tan solo ser ángel de consuelo por la caridad de espíritu de Dios, sino también iluminador de la mente, mediante un buen libro...".

Esta biblioteca, representativa de la civilización de su tiempo, mostraba con orgullo a través de sus vitrinas las obras de Santo Tomás de Aquino, de San Agustín y el Padre Francisco Suárez. Alineadas junto a ellas estaban las de Aristóteles y Renato Descartes. Sin duda un lugar de previlegio ocupaban los volúmenes de San Igancio de Loyola. Pero, en este centro de irradiación del saber, no podían permanecer ausentes las obras científicas como los cinco tomos de "Matemática Universal" de Hohann Cristian Wolf ó la "Opúscula Patológica" de Haller; tampoco estaban ausentes las enseñanzas de leyes morales en guaraní.

La Librería Grande se destacaba además por su nivel de organización, percibida a través del "Index Librorum Bibliotecae Colegio Maximi Cordobensis Societatis Jesús", anno 1757, posibilitando el acceso al conocimiento a través de la ciencia y la literatura.

Los 2600 volúmenes que conforman la Librería Jesuítica son algo más que un acervo bibliográfico, son un símbolo emblemático de la institución y de la Universidad toda. Constituyen el patrimonio histórico y cultural, que nos revela parte de la identidad y las raíces de nuestra sociedad. Esta colección ofrece información sobre nuestro pasado, ya sea el acotado a la comunidad académica o el ampliado a la sociedad que nos dio origen. La Librería Jesuítica se conserva hoy en el ámbito del Museo Histórico de la Universidad y frecuentemente es consultada por investigadores a nivel nacional e internacional.

El decreto de expulsión Carlos III, de marzo de 1767 , marca la disgregación de la Librería Grande y recién en octubre de 1812 vuelve a nuestra Universidad parte del legado jesuítico, ya que la otra parte, por disposición de la Junta de Gobierno de 1810, fue remitida a Buenos Aires con el objeto de fundar la Biblioteca Pública, hoy Biblioteca Nacional. Sin embargo en marzo del 2000, por decreto 1376/99, la Biblioteca Mayor recupera para la Universidad aquellos libros que conformaban el fondo bibliográfico original de la Librería Jesuítica.



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Fuente:http://www.bmayor.unc.edu.ar/

Noticia del diario Clarin

ANIVERSARIO DE UNO DE LOS MAYORES ARCHIVOS ARGENTINOS
Perlas y secretos guardados en un viejo baúl de la Historia
La Biblioteca del Congreso cumple 150 años. Cientos de lectores consultan gratis sus 3,5 millones de piezas. Muchas son únicas.
Por: Pablo Calvo

Estos días se difundirá la historia oficial, rica en logros, orgullos y anuncios sobre el futuro, pero la Biblioteca del Congreso, que hoy cumple 150 años, tiene otra historia, colorida, silenciosa, intempestiva, escrita de madrugada, en noches de dictadura, en amaneceres democráticos, preservada por empleados fieles, desprestigiada por ocupantes políticos de ocasión. Esta otra historia es la que trató de reconstruir Clarín, buscando perlas en el estante de los secretos.


Ayudan Silvana Castro y Diana Campi, dos empleadas de la zona reservada de la biblioteca, que suben a una escalera de tres escalones para echar mano al legajo de Juan Domingo Perón. Al rato de pasar las hojas, aparece el boletín de Infantería del joven aspirante: 8 en Armas y Organización Militar, 6 en Fortificación, 9 en Estudio del Terreno. El promedio es de 7.71, pero la premonición está en la nota de concepto, que es de 1925 y dice: "Excelente criterio táctico. Muy buena redacción. Ubicación y aprovechamiento, excelentes".

Las encargadas acercan ahora un material incunable, envuelto en papel libre de ácido. Es una proclama de 1781, de vecinos que piden dinero para construir un hospital de mujeres. Nunca lograrán su cometido, pero el documento logrará atravesar el tiempo. Fue confeccionado en la Real Imprenta de los Niños Expósitos, traída en carreta desde Córdoba, tras la expulsión de los jesuitas. Hoy está allí, bien conservado.

No tuvo la misma suerte la colección fundacional de 620 volúmenes, comprada en 1859 al mariscal Andrés de Santa Cruz, ex presidente de la Confederación Peruano Boliviana. "Nunca llegaron a incorporarse, porque se pudrieron en el Puerto, bajo la lluvia", dice un titular del diario La Razón del 28 de mayo de 1956. Otra investigación asegura que se salvaron tres libros y que puede haber escondido alguno más, aunque no hay ningún inventario que ayude a la búsqueda.

De golpe, irrumpe en la sala reservada una orden del almirante Isaac Rojas, de 1956, que está anillada en un bibliorato naranja y dispone que todos los organismos oficiales remitan libros y documentos que mencionen la palabra prohibida: "Perón". "Dicen que juntaba pruebas para enjuiciar al 'Tirano', como lo nombraba la 'Revolución Libertadora'. O quizás no confiaba en que la gente iba a quemar esos libros y pretendía hacerlo él. Lo cierto es que buscó censurar y terminó por inmortalizar el material, que hoy tenemos bien conservado", explica Silvana, mientras María Medina, otra empleada, exhibe un ejemplar del Segundo Plan Quinquenal en árabe: "¿No es curioso?".

Hay que caminar por pasillos y escaleras para llegar a la escenografía de la película "Asesinato en el Senado de la Nación", el imponente salón de lectura que usan los legisladores. Dos empleados barnizan maderas ya barnizadas y cientos de colecciones aguardan la interpelación de alguna mirada. Otra empleada, que pasa por allí, se ilusiona con que una leyenda romántica sea verdad: "Me contaron que Alfredo Palacios, primer diputado socialista de América y jefe también de esta biblioteca, venía aquí a copiar poemas que luego enviaba a sus amadas".

Si se trata de aniversarios, no puede faltar el de Luis "El Negro" Herrera, el empleado más antiguo de la biblioteca, que el primero de setiembre cumplirá 50 años allí. "Entré cuando tenía 18 años y ¿saben lo que más me honra? que la última dictadura me haya sancionado con 30 días de suspensión, por salir en defensa de los lectores que venían a la madrugada, durante el Mundial '78. Los querían sacar y presentaron un petitorio para que el servicio se mantuviera. Vinieron los de inteligencia para averiguar quién les había prestado la máquina de escribir, pero no hizo falta una pericia, porque me hice cargo: les dije que había sido yo".

El horario de atención al público fue variando según la época. 24 horas, 22, 20, hoy de las siete de la mañana a la medianoche. Se hizo muy popular el café con galletitas que se servía a los lectores nocturnos. Además de la sala reservada y del sector de lectura para diputados y senadores, la biblioteca conquistó el edificio de la ex Caja Nacional de Ahorro y Seguro.

Pero ya no hay café. "Suspender ese servicio fue una decisión difícil, porque las salas se llenaban de personas pobres que iban a engañar el estómago o a higienizarse", cuenta Bernardino Isabelino Cabezas, actual director coordinador.

Américo "Bochita" Luna, de servicios generales, durmió en la biblioteca mientras se hacía en el Congreso el velatorio de Perón. "Fue el momento más emotivo de mi vida", recuerda hoy, cerca de la maqueta de lo que será el edificio que la biblioteca piensa inaugurar en 2010, sobre Alsina. Hasta allí se llega por laberintos interminables de libros, diarios y revistas, un archivo que no oculta noticias negativas sobre le biblioteca, como la polémica por la cantidad de empleados, el robo de 200 obras por parte de un cura, en el ocaso de la dictadura, el deterioro de ejemplares y el remate de colecciones antiguas, en 1995, que habían sido sustraídas por un botellero. Pero esa es otra historia.

Fuente: http://www.clarin.com/diario/2009/08/23/sociedad/s-01983815.htm

Resguardar el pasado
La Biblioteca del Congreso fue creada el 23 de agosto de 1859. Hoy, atesora documentos útiles para reconstruir la memoria del país.

Universo Perón. Ejemplar del Segundo Plan Quinquenal traducido al árabe, con retratos del fundador del justicialismo y de Evita. Constituye una de las mayores curiosidades.

Secreto. Inspirado en el odio, el almirante Isaac Rojas reunió en sigilo el material sobre el "Tirano prófugo" que había en los organismos oficiales. La "Libertadora" llamaba así a Perón.
Plantel numeroso
1.000

empleados, al menos, tiene la biblioteca. Los sueldos se consumen gran parte de los $ 97 millones de su presupuesto anual.

Momentos salientes

Un equipo de investigadores, coordinado por la profesora Estela Cirulli de César, presentará esta semana el libro "Biblioteca del Congreso de la Nación. Homenaje en su 150 aniversario". El primer ejemplar, con tapas de cuero, será para la presidenta Cristina Kirchner.



Realizaron además una cronología con los hitos de la institución, que empieza el 23 de agosto de 1859, en Paraná, con la promulgación de la ley 212, que destinó 2.000 pesos de la época para comprar los primeros libros.



La biblioteca se estableció en el Palacio Legislativo en 1906.



El primer director fue José Ceppi, un escritor y periodista genovés que ejerció como secretario del diario La Nación.



La primera sala de lectura pública se abrió en 1917. Hoy, ese lugar está reservado para diputados y senadores.



En 1948, las Naciones Unidas eligió a la biblioteca como depositaria de sus publicaciones.



En 2001, fue distinguida por la Fundación de Bill y Melinda Gates.