martes, octubre 12

Los marineros de Cristobal Colon

Cuántos fueron los compañeros de Colón? Durante muchos años los colombistas han discutido este tema sin llegar a conclusiones definitivas; empero, hoy sabemos que  fueron  más de 20 y menos de 60. Cesáreo Fernández Duro, en su clásica obra Colón y Pinzón (1884), ofreció una lista de los primeros sesenta nombres confiables; en los Autógrafos de Colón, publicados por el Archivo de la Casa de Alba en 1892, en el IV Centenario del Descubrimiento, se dio una lista incompleta con 40 nombres; Henri Vignaud, en 1911, con 108 nombres, hizo la mejor colección de marineros conocida hasta ahora; pero quien desee conocer la información más precisa ha de consultar la obra ya clásica de Alice G. Gould, Nueva lista documentada de los tripulantes de Colón en 1492, cuya última edición es de 1984. Allí se describen pormenorizadamente los datos recogidos de 87 tripulantes identificados, aunque es de imaginar que de algunos nunca lograremos obtener noticia.
Se ha podido reconstruir con cierto detalle la composición de las tripulaciones de la flotilla descubridora. La Santa María, nao capitana, era propiedad de Juan de la Cosa: el capitán fue Cristóbal Colón y contramaestre su propio dueño; La Pinta era de Gómez Rascón y Cristóbal Quintero, el capitán fue Martín Alonso Pinzón y contramaestre Juan Quintero; La Niña, que era de Juan Niño, de Palos, tenía de capitán a Vicente Yáñez Pinzón y dos contramaestres: Bartolomé García y Juan Niño.

�En qué trabajaban anteriormente estos marineros? En su mayoría, según se ha establecido, fueron improvisados, puesto que sólo 22 eran marineros y 16 trabajaron como grumetes; de 30 se conoce su oficio anterior -sastres, reposteros, labradores, empleadillos- y de 19 no se sabe nada.
No han faltado quienes afirman que las cárceles de España quedaron vacías porque los delincuentes vinieron como pobladores al Nuevo Mundo. Por supuesto, es exagerada esa aseveración. Pero es muy cierto que a no pocos criminales se les conmutaron las penas a cambio de venir a "hacer la América". En el Libro de los Privilegios del Almirante D. Cristóbal Colón, que fue recopilado por él mismo en 1498, hay documentos que se refieren a indultos para "quienes hubieran cometido delitos de cualquier naturaleza y calidad, excepto los de herejía o de lesa majestad, con tal que vayan con el Almirante a servir en la Isla Española", como dice una orden de junio 22 de 1497, o como afirma una carta del mismo día de los reyes al conde de Cifuentes, de Sevilla, mandándole "que reciba y tenga presos a los delincuentes que le fueren enviados hasta que los entregue al Almirante."
Memoria especial se debe hacer de los 39 marineros que Colón dejó en Navidad, el primer pueblo en América, frente al sitio de naufragio de la Santa María. Colón ordenó la construcción de una torre fortificada, con maderos y tablas sobrantes del siniestro. Allá dejó a esos 39 tripulantes convertidos en los primeros pobladores de América. Pero cuando al año volvió al mismo lugar, sólo escombros, cadáveres y quejas pudo hallar, porque, dedicados al robo de perlas y de doncellas, tuvieron serias rivalidades y terminaron matándose entre sí, según dijo el cacique Guacanagarí, a quien Colón hubo de creerle.

 La famosa lista Alice Bache Gould:

"La lista que ahora ofrezco no puede ser completa, ni mucho menos. De aquí a cincuenta años seguramente se sabrá más de Colón y de sus asuntos. Lo que deseo es, que por muchas que sean las ampliaciones futuras, haya poco que borrar en lo que aquí se ofrece.

Lo que nos falta ver en Pagos es materia definida. Tenemos los libros de la Contratación; pero esta Casa no se fundó hasta 1503, criando ya hacía años que los sobrevivientes habían recibido su dinero; así son sólo los muertos de la Navidad los que constan allí, por medio de sus herederos. Además, tenemos noticia de los pagos efectuados, pero no sabemos nada de los marineros cuyos herederos no aparecieron. Para éstos necesitamos   ver las nóminas. La cédula con nómina completa de los difuntos de la Navidad, que Navarrete creía tener, se cita muchas veces en los pagos, y consta que llevaba fecha del 20 de Diciembre de 1507 (en Burgos) y que por ella, después de tanto tiempo, se hicieron los pagos de 1503, hallados por Delgado. La he buscado con afán, no solamente en Sevilla, en donde debía estar, sino en Simancas y en Barcelona, y no encuentro rastro de ella. Estaba en poder del obispo Fonseca como justificante de sus cuentas, y bien ha podido quemarse en tiempo de las Comunidades. No obstante, no he perdido la esperanza de que surja alguna copia en cualquier archivo.

De los pagos anteriores a la Casa, por el Rol (al que falta una hoja) sabemos los dineros adelantados; pero nada tenemos de los pagos a la vuelta del viaje, los cuales (dice Colón) se efectuaron en Barcelona en Mayo (de 1493). Estos podrían todavía aparecer, corno han aparecido el Rol y las cuentas del segundo viaje, que tendré el gusto de publicar próximamente.
Faltan tres documentos definitivos, que son: una hoja del Rol de Alba -ojalá que apareciese en algún legajo de este Archivo tan productivo-; la nómina de los muertos de la Navidad, que se cita como justificante en tantos asientos de pago, que nos extraña que no tengamos ninguna copia de ella; y las cuentas del tesorero que pagó a los demás de la tripulación «en la buelta de las yndias en Barcelona en mayo». Además, llamo la atención a la riqueza de Informes de servicios, que no se ha agotado.

Sumado así lo que nos falta por ahora, vamos a sumar y a analizar lo que hoy día sabemos de la flota de Colón. Conocemos al capitán-general (el Almirante) y a dos capitanes subordinados, de la Pinta y de la Niña, respectivamente. Conocemos también al maestre de cada nave y a los dueños, que iban siempre a bordo. Tenemos tres pilotos y tres contramaestre. Hay alguacil de la flota y otro alguacil Hay escribano, y tres que llevan título de «Maestre», de los cuales uno se dice cirujano, otro físico y del tercero no tenemos calificación. De gente menor, con oficios particulares, sabemos los nombres de un sastre, un tonelero, un platero, un pintor y un calafate, y del despensero de la Pinta;  y se habla también (pero sin mencionar los nombres), de un carpintero, de un artillero y de más calafates. Hay dos que sirven a la persona del Almirante, como maestresala y paje; además hay un «repostero de estrados del rey», el cual debe ser persona de importancia, no alistado por marinero; y hay veedor real. Así, por todo, hay treinta personas, de las cuales, conocemos no sólo el nombre sino el oficio particular; además hay otros 22 que son marineros, con 16 que son grumetes, y no nos quedan en la lista presente sino 19 cuya categoría no se sabe directamente, y para varios de ellos es posible adivinarla por el sueldo o por otra indicación.

Ya hemos dicho que la distribución completa de la tripulación entre las tres naves no es posible. Para los jefes, los oficiales y los dueños, sabemos la carabela, o ciertamente o con probabilidades muy grandes; pero no es así para la gente más humilde. En la Santa María colocamos seguramente de la gente llana sólo los dos criados de Colón y el «marinero de Lepe», aunque hay probabilidades en cuanto a otros 7,    y así con los oficiales tenemos 17 personas indicadas para la Capitana. En la Niña no tenemos seguridad de nadie (fuera de la oficialidad), hasta el viaje de regreso; entonces se saben los nombres de tres marineros; pero no hay certidumbre de que éstos no hubiesen sido de la naufragada Santa María. En cuanto a probabilidades, hay que discutirlas con la documentación de cada persona; admitiendo toda indicación, por pequeña que sea, veo razones más o menos fuertes para asignar a la Niña. 13 personas; hay, además de éstos, otros 9 que tienen que ser de la Niña o de la Santa María, y de ninguna manera de la Pinta. De esta última conocemos a 4 con seguridad y hay probabilidades en cuanto a otros 13; así, con la oficialidad y los dueños, hay, por todo, 29 personas indicadas para ella.

Sumando: en la presente lista de 87 seguros, hay sólo 19 nombres sin indicación alguna de carabela; pero por coincidencia son también 19, y no más, aquellos cuya carabela se conoce, con certeza. La mayoría están, pues, en la clase restante de 49 cuya carabela se adivina con más o menos certeza.

En cuanto a los 39 muertos de la Navidad, tenemos los nombres de 20 de ellos, y es muy probable que el sastre Juan de Medina sea el mismo sastre que quedó allí: también puede ser que tengamos algunos de los 18 nombres que todavía faltan, sin reconocerlos por tales. En busca de tales nombres, separemos los que seguramente volvieron a España; por ejemplo, los que dieron informaciones después de vueltos, o sea la mayor parte de los tripulantes conocidos por Pleitos. Resulta que en el Rol hay bastantes de quienes no sabemos nada después; pero fuera del Rol, el único de quien no sabemos si murió o si sobrevivió es Rodrigo de Xeres; y como éste no se nombró sino como compañero de Luis de Torres, elegidos los dos por Colón cuando envió tierra adentro una embajada de conocimientos lingüísticos, parece muy verosímil que Rodrigo de Xeres quedase también con Luis de Torres en el Nuevo Mundo, quizás a causa de esos mismos conocimientos lingüísticos.
En resumen: de los 39 muertos conocemos 20 seguros y 2 probables, y los 17-19 que faltan no deben de estar todos entre los nombres ya conocidos.
LISTA DE TRIPULANTES
CON REFERENCIA A LAS LISTAS FERNÁNDEZ DURO, TENORIO Y VIGNAU

Alonso, grumete.
Alonso, Maestre, físico (murió).
Alfonso Clavijo, criminal.
Alonso de Morales
Alonso de Palos, grumete.
Alvaro, marinero.
Andrés de Huelva, grumete
Andrés de Yevenes, grumete (impreso, Yruenes)
Antón Calabrés, marinero.
Antonio de Cuéllar (murió)
Bartolomé García, contramaestre.
Bartolomé Roldán, marinero.
Bartolomé de Torres, criminal.
Bernal, grumete
Cristóbal Caro, platero, grumete
CRISTÓBAL COLÓN, Almirante y Capitán general.
Cristóbal Quintero, marinero, uno de los dueños de la Pinta
Cristóbal García Sarmiento, piloto de la Pinta
Chachu, contramaestre (murió).
Diego, Maestre.
Diego de Arana, alguacil de la flota (murió)
Diego Bermúdez.
Diego Leal, grumete
Diego Lorenzo, alguacil (murió)
Diego Pérez, pintor (murió)
Diego Martín Pinzón.
Domingo, tonelero (murió).
Domingo de Lequeitio (murió)
Fernando Medel, grumete (impreso, Méndez)
Fernando de Triana, grumete.
Francisco de Huelva (murió).
Francisco Medel, grumete (impreso, Méndez).
Francisco Niño.
Francisco Martín Pinzón, maestre de la Pinta
Francisco García Vallejos, marinero.
García Alonso.
García Hernández, marinero, despensero de la Pinta
Gil Pérez, marinero.
Gómez Rascón, marinero, uno de los dueños de la Pinta.
Gonzalo Franco (murió).
Jácome el Rico, genovés (murió).
Juan, grumete.
Juan, Maestre, cirujano (murió)
Juan Arias, grumete.
Juan Arráez, marinero.
Juan de la Cosa, maestre y dueño de la Santa María.
Juan Martínez de Azoque, marinero.
Juan de Medina, sastre, marinero (probablemente murió).
Juan de Moguer, criminal, marinero
Juan Niño, maestre de la Niña, y en parte su dueño.
Juan de la Plaza, marinero.
Juan Quadrado, grumete.
Juan Quintero de Algruta, contramaestre de la Pinta.
Juan Reynal, marinero
Juan Rodríguez Bermejo, marinero de la Pinta (el mismo que Rodrigo de Triana).
Juan Romero, marinero.
Juan Ruiz de la Peña, marinero.
Juan Verde de Triana, marinero.
Juan Vezano, marinero.
Juan de Xeres, marinero.
Lope, calafate (murió).
Luis de Torres (murió).
Martín Alonso Pinzón, capitán de la Pinta.
Martín de Urtubia (murió).
Miguel de Soria, grumete.
Pedro de Arcos, de la Pinta.
Pedro Arráez, marinero.
Pero Gutiérrez, repostero de estrados del rey, iba en la Santa María (murió).
Pedro de Lepe (murió).
Pero Alonso Niño, piloto.
Pero de Salcedo, paje de Colón
Pedro de Soria.
Pedro tegero, grumete.
Pedro de Terreros, maestresala de Colón.
Pedro de Villa, marinero.
Pero Yzquierdo, criminal.
Pedro Sánchez de Montilla, marinero.
Rodrigo de Escobedo, escribano de la armada, en la Santa María (murió).
Rodrigo Gallego, grumete.
(Rodrigo de Triana; véase Juan Rodríguez Bermejo.)
Rodrigo Monge.
Rodrigo de Xeres.
Rodrigo Sánchez de Segovia, veedor, en la Santa María.
Rui García, marinero.
Sancho de Rama, marinero.
Sancho Ruiz de Gama, piloto.
Vicente Yáñez Pinzón, capitán de la Niña.
(Con Rodrigo de Triana serían 44 47 77 88.)

Falsos, que de ninguna manera fueron:
Bartolomé Colín.
Hernán Pérez Mateos.
Juan Bermúdez.
Juan de Umbría.
Pedro de Bilbao.
Pedro de Ledesma.
Rui Fernández.

Nombres equivocados:
Diego de Salcedo; léase Pedro de Salcedo.
Fernández; es duplicación de García Fernández.
Francisco García Gallego; léase Francisco García Vallejos.
Francisco Pinzón; es el mismo que Francisco Martín Pinzón.
Gutierre Pérez; léase Gil Pérez.
Juan de Lequeitio ; léase Chachu, contramaestre, de Lequeitio.
Martín Alonso; no sé explicarlo; no puede ser cosa tan sencilla como duplicación de Pinzón.
Pedro de Acevedo; léase Pedro de Salcedo.
Ribero, carpintero; traducción equivocada de «carpintero de ribera».
Rodrigo, carpintero; duplicación del anterior.
Rodrigo de Escobar; léase Rodrigo de Escobedo.
Vicente Eguía; léase Bartolomé Roldán.


Dudosos; clase restante:
Alonso “Gutiérrez” Querido.
Alonso Medel.
Alonso Niño.
Alonso Pérez Niño.
Alonso Pérez Roldán.
Andrés Niño.
Arias Martín Pinzón.
Bartolomé Pérez.
Bartolomé Pérez Niño.
Bartolomé Martín Pinzón.
Cristóbal Niño.
Diego Delgado.
Diego Rodríguez.
Hernán Pérez.
Juan de Triana.
Juan de Sevilla.
Juan Ortiz.
Juan Pérez, vizcaíno.
Pero Bermúdez

lunes, octubre 11

FUEGUINOS

La fotografía ha constituido desde sus inicios un registro de la realidad y un documento que ha alimentado nuestras memorias visuales y nuestros imaginarios. Esta idea resulta especialmente relevante en el caso de aquellos pueblos nativos de Tierra del Fuego que hoy  día – equivocadamente – consideramos extintos. El enorme patrimonio fotográfico de Selk’nam, Kawesqar y Yaganes obtenido a fines del siglo XIX y comienzos del XX sumado a la producción de artistas fotógrafos y etnógrafos del último tercio del siglo XX como Paz Errázuriz y Anne Chapmann hacen posible plantear una exposición que  se fundamenta en el cruce de estas diversas miradas en tres tiempos diferentes.
Curadores: Margarita Alvarado y Pedro Megue (Chile)
Exposición  co-organizada entre el Museo Fernández Blanco y el Instituto de Estética de la Universidad Católica de Chile.          
Inauguración: jueves 23 de septiembre a las 19 hs.
Hasta el 21de noviembre.

domingo, octubre 10

Funerales

Hace unos días leía una nota sobre la FUNEXPO, una feria bianual organizada por la Federación Argentina de Entidades de Servicios Fúnebres y Afines que se realizo en Buenos Aires dedicada a mostrar las últimas tendencias en cuanto a Sepelios se trata.
En dicha feria, se pueden observar desde ataúdes temáticos (colores del club del difunto, paisajes, la cara de Gardel, etc.) hasta urnas con formas de adornos para poder colocar en un comedor.
Según la nota, una de las nuevas tendencias es la de realizar Sepelios "personalizados".

También se pudo saber que la tanatopraxia (preparación y desinfección de un cuerpo en descomposición) va en aumento. No olvidemos que la preparación es darle al muerto una apariencia más natural, o sea que se parezca a cuando estaba vivo.
Según los expertos, de esta forma se borra los efectos de sufrimiento o enfermedad podría tener el fallecido a la hora del velatorio.
Esta practica demora entre 45 minutos a una hora, y si se debe llevar a cabo alguna reconstrucción de tejido o hueso, el tiempo se extiende de 10 a 12 horas
En lo que se refiere a la desinfección, esta consiste en una inyección de soluciones acuosas y químicos con germicidas, conservantes y antisépticos lo que tiene una ventaja sanitaria ya que previene la propagación de enfermedades.

En cuanto a la conservación del ADN, es una de las "modas" menos conocidas entre nosotros. Esto consiste en la conservación del ADN del difunto en dos capsulas llamadas vinper (vinculo permanente).
La ventaja, poder hacer en un futuro un control del ADN sin abrir el féretro.

Sobre la FUNEXPO
Se llevo a cabo el 8 y 9 de septimbre de este año, en el Palacio San Miguel de la ciudad de Buenos Aires.El año pasado tuvo una asistencia de cinco mil personas (todas vivas por supuesto, pongamos un poco de humor!) y mas de 50 expositores.
Se exhiben urnas, hornos crematorios, lozas marmoladas para tumbas, y tambien diseños de lápidas. Modelos de mortajas, sean convencionales o sofisticadas, se exponen junto a carrozas fúnebres.
El sistemas para conservación de fallecidos, maquillajes para extintos y la más surtida colección de ataúdes y féretros de distinto rango sea para un fallecido notorio o un yacente estándar.
Tambien se dictan charlas sobre e información acerca de las nuevas tendencias del mercado mortuorio. La propuesta incluye servicios de catering y hasta instrucciones para dar condolencias y pésames apropiados.

Como vemos, el tema de la muerte que siempre nos parece negra, tiene su lado "fashion" como dicen algunos.
Para muchos seguirá siendo austero, ceremonioso y lúgubre, y otros podrán poner en practica nuevas tendencias sin olvidar unos y otros al querido ser que nos deja. Todo sin dejar de lado el respeto que el difunto se merece.

Tampoco olvidemos el cuaderno y la lapicera, nunca mejor habido que en un velorio para tomar nota de los últimos acontecimientos familiares.

Ahora me pregunto, no abra algún cajón que venga con ruedas?
Si, uno que sirva para el empujoncito al camino al olvido.

viernes, octubre 8

Legajos a buen recaudo

El Archivo Histórico Municipal de Xixona ha ampliado su patrimonio recientemente gracias a la donación de valiosos documentos por parte de Manuela Rovira Galiana.

Rovira Galiana es una xixonenca de corazón aunque nacida en La Vila Joiosa que ha cedido un árbol genealógico que se remonta hasta 1460, año en el que ya se tiene constancia de su primer antepasado en Xixona, Abdón Rovira.

R. A. FRAILE Manuela Rovira Galiana a quien su padre transmitió el amor por Xixona y por la historia de su familia ha querido compartir con el que siempre ha considerado su pueblo valiosos documentos que durante siglos han conservado sus antepasados, una estirpe de nobles en la que destaca su bisabuelo Luis Rovira Ladrón de Guevara quien ostentó el cargo de defensor del castillo de Xixona y cuya vara de mando aún conserva.
Hace 49 años que vive en Ontinyent, desde que se casó con Roberto Belda Revert, pero no puede evitar hablar con pasión de Xixona. "Es un pueblo extraordinario, pequeño pero muy grande a la vez", asegura Manuela Rovira, quien acompañada por su esposo estuvo recientemente en el pueblo para firmar la cesión de numerosos legajos, algunos de ellos de gran valor histórico como son 29 unidades documentales de los años 1596 a 1796.

En su gran mayoría se trata de pleitos y, sobre todo, escrituras -compraventas, cargamientos de censos, establecimientos enfitéuticos (cesión del dominio útil de un inmueble, a cambio del pago anual de un canon)- de la familia Rovira, uno de los linajes más destacados en el pasado de la ciudad.
El donativo de Manuela Rovira lo completa un impreso de 1628, relativo a una disputa sobre aguas de riego entre Xixona y Alicante, y un libro protocolo de los años 1785 a 1787 del notario de Xixona Bautista Picó. Éste último es, sin duda, el más valioso del lote y viene a completar la serie que conserva el Archivo sobre este notario. El donativo formaba parte del archivo "Herederos de D. Luis Rovira Ladrón de Guevara".
Muchos de los documentos que ahora ha cedido Manuela Rovira pertenecían a su padre, farmacéutico de profesión que fue alcalde de Xixona, una persona muy curiosa en lo que asuntos históricos se refiere que además de los legajos procedentes de su familia fue haciéndose con un patrimonio documental muy importante. Fue él quien se interesó por el árbol genealógico de la familia, una aventura que le llevó a descubrir que el primer Rovira afincado en Xixona, en 1460, se llamaba Abdón. Manuela, al ser hija única, ha conservado todo este patrimonio.
La donación es de carácter plena y tiene como objetivo enriquecer el patrimonio documental de la ciudad así como favorecer la investigación histórica, según explican fuentes municipales quienes consideran que se trata de una contribución muy importante que mejora el conocimiento de las raíces xixonencas.
El patrimonio documental en posesión de Manuela Rovira es mucho más extenso aunque ha querido conservar, mientras viva, algunos de esos documentos. Sobre todo, aquellos que encierran un mayor valor sentimental. Por ejemplo las hojas de servicio de su tatarabuelo Manuel Rovira y Almunia quien para entrar en la marina tuvo que justificar que sus cuatro abuelos era nobles o documentos de otro antepasado que fue ayudante de campo de Alfonso María de Borbón y Castelví en Cuba.
"El día que yo no esté les he dicho a mis hijos que si ellos no quieren conservarlo lo donen al Archivo Histórico de Xixona", explica Manuela Rovira para quien contribuciones como la suya son la única manera de nutrir el archivo y de enriquecerlo. "No podemos meter las cosas debajo de una cama y que no las vea nadie", asegura.
En la donación de los documentos al Archivo Histórico Municipal estuvo presente el alcalde de Xixona, Ferrán Verdú, la concejal delegada de Archivos, María Teresa Carbonell, y el archivero municipal, José Bernabé Ruiz, que firmaron el documento. También estuvo presente Roberto Belda, esposo de Manuela quien ha participado activamente en esta cesión ya que fue él quien inició las conversaciones previas con el Consistorio.
Manuela lamenta que ahora va muy poco a Xixona. La casa familiar la heredó una prima que posteriormente la vendió al Ayuntamiento. Ella sólo visita el pueblo en Semana Santa -a ver el Cristo de la Buena Muerte, un paso muy ligado a su familia- y en los Santos para poner flores en el panteón familiar que han restaurado recientemente. Sin embargo, su contribución estará para siempre.

 Fuente: nformaciones.es


miércoles, octubre 6

Abuelos italianos

Jubilada desde hace un tiempo, Graciela Puntillo se decidió a armar el árbol genealógico y la historia de su familia materna a pedido de sus nietos, aunque también adelantó que hará lo mismo con la de sus padres.
Graciela Puntillo goza desde hace un tiempo de su merecida jubilación, después de tantos años dedicada a su trabajo. Por este motivo, ahora disfruta de un tiempo extra para hacer “cosas pendientes” para ella y para su familia, según contó.

Entre ellas figuraba el armado del árbol genealógico de su familia materna, oriunda de la región del Piemonte, Italia, que venía prometiendo a sus cuatro nietos, de 19 y 15 años, que viven en Rosario, y “los benjamines de 4 y 7 años, que viven acá en Santa Fe; los amores de mi vida”, admitió con orgullo.

El hecho de que uno de ellos necesitó conocer aquel entramado de nombres, parentescos y fechas de nacimiento para un trabajo en la escuela, dio un nuevo impulso a Graciela para encarar esta tarea pendiente. Se ayudaría con gran cantidad de fotografías y documentos que atesora, y que había guardado con cariño su mamá.


“Como estoy jubilada ahora tengo más tiempo”, remarcó Graciela, al tiempo que contó que “cuando empecé a armar el árbol genealógico mi nieto me preguntó qué recordaba de mis abuelos y por eso le dije que iba a buscar las fotos que tenía, y empecé a escribir la historia de mis abuelos maternos. También hice la del papá, para lo cual tuve que hablar con los otros abuelitos”.

Sin embargo, anticipó que “también estoy armando la de mi papá, que me está costando un poco más. Mi papá murió cuando yo era muy chica y no me acuerdo de muchas cosas, pero tengo pasaporte y mucha documentación, así que me tengo que sentar un día a armar también esta historia”.

CERVECERO Y MOLINERO

“Tuve dos abuelos fabulosos”, explicó emocionada cuando comenzó a relatar su historia, y aclaró que “mis bisabuelos ya habían muerto cuando mi papá vino de Italia, y mi abuelo nunca se acostumbró al idioma”.

“Mi abuelo materno, el nono Juan Bautista Vanetti, nació en Cirié, provincia de Torino, región del Piemonte (Italia) el 1º de mayo de 1883. Era hijo de Pietro Vanetti y de Rosa Tempo. Tuvieron cinco hijos, tres de los cuales se quedaron en Italia y tres vinieron a Argentina: Domingo, Antonio y Juan Bautista”.

Mi nona -continuó-, Herminia Rosa Passerini, nació en San Carlos, provincia de Santa Fe, el 18 de noviembre de 1890. Sus padres fueron Francisco Passerini y Úrsula Passerini. Fue bautizada en la Iglesia de San Carlos Norte.

Se conocieron -precisó- cuando Juan Bautista llegó a San Carlos Sud para trabajar en una empresa cervecera que funciona hasta nuestros días y -según nos contaba- su intención era regresar a Europa una vez finalizada la tarea para la cual había venido. Pero conoció a Herminia y sus planes cambiaron.

“Recordaba la nona que se enamoró de ella y se quedó para siempre en la Argentina. Se casaron en San Carlos Sud, el 27 de abril de 1911. En 1912 nació su primera hija, Nélida, después Francisco y por último Idelma”, contó Graciela.

Y agregó: “Tuve mucha relación con mis abuelos porque siempre viví con ellos. Cuando ella murió yo ya estaba casada y tenía a mis dos hijas, y cuando falleció mi abuelo me estaba por casar. Tuvimos una relación, sobre todo con mi abuelo, muy buena: salíamos a caminar y a pasear juntos, y por eso tenía muchas cosas para contar. También me acuerdo de lo que me contaba la abuela cuando quedó viuda”.

TRABAJO Y PROSPERIDAD

Todos los hijos de Juan Bautista y Herminia formaron sus familias: Nélida Antonia (mamá de Graciela) se casó con Eugenio Puntillo y fueron padres de Graciela Guadalupe y de Eugenio Oscar; Francisco Pedro se casó con Clemira Nélida Ghilarducci y fueron padres de Edgardo Oscar y Stella Maris; Idelma Rosa -la tercera hija del matrimonio- se casó con Benito A. Villarreal y fueron padres de Viviana del Carmen y Eduardo Ramón.

Alrededor de 1925, el matrimonio se radicó en la ciudad de Santa Fe y el 1º de diciembre de 1926 Juan Bautista comenzó a trabajar en el Molino Harinero de Lupotti y Franchino, ubicado en bulevar Gálvez 2342, como herrero.

Ganaba 92 centavos la hora, más una bonificación del 10%, según consta en su ficha personal de trabajo Nº 12.573, del Departamento Provincial del Trabajo, que conserva Graciela. “Encontramos el discurso de los compañeros cuando se jubiló, además de su libreta de trabajo. Mi mamá conservaba toda esta documentación y cuando ella falleció, mi hermano me trajo una caja de fotos y documentos. También estaba la invitación para el festejo de las bodas de oro de mis abuelos, que festejaron en 1961”.

Juan Bautista Vanetti se jubiló el 20 de septiembre de 1947 y sus compañeros del Molino Harinero Santa Fe “lo despidieron con una hermosa reunión y un discurso emocionado, que guardamos entre nuestros recuerdos más queridos”, reconoció Graciela Puntillo.

El 27 de abril de 1961, Juan Bautista y Herminia festejaron sus Bodas de Oro Matrimoniales, con una misa en la Iglesia de Nuestra Señora de La Salette y, por la noche, una reunión familiar con parientes, amigos y vecinos, en su casa de calle Castellanos, entre San Luis y Belgrano.

AMOR Y GRATITUD

“Los recuerdos que tenemos de nuestros abuelos son entrañables. Herminia era una cocinera excelente: sus pastas, su estofado y su strudell de manzanas engalanaban la mesa de los domingos y las ocasiones especiales en que nos reuníamos. Era, además, una gran tejedora: con sus dos agujas hacía maravillosos ajuares para bebé que se asemejaban a una espuma blanca, y confeccionada con toda dedicación y amor”, comentó Graciela.

Respecto de su abuelo Juan Bautista, aseguró que “era el típico nono italiano que cobijaba a sus hijos y nietos, al que acudíamos en la seguridad de encontrar un gesto de cariño y una palabra tranquilizadora. De modo simple y sencillo, como era él, nos enseñó a interpretar las cuatro operaciones matemáticas, las fases de la luna, el abecedario, a interpretar las noticias y a leer los diarios, subrayándonos las líneas que realmente valían. Era un gran caminador y, de su mano, recorrí las calles de barrio Candioti, el bulevar Gálvez, la estación de trenes, la costanera, el Mercado Central”.

Por otra parte, aclaró que “nuestra familia no era numerosa pero teníamos unos vecinos maravillosos, que completaban esa falta. Me gustaría recordar a doña Catalina y don Pedro Fantini, a doña Anita y Santiago Anfosi, los Bedes, los Pravisani, los Cavagna, los Fuggini, los nonos Baragiola, queridos amigos de Juan y Herminia”.

FAMILIA UNIDA

Por último, Graciela Puntillo recordó que “el nono falleció el 8 de agosto de 1962, a los 79 años. Su última sonrisa fue para Herminia, que lo estaba ayudando a tomar su merienda. La nona Herminia falleció el 25 de abril de 1977, a los 86 años, y voló a reunirse para siempre con Juan”.

Luego explicó que “mamá y mis tíos también están fallecidos. Mamá falleció hace seis años y mi tía, que era la más joven de las hermanas, hace dos. Mi tío vivió en Mar del Plata durante mucho tiempo, trabajaba acá en Agua y Energía y después lo pasaron allá, adonde se afincó. Nacieron mis primos, que se casaron allá y ahora tienen sus nietos”.

Y concluyó: “Dejaron una familia muy unida, conformada sobre un amor que pasó momentos de tristeza y alegría, pero que supieron consolidar como una roca firme y protectora. Hoy los sobreviven 4 de sus 6 nietos, 14 bisnietos y 12 tataranietos. Y vamos por más con la esperanza de transmitir los valores y el amor que nos legaron, porque la historia de Juan Bautista y Herminia es nada más y nada menos que una historia de amor”.
Recuerdos entrañables de dos abuelos italianos

Reunión para despedir a Juan Bautista vanetti cuando se jubiló del Molino Lupotti-Franchino.

EL VIEJITO REZONGÓN

Cuando Juan Bautista Vanetti dejó de trabajar en el Molino Harinero de Lupotti y Franchino, uno de sus compañeros fue el encargado de despedir a este trabajador, quien -junto a Pío Marchetti- comenzarían a gozar de la esperada jubilación.

El escrito decía: “Para nosotros, el alejamiento de tan dignos camaradas significa momentos de tristeza y alegría; tristeza porque ya no los vemos diariamente entre nosotros, alegría porque pensamos y sentimos que después de la gran tarea realizada durante largos años ininterrumpidos de trabajo al servicio de la industria molinera se han hecho acreedores del amparo de la justicia social”.

Y continuaba refiriéndose a Vanetti: “A pocos metros (de Pío Marchetti), en la sección Taller, se encontraba el compañero Juan Vanetti, “el viejito rezongón’ como cariñosamente le llamamos, el que con su martillo al pie de la fragua y la bigornia trabajaba con ahinco en el arreglo de las maquinarias para mantener su normal funcionamiento en la trituración del grano”.

Y concluía: “Fue además un compañero de trabajo en el verdadero sentir de la palabra y dotado de un gran espíritu de cooperación”, al tiempo que destacaba que “estos dos camaradas, dignos de imitar, pues, es de tener en cuenta que no solamente han servido a los intereses patronales sino que -de ese modo- han contribuido al perfeccionamiento de una de las principales industrias del país. De esta manera, han cumplido con el honroso deber en bien del pueblo”.

Fuente:
ellitoral.com
TEXTOS. MARIANA RIVERA

martes, octubre 5

La biblioteca de Ermua elabora el árbol genealógico del Marqués de Valdespina

Este trabajo trata de recordar a la familia Orbe y se puede consultar en un apartado de la página web municipal

La biblioteca municipal de Ermua ha elaborado el árbol genealógico del Marquesado de Valdespina y lo muestra, de forma gráfica, en su 'Colección local'.
En este trabajo las personas responsables de la biblioteca han contado incluso con la colaboración de los descendientes venezolanos de la familia Orbe y otras fuentes documentales consultadas. Esta curiosidad se puede ver en el apartado de la 'Colección Local' que la biblioteca tiene en la página de internet del Ayuntamiento de Ermua (www.ermua.es).
Con este trabajo se pretende rendir un pequeño homenaje a la familia Orbe, tan ligada a la historia de la Villa de Ermua.
La piedra angular de este trabajo fue la labor que desempeñó en 1934, hace 76 años, el Marqués de Tola de Gaytán, investigando en el archivo de la familia y plasmándolo en un artículo que trataba sobre la Casa Murguía, entroncada con el Marquesado de Valdespina, por matrimonio del primer Marqués de Valdespina con María Teresa de Murgia y Arbelaiz
Este árbol genealógico es uno más de los documentos que se han incluido en la iniciativa de la 'Colección local' que pretende recoger datos referentes a la historia tanto reciente como lejana del municipio.

lunes, octubre 4

heráldica en el territorio histórico

El clan alavés

La madre Vitoria es de las pocas ciudades en tener nombre y apellido. Sus hijos, los habitantes del territorio, también heredaron una heráldica compuesta, que les distingue de otros linajes, tanto por su peculiaridad como por ser la mejor conservada en todo el Estado.

Vitoria-Gasteiz es una de las pocas ciudades que puede presumir de tener nombre y apellidos. Una denominación que se refiere tanto a Nueva Victoria, la denominación que así le dio el rey Sancho VI cuando fundó la villa en 1181, como a la colina que ocupaba el primitivo poblado de Gasteiz. Una seña de identidad que no sólo se ciñe a la capital alavesa, ya que los habitantes de Álava también lucen con orgullo la singularidad de sus apellidos. Aunque más bien si algo distingue a la heráldica de este territorio es la pluralidad, ya que se trata de apellidos compuestos, como Ortiz de Zárate o López de Arana, que los hace inequívocos fuera de estas fronteras. Un mismo apellido incorpora tanto el nombre del padre (Pérez, hijo de Pedro), como el toponímico local, es decir, el lugar del pueblo de origen de la estirpe (Heredia), siempre precedidos del de.

"Que tengan esta preposición no es algo único de Álava porque también se dieron mucho en la zona norte de Burgos o Bizkaia. Pero en este territorio histórico se han conservado mejor porque abundaban y, al haber tantos, siempre queda un legado muy grande", explica Ricardo Álvarez Lacalle, un proyectista que durante décadas trabajó para un estudio de arquitectura hasta que un día decidió hacer de su hobby su profesión.

"Desde siempre he tenido la afición. A mis primos de mi segundo apellido les explicaba los orígenes del linaje por los documentos que tenía en casa. Un día se acabó el fondo y empecé a investigar por mi cuenta hasta dónde se remontaba mi árbol genealógico", añade este hombre diplomado en Genealogía, Heráldica y Derecho Nobiliario. "Te sorprendes de las cosas con las que se encuentra uno investigando. Por ejemplo, en mi caso, descubrí que mi mujer, María Jesús Gómez de Salazar y yo éramos primos en octava generación".

Una anécdota que atrajo la curiosidad de un amigo suyo por querer tirar del hilo de su dinastía, al igual que también lo hicieron 6.000 familias a las que ha investigado sus antepasados a lo largo de treinta años de profesión. "Estudio apellidos vascos y del resto del Estado, aunque en alguna ocasión también me han pedido alguno extranjero. Pero como se suele decir, ¡no se le puede poner puertas al campo!".

Recuperación Su carné de investigador del Ministerio de Cultura le permite el acceso a los archivos civiles y eclesiásticos. Un pasaporte útil a la hora de abrirse puertas para buscar pruebas que confirmen que el apellido Martínez llevaba tras de sí un De Larrea. "Son muchas las personas que quieren recuperar su apellido compuesto. Hay una sensibilidad especial en Álava porque éste vuelva a sus orígenes", relata.

Y no se trata de pérdidas que se puedan contar con los dedos de la mano. Abundan los apellidos alaveses mutados o limitados en un simple García. Olvidados en el tintero de los escribanos, de su desidia ocasionada, sobre todo, durante los primeros años del Registro Civil, allá por 1871. "No era raro que pondrían "fue hijo de Manuel Martínez y se olvidaran del De Marigorta". Por esta omisión, Álvarez Lacalle lo tiene claro a la hora de encontrar antepasados: "Lo mejor es recurrir a los fondos de la Iglesia al conservarlos mejor".

Los documentos eclesiásticos incluso remontan la dinastía familiar a los siglos más lejanos. El motivo de ello se debe a que la Santa Sede fue la primera en descubrir la necesidad de dejar por escrito los sacramentos de sus fieles. Así lo acordó en el Concilio de Trento (1545-1563). "Aunque, por fortuna, en Álava ya existía la costumbre de hacer las partidas, en las que el párroco ponía que tal vástago era hijo de tal padre y de tal madre. Con el paso del tiempo, a mediados del XVII, en la provincia se va completando la información al incorporar también los datos de los abuelos".

No cabe duda de que esta tradición alavesa facilitó la tarea en el momento de recuperar un apellido compuesto. "Para obtener el expediente de Certificación de Errores, el Registro Civil exige antes de la primera inscripción mal escrita que aparezca escrito en su totalidad en dos generaciones seguidas". Lo que significa que para restituir el brillo original se debe retrotraer a siglos pasados, porque en dos generaciones "ya nos plantamos en 1871".

Dura investigación Álvarez Lacalle recuerda con especial orgullo la búsqueda que le sumergió en el linaje del cardenal Eduardo Martínez Somalo, -mano derecha del Papa Juan Pablo II, al ser su secretario de Estado- por ser "muy gratificante a pesar de que tuve sólo dos meses para realizar el trabajo". El encargo lo hizo la coral Manuel Iradier para hacerle un regalo al monseñor de Baños del Río Tobía, ya que éste llegaba a su despacho riojano en julio. "Al principio tenía miedo de encontrarme algo en su familia que pudiese afectar a su carrera eclesial. Al final, por voluntad propia, renuncié a mi derecho de propiedad intelectual para quitar dudas de si podía aprovecharme en un futuro de hacer público sus datos".

Al religioso le sorprendió tanto el trabajo del experto en heráldica que la audiencia se alargó más de la cuenta. "Era sólo de un cuarto de hora, de 19.00 a 19.15 horas y, al final, salimos a la 20.15 horas y me dio la medalla de plata número 121 porque dijo que se trataba de una verdadera tesis doctoral".

Tras tres décadas de investigaciones genealógicas, a Álvarez Laca-lle, que se jubila el año que viene, le queda una espinita clavada. "Con mi primer apellido sólo pude llegar hasta el abuelo de mi bisabuelo. ¡En casa del herrero, cuchillo de palo!", dice ya resignado.

Agurtzane Salazar
noticiasdealava.com