miércoles, octubre 6

Abuelos italianos

Jubilada desde hace un tiempo, Graciela Puntillo se decidió a armar el árbol genealógico y la historia de su familia materna a pedido de sus nietos, aunque también adelantó que hará lo mismo con la de sus padres.
Graciela Puntillo goza desde hace un tiempo de su merecida jubilación, después de tantos años dedicada a su trabajo. Por este motivo, ahora disfruta de un tiempo extra para hacer “cosas pendientes” para ella y para su familia, según contó.

Entre ellas figuraba el armado del árbol genealógico de su familia materna, oriunda de la región del Piemonte, Italia, que venía prometiendo a sus cuatro nietos, de 19 y 15 años, que viven en Rosario, y “los benjamines de 4 y 7 años, que viven acá en Santa Fe; los amores de mi vida”, admitió con orgullo.

El hecho de que uno de ellos necesitó conocer aquel entramado de nombres, parentescos y fechas de nacimiento para un trabajo en la escuela, dio un nuevo impulso a Graciela para encarar esta tarea pendiente. Se ayudaría con gran cantidad de fotografías y documentos que atesora, y que había guardado con cariño su mamá.


“Como estoy jubilada ahora tengo más tiempo”, remarcó Graciela, al tiempo que contó que “cuando empecé a armar el árbol genealógico mi nieto me preguntó qué recordaba de mis abuelos y por eso le dije que iba a buscar las fotos que tenía, y empecé a escribir la historia de mis abuelos maternos. También hice la del papá, para lo cual tuve que hablar con los otros abuelitos”.

Sin embargo, anticipó que “también estoy armando la de mi papá, que me está costando un poco más. Mi papá murió cuando yo era muy chica y no me acuerdo de muchas cosas, pero tengo pasaporte y mucha documentación, así que me tengo que sentar un día a armar también esta historia”.

CERVECERO Y MOLINERO

“Tuve dos abuelos fabulosos”, explicó emocionada cuando comenzó a relatar su historia, y aclaró que “mis bisabuelos ya habían muerto cuando mi papá vino de Italia, y mi abuelo nunca se acostumbró al idioma”.

“Mi abuelo materno, el nono Juan Bautista Vanetti, nació en Cirié, provincia de Torino, región del Piemonte (Italia) el 1º de mayo de 1883. Era hijo de Pietro Vanetti y de Rosa Tempo. Tuvieron cinco hijos, tres de los cuales se quedaron en Italia y tres vinieron a Argentina: Domingo, Antonio y Juan Bautista”.

Mi nona -continuó-, Herminia Rosa Passerini, nació en San Carlos, provincia de Santa Fe, el 18 de noviembre de 1890. Sus padres fueron Francisco Passerini y Úrsula Passerini. Fue bautizada en la Iglesia de San Carlos Norte.

Se conocieron -precisó- cuando Juan Bautista llegó a San Carlos Sud para trabajar en una empresa cervecera que funciona hasta nuestros días y -según nos contaba- su intención era regresar a Europa una vez finalizada la tarea para la cual había venido. Pero conoció a Herminia y sus planes cambiaron.

“Recordaba la nona que se enamoró de ella y se quedó para siempre en la Argentina. Se casaron en San Carlos Sud, el 27 de abril de 1911. En 1912 nació su primera hija, Nélida, después Francisco y por último Idelma”, contó Graciela.

Y agregó: “Tuve mucha relación con mis abuelos porque siempre viví con ellos. Cuando ella murió yo ya estaba casada y tenía a mis dos hijas, y cuando falleció mi abuelo me estaba por casar. Tuvimos una relación, sobre todo con mi abuelo, muy buena: salíamos a caminar y a pasear juntos, y por eso tenía muchas cosas para contar. También me acuerdo de lo que me contaba la abuela cuando quedó viuda”.

TRABAJO Y PROSPERIDAD

Todos los hijos de Juan Bautista y Herminia formaron sus familias: Nélida Antonia (mamá de Graciela) se casó con Eugenio Puntillo y fueron padres de Graciela Guadalupe y de Eugenio Oscar; Francisco Pedro se casó con Clemira Nélida Ghilarducci y fueron padres de Edgardo Oscar y Stella Maris; Idelma Rosa -la tercera hija del matrimonio- se casó con Benito A. Villarreal y fueron padres de Viviana del Carmen y Eduardo Ramón.

Alrededor de 1925, el matrimonio se radicó en la ciudad de Santa Fe y el 1º de diciembre de 1926 Juan Bautista comenzó a trabajar en el Molino Harinero de Lupotti y Franchino, ubicado en bulevar Gálvez 2342, como herrero.

Ganaba 92 centavos la hora, más una bonificación del 10%, según consta en su ficha personal de trabajo Nº 12.573, del Departamento Provincial del Trabajo, que conserva Graciela. “Encontramos el discurso de los compañeros cuando se jubiló, además de su libreta de trabajo. Mi mamá conservaba toda esta documentación y cuando ella falleció, mi hermano me trajo una caja de fotos y documentos. También estaba la invitación para el festejo de las bodas de oro de mis abuelos, que festejaron en 1961”.

Juan Bautista Vanetti se jubiló el 20 de septiembre de 1947 y sus compañeros del Molino Harinero Santa Fe “lo despidieron con una hermosa reunión y un discurso emocionado, que guardamos entre nuestros recuerdos más queridos”, reconoció Graciela Puntillo.

El 27 de abril de 1961, Juan Bautista y Herminia festejaron sus Bodas de Oro Matrimoniales, con una misa en la Iglesia de Nuestra Señora de La Salette y, por la noche, una reunión familiar con parientes, amigos y vecinos, en su casa de calle Castellanos, entre San Luis y Belgrano.

AMOR Y GRATITUD

“Los recuerdos que tenemos de nuestros abuelos son entrañables. Herminia era una cocinera excelente: sus pastas, su estofado y su strudell de manzanas engalanaban la mesa de los domingos y las ocasiones especiales en que nos reuníamos. Era, además, una gran tejedora: con sus dos agujas hacía maravillosos ajuares para bebé que se asemejaban a una espuma blanca, y confeccionada con toda dedicación y amor”, comentó Graciela.

Respecto de su abuelo Juan Bautista, aseguró que “era el típico nono italiano que cobijaba a sus hijos y nietos, al que acudíamos en la seguridad de encontrar un gesto de cariño y una palabra tranquilizadora. De modo simple y sencillo, como era él, nos enseñó a interpretar las cuatro operaciones matemáticas, las fases de la luna, el abecedario, a interpretar las noticias y a leer los diarios, subrayándonos las líneas que realmente valían. Era un gran caminador y, de su mano, recorrí las calles de barrio Candioti, el bulevar Gálvez, la estación de trenes, la costanera, el Mercado Central”.

Por otra parte, aclaró que “nuestra familia no era numerosa pero teníamos unos vecinos maravillosos, que completaban esa falta. Me gustaría recordar a doña Catalina y don Pedro Fantini, a doña Anita y Santiago Anfosi, los Bedes, los Pravisani, los Cavagna, los Fuggini, los nonos Baragiola, queridos amigos de Juan y Herminia”.

FAMILIA UNIDA

Por último, Graciela Puntillo recordó que “el nono falleció el 8 de agosto de 1962, a los 79 años. Su última sonrisa fue para Herminia, que lo estaba ayudando a tomar su merienda. La nona Herminia falleció el 25 de abril de 1977, a los 86 años, y voló a reunirse para siempre con Juan”.

Luego explicó que “mamá y mis tíos también están fallecidos. Mamá falleció hace seis años y mi tía, que era la más joven de las hermanas, hace dos. Mi tío vivió en Mar del Plata durante mucho tiempo, trabajaba acá en Agua y Energía y después lo pasaron allá, adonde se afincó. Nacieron mis primos, que se casaron allá y ahora tienen sus nietos”.

Y concluyó: “Dejaron una familia muy unida, conformada sobre un amor que pasó momentos de tristeza y alegría, pero que supieron consolidar como una roca firme y protectora. Hoy los sobreviven 4 de sus 6 nietos, 14 bisnietos y 12 tataranietos. Y vamos por más con la esperanza de transmitir los valores y el amor que nos legaron, porque la historia de Juan Bautista y Herminia es nada más y nada menos que una historia de amor”.
Recuerdos entrañables de dos abuelos italianos

Reunión para despedir a Juan Bautista vanetti cuando se jubiló del Molino Lupotti-Franchino.

EL VIEJITO REZONGÓN

Cuando Juan Bautista Vanetti dejó de trabajar en el Molino Harinero de Lupotti y Franchino, uno de sus compañeros fue el encargado de despedir a este trabajador, quien -junto a Pío Marchetti- comenzarían a gozar de la esperada jubilación.

El escrito decía: “Para nosotros, el alejamiento de tan dignos camaradas significa momentos de tristeza y alegría; tristeza porque ya no los vemos diariamente entre nosotros, alegría porque pensamos y sentimos que después de la gran tarea realizada durante largos años ininterrumpidos de trabajo al servicio de la industria molinera se han hecho acreedores del amparo de la justicia social”.

Y continuaba refiriéndose a Vanetti: “A pocos metros (de Pío Marchetti), en la sección Taller, se encontraba el compañero Juan Vanetti, “el viejito rezongón’ como cariñosamente le llamamos, el que con su martillo al pie de la fragua y la bigornia trabajaba con ahinco en el arreglo de las maquinarias para mantener su normal funcionamiento en la trituración del grano”.

Y concluía: “Fue además un compañero de trabajo en el verdadero sentir de la palabra y dotado de un gran espíritu de cooperación”, al tiempo que destacaba que “estos dos camaradas, dignos de imitar, pues, es de tener en cuenta que no solamente han servido a los intereses patronales sino que -de ese modo- han contribuido al perfeccionamiento de una de las principales industrias del país. De esta manera, han cumplido con el honroso deber en bien del pueblo”.

Fuente:
ellitoral.com
TEXTOS. MARIANA RIVERA

1 comentario:

  1. QUISIERA SABER GRACIELA SI VOS TUVISTE ALGUN PARIENTE LLAMADO LUIGI O LUIS VANETTI AFINCADO EN HERSILIA SANTA FE ENTRE LOS AÑOS 1890 Y 1920 DE TU LADO MATERNO

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