lunes, abril 19

FINALMENTE, AYER LO TRASLADARON DESDE PUERTO MADERO, DONDE APARECIO, A UNA BARRACA EN LA BOCA

El último viaje del barco mercante, un hecho histórico y a la vez festivo

El operativo para mover el navío de 24 toneladas fue un éxito. Ahora lo preservarán.

El traslado del barco mercante español del siglo XVIII hallado en Puerto Madero en 2008, se convirtió ayer en una gran fiesta: la de todos los que durante un año y cuatro meses trabajaron para preservarlo, investigarlo y poder llevarlo a un lugar donde conservarlo.

Estuvieron desde los ingenieros de la empresa constructora que aceptó parar una parte de la obra del complejo Zencity para rescatar los restos, hasta los que diseñaron la estructura que sirvió para moverlos. Y, por supuesto, los arqueólogos y los investigadores que trabajan en el "Laboratorio del Proyecto del Pecio".

Todos siguieron con nervios y emoción el proceso para izar el barco y depositarlo en un enorme carretón, que recorrió lentamente las calles de Barracas y La Boca hasta Barraca Peña.

La actividad empezó temprano en Rosario Vera Peñaloza y Juana Manso, el lugar donde el barco reposó durante tres siglos. A las 7, la grúa de 250 toneladas ya estaba preparada y extendida hasta los 34 metros de altura. El navío, también se veía listo allí abajo rodeado por los cimientos de la construcción, tapado con una tela geotextil y protegido por la jaula diseñada por Tecnosub. "Pesa 10 toneladas y el barco, unas 24", contó Agustín Cartas, de la empresa.


"Este hallazgo fue algo increíble para la Ciudad -reflexionó el jefe de Gabinete porteño, Horacio Rodríguez Larreta, mientras observaba los trabajos-. No había experiencia sobre cómo manejar algo así, pero creo que lo hicimos bastante bien". Es la primera vez que se rescata una embarcación para preservarla.

El pecio, nombre técnico de los restos de un barco, mide 22 metros. "Creemos que su eslora era de 28 metros y que llevaba 100 tripulantes", contó el especialista en patrimonio subacuático Javier García Cano. "Es increíble el coraje de esas personas, que hace tres siglos cruzaron el océano en este barquito. Ellos fueron las proas que vinieron a fundar la patria, como escribió Borges", comentó el ministro de Cultura, Hernán Lombardi. También estaba el embajador español, Rafael Estrella: "Este barco refleja la historia en común de España y la Argentina, tan intensa y profunda", afirmó.

A las 9.25, la grúa de la empresa Roman empezó a izar suavemente la jaula con el barco. Había mucha expectativa: nadie sabía cómo iba a responder la vieja estructura de madera.

El guinche tardó 20 minutos en elevar su carga de 34 toneladas, girar y depositarla en el carretón. "Cuando apoyen el barco, aplaudamos", alentó Liliana Barela, la directora de Patrimonio de la Ciudad. Un grupo no pudo esperar y aplaudió antes. Los festejos se repitieron cuando el barco quedó acomodado, sano y salvo.

Todos quisieron sacarse una foto con el navío antes de que iniciara su último viaje. Muchos también aprovecharon para mirar la parte de abajo de su casco, que por entre la jaula se veía intacto y hasta con sus tornillos de hierro.

El carretón, con sus imponentes 96 ruedas, recién se puso en marcha a las 10.45. Aunque circuló mucho más rápido de lo que habían calculado, no fue fácil conducirlo por la Ciudad. Medía 19 metros de largo por 3 de ancho, pero su carga sobresalía 3 metros más hacia un costado.

El carretón avanzó por Brasil hasta Paseo Colón y siguió por Martín García. Pero cuando intentó doblar por Azara, se encontró con una inesperada feria callejera, por lo que tuvo que seguir hasta Montes de Oca y continuar por Suárez, avenida Patricios, California e Irala hasta Pedro de Mendoza.

A las 13, llegó a Barraca Peña, en Pedro de Mendoza al 3000. "El mayor problema fueron los árboles y algunos vehículos que molestaban, sobre todo en Irala y California. También hubo que levantar algunos cables", contó el ingeniero Angel Arecha, de la empresa Roman, poco después.

En Barraca Peña, un conjunto de depósitos de 1774, ya estaba acondicionado con arena y geotextiles el pozo, de 3,10 metros de profundidad, 25 de largo y 8 de ancho, para enterrar el barco. Allí esperaban el ministro de Desarrollo Urbano, Daniel Chaín, y el subsecretario de Planeamiento, Héctor Lostri. Chaín detalló: "Una vez posicionado el barco, vamos a envolverlo en geotextil, que es una tela que permite pasar la humedad pero no los restos orgánicos. Después vamos a taparlo con tierra libre de impurezas, usando palas, y a hacerle una tapa de hormigón". Y Lombardi dijo que en nueve meses podrían estar exponiendo todo lo que se encontró junto con el barco.

El ingeniero español Fernando García Diego, enviado por el Instituto Valenciano de Conservación y Restauración de Bienes Culturales, esperaba que llegara el barco para ponerle unos sensores. "Miden la conductividad de la madera, para ver su grado de humedad y si se está preservando -explicó-. Los sedimentos van a proteger al barco, pero hay que ir viendo cómo va actuando esa protección para hacer cambios, si es necesario. Porque enterrar el barco no es abandonarlo".

A las 17 la grúa volvió a izarlo y, con cuidado, lo pasó por encima de un muro para depositarlo en su puerto definitivo, dentro de la vieja barraca. Y todos los que trabajaron tanto para protegerlo, repitieron lo que ya se venía dando en un día gris: volver a aplaudir. w

1 y 2: El barco fue izado y depositado dentro de la barraca ubicada en la avenida Pedro de Mendoza. 3: Lo habían sacado por la mañana de la excavación en el Dique 1 de Puerto Madero.

Fuente Diario Clarin, 18 abril 2010

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