lunes, agosto 20

DIGITALIZARAN VALIOSA DOCUMENTACION DEL ARCHIVO HISTORICO DE CORDOBA

La Agencia Córdoba Cultura firmará un convenio con una asociación internacional para que se encargue de digitalizar documentos de valor con los que cuenta el Archivo Histórico de la Provincia.
El acuerdo será suscripto el próximo miércoles 23 de agosto con Family Search Argentina, organización dedicada a realizar estudios de genealogía, que digitalizará numerosos documentos teniendo en cuenta que el Archivo Histórico prevé cambiar su actual sede al barrio de Nueva Córdoba, en la capital provincial.
El convenio regulará todo lo relacionado con la tecnología que se empleará "para fotografiar archivos del período Colonial y posteriores a la declaración de la Independencia argentina, valiosos testimonios que se conservan en el Archivo Histórico", según informaron esta tarde desde la Agencia Córdoba Cultura.
El gobierno cordobés recurrió a Family Search porque "es una organización con vasta trayectoria en el oficio de microfilmar y digitalizar documentación, esencialmente datos genealógicos, como son los documentos de censos nacionales del XIX", según precisaron desde la agencia que encabeza Pablo Canedo.
En Córdoba, por solicitud del Arzobispado, Family Search llevó adelante la digitalización de todas las actas de nacimiento que existen desde el siglo XVI en adelante, y realizó trabajos similares en La Pampa, La Rioja, Misiones y la Capital Federal.
La tecnología que se utilizará pertenece a "la firma Illunis, empresa estadounidense con sede en Minnesota, especializada en la fabricación de cámaras de gran calidad de imagen, de 16 a 50 megapíxeles en formato TIFF", según destacaron.
La utilización de la tecnología que se implementará no supondrá "ninguna erogación por parte del gobierno provincial, salvo la capacitación del personal", según el informe de la Agencia Córdoba Cultura (Télam).-

BIBLIOTECA NACIONAL

Exposiciones
Dos siglos de donaciones
Exposición biblio-hemerográfica y documental de las donaciones realizadas a la Biblioteca Nacional desde su fundación hasta la actualidad. La Biblioteca procura con esta exhibición saldar una deuda para con su acervo y con su historia: la clarificación de las sucesivas donaciones que hicieron posible este sólido presente.

Agosto - Septiembre
Sala Leopoldo Marechal | 1er. piso

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La exhibición consiste en la exposición al público de diversas piezas biblio-hemerográficas, fotográficas y en soportes diseñados para el uso de personas no videntes, que han nutrido los fondos de la Biblioteca Nacional a partir de diversas donaciones de importancia, realizadas a la misma desde su fundación hasta la actualidad. En este sentido, la Biblioteca Nacional procura, con sobriedad y respeto, saldar también una deuda para con su acervo y con su historia: la clarificación de las sucesivas donaciones que hicieron posible este sólido presente de la biblioteca de la Nación. Y, al mismo tiempo, intenta con ello abrir los brazos a las nuevas donaciones, aquellas que se están gestando en la generosidad criolla, y que la Biblioteca ha de recibir, conservar, sazonar y servir, como nutrientes manjares, a las nuevas generaciones argentinas.

La exposición inaugura el 22 de agosto a las 19 hs. en la Sala Leopoldo Marechal, y se podrá visitar hasta fines de septiembre de lunes a viernes de 9 a 21 hs y sábados y domingos de 12 a 19 hs.

domingo, agosto 19

Libro recomendado

El poder de las mujeres

En Mujeres de Rosas (Sudamericana), la historiadora María Sáenz Quesada reconstruye a través de archivos públicos y privados, memorias y relatos las biografías de algunas de las imágenes femeninas que rodearon a Juan Manuel de Rosas. Este recorrido va desde personajes como Encarnación Ezcurra hasta Manuelita Rosas, pasando por la figura de Agustinita, la hermana menor del dictador.

 Un fragmento del capítulo 1, La Madre.
  
No pasa día sin que me acuerde de madre”, escribe Rosas desde el exilio en Southampton en 1868. Habían pasado veinte años de la muerte de Agustina López, y la memoria de esta mujer singular no se había desvanecido en el recuerdo del hijo mayor, que en su intensa vida política había acumulado tantísimas historias y acontecimientos relevantes que se presentarían una y otra vez como fantasmas del pasado en la inacción forzosa del destierro.

Pero el historiador puede hacerse esta pregunta: ¿qué hubiera sido del recuerdo de Agustina López de Osornio (1769-1845) de no haber sido la madre de Juan Manuel de Rosas, el gobernante más poderoso de la Confederación Argentina, el “magnánimo Rosas” para sus fieles federales, “el odioso tirano” para la oposición liberal? Seguramente sólo tendríamos de esta señora una mención al pasar en los libros que nos hablan del Buenos Aires antiguo, un discreto homenaje a su belleza, su alcurnia y sus caudales. Pero poco más que eso.
La circunstancia de que Agustina fuera la madre de Rosas hace que su biografía participe del indiscutible atractivo que la personalidad del dictador porteño ha ejercido y ejerce sobre la historiografía argentina. Ella nos sirve a manera de hilo conductor para internarnos en el laberinto de la sociedad de Buenos Aires en épocas que van de la Colonia a la Independencia, y de allí al período de las guerras civiles. Dicha secuencia temporal nos muestra indirectamente que, al cortarse los lazos que unían al Río de la Plata con la metrópoli, los clanes familiares ocuparon el sitio que dejaban libre el monarca y sus altos funcionarios, y que dentro del nuevo esquema de poder había un espacio importante para las mujeres. Ese lugar derivaba, además, del que tuvieron las mujeres españolas de linaje en las sociedades provenientes de la Conquista.
Por todo esto, Agustina López ha merecido muchas páginas de historia, desde la noticia cronológica que insertó La Gaceta Mercantil de Buenos Aires con motivo de su fallecimiento (1845) a los capítulos que le dedicó su nieto, Lucio V. Mansilla, en las distintas obras en que se ocupó de su tío, Juan Manuel, y a la versión novelada de estos mismos hechos que nos ofrece Eduardo Gutiérrez. Misia Agustina escapa milagrosamente incólume de las invectivas de José Rivera Indarte, que en las Tablas de sangre dice de ella: “Señora respetable de costumbres patriarcales” y se complace en subrayar las diferencias que tenía con su hijo más que en atribuirle las culpas genéticas que en la formación del futuro dictador argentino le endilga José María Ramos Mejía en dos ensayos notables: Las neurosis de los hombres célebres y Rosas y su tiempo.
Detengámonos en este último autor, el médico y sociólogo Ramos Mejía, vástago de una familia destacada dentro de los sectores más unitarios de la provincia porteña. Ramos considera a misia Agustina responsable de la herencia genética de Juan Manuel. Su neurosis, patente en numerosas anécdotas que circulaban por el Buenos Aires finisecular –y que Mansilla reconoce en sus libros–, se agudizaría en el varón primogénito trocándose en aberraciones de la conducta. Dentro de las mujeres de la familia, dice, la madre de Rosas “fue el tipo de más color y acentuación; la más viva expresión de esa fuerza dominadora en sus formas femeniles y domésticas, ya que por su muerte no pudo serlo en otras más trascendentes. No sólo manda, eso sería poco, sino que tiraniza, lógica con su abolengo de violencia y caprichoso imperio”.
Agustina desempeñaba un papel en su hogar que supera al que tradicionalmente correspondía a la madre en la educación de los hijos. Ella asumía el rol del padre autoritario de la legislación española, mientras su marido, León Ortiz de Rozas, permanecía en un plano secundario. Pero no era el suyo un caso excepcional en la historia de las familias coloniales, como lo corrobora la biografía de otro gran argentino de ese tiempo, Domingo Faustino Sarmiento, hijo también de una mujer fuerte que llevaba las riendas de la casa. Juan Manuel, el mayor de los hijos varones de los Ortiz de Rozas, aprendería de esa madre imperiosa a valorar la herencia hispánica: el orden y la sumisión impuestos a cualquier costo, el ideal de la armonía social, la defensa a ultranza de los intereses patrimoniales (los particulares primero, los del Estado después), el respeto debido por las clases viles a las clases superiores y las obligaciones de patronazgo y protección de los más fuertes hacia los más débiles.

Todo esto dentro de un esquema tan riguroso como inmodificable. Ese antiguo orden empezaría a tambalear cuando la Revolución de Mayo desató un proceso anárquico en el que estuvieron a punto de naufragar los valores de la sociedad colonial, que habían sido asentados en el curso de tres siglos en suelo americano. Juan Manuel asumió entonces la defensa del orden tradicional que había conocido y respetado a través del ejemplo de su madre, esa Agustina amada y temida a un tiempo, la mujer fuerte a la que debió enfrentar en su adolescencia, y cuyo recuerdo, embellecido por el paso de los años, lo acompañaría hasta la muerte.
Sin embargo, importa aquí rescatar al personaje mismo, a aquella Agustina Teresa López Rubio nacida el 28 de agosto de 1769 en Buenos Aires, hija de don Clemente López de Osornio, militar y hacendado de mucho prestigio, y de doña Manuela Rubio y Díaz, su segunda esposa, ambos pertenecientes al grupo de familias más encumbrado de la ciudad que aún no había alcanzado la jerarquía de cabeza del virreinato.
Clemente López (1726-1783), nacido en Buenos Aires, había alcanzado el grado de sargento mayor luchando contra los indios; comandante general de la campaña, y jefe de la expedición contra los guaraníes en 1767, se destacó como poblador de campos de frontera y llegó a ser cabeza del gremio de los hacendados, de los que fue durante muchos años representante ante las autoridades coloniales. En un sitio expuesto a los malones, pobló la estancia del Rincón del Salado, ubicada en un lugar estratégico, entre ese río y el océano Atlántico. Fue allí donde lo sorprendió el ataque de los indios pampas: el veterano militar luchó vigorosamente junto a su hijo Andrés, sus peones y sus esclavos, pero fue lanceado y degollado por los atacantes en un episodio que ha sido calificado como una suerte de vendetta contra quien no había tenido piedad para con el vencido en la guerra que salvajes y cristianos sostenían por el control del suelo y sus riquezas.

Su viuda, Manuela Rubio, cuyo nombre haría célebre su bisnieta, la señora de Terrero, quedó como albacea de la sucesión y tutora de los hijos menores de la pareja, Agustina Teresa, Silverio y Petrona Josefa.
Del primer matrimonio de don Clemente había una hija, Catalina, porque Andrés, el varón, había muerto junto a su padre. Los arreglos que hizo la viuda para disponer de dinero metálico mediante la venta del ganado vacuno, tanto orejano como herrado, que se hallaba del otro lado del Salado y que corría peligro de perderse debido a los robos que eran el mal endémico en la frontera, disgustaron a Catalina, que puso pleito a la sucesión. Pero la viuda no tuvo tiempo para ocuparse de estas cuestiones porque en 1785 falleció, dejando como albaceas y tutores de sus tres hijos menores a don Cecilio Sánchez de Velazco –el padre de Mariquita Sánchez– y a don Felipe Arguibel, abuelo de Encarnación Ezcurra.
Sánchez de Velazco, que era uno de los hombres más acaudalados de la ciudad, se tomó muy a pecho su tutoría y se empeñó en responder a los pedidos de los capataces que manejaban el establecimiento del Rincón y solicitaban vestuarios para los seis esclavos de ese lugar. Era preciso pagar los gastos de la administración: yerba para los peones, sal para aquerenciar la hacienda chúcara, estacas para levantar corrales, dinero para los conchabos de los peones que trabajaban en la doma y en la yerra. También los huérfanos debían ser atendidos, aunque bien pronto Agustina, la mayor, demostraría su capacidad para ocuparse del gobierno doméstico: a los 16 años de edad estaba en condiciones de manejar el dinero que le daba el tutor para los gastos de la casa, la ropa de sus hermanos y del servicio, y las compras de alimentos. De este modo, a medida que crecían sus responsabilidades, ella se acostumbraba a hacer su voluntad y al mismo tiempo a recibir el reconocimiento de su medio: “La sociedad le dio un distinguido lugar entre las señoritas de más virtud y distinción y mérito”, afirma su nota necrológica publicada en La Gaceta Mercantil en 1845. La muchacha tenía una fortuna regular y era muy bonita, a tal punto que la crónica mundana la colocaba a la cabeza de tres generaciones de beldades argentinas. “Fue –afirma O. Battolla– la más bella dama de principios de siglo, belleza que heredaron todos sus hijos”. Pero el drama vivido en la estancia del Salado y su condición de huérfana ensombrecían la juventud de Agustina: “Tan linda, tan linda y vestida de fraile”, habría exclamado el virrey Pedro Melo de Portugal cuando la muchacha le fue presentada vistiendo, en señal de luto, el hábito de la cofradía de La Merced, prenda similar a la que había amortajado a su madre. Vestir hábito, y enterrarse con él, eran signos de piedad muy apreciados por esa sociedad barroca, que tenía siempre presentes la expiación de los pecados y la muerte.
En cuanto al porte de Agustina, su nieto Lucio V. Mansilla señaló que, sin ser alta, realzaba su estatura el modo en que erguía el cuello, forma peculiar que heredarían su hija Agustinita y su nieta, Manuela Rosas. Como no han llegado hasta nosotros retratos de Agustina en su juventud, para conocer su imagen debemos remitirnos al buen dibujo a lápiz que le hizo Carlos Enrique Pellegrini cuando ya era una anciana. Este la muestra vestida con un abrigo de guarda floreada, pensativa, reconcentrada en sí misma, pero hay mucha vivacidad en ese rostro enérgico, de fuerte nariz. A juzgar por este retrato, Juan Manuel no era muy parecido a su madre; tenía más en común con don León, que era rubio como él, pero de semblante plácido y labios gruesos y sensuales, mientras el hijo tenía la mirada fuerte y la boca fina y apretada.
Cuando había cumplido veinte años, Agustina fue pedida en matrimonio por León Ortiz de Rozas, teniente de Infantería del Regimiento Fijo de la ciudad.

 Por María Saenz Quesada 
 http://www.perfil.com

jueves, agosto 9

Descendientes de los mártires de julio, reunidos en una misa Los sucesores de los próceres guardan reliquias e investigan sobre sus ascendientes.

Los sucesores de los nueve protomártires de la Revolución del 16 de julio de 1809 ocuparon ayer a mediodía los primeros bancos de la Basilia Menor de San Francisco durante la misa de homenaje a sus antecesores, que lucharon por la libertad.
Entre ellos y el altar estaban las urnas con los restos de Pedro Domingo Murillo, Juan Antonio Figueroa, Basilio Catacora, Apolinar Jaén, Buenaventura Bueno, Juan Bautista Sagárnaga, Melchor Jiménez, Mariano Graneros, Gregorio García Lanza.
“Nosotros llevamos una gota por lo menos de la sangre de nuestros héroes”, dice con orgullo Martha Ordóñez Gariazú, nieta, con mucho “tatara” delante, de Gregorio García Lanza. Ella forma parte de la séptima generación de sucesores de los revolucionarios Lanza y es miembro de la Asociación de Descendientes de los Protomártires y Héroes de la Revolución de Julio. 
“Somos una sola familia”, sostiene Gloria Sagárnaga, descendiente de Juan Bautista Sagárnaga, refiriéndose a la agrupación. “Para nosotros no es casual que ellos (los protomártires) hayan estado juntos en el momento de la revolución y en el momento de la muerte, (por eso) decimos siempre que todos son nuestros abuelos”.
El hecho de tener un antecesor que luchó por la revolución “es un tema del que se habla en casa, que transmitimos a nuestros hijos como el orgullo de pertenecer a una familia en la que ha existido una persona que ha tenido el suficiente coraje para morir por un ideal, porque él, Juan Bautista, era parte del ejército español, que se rebela contra su propia corona por un ideal. Para nosotros es muy significativo”, manifiesta Gloria con orgullo.
Hasta hace unos años, antes de que ella y su hermano investigaran su árbol genealógico, no conocían el origen de su estirpe. Su abuelo murió cuando su padre tenía tan sólo seis meses, y fue criado por la familia materna. “Hemos reencontrado nuestras raíces y hemos encontrado nuestra identidad “, asegura Gloria. Ellos descienden de Josep, hijo de Juan Bautista Sagárnaga, quien participó de la gesta libertaria y sobrevivió porque fue escondido por el prócer porque tenía 19 años”, relata la tataranieta, con el asentimiento de uno de sus familiares, Jorge Sagárnaga.
En cambio, en casa de Martha siempre han sabido de su procedencia. Tienen retratos de pincel de los Lanza de principios de siglo XIX e, incluso, guardan piezas de su atuendo. “Mis tatarabuelos han luchado contra la Corona siendo de padres españoles”, afirma. “Nos han liberado”.
Los tres sienten como un deber continuar con el espíritu de los protomártires. “Ojalá que nuestros hijos y nietos sigan en esta misma fe, este mismo cariño que tenemos, porque cada año nos emocionamos, lloramos, al ver nuestros restos”, expresa Martha.
Traslado de la megatorta  tropieza con problemas
Las 600 piezas que compondrán la Torta Gigante elaborada por docentes y alumnos del instituto gastronómico Bolivia Gourmet para celebrar el 16 de Julio debían ser trasladadas a la plaza Camacho desde las 09.30 de ayer, pero un cambio de planes de última hora y problemas de logística retrasaron la tarea.
A media mañana, Óscar Mora, director de la escuela, indicó que se había aplazado el transporte hasta las 16.00  para evitar que el sol malograse los bizcochos.
A esa hora se informó que la tarea se postergó hasta las 19.00 por problemas de coordinación con la Alcaldía, explicó Mora, que debía proporcionar dos volquetas para el traslado. Después se dijo que el transporte comenzaría a las 23.00. La torta debe estar armada y decorada hoy a las 12.00.
La Portada estrena un complejo deportivo
El alcalde de La Paz, Luis Revilla, inauguró ayer el Complejo Deportivo La Portada, que beneficiará a 24 barrios del Distrito 9 del Macrodistrito Max Paredes, como Rincón La Portada, Bajo Ballivián, Munaypata Central, Bajo Pacajes y Huacataqui, entre otros.
La inauguración es parte del programa de entrega de obras de la Alcaldía con motivo de las fiestas julias por el 203 aniversario de la gesta libertaria de 1809.
La instalación cuenta con una cancha de césped sintético reglamentaria, graderías, barandas de protección, camerinos con duchas, auditorio y oficinas.
El costo total de las obras del centro, que incluye el asfaltado de una parte de la avenida Florida, por la que se accede al complejo, ronda los Bs 8 millones.
El Alcalde anunció que en esta infraestructura funcionará una escuela deportiva para niños y adolescentes: “Aquí vamos a formar a nuestros niños, jóvenes, para que sean las futuras estrellas de nuestro deporte nacional. Tenemos previsto el funcionamiento de una escuela deportiva gratuita. Vamos a tener profesores, implementos deportivos para que nuestros niños no solamente jueguen y se distraigan, sino que aprendan el deporte, se formen como futuros deportistas profesionales”, dijo.
Promesas. Durante el acto de inauguración, Revilla prometió a los vecinos y estudiantes la ejecución de otras obras, como la construcción del nuevo hospital La Paz, el asfaltado de la avenida Florida y la refacción de la bóveda del río Apumalla, tras la cual se construirá una avenida y un parque.
“Ya estamos llevando adelante el estudio y el diseño del proyecto, y hemos incorporado recursos que está trabajando nuestra Dirección de Riesgos y que nos va permitir, hasta fin de año, contar con el diseño del proyecto que tenemos que llevar adelante. Y seguramente el próximo año vamos a iniciar las obras”, afirmó el Alcalde.
Vecinos de la zona acudieron a la inauguración, que fue antecedida por un desfile de tres unidades educativas de la zona.

 GEMMA CANDELA / La Paz
16 de julio de 2012
 http://www.la-razon.com

martes, agosto 7

El Museo de Israel

El Museo de Israel expone estos días la muestra etnográfica "Un mundo aparte en la puerta de al lado: un atisbo de la vida de los judíos jasídicos", que abre una ventana al desconocido territorio de esta vertiente ultraortodoxa.
Tanto en Jerusalén como en Brooklyn, pocos conocen de cerca la vida de los jasídicos, que pululan por las calles ataviados con ropajes del siglo XIX y viven encerrados en un planeta propio, sin apenas contacto con el exterior.
"Aquí explicamos una población que es parte de la cultura judía: entramos en un mundo emocionante para contar sus costumbres, sus vestidos, sus creencias", explicó a Efe Ravital Hovav, vicecomisaria de la exposición que, como la propia comunidad, se divide en esferas separadas: el mundo de los hombres, el de las mujeres, el de los niños y el de los rabinos.
El jasidismo nació a finales del siglo XVIII en Ucrania de la mano del rabino ultraortodoxo Israel Baal Shem Tov (Besht), que promovía el contacto con Dios a través de la alegría, la devoción profunda y la adoración directa.
Según Shem Tov, no solo los privilegiados que dedican su vida al estudio bíblico pueden contactar con Dios, también se puede hacer a través de los cantos y el disfrute de la naturaleza, su creación.
La comunidad cierra las puertas a extraños para no contaminarse por las inclinaciones malvadas ("Yetzer ha-ra") ni desviarse de su escrupulosa adherencia a las normas religiosas, que rigen cada aspecto de la vida.
Los niños son parte integral de las celebraciones y todo lo que hacen tiene un significado espiritual y una forma específica de hacerlo.
No usan los juguetes de los demás pequeños: sus muñecos están tapados, tiene juegos de mesa como "Tierra de Mitzvá" -en el que ascienden de casilla tras realizar actos piadosos- e intercambian cromos que no tienen imágenes de jugadores de fútbol o cómics, sino de serios hombres de negro con barbas blancas: rabinos, sabios de los que todo jasídico tiene que conocer su nombre y sus enseñanzas.
A los tres años, a los niños se les rapa el pelo, dejando tirabuzones por encima de las orejas y se les toca con una kipá (solideo), mientras las niñas se tapan los brazos hasta la muñeca, el torso hasta el cuello y las piernas hasta media pantorrilla.
A esa edad empiezan la escuela talmúdica, a la que se les lleva el primer día totalmente cubiertos con una tela, para que lleguen puros, ataviados los varones con un batín dorado para la ocasión.
"Puedes reconocer de qué facción jasídica es alguien por su vestimenta y, en particular, por el tocado", explica Hovav, mostrando, entre otros, los gorros de las Toldot Aharon, un poco elevados al frente y de color blanco para el sabhat y negro a diario.
Algunas mujeres se colocan bajo el sombrero tocados que simulan un flequillo, un pequeño adorno en un mar de sobriedad y, en determinadas sectas, los rabinos permiten usar pelucas, que algunas hacen con sus propios cabellos.
En ocasiones especiales se ponen joyas, como diademas o diamantes y prefieren siempre la plata al oro, un material más impuro por el relato bíblico del becerro dorado.
Los varones visten batines negros o rayados, blancos en festivos como Yom Kipur (Día del Perdón) o Rosh Hasaná (Año Nuevo), que se abrochan de derecha a izquierda para mostrar el triunfo de la misericordia sobre el discernimiento.
La corriente Lubavitch lleva sombreros de ala ancha con un pico triangular que simboliza la sabiduría, inteligencia y conocimiento, mientras otros grupos se tocan en sabath con los imponentes "eshtraimel" de piel de nutria o zorro.
El día de su boda, las mujeres se cubren la cara con una tela blanca y los hombres llevan bajo el traje largas camisolas interiores que serán también usadas como mortaja a su muerte.
Los matrimonios son arreglados por casamenteras, se pueden acordar en diez minutos y los novios nunca están juntos a solas antes de estar casados.
Los rabinos se atavian con elegantes batines, que abrochan con 62 pequeños ganchos que recuerdan el valor numérico del nombre de Dios, atados con cinturones blancos con 248 rayas, el número de mandamientos positivos que deben cumplir.
"Todos los objetos de los rabinos son sagrados, son venerados. Por eso ha costado mucho obtener préstamos para la exposición", explica Hovav.
"El rabino es como un rey, representa a Dios, se le pide ayuda, bendiciones, consejos que se siguen al pie de la letra. Hay una admiración absoluta. Ellos consultan todos los aspectos de la vida con el rabino, que es el hombre más importante en la vida de un jasídico", dice Hovav, que añade, que también son "sirvientes de su gente obligados siempre a atenderlos".
Un cargo casi hereditario, que se transmite a un hijo o, si no está preparado, a un alumno destacado, lo que a veces provoca escisiones que dibujan una rama más en el complejo árbol genealógico del jasidismo, en el que todos los miembros pueden reconocer su procedencia y trazar su origen hasta 250 años atrás. EFE.
 http://www.larioja.com 
Ana Cárdenes

domingo, agosto 5

Una historia de amor de ochenta años

Justo Galindo, de 104 años, y Lucía Rodríguez, de 101, conforman el matrimonio más longevo de la región . Los 'abuelillos' siempre han vivido en Valdelacasa de Tajo y dentro de un mes cumplirán ocho décadas felizmente casados

Durante cientos de años se ha hablado del amor, se ha escrito sobre él, le han dedicado canciones, pero pocos son los afortunados que conocen el amor que dura más que toda una vida. Justo Galindo y Lucía Rodríguez, tras sus casi 80 años casados, han conocido en profundidad todas las etapas del amor y del matrimonio.

Los abuelillos , como los llaman en su pueblo, se han convertido en el matrimonio más longevo de Extremadura. Una pareja que, pese a los pequeños achaques de la edad, mantiene una buena salud y son candidatos a entrar en la lista mundial de matrimonios vivos más longevos. Una larga vida juntos donde la fórmula para permanecer unidos ha sido, según cuentan, el amor y el profundo respeto que ha habido entre ellos a lo largo de estos años.
Los dos nacieron en el tranquilo pueblo extremeño de Valdelacasa de Tajo, situado al este de la provincia de Cáceres, enclavado entre la sierra de Valdelacasa y el río Tajo, de ahí su nombre. Se conocieron en los famosos bailes veraniegos del pueblo. A Lucía le encantaba bailar, pero a Justo no tanto. Debido a esto, Lucía confiesa que "tenía que bailar con un amigo llamado Juan Cruz porque Justo estaba siempre sentado". Los hijos, al igual que el padre, evitan bailar salvo en ocasiones necesarias. "A mí me gusta bailar a mi aire" afirma uno de ellos.
Se casaron un 2 de septiembre del año 1932, tras 5 años de noviazgo. Ella fue vestida "con un estilo muy hippie", según cuenta su hijo Justo. Tras su boda, tuvieron 4 hijos varones: Felipe, Justo, Pedro y Felipe (dos de ellos residentes en Madrid) y a partir de ahí el árbol genealógico ha ido aumentando hasta tener 6 nietos y 7 biznietos.
Justo pasó cuatro años en Melilla haciendo el servicio militar, en la sección de Sanidad; y años más tarde participó en la Guerra Civil española junto a los carabineros en la frontera de Portugal. Esto no le impidió conocer a su segundo hijo, Justo, que a los seis meses de nacer fue llevado al lugar donde estaba él, gracias a la proximidad existente entre Extremadura y Portugal.
Lucía, tras haber superado un cáncer de colon hace 20 años, el pasado 6 de julio cumplió 101 años. "Mi madre se ha dedicado por completo a cuidar de nosotros; hemos sido los más arreglados del pueblo", recuerda Justo. "Además de ser una excelente ama de casa y madre, también ha sido una fantástica cocinera", siendo todo un manjar para algunos amigos de sus hijos y vecinos de la familia sus famosos huevos fritos.
Con sus 104 años, Justo es un gran amante del campo y los animales. Ha ejercido su profesión de tratante de ganado con gran dedicación y esfuerzo, desplazándose por ello de feria en feria cada 15 días. Entre las más visitadas se encontraba la feria de Talavera de la Reina. "Mi padre ha trabajado toda la vida sin haber tenido vacaciones y nunca ha protestado", indica su hijo. Hasta alcanzar los 100 años ha estado paseando por el pueblo y saliendo al campo para cuidar de sus reses. Es conocido por todos en Valdelacasa, hasta por personas de los pueblos colindantes que cada vez que pasan con el autobús preguntan por la salud del 'abuelillo'. Desde que Lucía sufrió una caída y se fracturó la cadera, él siempre ha permanecido a su lado cuidándola y desde entonces comparten su tiempo en casa junto a vecinos y familiares.
Para este matrimonio valdecasareño no todo ha sido fácil. Han sufrido la pérdida de su primer hijo cuando era niño a causa de un sarampión y hace quince años la muerte de otro de sus hijos a la edad de setenta años. Esto les marcaría para siempre. Pero si algo les ha ayudado a superar estos duros momentos ha sido el permanecer el uno junto al otro y recordar cada día los mejores momentos de sus años vividos.
 
El Periódico Extremadura | Jueves, 19 de julio de 2012

jueves, agosto 2

Anécdotas familiares

Personajes, batallas, acontecimientos importantes, biografías y episodios de la historia de México se reunieron en este libro

CIUDAD DE MÉXICO (17/JUL/2012).- Personajes, batallas, acontecimientos importantes, biografías y episodios de la historia de México, fueron recuperados en el libro "Historias de familia del Bicentenario", en el cual colaboraron diversas entidades de México.

Todos llegaron a tiempo a la cita del Bicentenario de la Independencia (1810) y del Centenario de la Revolución (1910) para traer a la memoria el pasado de las familias mexicanas, destaca en el prólogo Pablo Serrano Álvarez, coordinador de la selección del volumen.

Tatarabuelos, bisabuelos, abuelos, padres, tíos, primos, sobrinos, compadres, amigos, señoras, señores, niñas, niños, jóvenes, surgieron por doquier, en su pasado y en su remembranza, tanto de tiempos muy añejos como actuales, añadió.

"Sería imposible editar un libro con más de 100 mil historias, por ello, el Instituto Nacional de Estudios Históricos de las Revoluciones de México (INEHRM) se dio a la tarea de realizar una rigurosa selección", explicó Serrano.

Después de un proceso de lectura de todas y cada uno de los materiales para realizar una selección inicial, luego otras revisiones y nuevas lecturas hasta lograr 101 historias, a las que se le dieron nuevas lecturas, a partir de la Independencia, la Reforma Liberal, la Revolución, al igual que del México contemporáneo, subrayó

Un detalle importante, dijo, es que también se buscó reunir en esta obra aquellas historias que dieran cuenta de los recuerdos, remembranzas y anecdotarios vinculados a todos los estados de la República.

Además, dijo, para transmitir con toda fidelidad las voces de los ciudadanos que comparten su historia, se ha respetado la escritura con la que se plasmó en el portal de "Historias de familia del Bicentenario".

Para enriquecerla se incluyeron imágenes tomadas de los acervos iconográficos del INEHRM, que ilustran los acontecimientos que se narran en cada historia.

"Qué mejor manera de seguir celebrando, que rescatar los relatos de las familias mexicanas en torno a la historia y compartir nuestros recuerdos familiares", adujo Serrano.

Según el coordinador de la selección, es importante reconocer a quienes quedaron en el anonimato por luchar por nuestra libertad y soberanía, porque "La historia de México es la de todos los que habitamos este gran territorio", recordó.

La obra, añadió, es producto de un magno proyecto convocado por la Secretaría de Educación Pública y la Cámara Nacional de la Industria de Radio y Televisión que tuvo lugar en 2010, en el marco de las conmemoraciones del Bicentenario del inicio de la Independencia y del Centenario de comienzo de la Revolución Mexicana, denominando "Historias de familia del Bicentenario", cuyo objetivo principal fue rescatar esas historias y rendir homenaje a las familias mexicanas.

"Qué mejor forma de seguir celebrando, que rescatar los relatos de las familias mexicanas en torno a la historia y compartir nuestros recuerdos familiares", apuntó finalmente Serrano.

 Informador.com.mx