martes, diciembre 14

Grandes cambios en FamilySearch.org

Actualización de la web ya está disponible, y más mejoras por venir

SALT LAKE CITY-
FamilySearch anunció hoy varios cambios para su sitio web la historia de la familia, FamilySearch.org.
Los usuarios en línea encontrarán millones de nuevos registros y las imágenes, más de 40.000 artículos útiles, más de 100 cursos interactivos de enseñanza, y un foro dinámico para hacer preguntas personales genealogía.
Los cambios han sido puestos a prueba por algún tiempo. FamilySearch seguirá aplicando a nueva página web en fases para asegurar que todos los elementos críticos están funcionando como se desee. Una vez terminado, el sitio web será promovido de manera más amplia.
El nuevo sitio ofrece los siguientes beneficios libres de FamilySearch clientes:

* Millones de documentos históricos y los índices que se publican con mayor frecuencia.
* Una experiencia de búsqueda mejorada que se ve a través de más contenido y da resultados más exactos.
* Una próspera comunidad en línea genealógica, donde los clientes pueden dar y recibir ayuda.
* Un nombre de usuario y contraseña para todos los productos y servicios de FamilySearch.
* Responsable, confiable y escalable del hardware y software que permitirá que el sitio para crecer y mejorar.

FamilySearch ha publicado un documento útil llamado "Adaptarse a la nueva versión de www.familysearch.org" y un tutorial de vídeo que resume los cambios en el nuevo sitio. Estas nuevas guías se pueden encontrar en el documento "Cambios en FamilySearch.org" enlace.

La versión anterior del sitio seguirá estando disponible a través del período de transición.

domingo, diciembre 12

Viejos papeles de familia

Probanzas de Hidalguía.- Los Bulnes Casares de Yucatán son poseedores de un valioso manuscrito familiar. Se trata de un lujoso libro del siglo XVIII, con hojas de pergamino bellamente ilustradas a mano y a todo color, que incluyen el escudo de armas de su linaje y las firmas originales del Rey de Armas de S.M. Carlos III y las de los principales funcionarios reales de la Chancillería de Valladolid, de donde procede el documento.

Y es que dicho libro -más bien álbum- no es otra cosa que la versión lujosa de la ejecutoria de Hidalguía que don Josef Antonio Bulnes Casares Pérez Roldán Sánchez de Boedo y Cuesta, fundador de la familia en Yucatán, tuvo que mandar a tramitar en su pueblo natal, en 1788, para certificar su calidad de Hidalgo y Cristiano Antiguo, libre de toda "mala raza" de judíos, moros y gitanos, exigentes condiciones necesarias para que le fuera otorgado el cargo de Factor de la Real Renta del Tabaco, Aguardiente y Naipes, que desempeñó en la ciudad de San Francisco de Campeche, lugar de su primera residencia, antes de pasar a Mérida. De la Hidalguía, que equivale a Nobleza inmemorial, gozan todos los miembros de una misma familia, sin distinción de sexo, pero sólo la pueden transmitir los varones, que son los que otorgan perpetuidad al apellido.

Prueba Armera.- En el argot heráldico se denomina Prueba Armera aquella que certifica la posesión ancestral de un escudo de armas. Constituye una prueba difícil y complicada, dado que hay que retroceder varios siglos, hasta llegar al primer caballero que fue honrado por el Rey con dichas armas, por alguna hazaña guerrera en tiempos de la reconquista española.

Y sólo un Rey de Armas, capacitado como tal, puede certificarlo, apoyado en viejísimos documentos probatorios, o en antiguas casas solariegas que aún conservan sus escudos originales.

De no ser así, cualquier "escudo familiar" resulta ilusorio. Los Casares de Yucatán pertenecen al reducido grupo de familias, cuyos escudos son auténticos.

El Mayorazgo de la familia.- Según usos y costumbres de aquellas épocas, cada linaje tenía entre sus miembros a quien, por derecho genealógico correspondía el carácter de Mayorazgo, es decir el hijo mayor de cada hijo mayor en la cadena sucesoria de padres y abuelos, por línea de varón. En los Casares de Yucatán, este carácter viene a recaer en el Dr. Gustavo Casares Rendón y en su sucesión masculina.

Descendientes del Capitán Gral. Figueroa y Silva.- Los Casares figuran entre los descendientes del gobernador y Capitán Gral. de Yucatán, el Mariscal don Antonio de Figueroa y Silva Lazo de la Vega y Ladrón del Niño de Guevara (1725-1733), quien de su unión con Da. Isabel de Avila y Ancona, tuvo un vástago que figuró bajo el apellido Quijano y fue su nieta Da. María del Cármen Quijano y Cosgaya, a la vez bisnieta de Figueroa y Silva, quien casó en 1812 con D. Pedro Casares Armas, hijo del fundador de dicha familia en Yucatán. Figueroa y Silva fue quien erigió la Iglesia de Santa Ana, donde se encuentra su lápida sepulcral, en tanto que su hijo D. Juan Estéban de Quijano y Avila (quien llevaba los apellidos de quienes fueron sus tutores), edificó el templo de San Sebastián, los dos en esta ciudad.

Otra familia que se reúne.- La Academia Yucateca de Genealogía "Francisco de Montejo", también felicita a la distinguida familia Castellanos que en días pasados realizó un encuentro familiar, similar al de los Casares. En años pasados lo hicieron también las familias Arrigunaga, Vales y Millet.- Mérida, Yucatán.

hemeroteca@megamedia.com.mx

viernes, diciembre 10

La bebida nacional y la Historia Familiar

Las raíces sanjuaninas del vino

El vino fue declarado "Bebida Nacional" por la presidenta. Allí homenajearon a dos tradicionales familias vitivinícolas sanjuaninas. 

En Capital Federal la vitivinicultura argentina se vestio de gala para recibir de manos de la presidenta Cristina Fernández el decreto que declara al vino como "Bebida Nacional", distinción que se iba entregar el pasado 1 de noviembre pero que por la muerte de su esposo se postergó para esta fecha. Pero el reconocimiento fue mucho más allá y casi a modo de saldar una deuda histórica, se distinguio a dos familias tradicionales sanjuaninas que hicieron trascender a la industria del vino: Los Graffigna y los Pulenta. Don Juan Graffigna y Mario Pulenta fueron los encargados de recibir el galardón. DIARIO DE CUYO publicó el último 13 de junio en el suplemento "Forjadores del Terruño" sus ricas historias.

En 1862 desembarcó el primero de los Graffigna, don José, quien venía antecedido de un periplo que primero lo había tenido en California, Estados Unidos, y luego en el vecino país de Chile. Eligió Concepción para arraigarse y plantar las primeras viñas que llevarían su impronta. Luego se sumó su hermano Juan, quien lo acompañó hasta 1869, momento en el que se separó y decidió comprar tierras en la zona de Desamparados.
Familia PULENTA

Más tarde sería Santiago, que con apenas 12 años cruzó el Atlántico -a pedido de Juan- para echar raíces en San Juan. "Mi nono -por Don Santiago- fue a mi entender uno de los mayores visionarios que tuvo la vitivinicultura en el país y no quiero exagerar pero tal vez del mundo. Él hizo crecer a la empresa familiar y la llevó a la cúspide, e incluso cuando Juan y Emilio vinieron a la provincia y después volvieron a Italia, fue el nono el que siguió a pie firme con la bodega y los viñedos para hacerla grande y fuerte. De mi parte lo que hago es simplemente continuar con esta riquísima historia", contó anoche antes de partir a Buenos Aires, don Juan Graffigna, nieto de Santiago y tal vez uno de los últimos eslabones que siguen ligados a la industria, que a pesar de su longevidad siguen despuntando el vicio por la vitivinicultura. Santiago, columna vertebral de la familia, fue el primero en todo Cuyo en formar una Sociedad Anónima para que sus descendientes trabajen la empresa en base a un orden estricto y explícito.
Familia GRAFFIGNA

No menos rica es la historia de los Pulenta en San Juan y su vinculación con la industria vitícola. Esta familia, que tuvo como primer eslabón con la provincia a don Angelo Antonio Polenta, que por una mala inscripción en el Registro Civil argentino terminaría siendo involuntariamente rebautizado como Pulenta, apellido con el que finalmente trascendió. A San Juan llegó luego de trabajar como empleado en una finca mendocina y recibir por parte de su patrón unas tierras en la zona de Pie de Palo para que las labrara; fue así como Angelo y sus 9 hijos comenzaron la noble tarea de multiplicar sus tierras a base de esfuerzo y sacrificio.

Luego de que muere Angelo, sus hijos forman la Sociedad Colectiva Pulenta Hermanos, que allá por 1956 pasaría a llamarse Bodegas Peñaflor, en San Martín. Sus vinos se hicieron populares en todo el país y la bodega se convirtió en una gran familia, comentan todavía aquellos viejos habitantes de la zona que guardan en sus retinas las anécdotas que pintan de cuerpo entero a los Pulenta. "Este es un reconocimiento a todos los inmigrantes, principalmente a los españoles y los italianos, que fueron los que eligieron en su mayoría a Cuyo para quedarse. Ellos fueron los que vinieron acá sin prácticamente nada y trabajaron la tierra cuando esto no era absolutamente nada. A mí me emociona ser distinguido en nombre de la familia, es una enorme satisfacción recibir un galardón, es el merecido premio a todos los que hicieron grande la vitivinicultura sanjuanina y recibirlo el mismo día que el vino es declarado bebida nacional, hace que sea aun más importante", dijo Mario Pulenta.

martes, diciembre 7

Hallan cartas de Sarmiento en el armario de una escuela

Quizá fue por obra del azar o por una jugada del destino: una bibliotecaria de la Escuela N° 1 San Miguel del Monte de la ciudad de La Plata, encontró olvidados en un viejo armario del colegio una serie de manuscritos de Domingo Faustino Sarmiento, de Marcos Sastre, de Francisco Berra y de otros especialistas de la educación, que ayudarán a entender cómo funcionaba el sistema de enseñanza bonaerense durante la segunda mitad del siglo XIX y principios del siglo XX.

Se trata de 70 rollos fechados entre 1858 y 1929 que permanecieron inmaculados en un mueble (que, según un grupo de investigadores que visitó el establecimiento, no se abría desde hace medio siglo) y que fue abierto por casualidad cuando se decidió acomodar la biblioteca de esta escuela, ubicada a 102 kilómetros de la capital provincial.

Los primeros volúmenes, escritos de puño y letra por el propio Domingo Faustino Sarmiento, reúnen cartas, informes, pautas de conducta en el aula y consejos a los maestros sobre distintas cuestiones como la disciplina.

También se hallaron manuscritos de Marcos Sastre y de Francisco Berra, que fueron los primeros directores generales de Escuelas que tuvo la provincia de Buenos Aires, y que dejaron una marca indeleble en la raíces de la educación argentina.

"La verdad es que no podíamos creer el buen estado de conservación de estos manuscritos, que tienen 150 años de antigüedad. Estaban enrollados, a modo de papiros, y sólo abrimos los más antiguos, de 1858", explicó ayer a La Nacion el director del Centro de Documentación e Información de la Educación bonaerense, Rafael Gagliano.

El funcionario agregó: "Ahí encontramos las cartas de Sarmiento y de Sastre. Leer el primer volumen nos dio una visión global de la magnitud del hallazgo".

Profesor en historia de la educación argentina, el especialista de la Dirección General de Cultura y Educación bonaerense viajó a la ciudad de San Miguel del Monte para hacer una primera evaluación de los documentos y certificar si, efectivamente, se trataba de manuscritos originales de Sarmiento.

"Lo primero que me llamó la atención fue una carta de 1858 enviada por el director de una escuela de Monte, que le pide a Sarmiento consejos sobre cómo debía proceder con un chico que tenía problemas de conducta. Sarmiento le respondió con un consejo muy duro: le dijo que suspendiera durante un año al chico de la escuela y que visitara a los padres periódicamente para ver cómo se seguía portando el alumno durante ese año de castigo", dijo Gagliano.

Fuente: Notiexpress/La Nación 

La descubridora
Graciela Rodríguez no puede salir de su estupor. Durante toda la mañana, esta maestra de primaria ha recibido llamadas de distintas radios y museos para que relate cómo fue que halló, en un armario del colegio, una serie de manuscritos olvidadosCuenta una y otra vez que, con motivo de la celebración del Bicentenario, las autoridades del colegio le pidieron que hiciera un informe sobre la historia de la escuela, fundada en 1816.
"Busqué material en la dirección, en la secretaría y en la biblioteca. Pero realmente quedé sorprendida cuando encontré unos rollos muy antiguos dentro de un armario que estaba en un aula del nivel secundario. Pregunté a varias maestras y a la directora, pero nadie se acordaba bien de cómo había llegado ese armario al colegio y porqué estaba ahí."
 La docente dice que, tras encontrar los documentos decidió llamar al historiador del pueblo, Alejandro Cortez, que les aconsejó dar aviso a la Dirección General de Cultura y Educación bonaerense. Se trataba de documentos muy antiguos y no valía la pena correr riesgos.
"Abrí uno de los rollos y comencé a leer. Era un volumen de 1858, pero contenía cartas de Sarmiento de 1857 y un estatuto que reglamentaba la enseñanza en las escuelas bonaerense, escrito por Sastre. Hice una especie de inventario en un cuaderno con la fecha de los manuscritos de ese volumen y un resumen de lo que decían. En realidad, no sabía la dimensión y valor histórico de los documentos, hasta que vinieron los especialistas de la Dirección de Escuelas", cuenta Rodríguez.
Rosa Calle es, desde hace tres años. la directora de la Escuela N° 1. Afirma que desde que llegó al colegio nunca se imaginó que ese armario podría esconder manuscritos y documentos que permitirán conocer como era la educación de la provincia a mediados del siglo XIX y principio del XX.
"El armario nunca estuvo cerrado con llave y pasó inadvertido como un mueble más del establecimiento. Cuando descubrimos los rollos trasladamos el armario a la biblioteca. El director del Centro de Documentación e Información de la Educación bonaerense, Rafael Gagliano, luego de verlos nos aconsejó que los dejemos tal cual estaban, hasta que nos envíen un especialista en manuscritos del siglo XIX", señala.
Cuenta la directora que, una vez que trascendió la noticia, la comunidad educativa de San Miguel del Monte se vio conmocionada por el hallazgo. "El intendente nos ofreció reforzar la seguridad en la escuela y nadie aquí quiere que los manuscritos dejen de estar en el colegio."
Por eso, el inspector jefe del distrito, José Almeida, decidió que los maestros de la Escuela N° 1, además de dictar una clase especial sobre el descubrimiento de los manuscritos, realizaran una tarea casi antropológica. "La idea es que, en los próximos meses, alumnos y maestros comiencen a entrevistar a docentes y directores retirados que pasaron por el colegio, para poder develar la historia de cómo llegaron esos 70 rollos a la escuela." 


domingo, diciembre 5

Descansar en paz en Tulcan....que lujo!!!!!

Un Cementerio de Ecuador, declarado Patrimonio Cultural del Estado, sitio Natural de interés turístico y Patrimonio de la Humanidad segun la UNESCO.










Felicitaciones a los hermanos ecuatorianos!!!!!

jueves, diciembre 2

Espumosa Historia

Historias y tradiciones de una espumosa costumbre
Docentes de la cátedra Historia Social de la UNL revisaron la vida de Otto Schneider y la cultura del consumo de cerveza en nuestra ciudad. Elaboraron un libro, en el que no faltan fotografías de antiguos bares y patios cerveceros.
Malteado, maceración, fermentación y maduración son las etapas de la producción de la cerveza.
4.jpgLúpulo, cebada y levadura son los ingredientes básicos para elaborar la cerveza, con el agregado de agua de buena calidad. En la búsqueda de un lugar donde pudiera conseguirla con esas características, don Otto Schneider -un maestro cervecero- llegó de su Prusia Oriental natal a principios de siglo a nuestra ciudad.
La tradición popular le confiere a este visionario y emprendedor -que formó parte de los comienzos de la Cervecería Santa Fe y que fundó su propia planta, que perpetúa su apellido- la autoría de dos marcas distintivas de la comunidad santafesina hasta la actualidad: el liso y los patios cerveceros.
Este mito y muchas otras anécdotas de este inmigrante quedaron plasmadas en el libro “Otto Schneider. Tradición alemana en Santa Fe, cuna de la cultura cervecera argentina”, que surgió de una investigación realizada por miembros de la cátedra de Historia Social de la Universidad Nacional del Litoral. Su producción estuvo a cargo del profesor titular, Mg. Luciano Alonso, y contó con la colaboración de los profesores José Larker y Luisina Agostini.


Aporta un conocimiento histórico de la sociedad santafesina de la primera mitad del siglo XX en aspectos de su vida cotidiana y repasa la historia y los orígenes de Schneider. Sin embargo, según se aclara en la introducción, va más allá de la biografía de este emprendedor para tratar de enlazar su historia personal con la que denomina “historia social de la cerveza”, o sea con una identificación de los actores sociales y de las formas de sociabilidad alrededor de la producción y consumo de la bebida.


FAMILIA CERVECERA
El libro reseña que Otto Eduard Moritz Schneider nació el 6 de abril de 1872 en Osterode, en la Prusia Oriental. La región -explica- había sido zona de colonización alemana desde al menos el siglo XIV, pero en ella se entremezclaban pueblos polacos, lituanos y rusos, cuyos hábitos de consumo y en especial su gusto por la cerveza no eran muy diferentes de las tradiciones germano-orientales.
En este sentido, aclara que la cerveza constituía desde muchísimo tiempo atrás un componente esencial en la alimentación de las culturas campesinas europeas. Densas, pesadas y con texturas, colores y sabores muy variados, aportaban un porcentaje importante de calorías a las dietas de las clases populares, que no accedían a los vinos meridionales que podían consumir las clases dominantes.
Otto Schneider -agrega- era un maestro cervecero y provenía de una familia con una larga tradición en la materia. Sus padres, Julius Schneider y Wilhelmine Meyke, eran propietarios de un establecimiento productor de cerveza, (...) que habría aplicado máquinas de vapor. Eso constituiría una innovación importante para la época, cuando la mayor parte de las cerveceras aún usaban cocción a fuego.
POR QUÉ SANTA FE
Otto Schneider eligió Santa Fe por la calidad de sus aguas para la elaboración de cervezas. Sobre este punto, los autores de la obra justifican: “En Santa Fe se desplegó una dinámica de relación entre producción y consumo que justificó el lema de ‘Ciudad Cervecera’ que, hacia los años 30, ya utilizaba una de las empresas. Esa particularidad se extiende hasta hoy en día, cuando la ciudad tiene un consumo per cápita de cerveza fluctuante entre los 60 y 70 litros anuales que, aunque está lejos de algunos parámetros europeos, prácticamente duplica la media nacional e -incluso- la de la propia provincial, de la cual es capital”.
Don Otto también ocupó un rol destacado dentro de la sociedad de su época. Tuvo participación accionaria, fundacional y productiva en esas dos grandes cervecerías de nuestra ciudad y un carisma especial, ya que se constituyó como un maestro cervecero al que se le asocian mitos e historias.
Luciano Alonso explicó que “el texto está construido en base a la información obtenida de periódicos de época, archivos oficiales y privados, fuentes orales y registros fotográficos. Tomando a la figura del biografiado como exponente de una nueva clase empresaria en una región en transformación, la investigación avanzó sobre aspectos que permitieran comprender un modo de sociabilidad que atravesaba las diferencias sociales”.
De tal manera -acotó- las clases medias, las mujeres, las clases populares y, dentro de éstas, específicamente los trabajadores cerveceros, aparecen aludidos en relación con una configuración local en torno a la producción y consumo de un producto.
VASOS SIN TALLAR
La investigación se explaya también en ese mito de atribuir la autoría del término liso a don Otto Schneider. “A principios del siglo XX parece haberse adoptado la costumbre de servir la cerveza de barril en vasos transparentes y sin tallar, a veces cilíndricos y a veces ligeramente cónicos, que originalmente tenían un tercio de litro de capacidad. Aunque en distintas regiones argentinas se fue imponiendo esa modalidad, reemplazando a las jarras de vidrio y cerámica o a los vasos tallados en Santa Fe tomó de manera exclusiva el nombre de liso”.
“Algunos comentaristas -continúa- consideran posible que esa denominación haya referido a la acción de tirar el sobrante de espuma “alisando’ la boca del vaso con una tablilla, pero en la ciudad se mantiene una tradición oral que asigna a Otto Schneider la invención del término. Parece ser que cuando llegaba a la antigua Chopería Alemana, ubicada en la céntrica esquina de las actuales calles 25 de Mayo y La Rioja, pedía que le sirvieran la cerveza en un vaso liso de capacidad menor que la de las jarras. De esa manera, podía sentir el frío de la bebida más fácilmente, al tiempo que esa cantidad se consumía más rápidamente y el chop no se entibiaba en la mesa”.
La atribución a don Otto de la invención del liso adquiere en la ciudad las características de mito local. Y como en todo mito, sus detalles son inciertos, su datación imposible, su constatación indebida, acota.
Cabe agregar que este emprendedor creó el denominado Recreo Schneider, una confitería con jardines que había instalado junto a su fábrica de cerveza, como era costumbre en su país natal, lo que se considera su propio patio cervecero.
BARES Y CHOPERÍAS
Por otra parte, el libro menciona a los distintos recipientes en que se comenzó a distribuir o servir la cerveza, incluyendo tanto al barril, los porrones y otras botellas más delicadas, como al liso, los balones o los satélites, de mayor capacidad.
No falta tampoco la referencia a la forma de “tirar” el liso o chop, respecto a lo cual advierte que “en la zona se sirvieron tempranamente con un poco de espuma o “cuello’, a diferencia de otras regiones, en las cuales se prefiere sin ella”.
Varios párrafos se dedican a las diferentes choperías que fueron surgiendo en la ciudad como consecuencia de “la promoción comercial de las cervecerías”, que instaló “la costumbre de beber cerveza en reemplazo de los copetines y las bebidas blancas”.
Esto ocurría hacia 1910-1920, cuando se pasa de beber vinos, ginebras y licores para consumir cada vez más porrones, jarras y vasos de cerveza. Pero se multiplicaron estos lugares hacia la década de 1930 en oportunidad de la competencia entre las cervecerías Santa Fe y Schneider y en el marco de la recuperación económica.
Así, surgen los primeros de la zona céntrica: la chopería Gambrinus, de la familia Spengler, ubicada sobre la céntrica calle San Martín; el café y bar Carlitos, que habría funcionado en Rivadavia al 2700; Café Modelo, luego conocido como Chopería Modelo, ubicado en Mendoza entre San Jerónimo y San Martín, de Juan Struch; o el bar Pilsen, situado en San Martín al 2600, de Martín Gutiérrez; la Chopería Alemana, de la familia Dempke, en La Rioja y 25 de Mayo; el Gran Chop, en Salta y 9 de Julio, propiedad de Manuel Almiral; el Cabildo, en Salta y Cortada Bustamante, al lado del Mercado Central; el bar Derby, en Tucumán entre San Martín y San Jerónimo; entre otros tantos que luego se expandieron por otras zonas de la ciudad.
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cervecería santa fe inauguró su patio cervecero frente a su planta de barrio candioti.
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la casa de la cervecería (ex museo) recuerda la vida de otto schneider.
PARA COMPARTIR ENTRE AMIGOS
La costumbre de reunirse con amigos a compartir una cerveza también está analizada en la investigación. “Reunirse a tomar cerveza se instaló como una manera de pasar el tiempo entre amigos, en ocasiones durante horas del día y en cantidades ingentes (...). En distintos lugares se formaban grupos de varones adultos que encontraban en los bares un espacio de debates y comentarios, en ocasiones pagando por adelantado a los mozos o camareros un número crecido de lisos, que éstos iban trayendo a medida que se bebían”.
Según aclara, las mujeres comenzaron a encontrarse en los bares en los años ‘20, aunque en espacios diferentes al de los varones y que en raras ocasiones consumían bebidas alcohólicas.
No obstante, dice que “el uso femenino de cerveza era asociado en general a la noción de un alimento más que a un disfrute compartido. A tenor de lo testimoniado por la familia Hirsch, hasta mediados del siglo todavía las mujeres la bebían en la etapa de lactancia de sus hijos o consumían malta para incrementar la producción de leche, e incluso los niños la probaban. Pronto esa concepción dio paso a la participación en el consumo social del producto”.
Respecto a los patios cerveceros recuerda que se fueron abriendo en los clubes barriales o anexos a las vecinales, como el del Club Sarmiento, de barrio Candioti, Necochea e Independiente, este último de barrio Roma.
Muchos de ellos -comenta- permitían a los asistentes llevar su propia comida y sólo mantenían la exclusividad de la venta de la bebida, con lo que resultaban más atractivos para quienes no podían gastar mucho en una salida o para los que no querían desperdiciar los sobrantes de una reunión familiar.
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Otto Scheneider fue un maestro cervecero alemán que logró dejar un legado clave para la industria cervecera nacional.
+datos PRESENTACIÓN
El libro fue presentado en la Feria del Libro por sus autores, y también participaron Juan Pablo Barrale, jefe de Relaciones Institucionales de Cervecería Santa Fe, y el secretario de Extensión de la Universidad Nacional del Litoral, Ing. Gustavo Menéndez.
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TEXTOS. mariana rivera. FOTOS. GENTILEZA CERVECERÍA SANTA FE
http://www.ellitoral.com

miércoles, diciembre 1

La historia de un pueblo que nació con otro nombre

Comenzó a llamarse Gonnet en 1931, pero en sus orígenes fue Adolfo Alsina

Desde 2003, el aniversario de Manuel B. Gonnet se conmemora el 26 de noviembre, fecha que se corresponde con la de la escrituración de la venta de los primeros lotes para viviendas en la zona, con el fraccionamiento de la chacra número 23, propiedad de los señores Ramón Paz y Manuel García Durán, que sumaban además los terrenos que hoy pertenecen al club Universitario y la República de los Niños.

Fueron los primeros compradores: Enrique Girola, José y Benito Fígari, Esteban Ferraria y Calixto Leunda.

Ese loteo, era denominado en las primeras décadas del siglo XX con el nombre de Adolfo Alsina. A su vez, la estación de trenes fue puesta en servicio a partir del 15 de febrero de 1889 y clausurada por el Ferrocarril del Sud el 4 de setiembre de 1901. Posteriormente, el ministerio de Obras Públicas de la Nación ordenó a la empresa ferroviaria la reapertura, que se produjo el 19 de agosto de 1913, "a petición de los vecinos de Adolfo Alsina".


El 28 de agosto de 1931 la estación Adolfo Alsina fue rebautizada bajo el nombre de Manuel B. Gonnet. Las reiteradas confusiones entre esta estación y el partido homónimo de la provincia de Buenos Aires -sobre todo con la entrega de correspondencia-, provocaron que la Sociedad de Fomento solicitara el cambio de nombre por el actual.

La denominación se escogió en honor al primer Ministro de Obras Públicas que tuvo la Provincia de Buenos Aires y respetado legislador de la época.

MAS ATRAS EN EL TIEMPO
Cabe recordar que en 1909, Luis Castells hizo lotear parte de la estancia de Punta Lara que había sido adquirida a Jorge Bell para formar allí un nuevo centro de población. Castells propició la subdivisión de parte de sus tierras, contratando al agrimensor Félix Lenzi, quien realizó el fraccionamiento de 169 manzanas, divididas en cuatro lotes de 50 metros por 50 cada uno.

El 7 de noviembre de 1909, el rematador Antonio Santa María sacó a subasta cerca de 700 lotes en el gran "Café Colón", en diagonal 80 Nº 1038 de La Plata, a cuatro pesos mensuales el cuarto de manzana y a 8 pesos la media manzana, en 80 mensualidades. El remate fue un éxito y durante el primer año se vendieron 445 de los 700 lotes ofrecidos. Así quedó establecido en un voluminoso legajo archivado en la Dirección Provincial del Registro de la Propiedad.

El historiador Juan Alvarez Gelves, vecino de Gonnet, ha podido averiguar que, por resolución del Ministerio de Obras Públicas de la Nación, el día 19 de agosto de 1913, el Poder Ejecutivo Nacional ordenó la reapertura de la entonces estación Adolfo Alsina, que permanecía cerrada desde 1901. Según consta en el boletín oficial, la medida fue tomada debido a los pedidos realizados por los vecinos en ese sentido.

LOS PIONEROS
Si uno desea conocer en profundidad la historia de un pueblo, no puede dejar de lado a sus pioneros. Detrás de las fechas, las resoluciones ministeriales y los decretos oficiales que autorizan o reconocen la existencia de un pueblo está su gente. Personas de carne y hueso que han abierto los caminos que hoy disfrutan las nuevas generaciones. Pioneros que enfrentaron la desolación y la adversidad junto a sus familias y sus sueños. Gonnet no escapa a esta constante. Tras un loteo aparentemente poco afortunado, familias de inmigrantes cargados de esperanzas y sin grandes fortunas llegaron a este lugar para convertir a sus tierras en un pujante pueblo.

Los Rossi, los Marenzi, los Grattoni, los Mercante, los Zambano o los Blanc, entre otros, son los representantes de esos pioneros en Gonnet.

ALGUNAS HISTORIAS
Juan Zambano llegó de Italia al puerto de La Plata en 1894 con 21 años y dos liras en el bolsillo. Trabajó como peón de campo y, más tarde, como albañil en la construcción de la catedral platense. Con sus ahorros, después de un tiempo, compró en 1904 su primera casa en medio del campo.

Ubicada en camino General Belgrano y 505, su primera propiedad se convirtió muchos más años después en el conocido restaurante "La terraza". Allí tuvo su primer horno de ladrillos.

Más tarde se mudó junto a su esposa, Clara Lizzoli, a la tradicional casa de la familia en 503 y 19. Allí nacieron el resto de sus siete hijos.

La suya fue una típica casa de campo en la que todos los quehaceres estaban a cargo de los integrantes de la familia. El cuidado de la huerta y los animales, la elaboración del pan y la producción que sería el sustento de la familia: la fábrica de ladrillos. Aún guardan sus descendientes los carros con los que llevaban los ladrillos a la ciudad en tiempos de la construcción de los grandes edificios públicos de la joven capital provincial.

Creador junto a otros vecinos de la Sociedad de Fomento, Zambano fue uno de esos personajes que, sin estridencias, hicieron historia. Sus hijos siguieron su ejemplo y continuaron luchando por el crecimiento del pueblo.

Gelindo Grattoni llegó de Europa para encargarse de diseñar y mantener los jardines de la facultad de Agronomía en La Plata. Más tarde, con la creación del Club de Golf del frigorífico Swift, Grattoni se convirtió en el capataz del nuevo centro de recreación y deporte.

En la década del 20, él construyó la tradicional casa en la que actualmente funciona el Centro Comunal de Gonnet. Su familia vivió en ese lugar hasta el año 1996.

Grattoni fue propietario de uno de los primeros autos de la y como la partera más cercana vivía en la calle 32 de La Plata, cuando estaba por nacer un chico lo venían a buscar para que fuera con su coche a buscarla. Los niños nacían en sus casas.

Historias de vida como tantas otras que hacen a la historia cotidiana de un pueblo. Como éstas se podrían contar muchas otras, pero siempre habrá una oportunidad para esto porque Gonnet sigue creciendo a pasos agigantados.