jueves, noviembre 19

Patricias Mendocinas

Hay una calle que me llama la atencion por su nombre en Mendoza Ciudad.
Aclaremos que no es la unica,pero hoy les quiero compartir de esta en particular. la calle Patricias Mendocinas.
 Veamos por que esta calle fue bautizada con ese nombre

Ante la falta de recursos, San Martín pidió ayuda a la sociedad cuyana y contó con apoyo y colaboración espontánea.
En nombre del bien común y el ideal independentista, un grupo de damas mendocinas decidió donarle sus joyas, actitud que fue imitada por puntanas y sanjuaninas. Las mujeres también colaboraron confeccionando los uniformes de los soldados y bordando la bandera del Ejército de los Andes.
Estas mujeres fueron:

María R. de Fernández
Blanco

Rosalía Gacha
de Las Heras

Mercedes
Álvarez de
Segura

Laureana
Ferrari de Olazábal
Margarita Corvalán Felipa Sosa Martina Silva
de Gurruchaga
Dominga B. de Balcarce Margarita Correa Ortiz
 
La Historia contada por Victor Barrionuevo Imposti
INSTITUTO NACIONAL SANMARTINIANOEn el imponderable esfuerzo de preparar y ejecutar la campaña de los Andes y la liberación de Chile y
del Perú, estuvo la inmanente presencia de la mujer patricia, con su contribución material y espiritual, concitada
por el fervor y la abnegación ejemplares de San Martín. Lo mismo mestizas que mulatas, señoras o barraganas.
La que no dio joyas y esclavos dio zapallos y tejió ponchos. La patria no es sólo de los hombres. Y aúnque en la
hora decisiva de partir las mujeres quedan, el ejército lleva su sangre y su fe, el trabajo de sus manos y la
angustia de su espera. En 1812 San Martín frecuentaba el cortesano salón de doña Tomasa de la Quintana de
Escalada, cuya hija Remedios había impresionado el corazón del coronel de granaderos. En sus tertulias
conoció el temple de aquellas patricias que compraban fusiles para la patria y aguardaban los chasques con la
buena nueva, para poder decir con dignidad espartana: “Yo armé el brazo de ese valiente que aseguró su gloria
y nuestra libertad.” Desde entonces el libertador siempre contó, para sus altos planes, con la valiosa
contribución de mujeres, las más de ellas anónimas u olvidadas. En la tradición histórica brilla más el gesto
ejemplar y espléndido de las altas damas que protagonizan la sociedad, que la callada y fecunda fatiga de las
mujeres de clase inferior. Por otra parte suele idealizarse la contribución de guerra con una virtuosidad que no
siempre tiene. Muchas veces las contribuciones patrióticas se daban ineludiblemente; y aún compulsivamente
exigidas por San Martín, inclusive a personas desafectas a la revolución.” Cuando peligra la salvación de la
patria, todo es justo, menos dejarla perecer”.
EL RENUNCIAMIENTO DE ALHAJAS PARA LA PATRIA
Dos antiguos oficiales del Ejército de los Andes, el coronel Pueyrredón y el general Espejo, dispuestos a
narrar, según sus propios recuerdos, las campañas en que habían relataron un episodio que la posteridad ha
recogido como ejemplo de patriótica contribución femenina. “Es el caso que los patriotas de toda clase y rango,
los menestrales mismos en sus artes y oficio, los padres de familia en fin, ya habían hecho toda clase de
demostraciones por su parte -dice el general Espejo-; pero el sexo hermoso, las matronas, si se exceptúan las
obras de costura de vestuarios de tropa, y otros actos humanitarios, no habían hecho todavía algo notable por la
suya. En este concepto discurrieron en secreto, circular de casa en casa, una invitación para día fijo. A la hora
convenida se reunió una gran comitiva de las de más alta clase, que se dirigió al salón del Cabildo encabezada
por la señora doña María de los Remedios Escalada de San Martín. Recibidas que fueron en audiencia pública,
la señora que encabezaba la reunión, en pocas pero muy marcadas palabras expuso el motivo que las conducía.
Dijo que no le era desconocido el riesgo que amenazaba a los seres más queridos de su corazón, ni la penuria
del tesoro, ni la magnitud de los sacrificios que demandaba la conservación de la libertad. Que los diamantes y
las perlas sentarían mal en la angustiosa situación en que se veía la provincia, y peor si por desgracia
volviésemos a arrastrar las cadenas de un nuevo vasallaje, razón por la que preferían oblarlas en aras de la patria,
en el deseo de contribuir al triunfo de la sagrada causa de los argentinos. Y entre los transportes de los más
patéticos sentimientos se despojaron allí de sus alhajas y presentaron muchos objetos de valor, de los que se
tomó razón individual para dar cuenta a la autoridad...” Por su parte el coronel Pueyrredón informa que,
encontrándose reunidas en la Casa Capitular de Mendoza, aquel conjunto de señoras, muy elegantemente
ataviadas, San Martín departía con ellas, ponderando la sencillez republicana y el patriotismo de las mujeres
romanas, que se habían despojado de cuanto tenían, inclusive de sus cabellos, para salvar la Patria. Y agrega el
memorialista que luego, dirigiéndose a su señora, dijo el libertador: “Remedios se tú quien de el ejemplo,
entregando tus alhajas para los gastos de la guerra. La esposa de un general republicano no debe gastar objetos
de lujo cuando la patria está en peligro. Con un simple vestido estarás más elegante y te amará mucho más tu
esposo” Se dice que Remedios Escalada se adelantó entonces, se quitó delante de todos, sus anillos, collares y
demás alhajas, y las depositó en una bandeja de plata que allí había, prometiendo mandar de su casa toda la
vajilla de plata labrada. Las señoras presentes aprobaron e imitaron aquel renunciación, diciéndose unas a las
otras: “es justo, es justo”. Ninguna quiso ser menos que otra, y no sólo oblaron voluntariamente lo que llevaban
puesto, sino que se apresuraron a remitir lo que aún habían dejado en sus casas. Aquellas señoras, que hablan
entrado al Cabildo ricas de sus joyas, salieron pobres de ellas, pero ricas de patriotismo y orgullosas de lo que
habían hecho. “Los diamantes y las perlas sentarían mal en la angustiosa situación de la patria, que exige
sacrificios de todos sus hijos; -cuenta Mitre que expresaron las damas en presencia del Cabildo- y antes de
arrastrar las cadenas de un nuevo cautiverio, oblamos nuestras joyas en su altar.” César H. Guerrero sostieneprioridad de la mujer sanjuanina en este género de donativos, afirmando que cuando San Martín llegó por
primera vez a San Juan, en mayo da 1815, unas doscientas damas concurrieron a la Sala Capitular para
saludarlo; y que en la oportunidad las señoras Teresa Funes de Lloveras, Bernarda Bustamante de Cano y
Jacinta A. de Rojo le ofrecieron, en nombre de las patricias sanjuaninas, el aporte de sus alhajas. ¿Qué
fundamento documental tiene esta conocida tradición? Sabemos que en su carácter de Gobernador Intendente de
Cuyo. San Martín, a pedido del Directorio, habla promovido, por medio de los cabildos, una suscripción
popular para contribuir en el equipamiento de la escuadra a fin de repeler el peligro inminente de una poderosa
expedición realista. Su célebre bando del 6 de junio de 1815, exhortando a los verdaderos patriotas a sacrificarlo
todo por la salvación de la patria, tenia el apremio que suscitan los grandes e inminentes peligros. Fue como una
vibrante amonestación contra la indiferencia, en la hora critica.”Todos somos ya soldados”, decía.” A la idea del
bien común y a nuestra subsistencia, todo debe sacrificarse. Desde este instante el lujo y las comodidades deben
avergonzarnos como un crimen de traición contra la patria y contra nosotros mismos”. Y agregaba: “El ilustre
Cabildo abrirá en el día una suscripción de donativos voluntarios que será el crisol del patriotismo”.
Los cabildos cuyanos, en efecto, constituyeron comisiones ante las cuales se entregaron, entre otras
contribuciones, las joyas donadas por las patricias. Aúnque la evaluación moral de este renunciamiento no
podría determinarse por la cantidad y calidad de las alhajas donadas, no será en vano conocerlas, para quienes
comprendan la idiosincrasia femenina. En San Juan la comisión designada por el ayuntamiento recogió, entre el
8 de junio y el 26 de julio de 1815, entre otros donativos, los siguientes, sin contar las contribuciones que en
menor cuantía y con igual desinterés hicieron llegar las damas de Jáchal y Valle Fértil:
· 3 cadenas de oro.
· 3 pares de caravanas o aros de oro.
· 4 cruces de oro, una de ellas con 3 perlas.
· 12 sortijas de oro, la mitad de ellas con piedras engarzadas.
· 4 peinetas de plata con sobrepuesto de oro, y otras 2 de oro con 26 perlas.
· 1 medallón de oro con refuerzo de plata.
· Algunos zarcillos y aretes de oro; y plata de chafalonía.
Avaluado a razón de 11 pesos por onza de oro, 6 pesos y medio la onza de plata y 3 reales por perla, vino a
resultar un total de 209 pesos con 2 reales y un cuarto. Las donantes eran 29; entre ellas se destacaron las
hermanas del teniente gobernador. Las mendocinas por su parte donaron las siguientes alhajas:
· 1 par de aros con 9 topacios cada uno montados en plata y guarnecidos con cinta de oro.
· 1 par de caravanas con 142 aguamarinas montadas en plata.
· 1 anillo con 35 aguamarinas montadas en plata, con fondo y aro de guarnición de oro.
· 1 aderezo de zarcillos y rosicler con 206 topacios montados en plata.
· 1 cajita que contiene unas caravanas con 6 diamantes y rosas montados en plata, con aro y guarnición de oro.
· 1 par de manillas con 302 perlas finas y sus broches correspondientes, con 72 diamantes rosas montados en
plata, todo guarnecido de oro.
· 1 collar con 197 diamantes rosas montados en plata, guarnecidos con granos de oro.
· Una piña de plata (se llamaba así a una especie de panecillos o pilones de plata nativa fundida en moldes), que
pesaba 49 marcos y 4 onzas; y una cantidad de chafalonía ( o sea vajilla y cubiertos de plata) que pesaba 200
marcos, 5 onzas y 3 adarmes.
· Piezas de oro labrado que pesaban l6 onzas y 13 adarmes.
Recordemos que un marco equivalía a 230 gramos y contenía 8 onzas; una onza es igual a 28,75 gramos y
equivale a 16 adarmes. Así resulta que la plata totalizaba 57,534 kg., y el oro labrado 483,348 gramos. El valor económico de estas “ alhajas, plata de piña y oro en preseas “ donadas por las patricias mendocinas fue
calculado en su época en 216 pesos fuertes, es decir, menos de lo que valía un esclavo. San Martín se sintió
decepcionado por los exiguos resultados de esta suscripción, cuyo fracaso atribuyó a la indolencia de los
pudientes, y se propuso recurrir a medidas más eficaces. Esto no obstante se dirigió mediante sendos oficios a los cabildos de Mendoza y San Juan, agradeciendo a sus respectivos pueblos el virtuoso desprendimiento con que habían ocurrido en obsequio de la causa común (16 de setiembre de 1815). Había dispuesto el Directorio que, de estas contribuciones, se remitiesen a Buenos Aires, por intermedio del administrador de la Aduana de Mendoza, que lo era el Dr. Juan de la Cruz Vargas, “todo lo que no fuera de absoluta necesidad” para el ejército de San Martín; especialmente las alhajas y caldos (vino, aceite, etc. Por estar destinados al consumo de la escuadra y porque podrían reducirse a dinero “ con mayor facilidad y ventaja del Estado “ San Martín dispuso entonces que las alhajas marchen a Buenos Aires a la mayor brevedad, y así se hizo. Encajonados que fueron aquellos destellos de arte menor en dos cajones retobados de los que había en el parque de artillería de Mendoza, el administrador de la Aduana de Mendoza los envió a la capital por medio del correo supernumerario Fernando Ferreira, quien en 12 días de viaje estuvo en la capital el 27 de octubre de 1815. Puestas a disposición del Administrador General de Correos, Melchor de Albín, las alhajas fueron tasadas por el ensayador Juan de Dios Rivera y el platero Joaquín Pereira; y fueron entregadas al gobierno el día 4 de diciembre de 1815. Aúnque las alhajas de las patricias cuyanas, como queda aclarado, no estuvieron destinadas al Ejército de los Andes sino al equipamiento de la escuadra, hemos mencionado su histórico gesto -que repitieron a su turno chilenas y peruanas porque no fue ajeno a él la tónica sanmartiniana, incentivo fecundo de los mayores sacrificios por la patria.

INGENTES APORTES Y TRABAJOS
En la preparación del Ejército de los Andes el general San Martín debió proveerse de elementos de transporte, abrigo y víveres para las tropas. Los aportes populares fueron cuantiosos y en gran medida debidos a la prodigalidad de las damas mendocinas, sanjuaninas y puntanas. Sólo las mujeres de San Juan, entregaron 238 ponchos, 18 ponchillos, 16 frazadas, 198 pieles de carnero, 39 jergas, 119 monturas, 115 caballos y 843 mulas, unas de silla y otras cargueras. Por otra parte, según el acta de las suscripciones recogidas en junio y julio de 1815, en esa oportunidad 29 mujeres, entre ellas 12 viudas, donaron alhajas, dinero, esclavos y productos alimenticios por un total de 14.242 pesos y algunos reales; destacándose entre ellas, por el valor económico de sus aportes, las “ciudadanas” Carmen Sánchez (320 pesos), Luisa Rufino (288 pesos, 2 reales), Francisca Cano(183 pesos, 6 reales) Borjas Torazo (111 pesos, 5 reales) y Féliz de la Rosa (101 pesos, 2 reales). César Guerrero en “Patricias Sanjuaninas” presenta una nómina de 380 mujeres que contribuyeron desde 1812 hasta 1819 a sostener la guerra de la independencia y otras urgencias de la patria, de las cuales por lo menos la mitad es seguro contribuyeron específicamente con la campaña de los Andes. Y análoga ponderación podemos hacer de las mendocinas. Los cuantiosos barriles de aguardiente y vino, los almudes y petacas colmados de pasas de higo, de aceitunas, trigo fragollo y maíz, la harina y el charqui: todo fue dado para el ejército por mujeres pobres y ricas. Y cuando esta suerte de aportes no resultaban directamente necesarios, luego se disponía su remisión a San Luis, Córdoba y el Tucumán, para obtener a cambio “bayetas, ristros y demás efectos útiles a la tropa”. Las que más pudieron entregaron dinero en efectivo y sus esclavos; las que menos, dieron espuelas y estribos, o algún tanto de pasas de uva y de jabón. En Córdoba el gobernador Ambrosio Funes, a instancias deSan Martín, promovió una colecta de “donativos graciosos” para el Ejército de los Andes. Los 573 ponchos y 181 varas de picote que el comisionado Ramón Olmedo obtuvo en tal concepto fueron, donados por 20 hombres y 60 mujeres, entre las cuales figuraban Rosa Sársfield y Tiburcia Haedo, madres que fueron respectivamente del Dr. Vélez Sársfield y del General Paz. Obvio es señalar que acaso la contribución más importante fue la cesión -voluntaria o no- de esclavos. Sus dueños, cediendo un valor económico, posibilitaron a San Martín la
adquisición de un valor humano. En Mendoza por lo menos 25 mujeres debieron entregar dos tercios de sus
esclavos; es decir, 33 soldados de infantería, cuya manumisión fue avaluada en más de ocho mil pesos fuertes.
Por supuesto que en muchos casos estas contribuciones no eran gratuitas ni voluntarias, y carecen, por
consiguiente, de la virtuosidad con que la historia es proclive a idealizarlas. Hoy, en todo caso, una dimensión
objetiva y otra subjetiva de difícil aprehensión. ¿Llamaremos patricias a las mujeres que cedieron un esclavo?
Agustina Correa lo hizo para librar a su marido (europeo) de una contribución extraordinaria; Narcisa Miranda, para eximir, en cambio, del servicio de las armas, a su hijo, que era granadero del regimiento 11. Otras donaron dinero, como prueba inevitable de adhesión patriótica, para eximirse de las confiscaciones y contribuciones forzosas a que eran sometidos los desafectos a la revolución. Muchas veces los pedidos apremiantes del general no dejaban escapatoria. Así le sucedió a María Josefa Palacios, cuando recibió esta nota: “No dudando (de) que recibirá V. el mayor placer en cooperar por su parte en sacar del miserable estado de esclavitud a que la casualidad lo redujo, al jovencito José María que V. posee, ya porque su patriotismo y demás virtudes que la caracterizan le impulsarán a este servicio, como porque siendo incomparable la satisfacción que reciben las almas sensibles, de hacer bien, querrá V. disfrutar de ella, he tenido a bien tasarlo en 50 pesos, a pesar de que su precio de adjudicación que hicieron a V. sea el de 75 pesos. Cuando la humanidad y dignidad del hombre exigen algún sacrificio, es de necesidad que se lo tributemos: cumpla V. pues con este deber sagrado en el poco momento que se te presenta”. A otras dos mujeres San Martín les solicitó sus causas para menesteres del ejército; y como una de ellas se demora en su entrega, insistió en estos términos: “Ya es urgente el que V. tenga la bondad de desocupar la casa de su propiedad que se pidió a V. por este gobierno para adelantar los trabajos de la maestranza del Estado, mudándose a la que tiene designada el muy ilustre Cabildo. Este sacrificio que se
exige de V. es análogo a los sentimientos patrióticos que la caracterizan; y convencido este gobierno de esta
verdad, espera que en el término de seis días entregará V. dicha casa al Sr. Comandante General de Artillería
para que la destine al objeto indicado”. Era ingrata la misión de San Martín: porque todo necesitaba obtenerlo de la nada, en una forma u otra. y en muchos casos solo pudo lograrlo con la intervención de una mujer. Valga este ejemplo: a principios de 1816 se necesitaba teñir de azul gran cantidad de picote, para la confección de uniformes; y con los elementos de que se disponía, nadie sabía hacerlo. Entonces le dirigió este oficio al  gobernador al comandante del fuerte de San Carlos: “Tiene noticia este gobierno (de) que existe en esa villa, Juana Mayorga, criada que fue de la casa de este nombre, y que ella conoce la raíz con que los indios dan el color azul. Interesa que se presente a este gobierno y que traiga alguna cantidad de dicha raíz aúnque sea corta, por lo que le franqueará V. cuantos auxilios necesite para su viaje, de cuenta del Estado, mandándola acompañada de un soldado para que la cuide”. Resultó que dicha criada no supo teñir como los indios, pero informó que sabia hacerlo la india Magdalena, que vivía en la estancia de Yancha. Nuevas averiguaciones encontraron a esta india laboriosa, a quien San Martín mandó obsequiarla con un rebozo por sus buenos servicios.
Luzuriaga ha encomiado la cooperación prestada por las mujeres “ empleando sus manos gratuitamente en la
costura y habilitación de ropas que se han necesitado para vestuario (y) dando hilas y vendas “. Y en efecto, en los trabajos de tejido y costura, así como en la atención de hospitales, la mujer ha dado con autenticidad su calor humano. Afirma Miller -y fue espectador- que las mujeres cuidaban con tal solicitud a los heridos de Maipú, que parecía que los patriotas heridos fuesen sus verdaderos hermanos.

PATRICIAS COSTURERAS
En el gran taller de Cuyo cientos de manos de mujer cosieron la ropa del ejército en interminables días de labor, respondiendo al requerimiento del general San Martín. Las dignas señoras de este pueblo, estoy seguro -decía éste en un oficio del 22 de noviembre de 1815, dirigido al ayuntamiento de Mendoza- se prestarán gustosas a reparar la desnudez del soldado, si excita V.S. sus virtudes amables. Espero pues lleve a bien V.S. repartir en las casas, para que efectúen gratuitamente su costura, los ciento sesenta y siete pares de pantalones pertenecientes al (Batallón Nº 8), que ya cortados van a disposición de esa municipalidad. Nuevas tareas de costura fueron requeridas mediante un oficio del 29 de febrero de 1816. Satisfecho este gobierno -expresaba San Martín- de que “las señoras no distarán de aumentar a los servicios que tienen hechos en obsequio de la Patria, el de coser las adjuntas bolsas para cartuchos de cañón, remito a V. S. las mil doscientas cincuenta que con esta fecha me ha pasado el Comandante General de Artillería, a fin de que las reparta V. S. equitativamente en la inteligencia (de) que indispensablemente deben ceñirse al modelo que se acompaña, a las dos distintas menas, y que V.S. empeñará todo su influjo para conseguir la pronta conclusión de dicha obra.” Por cierto que el trabajo se terminó con empeñosa celeridad, y San Martín volvió a pedir a las mendocinas la colaboración de su costura.”Trescientas sesenta y cuatro camisas de gasa se hallaban cortadas para el uso del Piquete N 8; - decía el libertador en un oficio del 1º de abril de 1816 dirigido al Cabildo-pero esta buena tropa sufre de desnudez consiguiente a su falta, por no estar aún cosidas, y es al cuerpo imposible costearlo. Lo hago presente a V S. para que. dolido de esta necesidad y en obsequio de los defensores del Pabellón Patrio, se sirva excitar la beneficencia magnánima de las señoras para que se encarguen graciosamente de esta costura. No dudo accederán gustosas, empeñándolas al celo filantrópico de V, S. A este fin hoy se avisa al Comandante de aquel cuerpo para que los ponga a disposición de esa llustre Municipalidad”. A mediados de 1816 el gobernador dispuso repartir entre las señoras de Mendoza, una buena cantidad de chaquetas “con todos los aperos necesarios para su hechura”, a fin de que las cosiesen. Y así pudo vestir a los granaderos a caballo.
Días más tarde volvió a recurrir a su expeditivo procedimiento: “Se remiten a Uds. -le dice en un oficio a la “comisión de repartos” que se habla constituido con este fin- mil bolsas de lanilla para cartuchos de cañón, que con la fecha ha mandado el Comandante General de Armas, a fin de que por reparto entre las señoras se construyan como las que anteriormente se dieron con igual destino. Asimismo existen en poder del Comisario Honorario Don Juan Gregorio Lemos 700 camisas con el mismo objeto, al que con la fecha se le previene las ponga a disposición de Uds. para que procedan al indicado reparto.” Después vino la urgencia por recoger los trabajos terminados: “Desde el mes de Julio, le dice San Martín, dos meses después, al gobernador, se han repartido al vecindario por medio del M. Yltre. Cabildo pa. su costura, setecientas camisas de gasa, setecientos quince pares de pantalones de bayetilla y doscientas bolsas de lanilla pa, cartuchos de cañón. Yo espero qe. V.S. se sirva dictar sus providencias pa. qe quanto antes se recojan estas especies, entregándose las primeras al Comisario de Grra., y la última al Comante. gral. de Artilla. Solo esto se aguarda pa. exigir nuevos repartos de esta clase. Ellos se multiplican el tiempo decrece cada día. y a este paso la urgencia es incalculable.” (sic).
Cumplido esto, no se hizo esperar el siguiente pedido: “Dirijo a V.S. quinientas bolsas de lanilla en corte pa.
cartucho de cañón a fin de que interponiéndose con el Ylustre Ayuntamto. se exija del vecindario su costura”.
También el teniente gobernador José Ignacio de la Roza hizo por su parte que “cada casa sanjuanina fuera un
taller al servicio de la patria. Donde no se cosía un uniforme, se bordaba una bandera o se tejía un poncho para los soldados”, dice el profesor Guerrero; y como ejemplo al caso menciona las 265 camisas gratuitamente cosidas en una semana, en octubre de 1815, por las mujeres de veinte familias, a instancias del gobierno, con telas que el mismo vecindario había donado. A fines del año 1816 (ya se aproximaba la fecha de la expedición) los requerimientos de San Martín se hicieron apremiantes: “Hay en poder del Comisario un número crecido de camisas. El las pasará a V.S. y espero qe. intermediando ese Gobno. se presenten las Sras. a coserlas a la mayor brevedad pr. la urgencia conqe. la tropa necesita esta clase de vestuario.”(sic) “ Quinientas camisas en corte, qe. llevará a V.S. el Comisario, espero se sirva disponer su costura con la posible brevedad, repartiéndolas entre el vecindario.” (sic) El señor Velasco Quiroga ha verificado algunos oficios del gobernador Luzuriaga agradeciendo al Monasterio de María la cooperación prestada por las religiosas en trabajos de esta índole para el equipamiento del ejercito. No siempre el trabajo del tejido y costura era gratuito. Muchas veces las necesidades del hogar debían ser atendidas exclusivamente con la industria doméstica de la mujer. Exiguo era en tal caso el interés, y valiosa la colaboración que al ejército prestaban. Mil quinientas cincuenta y nueve alforjas se tejieron en San Juan, y se cosieron, a razón de tres reales por camisa y seis reales por cada pantalón, 1.474 pantalones y 721 camisas. A otro singular expediente recurrió San Martín para esta clase de trabajos, según puede colegirse de este oficio que dirigió al cabildo de Mendoza: “Teniendo en consideración las ventajas que resultarán a la ociedad y buen orden de la policía, del establecimiento de una Casa en donde se recojan a las mujeres escandalosas, o que su conducta antisocial las haga acreedoras a alguna reprensión; y que en el estado presente de exhaustez de fondos públicos ellas pueden economizar la fábrica de tres mil vestuarios que se necesitan para el ejército, que sin este recurso sería indispensable repartirlos entre las señoras que, ocupadas en sus quehaceres domésticos, les resultarían una carga considerable, he acordado la creación de dicho establecimiento “. La “Casa de Corrección” quedó establecida, y a los Tenientes Gobernadores se les recomendó recoger prostitutas
en sus jurisdicciones y enviarlas a dicho establecimiento. Con lo cual la provincia ganó en moralidad y en mano de obra disponible

2 comentarios:

  1. En mis viajes semestrales de placer a Mendoza desde Santiago, me había llamado la atención el nombre de la Avenida Patricias Mendocinas.
    En el internet del hotel, busque quién eran, mi grata sorpresa saber su gran labor en la formación del Ejercito Libertador de Los Andes.
    Creo que en Chile no hay calle o avenida que haga el honor de rendir un homenaje a estas valerosas mujeres.
    He dispuesto que mi labor será conseguir para alguna calle, avenida o plaza de Santiago, el nombre de Patricias Mendocinas
    R.Salinas M.

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    1. Muy bien por ud. y por la verdad Sr. Salinas
      S. Vazquez

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