jueves, agosto 6

Registro “Memoria del Mundo

La Unesco incluye las “Capitulaciones de Santa Fe” en el registro “Memoria del Mundo”, entre los principales testimonios culturales de relevancia Mundial

El Comité Asesor Internacional del Programa “Memoria del Mundo” de la UNESCO, a propuesta del Ministerio de Cultura, acordó incluir las “Capitulaciones del Almirante don Cristóbal Colón” (1492) -conocidas popularmente como “Capitulaciones de Santa Fe”-, junto a otros treinta y dos documentos y archivos como integrantes del “Registro Memoria del Mundo”, destinado a la preservación y difusión de los testimonios documentales de excepcional valor y relevancia del Patrimonio Documental Mundial. 

El documento, suscrito el 17 de abril de 1492 entre Fernando de Aragón e Isabel de Castilla y el navegante genovés Cristóbal Colón en el campamento militar ubicado en las proximidades de Granada, constituye uno de los documentos de la serie de acuerdos y capitulaciones suscritos por los monarcas hispanos en la localidad granadina de Santa Fe de la Vega (Granada) entre los años 1491 y 1492, entre los que sobresalen los establecidos con el monarca nazarí Boabdil el Chico (Muhammad XI) para la entrega y capitulación de Granada y el documento suscrito con Colón, considerado por algunos especialistas como el primer documento escrito de la Historia de América.

En los capítulos de las “Capitulaciones de Santa Fe” de 1492 se establecieron las condiciones con las que partirá Colón en el viaje que supuso el descubrimiento de América. El texto del documento original se conoce a través de la copia coetánea del Registro de Cancillería de los monarcas aragoneses, conservada actualmente en el Archivo de la Corona de Aragón, en Barcelona, y diversas copias notariales custodiadas en la Sección Patronato Real del Archivo General de Indias, en Sevilla. Además, se conoce también el texto a través de la carta de confirmación de las “Capitulaciones de Santa Fe”, suscrita por los Reyes Católicos en Burgos el 23 de abril de 1497, documento del que hay constancia en el Registro General del Sello de la Cancillería castellana en el Archivo General de Simancas (Valladolid), así como también en el Archivo General de Indias, en Sevilla. Estos documentos se encuentran accesibles y consultable a través de Internet en el Portal de Archivos Españoles (PARES).

El director general de la UNESCO, Koichiro Matsuura, anunció esta nueva inclusión en el Registro “Memoria del Mundo” en la sesión de clausura de la 9ª Reunión del Comité Asesor Internacional del “Programa Memoria del Mundo”, celebrado en Bridgetown (Barbados) durante los días 27 a 31 de Julio.

La inclusión de las “Capitulaciones de Santa Fe” en el Registro de la UNESCO fue solicitada por la Dirección General del Libro, Archivos y Bibliotecas del Ministerio de Cultura en diciembre de 2007, tras la inclusión previa del “Tratado de Tordesillas”, suscrito entre los Reyes Católicos y el monarca portugués João II el 7 de junio de 1494.

La decisión de la UNESCO refrenda nuevamente la importancia y relevancia internacional del Patrimonio Documental y Cultural conservado en la Red de Archivos Estatales del Ministerio de Cultura.

martes, agosto 4

Alemanes en Argentina- 2° parte

‘Los inmigrantes alemanes son muy particularmente deseados por los nacionales, por su honradez proverbial, sus costumbres laboriosas y su carácter pacífico y tranquilo’, decía Sarmiento en 1847 y proponía que dos millones de alemanes se radicaran en el país, para dedicarse a la agricultura, a la fabricación de quesos y manteca y a la cría de merinos. Las propuestas alemanas de Sarmiento no se concretaron, pero, entre 1810 y 1860, el 22% de los inmigrantes fue alemán. Y tambien lo era Augusto Krause (el padre de Otto Krause), amigo de Sarmiento y co-fundador de Chivilcoy, la colonia que mereció el mas exaltado elogio del prócer”.

“Hugo Stroeder tambien fue fundador de pueblos (SalliqueIó) y propulsor de la colonización agricola en Santa Fe, Entre Rios, Santiago del Estero y La Pampa, de quien Roca decia que la Argentina necesitaba muchos hombres como este aleman. En 1909 Stroeder fundó Villa Iris, cerca de Bahia Blanca.
Alberto Runge fundó la bodega Santa Ana y tuvo viñedos en Mendoza y en Rio Negro. Juan Plate fue pionero del desarrollo patagónico y hacia 1890 fundó la estancia Nueva Lubecka. Enrique Klein tuvo en PIa, provincia de Buenos Aires, una empresa de cultivo de semillas para trigo cuyos logros Ie valieron el doctorado honoris causa de la Universidad de Bonn. Phillipp Schwarz fabricó en su taller de Magdalena, las primeras trilladoras”.

“Altgelt, Ferber y Cia, sucesores de Carlos Bunge, se dedicaron a la exportación de lanas y cueros y a la importación de maquinaria agricola. La firma se transformó, luego, en Ernesto Tornquist y Cia, continuando la evolución familiar. EI padre de Ernesto Tornquist habia llegado en 1823. EI hijo tuvo un importante saladero, luego un frigorifico en Rosario, una refineria de azucar y adquirió tierras en Santa Fe, Entre Rios, y en los territorios de la Conquista del Desierto. Fue el mas notorio financista de la epoca de Roca, y tambien fue fundador de colonias agricolas de inmigración”.

“En 1867, Adolfo J, Bullrich, hijo de un militar aleman hecho prisionero por el ejercito de Alvear, fundó la empresa que lleva su nombre. Consignatario de hacienda y empresario inmobiliario organizó importantes y resonantes remates de reproductores, Con mas de 120 años de actuación, es la suya una de las empresas mas antiguas del pais. Su historia es la historia misma de la Exposición Rural”.

“En 1884 fue fundada la empresa Bunge y Born, como extensión de su casa matriz de Amberes. Asociada a la "revolución del trigo", en la decada de 1920 fue la principal exportadora de cereal, con vasta red de representantes en el exterior”.

“Klaus Stegmann tuvo, hacia 1850, una estancia en Flores, En 1856, German Frers administraba otra en Rosario, German Frers fue el fundador de la Colonia Suiza, de Baradero, Su hijo ocupó importantes cargos en el Ministerio de Agricultura de la Nación”.

Los Tiejten, de Colonia Hansa, trajeron las primeras liebres que llegaron al pais. En Corrientes, en Colonia Liebig, se establecieron alemanes del sur. En la Provincia de Buenos Aires, por iniciativa de Carlos Heine, se fundó la colonia de Chorroarín, que no prosperó. Hubo alemanes en Rio Gallegos y en Neuquen. Bariloche fue fundada y colonizada por alemanes en primer lugar. En 1930, la "Unión de Campesinos" alemanes de Buenos Aires radicó en el Chaco a los colonos que huian de las sequias de La Pampa”.



“Pero es en Misiones donde la colonización alemana fue mas singular. Al fin de la Primera Guerra Mundial, v mas aun despues de la Gran Inflación de 1923, cientos, miles de colonos alemanes llegaron a Misiones, radicandose en la Colonia Eldorado fundada por Adolfo Schwelm-, a la colonia Puerto Rico y a Monte Carlo. Los alemanes venidos entonces, superan los veinte mil.”.

LISTADO DE LOS INMIGRANTES DE LAS FAMILIAS FUNDADORAS DE LA COLONIA ESPERANZA - PROVINCIA DE SANTA FE - CONFEDERACIÓN ARGENTINA - AÑO 1856
Recopilación de Hugo M. Zingerling

ALLARD -
ARBER -

BACHER -
BATING -
BECK -
BENDER -
BERNARD -
Braun-BRAUM -
BRUGGER -
BURGER (BIRCHER)
Bürgi - BURGI -

COLLIARD -

DEHREN -
DELL -
Deppeler - DEPPLER -
Döning - DOENING
DREISS -

ELS -
EHBERT -
Erni - ERNY -
ESSER -

FALKENMEYER -
FAVRE -
FELLER -
FISCHER
Fladung - FLANDUNG
VOOS - FOOS -

GARDIENT
GEIER -
GIETZ
GRETNER
GUNDERSBERG -
GUT -

HAGNENAY -
HANSO -
Höcklein - HEEKLEIN -
HEGL -
HEIL -
HEIN -
HERZOG -
HILBI -
HIPP -
Hübeli - HUBELI -
HUBER -
HUNTER -
Hunzicker - HUZINKER -


JACOB
Jönnerich (Yennerich) JENNERICK

KAISER -
Kärst KARST -
KAUFMANN -
KAPPELER -
KAUPPEN -
KEES -
KELLER -
KNIPPEMBERG -
KERN -
Kieffer KEFFER?-KIEFFER -
KIENER -
KINEN? -
KROENI -

Köning (o König) - KOENING -
Köstler (Kestler) - KOESTLER -

LOREY -

MARTI -
MERGEN -
MEYER -
MICHEL -
Möhring (Mehring) - MOERING -
MOIX -
MORITZ -
MORS
Müller MULLER -

NAHN - NAHM -
NAGEL -
NAS -
NEHR -  
NOETHER -  
NUSBAUM -

OBRIST -
OSTERTAG -
Oxenbein - OXEINBEIN -  

PAGAN -
PFEIFFER -  
PRESSER -

RAMB -
REIDEL -
Reinhardt - REINHARD -
REINHEIMER -
REY
RINGELSTEIN -
ROHRMANN
ROSSLER -
Rückauf - RUCKANF -
RUF -

SAGER -
SASER -
SEIBER -
Schärer - SCHARER -
SCHEURER
SCHNELL -
SCHREGER -
SCHNEIDER -
SCHWREIVER -
SCHONK -
Schultheiss - SCHULTHEIN -
SCHWABELAND -
SCHWARTZ -
SENN -
SIMON -
STESSENS -
STENZ -
STIERNEMANN -
STRASSER -
STUDER -
SPIES -
Sprüngli - SPRUNGLI -

USPRUNG -

Vanstraten -VANSTRATE -
Voos - VOGT -

WAGNER -

WEIDMANN -
WERNLI -
WEPPLER -

ZELL -
Zehnder - ZENDHER -
ZINGERLING -
ZIMMERMANN -
ZUBLER -

Los baños porteños- 2° parte

Las casas de baños porteñas de fines del siglo XIX

En este articulo se intenta dar un panorama de esta interesante temática hasta principios del siglo XX, pues como afirmaba Galarce en 1886: "La casa de baños es y ha sido siempre una necesidad indispensable para Buenos Aires, no sólo por el calor sofocante de nuestro clima en verano, sino porque innumerable cantidad de personas se bañan durante todo el año, tanto para conservar la limpieza del cuerpo, como por la indiscutible influencia benéfica que se siente en la salud moral y material del individuo".


Por Arnaldo J. Cunietti Ferrando *

Hemos leído con avidez y admiración el minucioso trabajo de investigación del Dr. Méndez Avellaneda sobre la primera casa de baños de Buenos Aires que finaliza en las postrimerías de la época de Rosas.l Y como teníamos alguna información sobre el tema de fines del siglo XIX y principios del XX, se nos ocurrió que sería interesante completarlo, aunque sin alcanzar ese plus de amenidad y erudición del impecable relato de nuestro colega historiador.

Culmina su trabajo Méndez Avellaneda hacia 1850, en el momento en que se inician los servicios de baños a domicilio, de día y de noche, con precios fijos para las diferentes categorías. Pero este sistema no estaba al alcance del pueblo común que seguía bañándose en el río, como lo hacían en Madrid las modistas y los artesanos.

Así lo informa una guía porteña de 1864:

"La Policía recuerda anualmente lo que tienen que observar los bañistas en el río. Está dispuesto que todo individuo que entre al río a bañarse, deberá efectuarlo, a cualquiera hora que sea, con un trage bastante cubierto de la cintura abajo, y que los que contravinieren lo dispuesto serán conducidos al Departamento, donde pagan una multa de 50 $ m/e., o en su defecto, sufren ¡in arresto de 48 horas, publicándose además sus nombres en los diarios".2

Pillado, sólo consigna la dirección de dos casas de baños públicos: la de Augusto Campbell, situada en Piedad (Bartolomé Mitre) 181 y la de baños rusos de Miguel Puiggari, en Belgrano 362. Que existían otras, de mayor o menor categoría, lo deducimos de otra noticia del mismo autor, cuando señala que estos establecimientos "pagan los impuestos municipales de segunda clase, por serenos 15 $, y 25 por alumbrado a gas. Las situadas en las calles cuyo alumbrado es de aceite, pagan 10 $ por el alumbrado de 1 ° y 4 por el de 2°".

En el "Gran Almanaque de La Tribuna" de 1868, encontramos una interesante publicidad de la casa de baños de Tomás Lassarte en la Plaza de Monserrat, calle Belgrano 264, donde descubrimos que los "brvios rusos" eran a vapor y aptos, según el director del establecimiento¬para curar radicalmente el reumatismo, las erupciones cutáneas y los resfríos.

Aunque las había para todos los gustos y presupuestos, las casas de baños porteñas tenían una clientela refinada y eran muy rentables, por lo que en la década de 1870, un renombrado fotógrafo como Christiano Junior, fanático de la higiene, había instalado uno en la calle Artes 180, (hoy Carlos Pellegrini) en el mismo edificio de su fotografía y otro en la calle Florida 193. 3

La opinión de un médico higienista

En el año 1874, el Dr. Guillermo Rawson dictó una serie de conferencias sobre la higiene pública y privada en la Facultad de Medicina. Analizó exhaustivamente el problema del agua potable, de los aljibes, los pozos artesianos, los lavaderos, el agua de mar y de los ríos y su incidencia en la salud de la población, que unos años atrás se había visto enfrentada a la grave epidemia de fiebre amarilla.

Haciendo comparaciones con diversas ciudades de Europa y América, concluía que lo ideal era que cada individuo contara con un mínimo de 100 litros de agua diarios para la limpieza doméstica, los baños, el lavado, las abluciones corporales y en consecuencia, para la buena higiene. Y expresaba sobre el particular:

"Nosotros necesitamos baños públicos gratuitos o muy baratos y no los que actualmente tememos, disfrutados tan solo por los ricas. El pobre necesita aseo, necesita agua abundante, tanto mas cuanto que sus condiciones especiales lo amenazan de suciedad y de pestilencia; y el baño accesible a sus fuerzas es, n no dudarlo, uno de los más poderosos elementos para su higiene, que, en último término, es la de la comunidad".4

El problema de la higiene en las clases populares, se agudizó más tarde con la llegada de una inmigración que, exigua al principio, se convirtió muy pronto en masiva. Proliferan así los conventillos y en contraposición a las exclusivas salas de baño, los inmigrantes no contaban con recintos adecuados para asearse.

Un anónimo cronista que visitó uno de ellos a principios del siglo XX, cuenta que preguntó si se bañaban mucho los inquilinos, porque un solo cuarto de baño para tanta gente, no alcanzaba. El diálogo fue el siguiente:

" ¡Bah! exclamó la gruesa encargada, ninguno de estas se ha bañado una sola vez en todo el año... Ahí está la llave del cuarto, quieta siempre...

Arrojamos una mirada al patio, donde cosían nenas diez o doce lindas obreritas, de esas que inspiran semanalmente tanta novela sentimental!...

Ni una se ha bañado en todo el año...¡Ahí están! ... A ver si dicen que no es cierto...

Las chicas iy qué lindas eran! se miraron sonriendo, un poco mohínas. Ninguna protestó. La encargada, que tampoco se había bañado seguramente , nos dio la espalda con un aire triunfal".

Otros se bañaban por turnos en tinas de agua dentro de sus piezas y los niños y niñas pequeños, aprovechaban las piletas de los conventillos, allí donde se lavaba la ropa y los platos, para asearse y refrescarse. Y qué decir de las letrinas; no sólo no servían para bañarse, sino que tenían siempre que compartirla, con todos los habitantes de la casa.

Era habitual entonces que muchos usaran sitios, más o menos recatados, en las mismas calles, generalmente una pared para salir de sus apremiantes apuros, costumbre que venía de muy antiguo en Buenos Aires y en otras ciudades de la América española y que aún hoy, no pudo ser erradicada.

Martínez Estrada cuenta que era común ese modo de orinar hasta bien avanzado el siglo XX. Cuando se suprimieron los mingitorios municipales, acota: "se encontraban transeúntes parados en el cordón de la acera, como si les hubiesen quitado el reparo quedándoles la costumbre y sin saber qué hacer. " Y relata una divertida anécdota sobre la "expulsión de las aguas" antes de los mingitorios, de cuya veracidad no abrimos juicio: "El más original que hemos tenido señala fue aquel sin paredes, donde el general Rosas despidió al ministro Mandeville. Se iba el ministro y el general lo acompañaba, detrás. Al volverse aquél, comprobó un acto de lo menos diplomático del protocolo sudamericano. "5

El problema en la década de 1880

Pero retornando al tema de los baños públicos del siglo XIX, señalaremos que era un problema que no sólo afectaba a nuestra población, sino a casi todos los países de América. Rawson nos da una divertida anécdota referida a un pueblo mejicano:

"Un amigo nuestro relataba viajaba por California. De regreso, pobre y sucio, detúvose en Mazatlán (México), población de 6.000 almas que, con aspiraciones deformar una gran ciudad y como para darse más apariencia de civilización, se había provisto de baños públicos.

Según nos refería el individuo de quien hablamos, su primer cuidado, cuando llegó fue procurarse un baño, el cual consistió en pararse desnudo sobre una tineta de barro y esperar que otro individuo vertiese agua sobre su cuerpo.

Al día siguiente supo que esa misma agita, ya usada, servía para otros baños...¡y los mazatlandeses creían esto un gran progreso!"6

Diferente era la situación en Buenos Aires. En 1886, Galarce afirmaba que en nuestra ciudad los baños eran una necesidad indispensable, a pesar de la proximidad del río, por el calor de nuestro clima y la gran cantidad de personas que los utilizan todo el año por la limpieza y su indiscutible influencia benéfica. Por esa época, los médicos los prescribían y aconsejaban tomarlos con frecuencia, contribuyendo con ello a promover su difusión entre muchos capitalistas e inversores que erigieron casas de baños "algunas de importancia, bien reglamentadas y dotadas coco todas las comodidades que prescriben el aseo, el buen gusto y hasta el Iujo".7

Y José Antonio Amorena en 1888 señalaba: "Varios son los establecimientos que existen en esta Capital que reúnen todas las comodidades, todos los entretenimientos de buen gasto para hacer más agradable el momento del bono, uniendo a todo esto el lujo y confort más esquisito. Algunos de ellos cuentan con magníficas piscinas para natación e inmersión y también con piletas de agua tibia, de afrecho, de mar artificial, rusos, de lluvia, y duchas escocesas, etc. "

Estas casas, que incluían además salas de estar y gimnasios, estaban abiertas al servicio público todo el año, y aunque durante siete meses permanecían casi inactivas, en el verano tenían una animación extraordinaria y su precio fluctuaba entre los 38 y 41 centavos cada baño y de 30 a 32, cuando se tomaban por abonos de una docena.

Amorena menciona sólo ocho en el centro y uno en Barracas, aunque debieron existir algunos más, no dignos de figurar en una guía publicitaria. Los fichados, estaban ubicados en Piedad 45 y Piedad 630, San Martín 148, Artes 180, Florida 189, Belgrano 362, 25 de Mayo 5, Balcarce 80 y en la Avenida Santa Lucía 44, de la antigua numeración.

Pocos años antes se había abierto uno en el pueblo de Belgrano con piletas para natación por una sociedad por acciones, "que produjeron un movimiento y actividad inusitadas en la población de la capital, que hizo de aquella localidad su centro de reunión".

El de la calle Piedad 45, al lado del Banco de Londres, denominado "La Argentina", inaugurado en 1883, ofrecía duchas y baños de inmersión fríos y calientes, con agua de pozo surgente renovada diariamente y tenía anexa una escuela de natación. Abría desde las 5 de la mañana hasta las 12 de la noche; un baño costaba 50 centavos, el abono para 12 baños, 4,50 pesos y por 100 boletos se pagaban 32 pesos. Complacía unos 350 bañistas diarios, con ocho empleados en verano y tres en invierno. También existían hoteles como el Argentino y el Universel, que prestaban estos servicios.

Esta era la situación, un año antes que se proyectara un complejo de baños públicos, verdadero emporio que incluía negocios, teatros, restaurantes, etcétera, accesibles también a las clases bajas de la sociedad. Pero antes de entrar en materia, tenemos que referirnos a un personaje de honda gravitación en el tema.

La actuación del coronel Gaudencio

Era éste, un militar retirado, mejor dicho, dado de baja en contra de su voluntad, por el gobierno uruguayo, pues aunque Carlos María Gaudencio era porteño, soldado mitrista en Cepeda y Pavón y había hecho la guerra del Paraguay donde alcanzó diversos ascensos, Montevideo lo fascinaba.

En esa ciudad transcurrió muchos años de su vida militar, contra Venancio Flores, a favor de Lorenzo Battle, contra Aparicio Saravia e intrigando contra el presidente Gomensoro. Este último, en castigo, lo expulsó de las filas del ejército.

Y aunque volvió a ser reincorporado, luego conspiró para tramar el secuestro del dictador Lorenzo Latorre, que fracasó. Tuvo que refugiarse en el consulado argentino, de donde salió huyendo hacia Buenos Aires.

En el fondo era un aventurero que debió realizar diversos trabajos para sobrevivir, entre ellos la fundación de un diario, la organización de una empresa de colonización del Chaco y en la frontera con Brasil y otros diversos menesteres. En 1880 estaba en Buenos Aires, donde consiguió ser nombrado comisario y luego comandante en la Boca del Riachuelo.

Cinco años después conspiraba aquí para derrocar al general Máximo Santos y durante el gobierno del general Tajes, retornó al Uruguay para especular con diversas empresas mercantiles, especialmente de obras públicas.

¿Por qué nos interesa este coronel Gaudencio?

Porque estando en Montevideo a mediados de 1887, concibió el proyecto de fundar un gran establecimiento de baños públicos y coronó exitosamente la empresa. En seis meses ya estaba en funcionamiento en un balneario llamado Playa Gounoulhiu. Los principales usufructuarios eran los denominados "inmigrantes veraniegos" provenientes casi todos de Buenos Aires, que ya por ese entonces parece que tenían debilidad por las playas uruguayas.

Es curioso comprobar que siempre el Uruguay estuvo, por lo menos en materia de baños públicos, más adelantado que nosotros. Ese verano su establecimiento fue muy visitado, pero luego decayó por la crisis que sobrevino en ese país, que lo movió a intentar la misma empresa en Buenos Aires, donde las perspectivas comerciales eran más favorables.

* El autor es historiador porteño y numismático. Este artículo fue publicado en “Historias de la Ciudad – Una Revista de Buenos Aires” (N° 18, Diciembre de 2002),
Defensoría del Pueblo de la Ciudad de Buenos Aires.

lunes, agosto 3

Apellido SOMMER



Les cuento algo lindisimo que sucedio hoy...
Me encuentro con un comentario en la entrada de los 2 meses de existencia del blog, firmado por Cristian Sommer.
Veamos que tan memoriosos son, y para aquellos que no ...se los resumo:
Entre las primeras entradas comento la historia de Celia Sommer, hija de Baldomero Sommer y Juliana Udaquiola que llega a mis manos por medio de un recorte periodistico. Ella es descendiente de Pedro Pablo Udaquiola. Hasta aqui, todo bien.
Ahora es donde Cristian Sommer entra en accion, el es familia de Celia Sommer y descendiente de "mi" PEDRO PABLO UDAQUIOLA...o sea "somos familia"!!!
Que alegria!

El Blog cumplio su cometido.

Primeros asentamientos Alemanes en la Argentina

Los focos iniciales de radicación fueron: Colonia Hinojo en la provincia de Buenos Aires y Colonia General Alvear en la provincia de Entre Ríos. Desde ambos puntos se expandieron en todas direcciones. En la provincia de Entre Ríos se mantienen actualmente aún quince aldeas pobladas por sus descendientes, doce de ellas son de credo católico y sólo tres evangélicas, aunque la mayoría de ellos se encuentran establecios en pequeñas ciudades , Ramírez, Crespo, Urdinarrain, Galarza, Maciá en donde son generalmente mayoría. Desde la Colonia Hinojo la expansión se extendió más al occidente, abarcando el sur bonaerense y La Pampa; desde allí llegaron a Córdoba y al Chaco. En La Pampa la llegada de los Alemanes del Volga puede identificarse fácilmente como desprendimiento de ambos focos originales: los católicos del sur de Buenos Aires y los evangélicos procedentes de Entre Ríos. Los primeros se establecieron en Santa María y Santa Teresa y los segundos en Guatraché, San Martín y Alpachiri.

En 1762, Catalina II, la Grande, hereda el trono de Rusia. El 22 de julio de 1763 publica un manifiesto en que insta a los extranjeros con deseos de colonizar a trasladarse a Rusia a vivir y trabajar. Se les asegura franquicias tributarias y la liberación del servicio militar. Así llegaron los primeros colonizadores alemanes hasta el Volga.

Consiguieron establecer comunidades con derechos y prerrogativas. Pero hacia 1860 el Zar los obligó a prestar servicio militar, lo que los indujo a buscar nuevos horizontes. Un grupo bastante numeroso emigró al Brasil meridional. Su intención era plantar trigo, tal como lo habían hecho desde hacia generaciones junto al Volga. Con desazón, comprobaron que, pese a la fertilidad del suelo, el trigo no se daba bien. A raíz de ello, cuatro enviados se trasladaron en agosto de 1877 a Buenos Aires, donde iniciaron tratativas con el entonces ministro de interior, Bernardo de Irigoyen. Sabían lo que querían y conocían las ventajas que ofrecía Argentina.

Su oferta era garantizar la inmigración de 50.000 personas, y a cambio de ello pretendían obtener buenas tierras, junto a vías de comunicación favorables para poder exportar sus productos agrícolas. Solicitaron, además, la exención del servicio militar, libertad de culto y la instalación de escuelas alemanas.El contrato correspondiente adquirió muy pronto contornos definitivos; el parlamento argentino lo convalidó por ley . En 1878 llegaron a nuestro país 1100 alemanes del Volga.

No faltaron, por cierto, los sinsabores, como cuando les ofrecieron en la provincia de Santa Fe tierras inundables. No obstante, los resultados positivos predominaron: en Entre Ríos se establecieron varias colonias agrícolas casi cerradas, con nombres tales como Marienthal, Marienfeld, Köhler, Pfeifer. En su gran mayoría, los pobladores de estas aldeas eran católicos, pero hubo también un asentamiento netamente evangélico, que se llamó Aldea Protestante.

Otro grupo se dirigió hacia el sur de la provincia de Buenos Aires, donde los colonos se asentaron cerca de Coronel Suárez, estableciendo el pueblo de Hinojo que, al igual que Marienthal en Entre Rios, pronto se transformó en el foco de irradiación de una activa labor colonizadora de vastos alcances territoriales y económicos.

Que la Argentina haya llegado actualmente a ser uno de los más importantes silos del mundo se debe en buena parte a sus ciudadanos de origen alemán del Volga.

La inmigración de ruso-alemanes a Argentina se mantuvo hasta la Primera Guerra Mundial. Crespo en Entre Rios y Coronel Suárez en la provincia de Buenos Aires se convirtieron en los centros más destacados de la colonización. En la actualidad, los alemanes del Volga viven prácticamente diseminados por toda la Argentina. Su numerosa prole de los primeros tiempos y la división y reparto de las propiedades en parcelas cada vez más pequeñas obligaron a muchos a abandonar los sitios de colonización originales y a dedicarse a otros oficios.
A pesar de las grandes dificultades que atravesó esta colectividad durante y después de la (última guerra mundial, la institución que agrupa a los descendientes de los alemanes del Volga trata de mantener la unión por medio de fiestas y reuniones anuales en las distintas comunidades. Existe una profunda fe religiosa y se considera a la iglesia salvaguardia y apoyo de la comunidad.

Biografía:
Asociación Argentina de Descendientes de Alemanes del Volga

Listado de Fundacion de Colonias:

5 de enero de 1878: Fundación de la colonia madre en la República Argentina, que se concretó en la provincia de Buenos Aires y fue bautizada con el nombre de Hinojo.

20 de enero de 1878: Fundación de la Colonia General Alvear (Pcia. de Entre Ríos).

1878: Fundación de las Colonias Valle María (también llamada Mariental), Campo María (actualmente Spatzenkutter), Salto (conocida también como Santa Cruz), San Francisco y la Aldea Protestante, todas ellas en el Departamento de Diamante en la Provincia de Entre Ríos.

1879: Fundación de la Aldea Brasilera (Dto. Diamante, Pcia. de Entre Ríos).

1880: Fundación de la Colonia Santafesina (Dto. Diamante, Pcia. de Entre Ríos).

1886: Fundación de la Aldea Merou y Santa María (Dto. Paraná, Pcia. de Entre Ríos).

3 de octubre de 1886: Fundación de la Colonia Uno (actualmente Colonia Santa Trinidad) en el Partido de Coronel Suárez (Pcia. de Buenos Aires).

1887: Fundación de la Aldea Santa Luisa (Dto. Paraná, Pcia. de Entre Ríos).

5 de abril de 1887: Fundación de la Colonia Dos (actualmente Colonia San José) en el Partido de Coronel Suárez (Pcia. de Buenos Aires).

11 de mayo de 1887: Fundación de la Colonia Tres (actualmente Colonia Santa María) en el Partido de Coronel Suárez (Pcia. de Buenos Aires).

1889: Fundación de la Colonia San José a un kilómetro de la estación Crespo del que fuera el Ferrocarril Urquiza. Muy pronto la Colonia absorbió la estación, cambiando el nombre por Crespo.

1893: Fundación de las Colonias San Rafael, Santa Rosa, Eigenfeld y San Juan (Pcia. de Entre Ríos).

1899: Fundación de la Colonia San Miguel (Pcia. de Entre Ríos).

14 de julio de 1900: Fundación de la Colonia Santa Anita (Dto. Concepción del Uruguay, Pcia. de Entre Ríos).

1903: Fundación de la Colonia San Miguel Arcángel (Pcia. de Buenos Aires).

Febrero de 1909: Fundación de la Colonia Santa María (Pcia. de La Pampa).

1909: Fundación de la Colonia San José (Pcia. de La Pampa).

20 de Noviembre de 1910: Fundación de la Colonia Santa María (Pcia. de La Pampa).

1911: Fundación de la Colonia Alpachiri (Pcia. de La Pampa).

1921: Fundación de la Colonia Santa Teresa (Pcia. de La Pampa).

BUENOS AIRES

Colonia Hinojo (Provincia de Buenos Aires): Fundada el 5 de enero de 1878 en el partido de Olavarría, por las primeras ocho familias y tres solteros llegados al país en diciembre de 1877.
Colonia Nievas, fundada por 20 familias, en las inmediaciones de Hinojo.
San Miguel, fundada en 1881, también en las inmediaciones de Hinojo.
Junto a Coronel Suárez se fundaron tres colonias: Santa Trinidad, San José y Santa María. Cerca de Gascón se fundó la colonia San Miguel Arcángel

ENTRE RÍOS

La fundación común de las cinco aldeas en la Colonia Gral Alvear del Departamento Diamante se produjo el 21 de Julio de 1.878. Cada grupo fundador ya había elegido el lugar para el asentamiento de su población. Las aldeas todas, menos Spatzenkutter, están ubicadas, por comprensibles razones, cercanas a un arroyo y bien distribuidas dentro del territorio de la colonia. Valle María o Marienthal se ubico a elección de Don Pedro Zalzmann, integrante del grupo, en la chacra número 202 de la colonia, en una prolongada pendiente, cuyo extremo sur termina cercano al arroyo Crespo. Valle María fue siempre la aldea mas populosa de la colonia Gral Alvear y conocida como "aldea Madre".En ella los inmigrantes levantaron la primera cruz para rendirle culto a Dios. En el año 1.883 los sacerdotes de la Orden de los Jesuitas que atendieron la feligresía de las seis aldeas, establecieron la Parroquia en Valle María, en donde está ahora pero desde 1.892 a cargo de sacerdotes de la Sociedad del Verbo Divino. Aldea Protestante: el grupo de confesión protestante, que según el pastor Riffell se componía de algo mas de 20 familias, asentó su aldea en la Chacra Nº 112, simplemente con el nombre de Protestante. El arroyo Perdices la surca en su parte este de norta a sur y ambas márgenes se levantan hoy hermosas casas y frondosos árboles que ofrecen un hermoso paisaje que se semeja a una diminuta Venecia. Aldea Spatzenkutter: llamada Marienfeld en Rusia o Campo María. Los fundadores de Spatzenkutter ubicaron su aldea en la chacra Nº 167. A propuesta de un caracterizado integrante del grupo, Don Andrés Keiner. En su cercanía había un viejo edificio que ocupaba el Juzgado de Paz de campaña en aquellos año. Según testimonios tradicionales esta aldea contó con el primer cementerio de la colonia. Aldea San Francisco: aldea fundada a iniciativa de Don Juan Gotig en la chacra Nº338 a orillas del arroyo Arañas, de caprichoso curso y llamativa topografía en los terrenos circundantes. Aldea Santa Cruz: nosotros dijo Don Pedro Gareis, destacado integrante del grupo, "Nosotros fundamos aquí a nuestra aldea con igual nombre que tenía en Rusia: Santa Cruz bajo el patrocinio de San Miguel". Se ubicaron en la chacra Nº 78 en cercanía del arroyo del Salto, arroyo que fija el limite norte de la Colonía Gral Alvear. Los habitantes nativos dela zona, la llaman simplemente Salto y con ese nombre hoy se la conoce. Por razones que se desconocen, la población al cabo de cierto tiempo, cambió de ubicación. La aldea Santa Cruz tomó asiento definitivo a unos 3 km al sur en un prolongado valle entre dos suaves colinas y su seudo nombre se fue con ella. Cuando se hizo ese cambio de ubicación algunas de sus familias se ubicaron en Brasilera, que entonces ya estaba fundada. Aldea Brasilera: el grupo de familias fundadoras de Aldea Brasilera componía parte de los primeros inmigrantes de alemanes del volga llegados al Brasil. Allí ya afincados libraban tierras para la agricultura que no eran muy aptas para la explotación cerealera y había que ganarla a la selva milenaria a fuerza de hachas y machetes. Además plagadas de molestos insectos, alimañas y reptiles. Con ese estado de ánimo y enterados por paisanos emisarios de la bondad de las tierras y el clima de la Argentina, procuraron por todos los medios llegar a la Provincia de Entre Ríos, mas precisamente a la Colonia Gral Alvear en donde las aldeas allí establecidas eran su especial objetivo y atracción. En el año 1.878 salieron de Porto Alegre (Brasil) con carretas alquiladas. Cuando llegaron a la frontera con la República Oriental del Uruguay los esperaban diligencias fletadas por el gobierno argentino. Despues de su encuentro con paisanos de la Colonia Gral Alvear y haberse contactado con el señor administrador de la colonia, el mayor R Samuel Navarro, se establecieron a fines de octubre de 1.879, en el sobrante "F" de la colonia cercano al arroyo del Salto con precarias viviendas, sin trazados de calles y lotes, lo que dió a entender que no era el asiento definitivo de su población. Entre los años 1.881 y 1.882 siendo Gdor de la Provincia el Cnel Francisco Antelo, les fue cedida la chacra Nº 224, contigua al sobrante "F" y tuvieron allí el definitivo asiento de su aldea que llamaron Brasilera en homenaje al Brasil por la hospitalidad que les dieron al pisar sus tierras y por las ayudas y atenciones recibidas en su estadía. Treinta y un familias componían el grupo fundador. La aldea venera a "San José " como patrono y protector. Pobladores de las seis primeras aldeas y grupos familiares de las posteriores migraciones del volga, se internaron en el territorio de la provincia en busca de campos aptos para la explotación agrícola. Estos emprendimientos originaron las fundaciones de las aldeas y colonias siguientes: En el departamento Paraná, un grupo de colonos compuesto por numerosas familias, compró a un kilómetro de la estación Crespo del ferrocarril Gral Urquiza, alrededor de 6.000 Ha al señor Ignacio Crespo y fundaron la aldea "San José". La estación se convirtió con el tiempo en villa y hoy Crespo es una floreciente y pujante ciudad y la aldea es parte de su conjunto. Colonos provenientes de Brasilera y Spatzenkutter fundaron aldea Maria Luisa a 20 km al sur de la ciudad de Paraná comprando 1.000 Ha al Señor Fabián Auli en el año 1.885. Un grupo de colonos en el año 1.887 adquirió campos en sociedad cerca de cerrito a unos 60 km al norte de Paraná fundando aldea Santa María. En 1.891 un grupo de colonos que partieron de la colonia alvear desde Protestante fundaron las aldeas San Juan, San Antonio y Santa Celia. En 1.892 en el distrito Sauce Departamento Nogoya se fundan las Colonias La Llave y Esperanza y unos meses mas tarde San Simón. En el año 1.893 en dominios territoriales de los departamentos Paraná y Nogoya, con pocos días de diferencia unas de otras, se fundaron las cinco siguientes aldeas y sus respectivas colonias: San Rafael (Cuestas), Santa Rosa (Arnoldo), Eigenfeld (Colonia Nueva), San Juan (Chaleco) y San Miguel. Un año mas tarde se funda aldea Grapschental, a unos 6 km al este de aldea Salto en la Colonia Alvear, y unos 10 km al sur de esta Aldea Santafecina, que fue fundada por personas que fueron engañadas y llevadas a San Javier en Santa Fe, alli se revelaron ante el eng´ño y muchos de ellos llegaron a fundar esta colonia. En el año 1.896 se funda a unos 6 km al sur de la ciudad de Crespo Aldea Jacobi. Un año mas tarde la Colonia Centenario cerca de Viale y a unos 15 km al sureste de Crespo la aldea San Miguel. En el departamento Concepción del Uruguay, el Padre Enrique Becher (S.V.D) fundó Aldea Santa Aníta. Este reunió a familias humildes que llegaron del volga con escasos recursos y les suministró los elementos necesarios para construir sus viviendas e iniciarse en la agricultura. La última aldea en fundarse fue San Isidro en el departamento Federal en el año 1.923 a 2 km de la estación ferroviaria de El Cimarrón.

El primer Cementerio de Disidentes de Buenos Aires 1821 1833

Por Carlota Rauscher *

La mayor parte de los habitantes de las Provincias Unidas del Río de la Plata profesaba la religión católica, apostólica y romana, herencia recibida de los tiempos de la colonización española. Por "disidentes" se conocían, durante el siglo XIX en el que ya encontramos un número considerable de extranjeros residiendo en Buenos Aires , a los individuos que profesaban una religión diferente, que en su mayoría eran "protestantes" (1) pertenecientes a las colectividades británica, norteamericana y alemana. Los primeros sobre todo, se constituyeron en las primeras décadas, en un grupo relativamente importante.

Si bien los disidentes se habían integrado a la sociedad porteña, enfrentaban el serio problema de no contar con cementerio propio, ya que les estaba vedado ser inhumados en los lugares denominados "consagrados", esto es los templos católicos y los camposantos anexos.

¿Dónde y cómo se realizaban los entierros de los no católicos? Según versiones no confirmadas, se efectuaban en las barrancas del río, posiblemente en la zona del Retiro. Esto resultaba inseguro por lo ilegal, quedando además expuestos a las crecientes del estuario.

Bajo el gobierno de Martín Rodríguez, su ministro de Gobierno y Relaciones Exteriores, don Bernardino Rivadavia, aporta su experiencia en Europa concretada en ideas innovadoras al respecto. Una nueva mentalidad, más liberal, agregada al peso que, por número e influencias, poseía ya la comunidad británica establecida en Buenos Aires, permitió que, hacia 1820, la solicitud referida al otorgamiento de un solar adecuado para realizar las inhumaciones de los protestantes, encontrara una favorable acogida.

El pedido fue resuelto mediante la adjudicación de una parcela, naturalmente alejada del centro de la ciudad, en la zona conocida entonces y ahora , como del Retiro.

El Cementerio protestante

El terreno en cuestión medía 17,5 varas de frente por 73 de fondo, (2) contando con una capacidad de 178 sepulturas. Se hallaba ubicado sobre la calle juncal, entre Suipacha y Esmeralda (3) donde hoy se alza un hotel, al costado de la iglesia del Socorro, siendo características en la zona las quintas.

Su costo fue de 700 pesos reunidos por suscripciones, las que resultando insuficientes dentro de la comunidad británica, fueron requeridas también a la norteamericana, fuertemente representada, y a la todavía reducida pero creciente de los alemanes.

Entre estos últimos, fue importante la intervención del comerciante Juan Christian Zimmermann, radicado en Buenos Aires desde 1817 que, realizando generosos aportes, facilitó la incorporación de la colectividad en este primer cementerio de protestantes. En la lista de aportantes figura asimismo Luis Vernet, quien sería más tarde gobernador de las islas Malvinas, perteneciente a una familia de origen hugonote (4) que provenía de Hamburgo.

Una vez concretada la adquisición, el terreno fue rodeado por un muro, comenzando su uso en 1821 con entrada sobre la calle juncal. En el centro se construyó una pequeña capilla, que puede ser considerada la primera del culto protestante establecida en la ciudad. Según descripciones, poseía un pórtico de estilo dórico, y descontamos que el lugar contaría con vivienda y depósito para su cuidador.

A menudo suele confundirse este enterratorio con otro, provisorio, de carácter público, habilitado en 1853 cuando, debido al sitio de Buenos Aires por las fuerzas del coronel Hilario Lagos, no fue posible utilizar el cementerio de la Recoleta. También se encontraba sobre Juncal, pero entre Carlos Pellegrini y Cerrito.

Volviendo al que nos ocupa, existe en el Museo Saavedra un plano denominado "Buenos Aires con sus vistas principales..." que deja perfectamente asentado este punto, ubicándolo como "Cementerio protestante" vecino a la iglesia del Socorro. Se trata de una litografía firmada Ant° Vallardi, impresa en Milán.

El entorno

La iglesia del Socorro es una de las más antiguas de Buenos Aires. Iniciada como modesta capilla pasada la primera mitad del siglo XVIII, con su correspondiente camposanto lindero (conocido como "del Socorro") según costumbre de la época, se construyó sobre tierras que donara Alejandro del Valle, un español que poseía una quinta en las proximidades.

Desde 1769 en que se constituyen las primeras seis parroquias que resultaron de la división eclesiástica de la ciudad, el templo dio su nombre a la que le correspondiera en suerte.

Las características de esta zona, como dijéramos apartada y poco habitada, pero con un paisaje cuya vista se abría al río, facilitó el asentamiento de numerosas quintas, que darán su particularidad al lugar.

Se denominó "del Retiro" por una importante residencia de ese nombre, situada en la actual plaza San Martín, construida por el gobernador español Agustín de Robles, sobre tierras que pertenecieran a Miguel de Riglos. Cuando el gobernador retornó a España en 1704, la enorme casona pasó a manos de diferentes compañías de tratantes de esclavos, que fueron desalojadas del lugar hacia 1787.

Juncal era una estrecha callejuela que desembocaba en la plaza de toros del Retiro, terminada de construir en 1801 por el Virrey del Pino. Afectos los españoles a este tipo de entretenimientos, los días de fiesta era lugar de concentración de numeroso público. De construcción octogonal, fue la más grande y famosa con que contara Buenos Aires. Algunas de las calles que llegaban a ella como Florida y Maipú , fueron empedradas con material proveniente de las canteras de la isla Martín García.

En 1807, durante las invasiones inglesas, un grupo de combatientes de esa nacionalidad utilizó la calle Juncal para llegar a la plaza de toros, donde se libraría el cruento combate deletiro. Desactivada y demolida en 1819, (5) ya no existía cuando se habilitó el cemente¬rio en sus cercanías.

In memoriam

Muchos seres anónimos encontraron su último reposo en el cementerio de la calle juncal. Todos merecen nuestro respeto, pero de algunos, más conocidos por diversas circunstancias, haremos una breve síntesis para su recuerdo.

Entre los primeros inhumados de origen alemán encontramos a Helene Halbach, esposa de Juan Christian Zimmermann, fallecida en 1824. Acotemos que sus restos fueron despedidos por un religioso norteamericano de la Sociedad Bíblica, hecho inusual, ya que no teniendo los alemanes aún su propia congregación, lo habitual era la lectura de un texto sagrado entre los presentes, o simplemente se rezaba. La Congregación Evangélica Alemana se crea recién en 1843, época en que llega al país el pastor A. L. Siegel. El periódico porteño en idioma inglés "The British PackeC anunció en 1843 la creación de la congregación y la realización del primer acto de culto en idioma alemán. A partir de esa fecha se sientan las bases para disponer de un templo propio, que se inauguró en 1854 en el terreno de Esmeralda 162, donde aún se encuentra.

El joven marino de origen escocés Francis Drummond, muerto en el combate naval de Monte Santiago en abril de 1827, a los 24 años, fue sepultado en el cementerio luego de grandes honores en la comandancia de marina. Su lápida se encuentra hoy en el Museo Naval de Tigre. La historia recuerda la trágica desaparición de su prometida, Eliza Brown, que se suicidara a los 17 años de edad por el dolor que le causara la muerte de Francis. Le acompañó en este cementerio y, sobre su sepulcro, sus padres (6) hicieron esculpir una losa con la siguiente leyenda:



Una especial mención merece James Bevans (1777 1832), quien llegó desde Inglaterra a Buenos Aires contratado en 1822, siendo el primer director del recién creado Departamento de Ingenieros Hidráulicos. Rivadavia le encargó la "composición del puerto", pero su idea nunca se llevó a la realidad. Bevans trabajó intensamente en las servicios de agua potable, iluminación a gas, dragado y defensa del río, entre otras muchas actividades y proyectos. Falleció en esta ciudad, y por su condición de protestante era cuáquero ,fue inhumado en este cementerio.

César Augusto Rodney (1772 1824) fue un norteamericano arribado a la ciudad en 1817. Su consejo al presidente James Monroe para que reconociera la independencia argentina fue aceptado, recibiendo en 1822 el nombramiento de ministro plenipotenciario. Falleció encontrándose en funciones, lo cual motivó un acto trascendente en el pequeño cementerio de la calle juncal. El monumento con urna funeraria en su homenaje se encuentra en el atrio de la Catedral Anglicana San Juan Bautista, ubicada en la calle 25 de Mayo 282.

Al frente del cortejo de Rodney se encontraba el diplomático norteamericano John Murray Forbes (1771 1831), llegado al país en 1820. Sus detallados informes sobre los problemas de la Argentina de entonces fueron recopilados en el libro "Once años en Buenos Aires". Fallecido en 1831, también fue inhumado en nuestro cementerio. Su monumento funerario, un pequeño obelisco de piedra, fue trasladado años después al sector recordatorio del cemen terio de la calle Hipólito Yrigoyen (hoy plaza 1 ° de Mayo), y cuando en 1892 se estableció el cementerio disidente de la Chacarita, fue nuevamente mudado. Se lo puede encontrar en el sector británico, rodeado de otros monumentos y placas provenientes del anterior. La inscripción es de casi imposible lectura por la erosión del tiempo, pero es reconocible su nombre.

En ese mismo predio del cementerio Británico se encuentra la lápida de James Faunch, inglés fallecido en 1828 y también proveniente de la calle juncal. Es recordado como propietario del "Hotel de Faunch", lugar muy concurrido por la colectividad británica, donde se realizaban banquetes y agasajos, situado en pleno centro, 25 de Mayo y Rivadavia, en el entonces llamado "barrio inglés".

Friederich Schmaling, comerciante alemán fallecido en 1833, fue uno de los últimos inhumados en este cementerio.

Hoy un desconocido, era en sus tiempos un serio competidor de los importadores textiles ingleses. Su comercio estaba ubicado en la calle Reconquista 141. Fue gran amigo de Rivadavia y su asesor económico privado. Le ayudó durante su exilio, por lo que el primer presidente de los argentinos siempre tuvo palabras de elogio y agradecimiento hacia él.

Unico durante doce años para la comunidad protestante de la ciudad, el cementerio de la calle Juncal dejó de utilizarse en el año 1833 al colmarse su capacidad, quedando abandonado hasta 1840. Ese año se derrumbó circunstancialmente una medianera, y una vez reparada se alojó en la antigua capilla a cuidadores con el fin de evitar los posibles ultrajes y robos a los monumentos que allí se encontraban.

Las exhumaciones de los restos se iniciaron recién en 1884, por iniciativa y bajo la supervisión de William Downes, destacado integrante de la comunidad británica en Buenos Aires.


Notas

1. A principios del siglo XVI, un monje alemán llamado Martín Lutero (1483 1546) encabezó un movimiento cismático dentro de la Iglesia Católica, que fue el primer episodio de la Reforma. La actuación de Lutero se transformó en una verdadera revolución, por la que fuera condenado por la Iglesia. Desde el castillo de Wartburg impulsó y organizó con firme voluntad y convicción durante toda su vida la nueva iglesia que le tuvo como jefe espiritual. Como consecuencia de estos acontecimientos "protestantes", como se los denominó, surgieron en tiempos sucesivos tres nuevas iglesias: la luterana, la calvinista y la anglicana, a la que pronto se agregaría la presbiteriana, todas coincidentes en negar la autoridad de los pontífices romanos. También, bajo la óptica de estos últimos, fueron denominados "herejes".

2. Aproximadamente 15 por 63 metros.

3. En todos los casos, damos la denominación ac¬tual de calles y plazas.

4. Los hugonotes eran calvinistas del norte de Francia, duramente perseguidos, y reprimidos en 1572 en la denominada "Masacre de San Bartolomé", lo que motivara su exilio hacia países protestantes.

5. El marino inglés Emeric Essex Vidal (1791 1861) realizó hacia 1817 una vista de esta plaza de toros.

6. Su padre era el almirante Guillermo Brown (1777 1857) marino católico irlandés de destacada actuación en la historia naval argentina. Sus restos se encuentran en el cementerio de la Recoleta, donde hoy le acompañan los de su hija. Este mausoleo fue declarado monumento histórico nacional. Su madre, Eliza Chitty de Brown, fallecida a avanzada edad, fue inhumada en el cementerio de disidentes de la plaza 1ro. de Mayo, donde una placa la recuerda.

Bibliografía

* "SCHMIDT, Hermann, "Historia de la Congregación Evangélica Alemana, 1843 1943" (en alemán), Buenos Aires, 1943.

* DEL SOLAR, Josefina , "Retiro, apuntes sobre la historia de Buenos Aires", Ediciones La Gaceta del Retiro, Buenos Aires, 1999.

* PEREZ AMUCHASTEGUI, Antonio J., "Crónica Histórica Argentina", tomo 111.

* DEL CARRIL, Bonifacio, "La trata de negros en el Retiro", nota en diario "La Nación", del 17 31988.

* DE PAULA, Alberto S.J., "La zona bancaria de Buenos Aires y su arquitectura, 1822 188W, editado por el Archivo y Museo del Banco de la Provincia de Buenos Aires, 1985.

* CAILLET BOIS, Teodoro, "Historia Naval Argentina", Buenos Aires, 1929.

* DE HASTINGS, Ch., "Cementerio Británico: Comenzó en un estrecho terreno cercado", monografía en inglés, 1966.

* AAVV "El Socorro: su historia y tradición", folleto.

* AAVV "Deutsche in Argentinien, 1520 1980", editado por el Club Alemán de Buenos Aires, Imprenta Alemann SRL, Bs. Aires, 1981.

* AAVV "Arquitectura en la Argentina 18101850", N° 6, EUDEBA, 1980.

* "Buenos Aires nos cuenta", revista N° 10, noviembre de 1985.

* "La Gaceta del Retiro", N° 20 (1997) y N° 31 (1998), periódico vecinal.


* Este artículo fue publicado en “Historias de la Ciudad – Una Revista de Buenos Aires” (N° 9, Mayo de 2001),

Fuente:Defensoría del Pueblo de la Ciudad de Buenos Aires.

Los baños porteños- parte 1°

¿Cómo se aseaba un porteño durante el gobierno de Rosas? El hábitat natural era el río, medio de comunicación, de alimentación, de comercio y, en fin, en aquel tiempo de avatares políticos, de fuga. No el río actual, inaccesible, polucionado, sino aquel cuyos únicos escollos eran las toscas y los traicioneros pozos donde se ahogó la hija del almirante Brown. Próximo el verano, con los primeros calores, se procedía ala bendición de las aguas y familias enteras de todas las clases se bañaban en su costa, enfrente mismo de la ciudad, sin distinción de sexo.

Así lo refiere, entre otros, mister Love, el primer cronista del Buenos Aires post revolucionario, afirmando que, pese a la ausencia de casillas para cambiarse, las damas se vestían y se desvestían frente a "ojos que las miran en éxtasis". Esta costumbre ha sido criticada por "algunos extranjeros recatados", pero no precisamente por este inglés amante de las porteñas que las describe con el cabello suelto "cual un grupo de sirenas a las cuales sólo faltara el peine y el espejo para ser perfectas".

En la época colonial y durante el primer período revolucionario, las ordenanzas policiales prohibían los baños mixtos, pero esas reglas nunca fueron respetadas. A comienzos del año 1830, la policía, ratificando un decreto anterior de enero de 1822, disponía que los hombres debían bañarse "desde la izquierda del muelle hasta la Recoleta" y las mujeres y los menores de 7 años, a la derecha del muelle hasta la Residencia.

Otra ordenanza policial sancionaba con multa "al individuo que no entre al río a bañarse con un trage bastante cubierto de la cintura abajo a cualquier hora que sea". Sin embargo, Beaumont afirmaba que "los jóvenes de ambos sexos, en general se bañan nudo corpore y chapotean en el agua como otras tantas Venus de bronce con sus correspondientes cupidos". Al igual que Love, él también se detuvo a admirar "a las mujeres de la mejor clase (que) se bañan con vestidos sueltos bajo los cuales antes de entrar al agua se despojan de sus trajes de calle que dejan a cargo de una esclava".

Un decreto del ministro Agüero autorizó a una compañía constituida por tres franceses a "establecer en el Bajo a la orilla del Río, desde el Retiro hasta la Aduana, habitaciones amovibles y portátiles construidas de madera forrada de lienzo con la separación necesaria para impedir la menor comunicación entre los dos sexos", siendo el precio de 2 reales por individuo. El proyecto no se llevó a cabo porque los franceses pretendían exclusividad.

Por una crónica del British Packet, se deduce que los bañistas salían de sus casas ya vestidos con traje de baño. Dice el periodista (Leve) que ese día "se cruzó con un grupo de bañistas en el centro de la ciudad que caminaban en doble fila hacia el río vestidos con sus trajes de baño y precedidos por un individuo que llevaba una lámpara y otro tocando la guitarra; ambos en traje de baño". Pillado, en su Guía de Forasteros del año 1863, registra sólo dos casas de baños.

La concurrencia a la orilla del río tenía también una finalidad higiénica personal, la falta de agua corriente que recién se implantó medio siglo más tarde. Mientras tanto la provisión de agua en Buenos Aires se lograba de dos maneras: con la construcción de aljibes y pozos, o por la distribución del agua tomada del río por los carros aguateros.

¿Y las fuentes porteñas?

Ojeando las publicaciones sobre vistas y panoramas de Buenos Aires donde se reproducen pinturas de Vidal, Ibarra, Morel y otros artistas de la época, llama la atención la ausencia de fuentes o surtidores usualmente colocados frente a los mercados, plazas e iglesias, como es habitual ver en los pueblos y villorrios de otras partes del mundo.

En Río de Janeiro, por ejemplo, había tres fuentes frente a otros tantos conventos para el servicio del público, todas ellas alimentadas por un manantial a través de un acueducto. "Una de las cosas que más apreciables nos ha parecido en este Río dice Aguirre en su Diario es la abundancia de aguas y fuentes para el servicio de su público". Es cierto que no es posible comparar Río de Janeiro con Buenos Aires o Montevideo a fines del siglo XVIII, pero un siglo más tarde las condiciones eran las mismas en lo que se refiere a fuentes públicas y la tonadilla que sirve de epígrafe a esta crónica, cantada en tiempos de la presidencia del general Mitre nos da una clara idea del escaso interés de los porteños por el adorno de las plazas.

Woodbine Parish, que llegó a Buenos Aires poco antes del ascenso de Rosas al poder, señalaba que no hay cisternas ni fuentes públicas "aunque la ciudad está tan poco elevada sobre el nivel del río que nada sería más fácil que tenerla siempre provista por los medios artificiales y comunes".

A continuación aconsejaba al connacional viajero el sistema chino: "Para mi propio uso generalmente pongo un pedazo de alumbre en las tinajas de agua con lo que muy pronto se purificaba su contenido". Tomada en la misma orilla, "raras veces es muy pura o clara. Y generalmente se necesita que esté asentada 24 horas antes para que haya depositado todos sus sedimentos cenagosos y se ponga bastante clara para poderse beber".(1)

El representante de la Gran Bretaña en nuestro país añadía que algunas casas tenían aljibe "en las que se recoge el agua de lluvia que cae de las azoteas planas de las casas, por medio de cañerías (pero) construirlos ocasiona un gasto considerable", pues el suelo de la ciudad no era el más apropiado para ello; tampoco la idoneidad de sus alarifes. Como vemos, la ciudad padecía escasez de agua pero sus habitantes eran regularmente limpios y aseados o, al menos, los cronistas de aquel entonces no hacen mayor hincapié en la falta de higiene de los porteños. El río, al parecer, cubría las ex¬pectativas de la población.

Aguateros porteños y agua "importada"

El problema de la escasez e impureza del agua se arrastraba desde los tiempos del colo¬niaje. Concolorcorvo, seudónimo de El Lazari¬llo de Ciegos Caminantes, visitó Buenos Aires en 1773 e hizo una serie de observaciones entre otras materias sobre el aprovisionamiento del agua del Río de la Plata. Afirmaba que, si bien era turbia, dejándola reposar en grandes tinajones se clarificaba y era excelente. Pero a continuación criticaba a los negros aguadores que tomaban el líquido "que a la bajada del río queda entre las peñas, en donde se lava toda la ropa de la ciudad, y allí la cogen los negros por evitar la molestia de internar a la corriente del río". Le causaba tal fastidio ver "maniobra tan crasa" hecha repetida veces que "desde enton¬ces sólo bebe de la del aljibe que tiene en su ca¬sa don Domingo de Basavilbaso, con tales pre¬cauciones y aseo que puede competir con los mejores de Europa".

Basavilbaso poseía en ese entonces una de las más lujosas casas en pleno centro de la ciu¬dad y era el administrador del Correo designa¬do por la Corona. La limpieza del aljibe guar¬daba importancia, pues, al mantenerse el líqui¬do en un ámbito cerrado, cualquier miasma o germen contagiaba a toda la superficie gene¬rando un foco infeccioso. Concolorcorvo men¬ciona además como vecino con aljibe como si sólo fueran ellos dos los únicos a don Ma¬nuel del Arco, primer marido de la madre de Mariquita Sánchez, de cuyos aljibes hablare¬mos luego.

Otros cronistas de fines del siglo XVIII alu¬den al mismo tema. El capitán Juan Francisco de Aguirre a quien acabamos de citar, también tacha a los negros aguateros de negligentes en la toma del agua e insinúa como causa su incli¬nación a mantenerse en las cercanías de las la¬vanderas. La crítica a las lavanderas es, en cierto modo, confirmada por el relato que ha¬ce en sus Memorias Mariano Somellera, cuando fuga por el río junto con el general Paz y otros opositores al gobierno de Rosas. Entre las difi¬cultades a sortear incluye "las toscas de la ri¬bera que estaban empapadas con agua con ja¬bón (y) hacían imposible una marcha ordena¬da así como también los numerosos pozos de lavanderas que allí habían". (2)

El marino español Francisco Millau llegado poco antes que Concolorcorvo, luego de afir¬mar que en Buenos Aires "el número de ne¬gros y mulatos es corto en relación a otras ciu¬dades" del virreinato, agrega que el principal oficio "en el que se ejercitan es en el de agua¬dores yendo a sacar a caballo con barriles el agua del Río, que distribuyen, vendiendo sus cargas a todas las casas de la Ciudad".

En la extensa lista de oficios ejercidos por los negros, Wilde no incluye a los aguateros pese a que le dedica a ese gremio un capítulo, con datos que toma de Vidal. En un muestreo de aguateros que he tomado del censo de 1827, los negros no son la mayoría, los hay de raza blanca, gallegos algunos, criollos, pardos e in¬dios. Un par de aguateros están casados con lavanderas; esto explicaría la manía tan critica¬da por Concolorcorvo.

Este autor añade otro dato: algunos vecinos se hacían traer el agua del río Negro (Uru¬guay). También los virreyes fletaban una chas¬quera con ese mismo propósito, pues el Fuerte carecía de un depósito de agua.

Vencido los ingleses y elegido Liniers virrey, ordenó, según una nota redactada el 5 de octubre de 1808 de su puño y letra, la construcción de un aljibe "en el patio principal de esta citada fortaleza, uno de dos naves con 16 varas de lar¬go y seis de luz cada una de ellas". Entre los fun¬damentos que invoca para justificar la obra, alu¬de a los gastos en que se incurre al fletar "una chasquera con el solo objeto de traer agua del río Negro para consumo de los señores virreyes, mis antecesores", confirmando así los datos da¬dos por Concolorcorvo. No así la construcción del aljibe que sólo quedó en proyecto.

Precio del agua y proyectos para construir fuentes públicas

En la ciudad de Córdoba, por iniciativa del que después devino virrey Sobremonte, en el año 1791 se construyó un acueducto y se inauguraron dos fuentes. Ignacio Núñez, en su Autobiografía, afirma que este virrey a quien conoció "un pigmeo en estatura" bajo la dirección del ingeniero Boneo, mandó construir el muelle de piedra y el paseo de la Alameda (actual Leandro N. Alem) que tenía "en los extremos 4 fuentes en forma piramidal que regaban 25 yardas en circunferencia", pero carecían de defensas contra "las sudestadas que son tan comunes y tan fuertes en nuestro río" y al tiempo no quedaron de ambas sino vestigios.

Después de la revolución la situación no varió. Rivadavia, autorizó un aumento de precio a la cubeta de agua que en ese entonces se vendía en medio real. La causa fue la difícil manutención de los bueyes debido a la epidemia que azotó la campaña de la provincia. Esta razón parece más válida que la guerra con el Brasil. (3)

Según Vidal, el balde que se ve en sus pinturas en la parte trasera de la carreta, tenía capacidad para 4 galones y el precio de cuatro de esos baldes era medio real. Beaumont da iguales cifras. Cuatro reales sumaban medio peso. El balde era llenado con una manguera de cuero que estaba adherida a la parte posterior del tonel y, acto seguido, se descargaba en pipas que, como era de práctica, cada vecino tenía en el patio de su casa.

Rivadavia, con la finalidad de rendir homenaje a los "autores" de la revolución de Mayo, presentó un proyecto de ley que provocó gran polémica en el Congreso Constituyente de 1826 , propiciando la construcción de "una magnífica fuente de bronce en la Plaza de la Victoria", alimentada por futuras aguas corrientes (4). Duró poco su mandato y por supuesto el proyecto nunca se concretó.

El tema de las aguas corrientes para Buenos Aires ya había despertado tiempo antes la inquietud de don Bernardino, quien contrató los servicios del ingeniero hidráulico Santiago Bevans para proyectar la construcción de una toma de agua detrás de la Recoleta, pero ese intento fracasó, así como otro posterior a cargo del ingeniero Pellegrini. Lo cierto es que la única "fuente" pública con que contaba Buenos Aires era el pozo de balde situado en la Plaza Mayor, a un costado de la Recova.

Los privilegiados dueños de aljibes

Concolorcorvo, como ya lo señalamos, nombró a dos prominentes vecinos en cuyas casas había aljibes y Parish afirmó que era costosa su construcción. Revisando protocolos en el Archivo General de la Nación encontré en uno del escribano Agrelo a quien Lucio Mansilla describe con "anteojos verdes, regordete, ágil" una escritura que confirma los dichos del diplomático inglés. Trata la construcción de un aljibe en la finca de Maipú N° 6, entre su propietario, el rico napolitano Fidel Honrado Casati y el maestro albañil Patricio Linch, un irlandés llegado poco antes con su familia a la ciudad.

La obra debía reunir las aguas de los techos de las habitaciones del primer y segundo patio especificando el número y tamaño de los conductos, calidad de la cal y de la arena que debían ser traídas de la Bajada y San Isidro, y otros datos que se pueden leer en la transcripción del contrato celebrado en 1829 que, por su extensión se publica como apéndice.

El importe a pagar por el trabajo, 3.750 pesos moneda corriente, era considerable. Casad era un napolitano que se radicó en Buenos Aires a fines del siglo XVIII y en su casa de Maipú casi esquina Rivadavia, estableció un almacén de drogas con el que forjó una pequeña fortuna. Ya mayor, se desposó con Mónica Insúa, viuda, y dejó descendencia. Una de las hijas de don Fidel se casó con don Daniel Me Kinley, uno de los comerciantes más ricos de Buenos Aires.

Revisando la testamentaría de Casati encontramos más datos. Agregado al expediente se encuentra un plano de la finca dibujado por el perito designado para tasar la propiedad. Allí se puede ver trazado con un gran círculo el aljibe en el centro del primer patio. Reproducimos una copia del mismo para que se pueda apreciar la distribución de los ambientes y la ubicación del aljibe dentro de la propiedad. También se puede ver que en la propiedad de Casati se había construido a un costado del segundo patio un pozo de balde.

El agua del aljibe era (y es, aún hoy en las provincias) utilizada para beber y cocinar. En cambio, la de pozo de baja calidad, llevaba otra finalidad: el aseo de la familia y la limpieza del hogar.

El baldeo de los patios y veredas que originaban algunos trastornos vecinales y a veces policiales se practicaba con ese agua. Recordemos que no existían bocas de tormenta y la mayor parte de las calles eran de tierra o de un pésimo empedrado que tornaba harto difícil el tránsito de vehículos y personas. La autoridad pública hacia respetar con multas la prohibición de arrojar agua sucia a la calle, cosa que ocurría con bastante frecuencia a juzgar por los informes de los celadores de la policía. Esta ordenanza rigió también, tiempo después, para "los establecimientos de baños públicos".

Agua de pozo o agua de aljibe

En un buen número de testamentarias de vecinos de Buenos Aires de comienzos y mediados del siglo XIX se incluye en la tasación de sus fincas, los pozos de sacar agua "con calce y brocal", pero la inmensa mayoría no poseía aljibe. La familia Santa Coloma, una de las más ricas de la provincia, entre otras propiedades, poseía dos casas en el centro descriptas por Calzadilla; la de la calle Rivadavia y Florida, catalogada como la más suntuosa, carecía de aljibe. En cambio, la de Chacabuco 349, pleno barrio sur, poseía uno "de capacidad de 80 pipas con brocal de mármol y armazón de hierro".

El valor de los pozos variaba de acuerdo con la calidad e importancia de la obra, entre 160 y 190 pesos de la época primer y segundo gobierno de Rosas y en algunos casos, si estaban rodeados "con pilares y arco", superaban los 200 pesos.

Algunos eran "medianeros", es decir compartidos con su vecino; tal el caso de doña Ana Perichon, inquilina de una de las casas de la testamentaria de Pérez Millán, en la calle Cerrito al llegar a Cangallo. El riesgo de estos pozos era el de su contaminación dado su proximidad con los llamados "comunes" o pozos negros, situados en los fondos, cuya única función era ir de cuerpo. Originaban graves trastornos, no sólo al propietario sino a sus vecinos. La regla general era entonces contrariamente a la imagen tan difundida de la casa colonial que la generalidad de la población... ¡no contaba con aljibe en su vivienda!

"Pocas casas de la ciudad tenían aljibe, confirma Mansilla, indicantes de alta prosapia o de gente que tenía el riñón cubierto; daban notoriedad en el barrio, prestigio; y si por la hilacha se saca la madeja, tal o cual vecino pasaba por grosero por los muchos baldes de agua fresca que pedía; y tal o cual propietario, porque sólo a ciertas horas no estaba con llave el candado de la tapa del precioso recipiente". La observación de Mansilla confirma la escasez de agua potable y la dudosa pureza del líquido extraído del río.

El agua escaseaba. Sin embargo, los porteños de entonces se daban maña para jugar al carnaval a todo trapo. Los hermanos Robertson, que vivieron muy cerca del café de la Victoria, cuentan en una de sus conocidas Cartas Sudamericanas, el episodio padecido por un inglés enemigo de las juergas carnavalescas que se resistió a ladrillazos a las mojaduras y estuvo a punto "de ser arrojado al gran aljibe del café de la Victoria" en represalia. (5)

Tanto este café, como el más famoso de los Catalanes "cuya agua de aljibe con panal era una delicia, fresca como el hielo", el de Marcó y el de "Martín", a diferencia de los cafés londinenses "donde el terreno es tan caro", contaban con espaciosos patios que en verano eran cubiertos con toldos que ofrecían a sus clientes "un placentero refugio contra el calor del sol y añade Mr. Love tienen aljibes con agua potable".

Estos patios eran tan espaciosos que en un café ubicado en pleno centro se pudo consumar el asesinato de una mujer. "En el patio principal del café existían grandes tinajones de barro, destinados a recoger las aguas pluviales" del establecimiento. Una noche, perseguida por su celoso amante, una mujer se escondió dentro de uno de ellos pero fue apuñalada por éste, "conocido por la vida más extraviada, aunque de una de las familias más decentes". Este hecho espeluznante es relatado por Núñez en su Autobiografía. Todo esto sucedía en el café de Monsieur Ramón, lindero con el teatro (actual Cangallo y Reconquista) "hallándose llena de jóvenes la sala de billar, y de otros jugadores la sala de naipes y loterías".

Los aljibes de Mariquita

El aljibe más lujoso era, por supuesto, el que se encontraba en la casa más suntuosa de la ciudad, la de Mariquita Sánchez de Thompson en la calle del Empedrado, (Florida 87 de la antigua denominación). Sin embargo, de acuerdo con el inventario levantado en 1809, en la testamentaria de Manuel Gallego (6), famoso funcionario contrabandista, el aljibe más importante de la ciudad, de paredes dobles, era el de la mansión que este poseía en el actual parque Lezama. Era de dimensiones enormes: 169 varas cuadradas (cada vara equivalía a 0,87 cms.). (7)

Y con respecto a la señora de Thompson, la amiga de ella Mariquita Nin nos ha dejado una descripción de lo que era realmente esa mansión, donde al entrar al patio "ves un artístico aljibe de mármol con sombrero de fierros forjados formando glorieta". Tal vez se tratara del mismo cuyas mentas le llegaron a Concolorcorvo.

Al enumerar los detalles que adornaban la asa de Marica, así la llamaban, explica que es distinta a las demás en su construcción y "tiene también una curiosa distribución de aguas por tubos desde los patios, que pasan por medio de llaves a las tinas y otras maravillas".

Parece indicar que las tinas o bañaderas eran llenadas a través de cañerías, sistema único en ese entonces en Buenos Aires. Sin embargo, las tinas de la casa de Mariquita, al parecer, no se encontraban fijadas a las cañerías y eran de fácil transporte, según se desprende de la carta que desde Montevideo, transcurrido un lapso bastante prolongado de su ida, le escribe su hija Florencia Thompson pidiéndole que le envíe la suya, pues "mucho preciso bañarme". Podemos suponer además que la tina de Mariquita era un artículo de uso exclusivo; no se explica sino, que no obtuviera en su reemplazo la bañadera montevideana en lugar de mandar hacer traer la suya desde Buenos Aires.

Si examinamos el plano que trae Las Cartas de Mariquita, libro editado por Peuser y compilado por Clara Vilaseca, podemos contar no uno, sino cinco aljibes en la casa de los Thompson, ubicados en otros tantos patios, con lo que podríamos llegar a la conclusión de que el lujo de las propiedades de ese entonces se determinaba por la cantidad de aljibes que poseían, número inigualado en todo tiempo. Lo gracioso del caso es que, si nos atenemos a los dichos de Santiago Calzadilla, el agua de los cinco aljibes no le bastaba a Mariquita a la hora del baño. El autor de Las beldades de mi tiempo, relata una historia tan estrambótica sobre los encuentros clandestinos entre ella y su futuro primer marido, que vale la pena contarla.

Como Thompson era judío (versión Calzadilla), los padres de la niña se opusieron al noviazgo. "El inglés que no era lerdo, parodiando al duque de Buckingam con Ana de Austria, se entendió con el aguatero de la casa pues, como es sabido, en ese tiempo no había aguas corrientes, ni pestes; y tomando su traje y pintándose la cara de sucio, para que mamá (todas las criadas, como sucede, estaban en el secreto) no lo conociera, entraba a la casa a distribuir y llenar el baño para su Dulcinea, que lo esperaba con cariñoso anhelo, a recoger una miradita siquiera, del rubio inglés, y darle un pellizco de esos que daban entonces a manera de cariños, como para advertirles que no se demandaran".

Toda una fantasía de Calzadilla que ignora hasta el nombre correcto de Thompson y sostiene que, una vez quebrada la oposición materna, el inglés aporta como regalo de boda la casa de la calle del Empedrado, cuando es sabido y ella lo declara en su testamento que don Martín Jacobo Thompson no sólo no aportó nada a la sociedad conyugal al tiempo de casarse, sino que ella tuvo que afrontar una serie de gastos irrogados por la enfermedad de su primer esposo que mermaron considerablemente su patrimonio. De todas maneras con el segundo le fue peor. Dejemos por el momento a Mariquita y sus baños y volvamos a nuestra ciudad para ver cómo se las arreglaba el resto de la población.

Los aguateros ambulantes y sus carretas de transporte

La gente más pobre, "las clases más bajas", especifica Woodbine Parish, están obligadas a depender de los aguadores ambulantes que a ciertas horas del día "se ven holgazanamente recorrer las calles con grandes pipas que llenan en el río, sostenidas sobre las monstruosas ruedas de las carretas del país y tiradas por una yunta de bueyes; artefacto pesado y costoso difícil de manejar que hace que el agua cueste mucho aún estando a un tiro de piedra del río más caudaloso del mundo". Hay una singular coincidencia de opiniones con Concolorcorvo y su crítica al gremio aguatero.

Su connacional Emeric Essex Vidal, que arribó a Buenos Aires diez años antes en 1816, fue quien más acabadamente nos ha dejado un fiel retrato de la ciudad y de los carros aguateros. No sólo los pintó en varias oportunidades; también hizo una minuciosa descripción de estos medios de transporte acuático. Comienza Vidal por afirmar, siguiendo una tesitura opuesta a la de W. Parish "que este país nunca puede ser irrigado por canales artificiales y no pueden adaptarse molinos de agua ni ninguna otra máquina hidráulica debido a la inexistencia de desnivel en los alrededores de Buenos Aires. Tampoco admitirá añade ningún acueducto para una fuente, porque el agua de los ríos y de los pequeños arroyos sólo tiene la caída para hacerlos correr", sacando como conclusión que "sin la ayuda de máquinas a vapor sus habitantes jamás podrán obtener agua, ya sea con propósitos útiles o decorativos". Esta opinión tal vez explique la causa de que Buenos Aires no contara con fuentes públicas, tan comunes en otras ciudades de aquel tiempo.

Dice a continuación que lo primero que llama la atención del extranjero al desembarcar son estos carros que trabajan todo el día, excepto durante el calor del verano "pues toda la ciudad se abastece por intermedio de ellos: porque los pozos, a pesar de ser numerosos, no producen más que agua mala, sucia, impropia para la cocina; el número de estos carros es entonces considerable".

Acicateados con la picana y la macana por el aguador que va sentado en la pértiga, dos pobres bueyes recorren continuamente el camino que va de la ladera de la costa a las calles de la ciudad tirando el carro construido de de madera paraguaya. Sus dos ruedas que soportan la pipa o tonel donde se carga el agua tienen más de dos metros de altura "para permitir que los carros entren hondo en el agua, que debe recogerse tan limpia como sea posible". El manejo entre las toscas del río de ese artefacto con sus gigantescas ruedas y la maniobra del llenado de las pipas no habrá sido nada sencilla para el aguatero como para poder darse el lujo de "elegir" el curso de agua.

Los carros aguateros eran escasos y, como lo certifican varios contratos suscritos por los peones con dos tintoreros, eran costosos. Los señores Bossard Ygounet y Co., capitalistas franceses dedicados a montar una cadena de tintorerías en ambas márgenes del Plata, compraron la carreta aguatera "con pipa, barril y apero correspondiente" y sus dos yuntas de bueyes y lo entregaron al peón aguatero debiendo este, a su vez, proveer al establecimiento de una pipa diaria durante un lapso equivalente al valor de la carreta (300 pesos), vencido el cual pasaba a ser propietario de esta y sus aperos y bueyes. Una suerte de leasing bastante curioso incentivado sin duda, por la carencia de agua debido a la guerra con el Brasil. Este oficio contrariamente a la imagen que da Parish en su relato debió ser bastante esforzado. Un pleito entre los aguateros y la milicia en Montevideo corrobora las dificultades que padecía el gremio.

En esa ciudad, durante las invasiones inglesas, los carros aguateros de propiedad del Rey se vieron superados por la demanda y su capataz formuló quejas a la autoridad. Esa dotación proveía de agua a la plana mayor del ejército y a la viuda del sargento mayor de la Plaza, don Juan de los Reyes. Pero como debía cubrir también las necesidades "del Presidio, del Hospital del Rey, de los Cuarteles y Guardias de Obras ordinarias y extraordinarias" y contaba sólo con tres carros aguateros, apenas daba abasto.

La cosa se complicó aún más, pues los oficiales pretendieron abastecer también sus casas particulares con una pipa al día "para lavar la ropa y regar sus jardines según relación del capataz de los carros y además (los aguateros) les han de labar las tinajas y entrarles el agua de caneca en caneca hasta el interior de sus casas sin consideración a que si algún criado de la casa los ayudase con un barril y una palanca, en la octaba o décima parte del tiempo se podría baciar la Pipa dando más lugar a que se pudiera dar abasto los carros".

Este trajín era diario y el gremio militar, crecido por los recientes acontecimientos y habituado a estas corruptelas, hacía ilusorio que tan pequeño número de carros pudiera afrontar tanta demanda. Las quejas y reclamos de los peones y el capataz motivaron al jefe de la plaza a suspender tales abusos.

Ese expediente nos hace vislumbrar el drama cotidiano de las familias para disponer del líquido elemento pese a vivir frente al río más ancho del Nuevo Mundo. Nos muestra cuál era la utilización que se le daba al agua traída del río por esos carros aguateros haciéndonos conocer además, la existencia de un convoy de carretas denominadas "del Rey" subordinadas al gobernador en la plaza de Montevideo.

Otro problema eran los bueyes, esos animales "cuya desventura está más allá de toda descripción", frase de Vidal. Algunas instituciones poseían sus propios carros aguateros con sus yuntas de bueyes. Estos animales eran largados a pastorear por sus dueños sin importarles mayormente el daño que provocaban en los sembrados y chacras de los vecinos.

Pero uno de estos, conocido cascarrabias de la zona de la actual casa Amarilla en la Boca, furioso porque los bueyes que el Hospital General de Hombres tenía para extraer el agua del río no respetaron su quinta, pese a estar cercada de tunas, baleó a uno de ellos. Acusado del hecho, el almirante Brown debió hacerse cargo del valor del animal.


Notas

1. Confirmando la mala calidad del agua de la época, el conocido historiador Raúl A. Molina, especialista en temas de divorcio, afirma muy suelto de cuerpo que una de las causas de este "flagelo" era la tendencia de las señoras a reemplazar (el agua) por bebidas espirituosas. La debilidad de las porteñas entonces, según él, era la pésima calidad del líquido (agua).
2. El punto de embarque con la ballenera que los cruzaría a la Banda Oriental, se encontraba a la altura de la avenida (calle en ese entonces) Belgrano. La familia Somellera vivía en Balcarce 46 esquina Belgrano. Según Mármol, a esa altura de la costa fue degollado el coronel Quesada.
3. A.G.N.,Archivo de Policía. Sala X 32 10 3.
4. Muchos años más tarde, ya en pleno siglo XX, la gestión hecha por las autoridades para colocar la famosa fuente de Lola Mora en la Plaza de Mayo fracasó por la oposición eclesiástica. Las Nereidas con sus desnudos torsos y traseros serían mal vistas desde la Catedral.
5. Robertson,Tomo III, pág. 86.
Aunque Gallego en su testamento declara estar secretamente casado con una Andonaegui, sólo le deja un pequeño legado. En cambio instituye herederas de su mansión y de su fortuna a sus hermanas.
6. A.G.N. Sucesión 5903.

* El autor es abogado e historiador porteño. Este artículo fue publicado en “Historias de la Ciudad – Una Revista de Buenos Aires” (N° 17, Setiembre de 2002),
Fuente
Defensoría del Pueblo de la Ciudad de Buenos Aires.