domingo, noviembre 22

Apellido GIOL, una historia como pocas

La nieta de Giol que descubrió Mendoza

Mendoza | Luisa vino de Italia a conocer la historia de su abuelo, Juan. Nunca había pisado la tierra donde su familia hizo fortuna.
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Luisa Giol

Luisa Giol (61) confiesa que algo sabía, pero que no se lo imaginaba. Por eso quiso venir a estas tierras y constatarlo con sus propios sentidos.

Así, luego de unos días de recorrer viñas y bodegas, observar viejas fotografías y dialogar con parientes y personas vinculadas a lo vitivinícola, regresó a su Italia natal con la impresión de que Mendoza es una especie de paraíso de la vid y el vino.

Además, se llevó pruebas de lo importante que fue su abuelo Juan para la historia económica local y de que su apellido –ese que supo llevar uno de los establecimientos vitícolas más importantes del mundo– fue casi emblema y sinónimo de la provincia.

En otras palabras, descubrió toda una historia personal que sospechaba pero que desconocía y que la sorprendió. “Es una tierra grandiosa y bellísima, y vuelvo muy emocionada luego de haber conocido tan importante pasado familiar”, comentó Luisa. Aunque cueste creerlo, era poco lo que esta nieta del italiano Juan Giol sabía hasta hace una semana de la provincia que convirtió en un exitoso y rico bodeguero a su abuelo. E incluso apenas tenía una idea del poderío que alcanzó su antepasado, quien con Bautista Gargantini fundaron en Maipú, en 1896, la bodega La Colina de Oro, cuyos vinos más emblemáticos fueron Toro y La Colina, y que a partir de 1911, cuando se disolvió esa sociedad, pasó a llamarse Giol.

“Mi padre y mis tíos eran muy discretos, por eso es poco lo que sabía de Mendoza y de mi abuelo”, relató Luisa a UNO ayer, poco antes de tomar el avión rumbo a Buenos Aires para volver a Italia, luego de su primer viaje a la provincia. La mujer, nacida en 1947 en San Polo di Piave, es hija de Vittorio Giol, el cuarto de los diez hijos que tuvieron Juan y Margherita Bondino en esta tierra. También es, en su terruño, continuadora de los negocios bodegueros que inició su célebre abuelo una vez que decidió retornar a su madre patria.

Relató que cuando en 1915 Juan decidió vender la bodega y regresar a Italia lo acompañaron su esposa y toda su descendencia (salvo uno de sus hijos, Humberto, quien se quedó en la provincia y siguió en el negocio vitivinícola). Afincado en San Polo, Juan compró tres bodegas –con un castillo incluido que data del siglo XIX– y regresó sólo una vez, en 1934.

Tras su muerte, ocurrida en 1936 en el Viejo Mundo, el establecimiento quedó bajo la administración de Vittorio, el padre de Luisa. Ésta luego heredó los negocios bodegueros de los Giol y se convirtió en la continuadora de esa tradición familiar. “En la actualidad, uno de mis tres hijos, también llamado Vittorio (37), gerencia la bodega, que se llama Hazienda Agricola Giol, y vino en una oportunidad a Mendoza: quedó maravillado, por eso quería verlo con mis propios ojos”, señaló Luisa, quien insistió: “No sabía que mi familia había sido tan importante para la historia de la vitivinicultura de Mendoza”.

Luisa, quien viajó a la Argentina junto a su esposo, Paolo Carraro, y en su visita a la provincia estuvo acompañada por los nietos de su tío Humberto, además fue homenajeada por los actuales propietarios de la Bodega La Colina de Oro. Guillermo Favre y Héctor Boccio, presidente y secretario de la Antigua Bodega Giol-Viñedos Lumai Ltda., respectivamente, la nombraron socia honorífica de esa empresa (Giol fue estatizada en 1954 y privatizada durante el gobierno de José Octavio Bordón).

El mismo honor corrió para los otros cuatro nietos de Juan Giol que aún viven y están en Italia: Alberto y Giovanni (hijos de Giovanni), Gian Fernando (hijo de Margherita) y Giovanni (hijo de Italo). “De mis tíos, pocos volvieron alguna vez a Mendoza y de mis primos, a lo sumo, dos de ellos conocen esta tierra”, comentó Luisa, quien es la única de los Giol que se dedica al negocio del vino.

“No sé si volveré alguna vez a Mendoza, pero me llevo el recuerdo de algo grandioso y mucha emoción”, acotó la nieta de Juan Giol.

Dueña de un castillo

Al regresar a Italia, Juan Giol compró en San Polo di Piave tres bodegas con unas 1.000 hectáreas de viñedos y un inmenso castillo al estilo gótico, que había sido construido a mediados del siglo XIX. En ese sitio continuó con la actividad con que hizo fama y fortuna en Mendoza, y por la cual a nivel mundial fue conocido como El Rey del Vino.

El establecimiento es hoy propiedad de su nieta Luisa. Se dedica a elaborar vinos orgánicos a base de cepas de Pinot, Cabernet Sauvignon, Merlot, Cabernet Franc y Raboso, “que es una variedad local”, detalla la nieta de Juan Giol, quien acota que la marca de sus elaborados es precisamente el apellido de la familia.

Además, la empresa se dedica al enoturismo y es escenario para la realización de eventos.

El castillo es conocido como Papadopoli Giol, porque fue encargado por el conde Spyridon Papadopoli sobre uno que ya existía en el lugar. Esa propiedad fue adquirida por Juan hacia 1921 y distaba bastante de los edificios que poseía en Maipú, los que no obstante estaban entre los más modernos del planeta.

En efecto, entre 1910 y 1911 había comprado las bodegas Runge, en Russel, y El Progreso, en Gutiérrez, muy cerca de La Colina de Oro. Y como la segunda estaba cerca del ferrocarril, hizo construir el primer vinoducto aéreo del mundo, que permitió el contacto entre ambos establecimientos y sacar el producto hacia el país por el ramal del tren que entraba al establecimiento de Gutiérrez.

Ariel Sevilla
uno_mendoza@diariouno.net.ar

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