miércoles, abril 3

Bañeras de Santiago de Guatemala

Los españoles introdujeron varias innovaciones en Mesoamérica, como el uso de la bañera. De la época hispánica se encuentran en Antigua Guatemala algunas en residencias conventuales y privadas que pueden visitarse y que ilustran ciertas costumbres de la época.

La principal herencia doméstica en las construcciones españolas fue la andaluz, por lo que sus raíces se encuentran en la vivienda romana y las modificaciones de origen musulmán; de ahí que las bañeras estuvieran recubiertas con azulejos.
Como extensión de las actividades cotidianas, en los conventos también se construyeron artesas, puesto que eran las residencias de los religiosos y monjas, muchos de ellos pertenecientes a las élites, y que, por lo tanto, necesitaban las mismas comodidades.
Su uso parece obvio, la higiene personal. Sin embargo, los ibéricos no tenían como prioridad el baño cotidiano. Un ejemplo de ello fue la sorpresa que causó entre los primeros conquistadores la costumbre por el religiosa baño: “El gran Moctezuma... bañábase cada día una vez”, según Bernal Díaz del Castillo.
Al parecer las razones para el baño entre los españoles eran por motivos de salud. Entre los conceptos vigentes en aquella época se encontraban las ideas del griego Hipócrates, quien plasmó la teoría de los cuatro humores constitutivos del cuerpo: sangre (cálida-húmeda), flema (fría-húmeda), bilis negra (fría-seca) y bilis amarilla (caliente-seca).
En ese sentido, el baño se recibía como forma de mantener o restablecer el equilibrio húmedo, ya fuese frío o caliente.
Por otra parte, se percibía al cuerpo como fuente de pecado, por lo que el baño debía considerarse como una actividad esporádica, para evitar la tentación de la lujuria. Como indica uno de los confesionarios del siglo XVII: “Menos debe amilanarse un hombre, por mucho que se precie de recatado y casto, de revolver las aguas de esta piscina... tocadas del contagio sensual”.
Las que a continuación presentamos son, sin duda, las bañeras más hermosas que se conservan en Antigua Guatemala. Representan magníficos ejemplos conservados de un tiempo lejano, que revive al visitar sus huellas que han configurado nuestro presente.
Concepción

El  convento de las concepcionistas fue uno de los complejos más grandes en  Santiago de Guatemala.  En 1709 contaba con 103 monjas, 140 pupilas, 700 criadas y 12 beatas como residentes.  Además, tenía 22 fuentes con agua corriente.
Se conserva la fachada de ingreso, fechada en 1694, así como  algunos muros, la nave  central de la iglesia y un pequeño claustro interno, probablemente residencia de una de las monjas. A este  claustro también se le llama  Casa de Sor Juana, en alusión a la poetisa Juana de Maldonado, cuando en realidad es una construcción del siglo XVIII que conserva una bañera decorada con tres medallones de estuco, uno de ellos ubicado en la cabecera, con el anagrama de Jesucristo, IHS. En los trabajos de recuperación efectuados  en  el 2011 se liberó otra parte del conjunto, que permite apreciar una segunda bañera que se encuentra en los límites del convento, junto a la calle que conducía al río Pensativo.

Las viviendas de élite desde 1550 contaban con el  servicio de agua, lo que permitía abastecer las bañeras. Cada propietario tenía que costear la cañería desde el tramo principal hasta su residencia. Estas bañeras de Capuchinas se encuentran juntas. Probablemente estaban separadas por un tabique de madera y se alimentaban gracias a los tanques ubicados atrás del muro.

Capuchinas
El Convento de Capuchinas  fue concluido por el arquitecto Diego de Porres, en 1736.  En ese lugar se encuentran aún tres bañeras.  Una de ellas está en el segundo piso, al cual ya no se permite el acceso. Era llamado el baño de la abadesa.  Las otras bañeras están en una habitación inmediata al ingreso de la torre de retiros.  El agua caliente era llevada desde la cocina de la torre, que se ubica a poca distancia del depósito.
Casa Popenoe (Casa de Las Infantas y Mendoza)  

Construida para el oidor Luis de las Infantas y Mendoza, antes de 1640, fue reconstruida hacia 1937.  Hoy el lugar está a cargo de la Universidad Francisco Marroquín. Su bañera es original, ochavada, y tiene un pequeño receptáculo para lavado de cabello, para baño de asientos o de bebés.
Casa de las Mil Flores (Casa de Pavón)
Ubicada en el barrio de Santo Domingo, fue una opulenta residencia con pisos de mosaico de tabas en el zaguán.  Los actuales propietarios encargaron al ingeniero Amerigo Giracca  el rescate de la cocina y la bañera, que conserva los azulejos originales.  Como las casas de élite, el cuarto de baño estaba separado de la cocina por un muro.  Esta disposición es la típica en las bañeras, para que pudieran recibir suficiente agua caliente del poyo de la cocina y mezclarse con el agua fría que proporcionaba la cañería abastecida por el sistema hidráulico de la ciudad. El cuarto de baño conserva un zócalo decorado con pigmento rojo, característico del siglo XVIII.
Colegio Mayor de Santo Tomás de Aquino

Era parte del complejo dominico.  Comenzó  sus labores en 1622.  En 1646 se reportó que contaba con “cuatro aulas, celdas y habitaciones para los estudiantes y el rector”, por lo que se le construyó una bañera. Tiene un pequeño receptáculo original, probablemente se usaba como lavamanos o lavapies, para lavarse la cara o hasta para baño de asientos.  Este  es cuadrangular, con los ángulos ochavados.  Con base en el diseño de sus azulejos originales, se  recubrió la bañera.
Santo Domingo (Hotel Casa Santo Domingo)

Este convento fue uno de los más grandes edificios en la ciudad.  Contaba con numerosas dependencias, pues en él residía un gran número de religiosos.  El edificio estaba concluido hacia 1653.  Entre los hallazgos y reconstrucciones  se encuentra una bañera  adyacente a una cocina que conserva su chimenea  y tiene restos de cañería de cerámica.
Santa Clara


Otro conjunto monumental fue el de la residencia de las monjas clarisas que, como todas las religiosas del período hispánico, eran de clausura.  Las primeras monjas llegaron en 1699 y el edificio  fue concluido hacia 1734, obra del arquitecto Diego de Porres. 
En el primer piso contaba con una sala para convalecientes, donde se encuentra una bañera que conserva pequeños fragmentos  de azulejos de mayólica. 
Siguiendo el diseño tradicional, cuenta con un depósito para el agua caliente detrás del muro al que se encuentra unida. El Consejo Nacional para la Protección de la Antigua Guatemala  tiene planificada su restauración.

 Fuente:

Prensalibre.com TEXTO Y FOTOS FLOR DE MARíA ORELLANA

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