martes, diciembre 28

Historias de la Fundación de San Juan
El 13 de junio de 1562, Juan Jufré de Louyza y Montese fundó "San Juan de la Frontera. "San Juan" fue puesto en honor al Santo Patrono de Jufré, San Juan Bautista.
Luis Eduardo Meglioli


Con ojos sanjuaninos en el pueblo natal de Juan Jufré, el joven castellano que esperó dos años para conocer a su esposa con quien sus padres lo casaron por poderes en Sevilla. Vino de muy lejos, y desde 1562 esta subido casi quijotescamente al pináculo de nuestro fasto familiar por el sencillo hecho de haber sido el primero en presentar aquí el pasaporte de esa civilización desconocida hasta entonces, que se integró al augusto pueblo ya existente y de cuya mezcla hoy somos San Juan.

Había nacido en 1518 en un rincón castellano que llaman "Corazón de Tierra de Campos" ó "Ciudad de los Almirantes", pero cuyo nombre oficial es "Medina de Rioseco". Una ciudad señorial, que ya en época romana era un importante nudo de comunicaciones por lo que también recibió el nombre de "La India chica", y declarada hace varias décadas Patrimonio Histórico-Artístico de la provincia de Valladolid, capital de la actual Castilla y León, una de las 17 comunidades autónomas en que hoy se encuentra dividida España.

Adentrarse por sus reposadas calles en cuyo cielo se perfilan viejas cornisas y antiquísimas fachadas que se enredan con la prudente modernidad de unos cuantos edificios de reciente construcción, permite descubrir brochazos del mismo paisaje que conoció Jufré antes de su partida a América. Cuando es un sanjuanino quien la visita, surgen sentimientos encontrados, entre la bruma secular que es necesario sacudirse pronto para asegurar que no es un sueño.

A las doce del mediodía la huella de un cocido castellano (nuestro tradicional puchero de carne, chorizo, garbanzos, tocino y verduras) escapa de más de una casa, galopando inclemente en los ocasionales estómagos paseantes. Mientras, las veredas, pequeñas, antiguas, algunas visiblemente torturadas por el tiempo, aprueban sumisas el insólito trashumar de estos extraños pasos de allende Los Andes.

El olor del aire que sopla suave, parece la sabia confusión de agrestes aromas calingastinos humedecidos por el reciente chaparrón, mezclados en una enorme pila medieval cuya súbita presencia sume al visitante en la extraña profundidad de los siglos. Además, el perfil de las esquinas recuerda de inmediato un rincón de la ciudad de Jáchal, con quien esta ciudad tiene otras cosas comunes en la historia como el arreo de ganado en pie que fue clave en la economía de aquel siglo XVI del joven Jufré. Hoy sigue siendo Medina de Rioseco tierra de labor no irrigada, que centra su actividad agrícola en los cereales, en la ganadería (ganado vacuno y ovino) y en la industria de fundición de hierro.

De aquellos días de 1538 cuando con sus juveniles 20 años Juan Jufré partió hacia América, hacia Perú, hacia Chile, hacia Cuyo y Tulum, aún permanecen, erguidos y soberbios, grandes monumentos, numerosas tradiciones, un bellísimo paisaje de llanura agrícola y ganadera, y un aire de tranquilidad y sosiego que sella el encanto del pueblo. La iglesia de Santa María de Mediavilla, entre otras, que data del siglo XV, a la que acudió Jufré de niño tantas mañanas con sus padres don Francisco Jufré de Loaisa y doña Cándida de Montesa, está ahí altiva abriendo sus puertas como todos los días de todos estos siglos pasados. Y se encarama sobre el vientre del pueblo riosecano con la misma gallardía de aquel Siglo de Oro contemporáneo de Jufré. En la plaza Mayor se alza el Ayuntamiento y el Centro de Salud más importante. Por la avenida de Juan Carlos I, a la vuelta del convento donde en diciembre de 1580 pernoctó Santa Teresa de Jesús, se percibe el exquisito aroma a anís de unas delicias recién hechas. Es la pastelería "Marina", famosa en Castilla desde 1858 por la fórmula secreta de los pastelillos (harina, anís y aceite secretamente mezclados). Es la fascinante e inagotable continuidad de la vida, del tiempo, de la historia, del mundo, en esa ciudad con sus títulos de Muy Noble y Muy Leal, de poco más de 5000 habitantes en la actualidad, de donde partió el fundador de San Juan de la Frontera y nunca más volvió.

La experiencia de un sanjuanino en aquellas tierras representa zambullirse en la sempiterna luz castellana, creyendo descubrir de pronto un tácito romance entre Castilla y Tulum probablemente el mismo que envolvió a Jufré en su breve viaje a nuestra tierra de huarpes en aquel 1562. Algunos documentos existentes en el cercano Archivo castellano de Simancas muestran que, como conquistador, Jufré "no cifraba su éxito en la explotación de los indígenas sino en el trabajo personal (à) y trataba con gran humanidad a los indios en oposición de otros españoles que dejaron mucho que desear." Desde el 26 de octubre de 1552, cuando se casó por poderes con Costanza de Meneses, mientras él se encontraba en Perú, sintió confusas nostalgias y padeció pasmosos silencios, más allá de quienes le atribuyen, en ese lapso, alguna furtiva relación con cierta desconocida nativa. Pero el día llegó y Juan y Costanza (que había sido elegida para este matrimonio por los padres de Jufré), se vieron por primera vez en 1554 en Santiago de Chile, ciudad donde murieron ambos y reposan sus restos. Así comenzó la relación conyugal, ocho años antes de llegar a San Juan y fundar esta ciudad el 13 de junio de 1562.

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