lunes, marzo 19

Hasta los tatarabuelos y más allá

Las nuevas tecnologías han disparado el interés por la genealogía y la historia familiar. Euskadi dispone de un sistema de acceso público a los archivos que es único en Europa 

En la versión resumida de su acepción más seria, la genealogía es «el estudio y seguimiento de la ascendencia y descendencia de una familia». Una de las webs relacionadas con esta disciplina más conocidas y concurridas la define, por su parte, como «un pasatiempo emocionante disfrutado por millones de personas en el mundo». 'Estudio' o 'pasatiempo', puede ser cuestión de matiz, pero también reflejo de dos visiones distintas de una misma, o parecida, actividad.
Si tradicionalmente la genealogía, que tiene su correspondiente formación universitaria, estaba reservada a especialistas y vinculada, además de a la curiosidad histórica, a la necesidad de acreditar la pertenencia a determinado linaje por razones generalmente prácticas, en la actualidad se ha convertido en un entretenimiento al alcance de cualquiera.
Borja Aguinagalde, experimentado historiador y archivero, director de Irargi, el Centro del Patrimonio Documental de Euskadi, dependiente del Departamento de Cultura del Gobierno Vasco, califica de «furor genealógico» el interés que en los últimos diez o quince años está despertando la historia familiar, subrayando, además, que Euskadi es un lugar especialmente idóneo para dejarse llevar por la curiosidad retrospectiva, puesto que dispone de un sistema único en Europa de acceso público a los archivos históricos que la pueden satisfacer.
La 'moda' que, cómo no, nació en Estados Unidos - 'Raíces' y Kunta Kinte se presentan a menudo como detonantes-, floreció con la eclosión de las nuevas tecnologías y está alcanzando el grado de pandemia con la etiqueta 2.0 y las redes sociales, plagadas de ciudadanos que buscan sus orígenes, de aplicaciones supuestamente idóneas para hacerse un árbol genealógico multimedia en un pispás y de avispados emprendedores que, por procedimientos diversos y no siempre suficientemente claros, rentabilizan las ganas universales de saber de dónde venimos y quiénes somos.
La versión colaborativa y cooperativa de la existencia que, supuestamente, garantiza eso que llaman web 2.0 permite a algunas empresas del ramo asegurar que «estamos resolviendo el problema de la genealogía invitando al mundo a construir online el árbol genealógico definitivo». Unas y otras alardean de disponer de millones de registros en los que, a nada que nos esmeremos, encontraremos un espacio para injertar nuestra ramita en el denominado 'árbol genealógico mundial'.
Un paseo por el espacio de la genealogía virtual basta para descubrir varias redes familiares 'más grandes del mundo', así como para comprobar con qué ahínco nos solicitan muchas de ellas nuestras direcciones de correo electrónico y las de esos allegados en compañía de los cuales queremos llegar hasta los tatarabuelos y más allá. Tampoco faltan, junto con propuestas serias, ciberespecialistas que con dos datos nos hacen el árbol genealógico completo y nos dotan del correspondiente escudo heráldico previo pago de su importe.
La mayor biblioteca
En ese universo en constante expansión destaca por su peso y por un rigor que, pese a algunas reticencias, por lo general no le niegan los especialistas, la Biblioteca de Historia Familiar de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos días, véase mormones. La biblioteca propiamente dicha está en Salt Lake City (Utah, EEUU) y contiene, entre otros materiales, millones de microfilmes cuyo número no deja de crecer. Esta iglesia cuenta también con una red mundial de más de 4.500 Centros de Historia Familiar (los hay en Bilbao y en San Sebastián) y con una web (familysearch.org) que, francamente, justifica una visita, aunque al final resulte que el candidato a antepasado haya nacido en 'Ceganra, Spain' en lugar de haberlo hecho en Zegama, hipótesis más verosímil.
Aunque para seguir o intuir las peripecias americanas de muchos de nuestros antepasados herramientas como Familysearch pueden ser útiles a la par que entretenidas, bucear en los antecedentes familiares es especialmente sencillo y fiable en Euskadi. Tanto en su sede de Bergara como a través de su página web, Irargi, el Centro del Patrimonio Documental de Euskadi, ofrece a los usuarios acceso a una cantidad ingente de documentación. A los efectos que nos ocupan, la fuente más relevante y más utilizada son los Registros Sacramentales de los Archivos Históricos Diocesanos del País Vasco, accesibles también desde las webs respectivas.
«Se aprende buscando»
Millones de registros sacramentales (bautismos, confirmaciones, matrimonios y defunciones) con límite en el año 1900 trazan el paso por la historia de millones de vascos. Por millones se cuentan igualmente los euros que, mediante un convenio de colaboración con las diócesis de Bilbao, San Sebastián y Vitoria, ha destinado el Gobierno Vasco a la indización y digitalización de los libros sacramentales de los fondos de las parroquias concentrados en los respectivos Archivos Diocesanos, así como a su difusión por internet.
El resultado de esa iniciativa conjunta no solo ha sido ejemplar, sino que ha tenido una gran respuesta por parte del público. En lo que respecta a Irargi, «las dos terceras partes de nuestros usuarios se interesan por ese tipo de información», afirma Aguinagalde, certificando que el perfil más habitual corresponde a «una persona jubilada con tiempo libre» y que, en la vertiente virtual del servicio, 100.000 usuarios al año y 2 millones de páginas vistas sorprendieron por su magnitud incluso a los responsables de recuento de un buscador más que acostumbrado a las grandes cifras.
Se trata, en general, «de gente normal y corriente, pero muy entusiasta». Aguinagalde reconoce que a esos usuarios «les cuesta aprender a investigar, pero lo hacen a medida que van buscando». Como en Irargi no andan muy sobrados de medios «esa parte pedagógica y de orientación es la más complicada de nuestro trabajo, pero como servicio al público es nuestra obligación». Tiene en mente «un pequeño tutorial pedagógico» para facilitar y hacer más productivas las pesquisas. Y todo es posible en la época de cambios y novedades que se producirán en los próximos meses en la gestión del patrimonio documental vasco... 
 NEREA AZURMENDI | SAN SEBASTIÁN.

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