Javier Sinay habla de la crónica Los crímenes de Moisés Ville. Una historia de gauchos y judíos (Tusquets). “La narración de un crimen es parte de la violencia del crimen.”, dice.
En junio de 2009, Javier Sinay recibió un correo electrónico con el
link a un artículo escrito por su bisabuelo, Mijl Hacohen Sinay, que
daba cuenta de más de veinte crímenes producidos a fines del siglo XIX
en Moisés Ville, la primera colonia agrícola judía en la Argentina. Ese
texto fue la punta de una madeja que desovilló una trama familiar (entre
otras cosas, la vocación compartida entre bisabuelo y bisnieto), pero
que a la vez permitió repensar el rol de los primeros colonos judíos en
la Argentina y el modelo de país que se conformó con los movimientos
inmigratorios. Un país que, aunque orgulloso de ser “un crisol de
razas”, no pudo evitar que el contacto entre diferentes culturas fuera
teñido de violencia.
Cuatro años después, el trabajo de Sinay lleva el título
Los crímenes de Moisés Villé. Una historia de gauchos y judíos y aporta una mirada moderna a la comunidad judía y a la identidad nacional. Con él hablamos de su libro.
—
Hablemos del título, que es un título engañoso, porque el libro no sólo habla de crímenes.
—Tuvimos una discusión con los editores porque ellos no estaban
convencidos del título, pero yo insistí porque quería reivindicar este
trabajo como uno de género negro. Yo me siento muy identificado con el
género negro. Me gusta lo que propone tradicionalmente, me gusta la
escena que existe hoy, me gustan esas historias, me gustan las historias
de crímenes y quería que este libro hiciera honor a esa tradición. El
género negro es el punto de partida de este libro.
—Tu libro anterior, Sangre joven, habla de asesinos
actuales; en este, la investigación sobre la colonización en Moisés
Ville se estructura en asesinatos de hace más de ciento treinta años.
¿Cómo es la diferencia en los trabajos?
—Es algo que me pregunté mucho antes de empezar. Estaba ansioso por ver
cómo iba a darse. En un crimen que ocurrió hoy podés conseguir los
expedientes, ciertos testimonios, podés moverte de una manera más ágil,
pero no vas a poder hablar con involucrados no judicializados o con
presos. Muchas veces los funcionarios no quieren hablar en on.
Investigando un crimen que pasó hace cien años tenés una llegada a los
descendientes sin problemas, te quieren hablar, pero no tenés los
documentos. No encontré ningún expediente judicial: busqué mucho y estoy
casi seguro de que están destruidos. Lo único que encontré fue un libro
de actas que registra el paso del expediente de uno de los crímenes.
Pero sólo eso. Por otro lado, lo interesante de investigar un crimen que
ocurrió hace tanto tiempo es ver qué queda en la memoria familiar. En
eso sí se relaciona con mi trabajo en un crimen actual. Estoy convencido
de que la narración de un crimen es parte de la violencia del crimen.
Entonces: qué va a pasar con esa narración, con esa violencia que queda
en las palabras o en la semántica en el futuro. ¿Qué va a pasar con la
nota que estoy escribiendo en el futuro: va a ser parte de lo que quede,
va a influenciar a los hijos del muerto o del asesino? Con los crímenes
que ocurrieron en el pasado yo ya estoy en el futuro. Esa era una
generación muy particular, era una generación de inmigrantes. Lo que veo
es que la tragedia perduró hasta sus hijos, y de ahí para adelante se
acaba el relato. Por esta cosa de que son inmigrantes y tienen que
pelearla acá cueste lo que cueste. No hay dónde volver. De alguna manera
el crimen es una desgracia incluida en la aventura de cambiar el lugar y
hay que seguir adelante.
—Con los 22 crímenes presentados, escribís una frase que dice
«el lado oscuro de la inmigración europea, el de la colonización
agrícola y el del crisol de razas está a la vista».
—Moisés Ville funciona como un laboratorio para ver procesos que se
dieron en muchos lugares de nuestro país: procesos identitarios,
económicos, culturales, sociales. También procesos de encuentros entre
diferentes grupos. El hecho de que los que llegan sean víctimas se dio
mucho en las colonias. Una de mis principales fuentes es un periódico
que se llama “La Unión” que se publicaba en Esperanza, que todas las
semanas informaba sobre crímenes de las colonias. Se daba mucha
violencia en el encuentro de las culturas. Esa violencia se funda con
los crímenes del Tata Dios en Tandil, un curandero que en el año 1872
guió a una suerte de ejército irregular de gauchos hacia Tandil para
matar inmigrantes. En ese año también se publica el
Martín Fierro —1872 es un año importante para el gauchaje— y el
Martín Fierro
también habla mal de los colonos. Es verdad que hubo un crisol de razas
en la Argentina y que el modelo de recepción fue exitoso, incluso hasta
el día de hoy. Pero también hasta el día de hoy con los inmigrantes que
recibimos hay violencia. El modelo es exitoso pero tampoco podemos ser
ingenuos y pensar que no hubo violencia.
—¿Por qué la primera vez que viajás a Moisés Ville lo hacés en tren?
—Quería reconstruir la historia de ese primer crimen que se da en los
galpones del ramal al que llegan los inmigrantes. Quería sentir un poco
ese viaje.
—Es tremendo que el viaje demore 14 horas estando Moisés Ville a 600 km de Buenos Aires.
—Esos trenes hace treinta o cuarenta años funcionaban mejor, iban a
más lugares. Hoy el tren ni siquiera llega a Moisés Ville: me dejó en
Rafaela. Antes Moisés Ville tenía dos estaciones para pasajeros y tenía
estaciones de carga, además. Hoy no tiene nada. Pero también es
significativo que los inmigrantes llegan cuando se está construyendo el
tren: es el momento de edificación de la Argentina moderna, el momento
en que empieza esta historia. Yo la cuento en el momento de deterioro.
—En el libro contás también de una matanza de perros que se dio hace pocos años: ¿por qué?
—Hay mucha gente que me criticó haber escrito sobre los perros porque le
parecía que era menospreciar la vida de los humanos. El tema de los
perros surgió cuando empecé a preguntarme cuál había sido el último
homicidio en Moisés Ville y por lo que detecté el último había sido en
el robo al banco en 1971. Un robo súper espectacular, con
ametralladoras, con disparos y un ladrón que queda muerto. O sea:
cuarenta años atrás. Durante esos años la violencia circuló en muchas
peleas, cuchilladas, suicidios. Pero los que morían eran los perros: de a
cientos. Y era lo que conmocionaba a la población de Moisés Ville. Como
todo pueblo la violencia se filtra por algún lado y en este la
violencia se filtraba por ahí.
—Para la investigación empezás a estudiar idish, buscás un
diario perdido, los datos se cruzan con mitos. ¿Cuándo sentiste que
podías hacer frente a toda la información?
—El proceso de este libro duró cuatro años. En ese tiempo estuve
apasionado por todas las posibilidades investigativas que tenía:
investigar el fin del gaucho y el proceso de modernización del campo, el
iddish, la colonización judía, la llegada de mi familia, los colonos de
Moisés Ville. Y a la vez, la contracara es que había tanto para
investigar que era muy difícil unir todas las piezas. Era muy difícil
armar una partitura que tenga cierta armonía. Ahí entra en juego la
figura del editor, que me parece fundamental en este proceso. Sin una
mirada ajena es más difícil enderezar un tronco así. Trabajé con Leila
Guerriero y un poco más cercano con Natalí Shejtman. Leila es una
editora muy presente y, por supuesto, muy obsesiva. Te hace trabajar
mucho. Esta fue la cuarta versión. Fue increíble porque como en todo
ejercicio duro, uno quiere que termine, pero después de terminado el
ejercicio ves que valió la pena.
—Publicado el libro abriste un sitio web. (http://blog.eternacadencia.com.ar)¿Con qué intención?
—Por un lado, como investigué durante tanto tiempo junté una cantidad de
material enorme, inmanejable, de la que el libro es una parte. Y
también sospechaba que este libro iba a traer nuevas historias, iba a
seguir recibiendo testimonios. El libro está cerrado pero es un capítulo
del proyecto llamado “Los crímenes de Moisés Ville”. En el sitio web
estoy volcando los testimonios que efectivamente aparecieron, por eso
hay muchas entradas firmadas por lectores que escriben de muy buena
gana. Me gusta que no sea un sitio autocelebratorio, sino que invite a
los lectores a escribir. La vida en las colonias es la epopeya de todos
los inmigrantes. En el libro está la historia de mi familia: después me
di cuenta de que la historia de todas las familias judías rusas es muy
parecida. Todas las familias pasamos por lo mismo, tenemos la misma
historia. Pero también me doy cuenta de que es lo mismo para todos los
hijos de inmigrantes. Son odiseas tan grandes para nuestra vida
rutinaria que a todos nos gusta sentirnos parte.
Fuente: http://blog.eternacadencia.com.ar
Por Patricio Zunini. Foto: Paula Salischiker.