miércoles, febrero 15

En busca del tatarabuelo

La moda del árbol genealógico. Cientos de ciudadanos se han convertido en detectives privados de su pasado familiar. Quieren descubrir su árbol genealógico. El Registro Civil y las parroquias, que han recibido instrucciones de "prevención", dan fe de este interés. Incluso hay una empresa que confecciona árboles desde 300 ?. La genealogía ya no es sólo patente de nobleza.


Uno se ha criado con sus padres, guarda recuerdos -vividos o contados- de sus abuelos, y tal vez haya oído hablar alguna vez de alguno de sus bisabuelos. ¿Pero quiénes fueron sus tatarabuelos? ¿Y los padres y abuelos de sus tatarabuelos? ¿Cómo se llamaban, dónde nacieron, cuándo murieron? Esa curiosidad por conocer la historia familiar, por rastrear archivos del Registro Civil y libros parroquiales hasta completar el árbol genealógico personal, es un fenómeno de moda.
Que se lo digan si no a Pilar Bayona, funcionaria del Registro Civil de Valencia y habituada ya al "goteo constante" de gente que le pide partidas de nacimiento de sus familiares más remotos. "Hay más ganas de saber quiénes fueron los antepasados de uno mismo", constata Pilar, aunque a veces haya anécdotas que lo desaconsejen: "Vino un chico de 27 años a solicitar la partida de nacimiento y aquí mismo se enteró de que era adoptado", cuenta mientras atiende al personal.
Que se lo digan también a Ramón Fita, archivero diocesano de Valencia, quien no duda en hablar de "una avalancha de solicitudes" en las parroquias valencianas por parte de particulares que desean averiguar su pasado familiar. Tanto es así, explica, que ya se están digitalizando los libros sacramentales para facilitar las consultas, y que la jerarquía eclesiástica aprobó hace un año un protocolo específico para estos casos en virtud del cual "los curas -resume Fita- han de atender a esta gente, pero también han de seguir algunas prevenciones: no se puede dejar un libro sacramental a una persona para que se lo lleve a casa; o no se puede dejar a una persona sola consultando un libro parroquial sin vigilancia, porque podría arrancar una página o causar daños".
A esa tarea investigadora se ha dedicado con verdadero entusiasmo José Antich Brocal, historiador y cronista oficial de Silla, de 62 años. "Inicié la investigación por una curiosdad o necesidad personal de conocer quiénes fueron mis antepasados, y también entraba dentro de un proyecto global de investigar todos los linajes de mi pueblo", explica. Tras tres o cuatro años de incansable dedicación a ratos libres, José ha podido reconstruir su linaje familiar con bastante exhaustividad. Por la rama paterna, el apellido Antich, ha ido enlazando antepasado hasta llegar a la segunda parte del siglo XVI. Uno a uno, ha localizado el nombre y los datos básicos de todos sus antepasados por vía paterna. Con el segundo apellido, Brocal, se ha quedado estancado a mitad siglo XIX por unas dudas documentales. Como él, existen cientos de ciudadanos valencianos reconvertidos en detectives aficionados que hurgan en registros civiles y archivos parroquiales para saber un poco más sobre la eterna pregunta: ¿De dónde venimos?

Empresario del árbol genealógico
Hasta hace relativamente poco ésta era una práctica exclusiva de las familias de rancio abolengo; aquellas casas con ilustre ascendencia que necesitaban justificar su origen para conseguir un título nobiliario. Pero las cosas han cambiado. Lo cuenta Martín de Oleza, barón de Alcalalí y Mosquera y letrado experto en derecho nobiliario. "Hay gente -dice- que rebusca en sus orígenes por fortunas o intereses, que quiere sacar algo de provecho con esa investigación familiar. También hay mucha otra gente que quiere ser noble, que quiere tener un papelito que lo atestigüe para poderlo enseñar. Sin embargo, también hay personas, y cada vez más, que sienten la necesidad de conocer mejor sus orígenes sin ninguna ínfula de grandeza. Sólo quieren saber de dónde vienen. Y eso, creo yo, es una curiosidad innata al ser humano", afirma.
Como buen emprendedor, Martín de Oleza ha montado un negocio para satisfacer esa curiosidad. Su empresa, Sociedad Jurídica Nobiliaria, está formada por genealogistas y abogados especializados en genealogía y derecho nobiliario. Su labor principal consiste en indagar en los antepasados familiares del cliente para justificar su derecho a un título nobiliario hereditario o su potestad para ingresar en órdenes militares y reales maestranzas de caballería. Pero además, también atiende a clientes que desean, por simple curiosidad y sin finalidad práctica, localizar genealógicamente a sus parientes remotos o conocer con mayor profundidad sus orígenes familiares. Es decir: el cliente paga y los profesionales de la empresa elaboran su árbol genealógico.
Cada caso exige un esfuerzo y el precio varía, pero -para hacerse una idea- tener un árbol genealógico que se remonte hasta los bisabuelos puede costar unos 300 euros; reconstruir los orígenes de uno mismo hasta los tatarabuelos eleva los honorarios hasta los 400 ó 500 euros; y retrotaerse hasta los antepasados familiares de principios del siglo XIX -siempre que se pueda- rondaría los 750 euros. Eso sí: las dificultades pueden encarecer mucho el precio.

El genealogista de coche y manta
Aunque los amateurs apasionados coinciden en que es menos emocionante, éste es el método cómodo, el de no ensuciarse las manos de polvo en antiguos archivos ni gastar suela yendo de un sitio a otro para muchas veces no conseguir nada. El genealogista que rastrea los antepasados por encargo es Luis-Bertrán Vidal Franco. Hijo de uno de los más grandes genealogistas valencianos de la historia (Luis Alfonso Vidal de Barnola, fallecido en 2008), Luis explica que el afán genealogista pega con fuerza en Sudamérica. "Nos están entrando muchas peticiones de investigación procedentes de Latinoamérica. Nietos de españoles que emigraron allí el siglo pasado y que quieren averiguar sus orígenes. Eso ha aumentado por esa nostalgia de España y por la facilidades comunicativas surgidas con internet. Pero en estos casos, la mayoría de veces se trata de búsquedas a ciegas, de coche y manta".
Padrones municipales antiguos, archivos parroquiales, archivos militares si pertenecía al EjércitoÉ "Es una labor muy dura patear parroquias y mirar papeles, en la que el cura de turno te suele poner trabas y a veces necesitas un día entero para encontrar una sola partida de nacimientoÉ Y al final, aparte del olfato, muchas veces depende de si el archivo parroquial lo quemaron en la Guerra Civil o no. Es una lotería".
Y a José Antich, el cronista de Silla, le ha tocado. Por eso no duda en animar a los interesados. "Que no decaigan en este intento loable por encontrar los orígenes y la identidad en una época donde todos se preocupan por los idiomas, la informática y los conocimientos provechosos. Porque todo lo que tiene de laborioso este trabajo lo tiene de satisfactorio cuando sabes quiénes fueron tus antepasados". La aventura empieza en el Registro Civil y continúa en quién sabe qué parroquias.

El 70 % de los archivos de iglesias, quemados
"Investigar en Valencia es llorar". Así de contundente se muestra Ramón Fita, archivero de la diócesis de Valencia. "Más del 70 % de los archivos parroquiales de la diócesis de Valencia -explica- desaparecieron en los años 30. Por eso, poder reconstruir el pasado familiar de uno mismo más atrás de 1870 (fecha de inicio del Registro Civil en Valencia) depende en ocasiones de la suerte de si el archivo de la parroquia en cuestión se conserva o no". Fita hizo un exhaustivo trabajo sobre el estado de cada archivo parroquial de la diócesis ("La documentación eclesiástica en la Archidiócesis de Valencia en la década de los años 30", en la "Revista d'arxius"). Mirarlo facilita el trabajo antes de salir de casa dispuesto a investigar.
 Paco Cerdà
Valencia
Fuente: levante-EMV

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