viernes, julio 2

Familias de la más alta alcurnia

Estar en posesión de un título nobiliario en la sociedad actual tiene una importancia relativa, ya que éstos no llevan aparejado ningún tipo de privilegio. La clase nobiliaria quiere romper con esa leyenda que les rodea y que los encasilla en un mundo maravilloso y perfecto que, aseguran, no se corresponde con la realidad.
CONDE DE SAN JAVIER
El conde de San Javier y Casa Laredo, Javier Wegmüller, afirma que, fundamentalmente, el título aporta una historia familiar. Hijo de suizo y de gallega y casado con una lucense, este noble cree que el hecho de heredar un título "obliga" a respetar a todos los anteriores poseedores del mismo y a hacer méritos para poder llevarlo. "Desde pequeño te enseñan a ganarte tu condición. Hay que comportarse, ser, trabajar y realizar una vida dentro de unos cánones, como son ayudar al prójimo e intentar hacer las cosas sin perjudicar a nadie, pero por el resto tenemos una existencia normal y acudimos a diario a nuestro trabajo", añade.
Fue a los 14 años cuando Javier Wegmüller fue consciente de lo que iba a heredar de su madre: un título. Hasta entonces oía hablar constantemente de su familia y cuando visitaba algún museo se encontraba con sus antepasados en cuadros que no dudaban en mostrarle.
"Pero como toda esta transmisión llega de forma natural se asume poco a poco, cuando llega el momento ya estás preparado para honrar a los que anteriormente ostentaron el título", explica.
El conde de San Javier tiene claro que todo lo que ha hecho a nivel profesional se lo ha ganado a pulso e incluso va más allá y asegura que en ciertos casos le ha perjudicado. "En algunas empresas en las que trabajé me pidieron discreción cuando se enteraron de mi condición", comenta.

Sin embargo, el conde de San Javier reconoce que, socialmente, el pertenecer a la clase nobiliaria ayuda a entrar en muchos círculos en los que de otra manera sería imposible hacerlo. Él afirma que incluso hay gente que llega a pagar mucho dinero por hacerse un árbol genealógico a medida y  así emparentar con alguien de la nobleza. Es más, no faltan los que se inventan títulos en busca de un rango más elevado.
La relación, en el caso de la clase noble, con la Casa Real está jerarquizada. El conde de San Javier explica que en los títulos de los que son Grandes de España su trato con la familia real es de primos hermanos. El resto de títulos nobiliarios se consideran familia directa del monarca o primos simplemente.
Aunque, en general, Wegmüller asegura que no ha encontrado muchas reacciones negativas por su condición de conde, sí es verdad que en algunos casos le ha llegado a retirar la palabra alguna gente conocida. "Se trata de casos puntuales, pero sólo me ha ocurrido aquí en Lugo".
Otro de los tópicos en los que se encasilla a la clase noble está relacionado con la posesión de un gran patrimonio y de castillos impresionantes. "Más o menos desde 1835, el patrimonio ya no se concentra en la persona que hereda el título sino que, como en el resto de los casos, se reparte a partes iguales entre todos los hermanos", indica.
Wegmüller asegura que, como en el resto de clases sociales, hay nobles con más o menos fortuna, aunque algunas familias intentan conservar la tradición de que sea el hijo mayor —el que va a ostentar el título— el que reciba todos los bienes de la familia. Ahora bien, la sucesión también implica el pago de unos impuestos por esa transimisión del título, que pueden ir desde los 1.000 hasta los 5.000 euros.

CONDE DE FONTAO

José Manuel Romero Moreno, conde de Fontao, marqués de San Saturnino y asesor jurídico del Rey, asegura que en su caso, el ser poseedor de este título significa principalmente un vínculo muy estrecho con la tierra, concretamente con A Mariña lucense, "que obliga".
Aunque su residencia habitual está en Madrid, el conde de Fontao posee un pazo entre Fazouro y Ferreira (Foz) al que dedica una parte importante de tiempo y de recursos para mantenerlo. "Mi mujer, mis hijos y yo hemos aprendido a vivir esa unión especial con las gentes de A Mariña y allí nos sentimos en casa", afirma.
En su caso, su hijo mayor ya ha tomado las riendas —como digno sucesor de su padre— de amar  una tierra y un patrimonio que sin duda exige un esfuerzo económico.
El título de conde de Fontao procede de un señorío rural de finales del siglo XVI, cuyo terreno fue declarado de protección forestal, algo que sus propietarios siguen manteniendo.
"Fue mi abuelo el que me transmitió esa unión especial con la tierra y, como poseedor de este título, me veo obligado a participar en cualquier acto cultural o de otra índole en el que me reclamen y también a dar testimonio fuera", asegura este noble.
José Manuel Romero Moreno tiene claro que el título nobiliario no es más que una especie de florón que no añade nada y mucho menos abre puertas. "Si no se tiene ese buen hacer, no sirve para nada", afirma rotundo.
El conde de Fontao también quiere acabar con ese mito que envuelve a la nobleza, una clase a la que "mucha gente aspira porque, en sí, los títulos nobiliarios son escasos; además de que quieren gozar de los honores y distinciones que poseemos".
Sin embargo, este asesor jurídico del Rey dice que detrás de este estereotipo que puede resultar atractivo también está un lado negativo que él ha vivido personalmente. "Recuerdo alguna ocasión en la que fui a solicitar trabajo como abogado y me encontré con grandes barreras por ser conde y marqués", comenta.

VIZCONDE DE ALTAMIRA
Rodrigo Peñalosa  Izuzquiza, el vizconde de Altamira de Vivero, también posee un título nobiliario muy vinculado con A Mariña lucense, aunque este noble reside en Madrid y está vinculado a Segovia como delegado de casas históricas en esta provincia castellana.
El vizconde de Altamira asegura que el estar en posesión de un título nobiliario siempre ha sido un honor más que un garante de poder y económico. "Ya antiguamente, además de heredarlo también se condedían a personas por una condición social determinada o por su papel en la sociedad", explica.
Actualmente, Rodrigo Peñalosa tiene claro que sigue siendo un honor, pero sólo eso, porque no abre ninguna puerta, a no ser entre personas que a su vez también estén en posesión de otro título. "Ante la ley todos somos iguales y no hay ningún tipo de distinción", añade.
En el caso del conde de Altamira de Vivero, explica que sobre él recayó el título como mayor de diez hermanos, pero la herencia del patrimonio se repartió en diez partes iguales, "como en otra familia cualquiera".

MARQUESA DALL'OROLOGIO
Simonetta Dondi es una marquesa italiana que se instaló en Mondoñedo hace ocho años, donde dirige el museo de la catedral mindoniense.
Sin duda, ella también se sale del estereotipo en el que se tiene encasillada a la nobleza. Simonetta hace de todo, ya que además de dirigir el museo, guía visitas y echa una mano en todo lo que puede.
"Personalmente, creo que el título me aporta muy poco más allá de una carga histórica familiar que en muchas ocasiones es un hándicap", comenta.
A la marquesa de Dall'Orologio le tocó vivir una época de juventud dura en Italia, donde la clase noble estaba encasillada en un círculo político de extrema derecha que sin duda la perjudicó. El llevar un apellido determinado le causó problemas en muchas ocasiones, porque no la veían como una persona concreta sino sólo como un estereotipo.
Simonetta recuerda que en una ocasión invitó a un grupo de amigos que desconocían su condición social a su casa, nada más y nada menos que un espectacular castillo ubicado en Italia. El asombro de este grupo de jóvenes fue tal que nunca volvieron a hablarle.
La marquesa de Dall'Orologio agradece que en la actualidad las cosas hayan cambiado, aunque también reconoce que el título abre muchas puertas a la hora de entrar en un determinado círculo social, pero a la vez obliga a tener un determinado nivel.
"Hay todo un patrimonio que hay que mantener y esto sin duda tiene un coste económico. Además está la posición, que no tanto en Lugo, pero sí en Madrid, también trae consigo unas exigencias", afirma.
Simonetta dice sentirse encantada con la vida que lleva en Mondoñedo. Esta noble italiana llegó a España hace 22 años y se casó con un canario. Tras residir doce años en las islas un día decidió visitar Galicia, concretamente esta localidad lucense, donde más tarde, atraída por estas tierras, instaló su residencia.
"Aquí nunca he tenido problemas, aunque bien es verdad que cuando te preguntan el apellido la gente se queda algo asombrada, pero nada más", asegura.
Sin embargo, también reconoce que, aunque son los menos, hay ciertas personas que ven a la clase noble como "de otro mundo, con los que no se puede tener un trato normal", un prejuicio con el que todos sus integrantes quieren acabar.
Los padres de Simonetta Dondi la educaron para que llevase su apellido con naturalidad, sin darle más que la importancia histórica que tiene. "Desde muy pequeña, todos mis familiares me inculcaron que lo fundamental son los valores personales; ante todo somos personas sencillas e iguales como cualquier otra", recalca esta marquesa italiana, que intenta vivir en un completo anonimato y mezclada con el resto de la población mindoniense, como una más. Ella, desde luego, es así como se siente.


Títulos relacionados con la provincia
Al menos son 52 los títulos nobiliarios que guardan relación con la provincia de Lugo, según asegura Luis López Pombo, delegado en Lugo de la Asociación de Genealogía Heráldica y Nobiliaria de Galicia. Entre los más destacados están:
  • Duquesa de Lugo. Concedido por el Rey el 3 de marzo de 1995.
  • Marqués de la Ría de Ribadeo. Otorgado el 24 de junio de 2002. Es el título más reciente y fue para el fallecido Leopoldo Calvo Sotelo.
  • Conde de Lemos. Concedido por Enrique IV el 26 de junio de 1456 a Pedro Álvarez Osorio, mayordomo mayor del Rey. Es el título más antiguo relacionado con la provincia.
  • Conde de Pallares. Fernando VII se lo otorgó el 20 de julio de 1816 a Manuel José Pallares y Correa.
  • Marqués de San Martín de Ombreiro. Concedido por Fernando VII el 1 de diciembre de 1817 a José María de Prado y Neyra, regidor perpetuo de Lugo.
  • Marqués de Sarria. El monarca Carlos I dio esta distinción, en 1543, a Fernando Ruiz de Castro.
  • Conde de Amarante. Otorgado por Felipe IV a Juan de Lemos y Sarmiento, teniente general de los Reales Ejércitos.
  • Marquesado de Casa Pardiñas. Concedido por la reina regente  María Cristina de Austria, en nombre de Alfonso XIII, a Ramón Sanjurjo y Pardiñas, senador del reino.
  • Marqués de Rodil. La reina gobernadora Isabel II se lo otorgó, el 17 de julio de 1834, a José Ramón Rodil, natural de la feligresía de Trobo (A Fonsagrada).

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