sábado, junio 12

Debajo de los adoquines están los romanos


Un viaje fascinante a la Carthago Nova republicana de finales del siglo I d.C. y primeras décadas del siglo II (Augusto y los 'julio claudios'). La época de esplendor. Debajo de los adoquines están los romanos. Cartagena muestra su viejo e imperial esplendor. El cerro del Molinete esconde el puzzle de un pasado palaciego. Historia de un altozano que fue una pequeña Roma. Capiteles de travertino rojo proveniente de las canteras de Mula, pilastras, retratos de dioses y hombres en mármol, manos y pies, escenas de cacería, cerámica, ánforas africanas de salazones, fragmentos de serpiente, inscripciones funerarias, sextercios del siglo III d.C., cristales de yeso, lucernas y utensilios domésticos como botellas de cerámica, bisagras de bronce y de hueso, sartenes, anillos de oro del siglo III o agujas para el cabello y agujas para coser. El último número de la revista anual 'Mastia' analiza los últimos trabajos realizados en el Cerro del Molinete, que se han presentado en la VIII Feria Internacional de Roma en los Museos del mundo, celebrada en Tarragona.
Parte de todo ello se reúne en la exposición 'Arx Hasdrúbalis. La ciudad reencontrada', en el Museo Arqueológico de Murcia (MAM), un centenar de objetos, que tiene como comisario al director de las excavaciones, José Miguel Noguera, y a su coordinadora, María José Madrid. El Molinete, la fortaleza del general Asdrúbal, sigue 'hablando'. Allí se siguen encontrando y estudiando trozos de historia. Allí siguen los arqueólogos 'leyendo' pacientemente un pasado que abarca desde los momentos fundacionales de Cartagena hasta el siglo XX: mucha historia acumulada (superpuesta, reutilizada y enmarañada). La próxima campaña integral de excavaciones está a punto de comenzar con un presupuesto cercano a unos generosos 3.700.000 euros que aportan el Ayuntamiento de Cartagena y la Comunidad Autónoma a través del Plan E. El Molinete, de momento, sortea la crisis. Restauradores, arqueólogos y cuadrillas de operarios tienen los cascos puestos. Muchos frentes abiertos.


Recuperar las aceras
Todo comenzará a transformarse en muy pocos días. En esta ocasión las aceras son de hace veinte siglos. Pero el Plan E tiene plazos y compromisos y el 1 de enero de 2011 el Parque Arqueológico del Molinete comenzará (por contrato, que es lo bueno que tiene el Plan E) a ser un espacio visitable y disfrutable por los ciudadanos. Los arqueólogos tienen ojos para lo que el resto de los humanos apenas perciben. Pero hay que escucharles. En una piedra son capaces de apreciar una mansión. Pero son seductores.
Queda mucho por remover en la ladera Sur, por desmontar y desbrozar, mucho por profundizar y desempolvar, mucho por mostrar. 25.600 metros cuadrados (unos 3,6 campos de fútbol de primera división) de incógnitas (de los que la mitad ya se encontrarán 'musealizados' a finales de año). «No se trata de excavar solamente sino de una larga y pausada labor de inventariado, clasificación de materiales, fotografía, conservación, investigación, puesta en valor y urbanización del entorno», argumentan. Horizonte final: entre 15 y 20 años (lo mismo que llevó 'levantar' el Teatro Romano. Tiempo al tiempo. «Cartagena tiene su futuro en su pasado y hay que hacerlo comprensible para los ciudadanos», aseveran Noguera y Madrid. «La arqueología es una fuente de riqueza. Invertir en patrimonio es apostar por el futuro», subrayan.
La idea es que el visitante entre en el futuro Centro de Interpretación (que comparte edificio con el actual Centro de Salud) y salga de allí, tras contemplar los primeros mosaicos, caminando por las calles romanas y entre en los edificios (termas, templos, la curia -la sede del Senado-, el foro o un espacio para banquetes). ¿Cuántos habitantes tenía esa Cartagena romana? «Unas ocho mil personas. Una ciudad estratégica, populosa y próspera, ni grande ni pequeña, dedicada al comercio y muy 'viva' y muy cosmopolita, con cultos e influencias de todo el mundo conocido en su época: orientales, egipcios y griegos. Gentes que hablaban todos los idiomas de la época y que sabían como sacar partido a las minas de plomo y plata», explica Noguera.
¿Qué se verá? Hay tres grandes zonas de excavación: el foro (del que se conserva parte del pavimento original), un tempo (se conserva el núcleo de hormigón, el 'podium', de ese espacio posiblemente dedicado a alguna divinidad de origen egipcio, Isis o Serapis) y la llamada 'Ínsula I' con unas dimensiones que superan los mil metros y que incluye un complejo termal y el atrio, un edifico de banquetes con una palestra o pequeña plaza porticada. Sobre ese espacio se construirá una gran bóveda (nueve metros de altura) que servirá de protección de pinturas y pavimentos. Además se excavará en la parte superior del cerro, cerca de los viejos molinos de viento del siglo XVII que siguen allí, presidiendo el altozano y donde se encuentran los grandes depósitos de recogida y distribución de agua de la ciudad romana. Desde lo alto, junto a la Muralla de Deán (siglo XVI) y restos de viviendas indígenas (siglo III y IV a.C. ¿la Mastia Ibérica?), uno puede entender la topografía de la ciudad inexpugnable de las cinco colinas y su condición de urbe estratégica.
Un falo de piedra
Allí están las calles romanas que suben hacia el cerro, trozos de cornisa, adobes, mármoles policromos, bases, fustes de columnas (uno de ellos tiene un metro de diámetro, lo que da las pautas de la arquitectura colosal que se erigió en el Molinete, ya que la medida 'normal' es de unos 40 centímetros) y capiteles en espera de que alguien resuelva ese acertijo de piedra. Fragmentos que sirvieron para la construcción de la ciudad tardo romana y bizantina y que siguieron empleándose a lo largo de los siglos. «El Molinete nos mostrará la ciudad cotidiana y nos permitirá conocer cómo vivían los ciudadanos de hace veinte siglos», señala.
Un aventajado falo labrado en un bloque de piedra en una de las calles de caliza que desembocaba directamente a una de las entradas del teatro. No es difícil escuchar un runrún de togas, el viril metal de los soldados y algunas risas. Un falo invertido (no está claro si su 'dirección' es la correcta o ha sido cambiada a lo largo de los siglos) que es un objeto protector contra el mal de ojo y otras calamidades y malaventuras.
El Molinete no deja de 'hablar'. Un templo dedicado a la diosa asiria Atargaris, cuyo culto está vinculado con la salud y el agua, muros de piedras cúbicas oscuras, sillares de edificios, un trozo de escudo, una prensa de aceite o de vino. ¿Habrá sorpresas? «¡Quién sabe lo que nos vamos a encontrar!», dice Noguera.
Al Molinete le queda mucho por 'decir'. «Cuenta la historia de la ciudad de Cartagena, es un espacio vivo», afirma María José Madrid. «Cuenta la historia y muchas historias de muchas épocas&hellip, pero estamos en el prólogo de un gran y denso libro de 200 páginas; un preludio que promete sorpresas», subraya Noguera. Pero esto es lo que, de momento, ha relatado. Queda poco para pasear por sus calles.
Son extraños los lugares que muestran sus ruinas y el orgullo de sus piedras amputadas. Lo que aquí se encuentra son más que objetos, son historias; historias de hombres muertos y de dioses muertos. Lugar extraño es El Molinete de Cartagena. Se escucha el 'maullar' de las gaviotas. El aire es diferente. El pasado y el futuro se entrecruzan y el presente se convierte en una herramienta de esa colisión, de esa doble herencia hacia atrás y hacia delante. Es un lugar careado y enigmático. Permite el privilegio de pisar el tiempo. Es fácil imaginar a las gentes que aquí vivieron, que miraron el mismo mar, que vieron zarpar barcos cargados con aceite y vino, que amaron, soñaron, conspiraron, admiraron la belleza del mármol, a sus dioses celebraron ofrendas y pidieron beneficios para sus familias y negocios&hellip, y murieron. Ecos y rumores entre hierba agostada, maleza, botellas vacías y caracoles. Comienza la limpieza.
Cartagena se reinventa en este lugar que promete sorpresas. Comienza una nueva campaña de exavaciones. Plan E para el siglo I.


EL PRIVILEGIO DE PISAR EL TIEMPO

Lo más extrardinario. Un cuerno de la abundancia de mármol (foto), cornucopia, que está considerado como una de las joyas de la arqueología regional. 66,86 centímetros de alto por 23,85 de ancho. Está datado en la segunda mitad del siglo IV, en la época augusta avanzada. Símbolo de prosperidad que acompañaba a una mujer perteneciente a alguna familia imperial o a una divinidad. Muy hermoso. Una pieza magnífica. Se puede contemplar en el MAM.
Lo más pequeño. Casi una lágrima o una lenteja de ámbar. Un camafeo con una representación de una Victoria alada que porta una palma con la mano derecha, quizá una diminuta pieza que estaría engarzada en una joya.
Lo más cotidiano. Una sartén broncínea con mango de hierro, del siglo III d-C, con las que los romanos hicieron, con toda probabilidad sus típicas gachas.
Lo más 'caliente'. Un falo invertido, símbolo de protección y amparo.
Lo más impactante. El yacimiento integral de El Molinete y su estado de conservación. La estructuración del territorio urbano que permitá conocer las formas de vida.
Lo más lúdico. Fichas de hueso, del siglo I al III a.C. El 'venator', el cazador de fieras aparecido en unos de los frescos.
Lo más artístico. Las pinturas de las paredes de algunas de las casas (rojos, anaranjados y negros y algunas peculiares imitaciones de mármoles) que ofrecen una idea del gusto de sus moradores y la elevada idea del diseño romano.
Lo más seductor. Venus. Una cabeza de divinidad femenina que sigue los cánones de belleza del siglo IV a.C. «La guapa del yacimiento», según José Miguel Noguera y María José Madrid.
Lo más enigmático. Los grafitos e inscripciones en cursiva en griego y latín encontrados en el edificio de banquetes. En uno de ellos hay un listado de alimentos (en los que se gastan sumas importantes de dos denarios) y en la otra hay una máxima griega que se podría traducir como 'Si te critican no hagas caso' o 'Déjalos hablar'.
Lo más valioso. Las calles y el brocal de un pozo de agua potable en el edificio del atrio.
Lo más bello. Los capiteles corintios, delicadamente tallados, provenientes de las canteras de Mula.
Lo mejor conservado. El suelo de la palestra, el espacio abierto y porticado de las termas (unos trescientos metros cuadrados), con ladrillo formando una gran espiga.
Lo más ritual. El templo dedicado a divinidades orientales con inscripciones dedicadas a las diosas Isis o Serapis.
Lo más moderno. La aparición de las galerías de un nuevo refugio de la Guerra Civil, encajado encima de las termas romas y con una extensión de unos 800 metros (llega hasta las Puertas de Murcia).
Lo más fúnebre. Un cipo funerario con el retrato de una pareja, muertos con 25 años, una hornacina y una inscripción protocolar: 'Aquí yaces, que la tierra te pese poco'.
Lo más lujoso. Un pequeño anillo de oro del siglo III d.C, que 'habla' de la elegancia y empaque de los habitantes de Carthago Nova.
Imprescindible. La exposición 'Arx Hasdrúbalis', hasta el 29 de agosto, en el Museo Arqueológico de Murcia. Avda. Alfonso X, 7. 968234602. Martes a sábados, de 10.00 a 20.30 horas. Domingos y festivos: de 10 a 14 horas. Entrada gratuita.


Fuente: laverdad.es





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