viernes, febrero 17

Historias de Inmigrantes:

En un pequeño valle de los Alpes marítimos italianos, en la provincia piamontesa de Cúneo, se encuentra la comuna de Busca, a pocos kilómetros de Cúneo y de la frontera francesa, con sus imponentes montañas y sus picos nevados.
El pueblo todavía conserva vestigios de su muralla, que servía de protección contra las invasiones externas. En ese valle fértil tenía sus tierras de labranza la familia Isaia: Mauro Isaia y Teresa (Enza) Bertaina.
En ese pequeño pueblo había nacido uno de sus hijos, Michele Isaia, un joven soñador y aventurero.
Michele había escuchado hablar sobre un país llamado Argentina, adonde se estaba impulsando la inmigración europea desde mediados de 1850 y adonde ya habían partido muchos compatriotas.
Se trataba de un país con grandes extensiones de tierra, ideales para el cultivo y la cría de ganado. El gobierno argentino estaba impulsando una gran corriente inmigratoria, basada en la fertilidad de sus tierras y las ventajas que se ofrecían a los inmigrantes bajo la consigna de poblar el país.
Fue así como el joven Michele, de 21 años, junto a muchos de sus compatriotas decidió emigrar a América en busca de un futuro mejor. Partió desde el puerto de Génova en el buque llamado “Tibet” y la travesía duró largos días en ultramar. El buque llegó al puerto de Buenos Aires en 1886.
Este joven de religión católica, soltero y de profesión jornalero, seguramente tendría muchas posibilidades en un país tan grande y tan poco poblado. De Buenos Aires luego partió hacia la provincia de Santa Fe, para radicarse en una pequeña colonia llamada Grutly, distante a unos 65 kilómetros al oeste de la cuidad capital de Santa Fe. Hacía poco tiempo que la colonia se había formado con inmigrantes alemanes y suizos.
EN TIERRAS VÍRGENES
Michele -un joven de contextura robusta y fuerte- rápidamente consiguió trabajo en el campo, arando con bueyes las tierras vírgenes de la colonia. Enseguida hizo amistades con otras familias italianas que hacía poco tiempo habían llegado al lugar.
Así fue cómo conoció a una joven piamontesa oriunda de la comuna de Dronero, Giulia Pomero, hija de Santiago Pomero y Lucía Dutto. Michele tenía 21 años y Giulia 15 años cuando se casaron.
Michele y Giulia contrajeron matrimonio religioso en la parroquia Natividad de la Santísima Virgen de Esperanza, un pueblo pujante que tenía molinos harineros, donde llegaba la producción de la región. Esta población -que había sido fundada por inmigrantes alemanes, suizos y franceses en el año 1856- quedaba distante a unos 35 kilómetros de la colonia de Grutly.
Luego de algunos años de sacrificio y de luchar con las inclemencias climáticas y las plagas de langostas, la familia Isaia pudo comprar tierras para la labranza en Grutly Norte. Además, tenía una pequeña vid con la cual elaboraba su propio vino para consumo familiar, tal como lo hacían en su tierra natal, Italia.
Michele construyó la casa en el campo a pocos kilómetros del pueblo, adonde formó su familia y vivió hasta sus últimos días. Michele y Giulia tuvieron cuatro hijos y a uno lo llamaron Mauro, en honor a su abuelo paterno Mauro Isaia, a quien no pudo conocer porque había quedado en Italia.
Mauro se casó con María Luisa Brunassi/Brunasso, hija de Lorenzo Brunassi y Clara Pomero, de nacionalidad italiana. Los Brunassi/Brunasso eran oriundos de la pequeña comuna de Frassinetto en el Piamonte.
HERMANOS Y FAMILIA
Mauro y María Luisa se casaron en la localidad de Felicia en 1910, fruto de ese matrimonio nacieron cinco hijos: Teresa, Miguel, Lorenzo, Vestasio y Ema.
Vestasio (Toto, también llamado Eustaquio) cuando era joven quería ser sacerdote, siempre iba a misa con sus padres y era monaguillo en la pequeña iglesia de Grutly. Su bisabuelo, Santiago Pomero, hizo construir una capilla en el campo que adquirió cuando llegó a Argentina, que luego se vendió.
Una de sus hermanas, Ema, estaba de novia con Ismael Barlassina; así fue cómo Vestasio conoció a la hermana de Ismael: Nélida Barlassina, una hermosa joven de cabellos dorados, delgada, de carácter fuerte, luchadora y valiente. Además, era una excelente modista desde los 15 años, también de origen italiano de la región de Lombardía.
Luego de algunos años de noviazgo, Vestasio y Nélida contrajeron matrimonio religioso en el año 1944 en la localidad de Progreso. Allí se dedicaron a las tareas rurales: trabajaron en un tambo y en la agricultura. La pareja tuvo un sólo hijo: una niña a la que llamaron Norma María Clementina (Clementina le pusieron por su abuela materna, Clementina Mondino).
DULCE Y HERMOSA
La pequeña Norma era dulce y hermosa. Sus mejillas se sonrojaban cuando hacía alguna travesura con sus amigas o su primo Carlitos en la casa de sus abuelos maternos. Norma siempre fue muy compañera de sus padres pero tenía debilidad por su padre, un hombre de carácter sereno y corazón noble. La pequeña se convirtió en mujer pero siempre conservó su ternura y la inocencia que la caracterizó desde niña. Era una joven estudiosa y aplicada, siempre colaboraba en los quehaceres del hogar y en los trabajos del campo.
Norma se casó y tuvo cinco hijos: uno de esos hijos Claudio, que decidió contar la historia de su familia materna de origen italiana, orgulloso de su familia y de los valores que siempre le inculcaron su abuela y su madre.
Aunque el recuerdo de los orígenes tienda a borrarse con el paso del tiempo, la familia nunca olvidó sus raíces italianas y conservó sus costumbres, las recetas de la abuela, las pastas y el idioma (dialecto piamontés) que siempre se hablaba en el hogar.
02.jpgLas generaciones nacidas en Argentina contrajeron matrimonio con otros colonos italianos o descendientes de esa misma nacionalidad. Contar la historia de mi familia materna me llena de alegría y además es una forma de homenajear a los seres queridos que ya no están.







Norma María Clementina Isaia a los 3 años.



01.jpgNorma se casó y tuvo cinco hijos, entre ellos, Claudio.
 TEXTOS. CLAUDIO FABRE.
Fuente: EL LITORAL

miércoles, febrero 15

En busca del tatarabuelo

La moda del árbol genealógico. Cientos de ciudadanos se han convertido en detectives privados de su pasado familiar. Quieren descubrir su árbol genealógico. El Registro Civil y las parroquias, que han recibido instrucciones de "prevención", dan fe de este interés. Incluso hay una empresa que confecciona árboles desde 300 ?. La genealogía ya no es sólo patente de nobleza.


Uno se ha criado con sus padres, guarda recuerdos -vividos o contados- de sus abuelos, y tal vez haya oído hablar alguna vez de alguno de sus bisabuelos. ¿Pero quiénes fueron sus tatarabuelos? ¿Y los padres y abuelos de sus tatarabuelos? ¿Cómo se llamaban, dónde nacieron, cuándo murieron? Esa curiosidad por conocer la historia familiar, por rastrear archivos del Registro Civil y libros parroquiales hasta completar el árbol genealógico personal, es un fenómeno de moda.
Que se lo digan si no a Pilar Bayona, funcionaria del Registro Civil de Valencia y habituada ya al "goteo constante" de gente que le pide partidas de nacimiento de sus familiares más remotos. "Hay más ganas de saber quiénes fueron los antepasados de uno mismo", constata Pilar, aunque a veces haya anécdotas que lo desaconsejen: "Vino un chico de 27 años a solicitar la partida de nacimiento y aquí mismo se enteró de que era adoptado", cuenta mientras atiende al personal.
Que se lo digan también a Ramón Fita, archivero diocesano de Valencia, quien no duda en hablar de "una avalancha de solicitudes" en las parroquias valencianas por parte de particulares que desean averiguar su pasado familiar. Tanto es así, explica, que ya se están digitalizando los libros sacramentales para facilitar las consultas, y que la jerarquía eclesiástica aprobó hace un año un protocolo específico para estos casos en virtud del cual "los curas -resume Fita- han de atender a esta gente, pero también han de seguir algunas prevenciones: no se puede dejar un libro sacramental a una persona para que se lo lleve a casa; o no se puede dejar a una persona sola consultando un libro parroquial sin vigilancia, porque podría arrancar una página o causar daños".
A esa tarea investigadora se ha dedicado con verdadero entusiasmo José Antich Brocal, historiador y cronista oficial de Silla, de 62 años. "Inicié la investigación por una curiosdad o necesidad personal de conocer quiénes fueron mis antepasados, y también entraba dentro de un proyecto global de investigar todos los linajes de mi pueblo", explica. Tras tres o cuatro años de incansable dedicación a ratos libres, José ha podido reconstruir su linaje familiar con bastante exhaustividad. Por la rama paterna, el apellido Antich, ha ido enlazando antepasado hasta llegar a la segunda parte del siglo XVI. Uno a uno, ha localizado el nombre y los datos básicos de todos sus antepasados por vía paterna. Con el segundo apellido, Brocal, se ha quedado estancado a mitad siglo XIX por unas dudas documentales. Como él, existen cientos de ciudadanos valencianos reconvertidos en detectives aficionados que hurgan en registros civiles y archivos parroquiales para saber un poco más sobre la eterna pregunta: ¿De dónde venimos?

Empresario del árbol genealógico
Hasta hace relativamente poco ésta era una práctica exclusiva de las familias de rancio abolengo; aquellas casas con ilustre ascendencia que necesitaban justificar su origen para conseguir un título nobiliario. Pero las cosas han cambiado. Lo cuenta Martín de Oleza, barón de Alcalalí y Mosquera y letrado experto en derecho nobiliario. "Hay gente -dice- que rebusca en sus orígenes por fortunas o intereses, que quiere sacar algo de provecho con esa investigación familiar. También hay mucha otra gente que quiere ser noble, que quiere tener un papelito que lo atestigüe para poderlo enseñar. Sin embargo, también hay personas, y cada vez más, que sienten la necesidad de conocer mejor sus orígenes sin ninguna ínfula de grandeza. Sólo quieren saber de dónde vienen. Y eso, creo yo, es una curiosidad innata al ser humano", afirma.
Como buen emprendedor, Martín de Oleza ha montado un negocio para satisfacer esa curiosidad. Su empresa, Sociedad Jurídica Nobiliaria, está formada por genealogistas y abogados especializados en genealogía y derecho nobiliario. Su labor principal consiste en indagar en los antepasados familiares del cliente para justificar su derecho a un título nobiliario hereditario o su potestad para ingresar en órdenes militares y reales maestranzas de caballería. Pero además, también atiende a clientes que desean, por simple curiosidad y sin finalidad práctica, localizar genealógicamente a sus parientes remotos o conocer con mayor profundidad sus orígenes familiares. Es decir: el cliente paga y los profesionales de la empresa elaboran su árbol genealógico.
Cada caso exige un esfuerzo y el precio varía, pero -para hacerse una idea- tener un árbol genealógico que se remonte hasta los bisabuelos puede costar unos 300 euros; reconstruir los orígenes de uno mismo hasta los tatarabuelos eleva los honorarios hasta los 400 ó 500 euros; y retrotaerse hasta los antepasados familiares de principios del siglo XIX -siempre que se pueda- rondaría los 750 euros. Eso sí: las dificultades pueden encarecer mucho el precio.

El genealogista de coche y manta
Aunque los amateurs apasionados coinciden en que es menos emocionante, éste es el método cómodo, el de no ensuciarse las manos de polvo en antiguos archivos ni gastar suela yendo de un sitio a otro para muchas veces no conseguir nada. El genealogista que rastrea los antepasados por encargo es Luis-Bertrán Vidal Franco. Hijo de uno de los más grandes genealogistas valencianos de la historia (Luis Alfonso Vidal de Barnola, fallecido en 2008), Luis explica que el afán genealogista pega con fuerza en Sudamérica. "Nos están entrando muchas peticiones de investigación procedentes de Latinoamérica. Nietos de españoles que emigraron allí el siglo pasado y que quieren averiguar sus orígenes. Eso ha aumentado por esa nostalgia de España y por la facilidades comunicativas surgidas con internet. Pero en estos casos, la mayoría de veces se trata de búsquedas a ciegas, de coche y manta".
Padrones municipales antiguos, archivos parroquiales, archivos militares si pertenecía al EjércitoÉ "Es una labor muy dura patear parroquias y mirar papeles, en la que el cura de turno te suele poner trabas y a veces necesitas un día entero para encontrar una sola partida de nacimientoÉ Y al final, aparte del olfato, muchas veces depende de si el archivo parroquial lo quemaron en la Guerra Civil o no. Es una lotería".
Y a José Antich, el cronista de Silla, le ha tocado. Por eso no duda en animar a los interesados. "Que no decaigan en este intento loable por encontrar los orígenes y la identidad en una época donde todos se preocupan por los idiomas, la informática y los conocimientos provechosos. Porque todo lo que tiene de laborioso este trabajo lo tiene de satisfactorio cuando sabes quiénes fueron tus antepasados". La aventura empieza en el Registro Civil y continúa en quién sabe qué parroquias.

El 70 % de los archivos de iglesias, quemados
"Investigar en Valencia es llorar". Así de contundente se muestra Ramón Fita, archivero de la diócesis de Valencia. "Más del 70 % de los archivos parroquiales de la diócesis de Valencia -explica- desaparecieron en los años 30. Por eso, poder reconstruir el pasado familiar de uno mismo más atrás de 1870 (fecha de inicio del Registro Civil en Valencia) depende en ocasiones de la suerte de si el archivo de la parroquia en cuestión se conserva o no". Fita hizo un exhaustivo trabajo sobre el estado de cada archivo parroquial de la diócesis ("La documentación eclesiástica en la Archidiócesis de Valencia en la década de los años 30", en la "Revista d'arxius"). Mirarlo facilita el trabajo antes de salir de casa dispuesto a investigar.
 Paco Cerdà
Valencia
Fuente: levante-EMV

domingo, febrero 12

Los apellidos genoveses en Canarias: nociones previas para los estudios genealógicos

El apellido familiar los genoveses solían cambiarlo por el que denominaba al Albergo al que pertenecían, constituido por la asociación de varias familias con vistas a la realización de operaciones comerciales, reforzando sus alianzas en diversas ocasiones a través de reiterados enlaces matrimoniales.
De igual forma, dentro del albergo, las relaciones empresariales familiares no se veían mermadas. Al contar con un elevado número de descendientes dedicados a los negocios, muchas familias genovesas consiguieron establecer estrechos vínculos entre los principales centros mercantiles.
“En tiempos de Colón estas actividades estaban en manos de 149 familias agrupadas en 35 “alberghi”. Cada individuo adoptaba como apellido el nombre del albergo a que estaba afiliado, renunciando al suyo propio. Generalmente el albergo recibía el nombre de la familia coaligada más destacada, pero a veces se elegía un nombre nuevo. Así pues, puede afirmarse que las tres cuartas partes de los mercaderes, banqueros y navegantes genoveses utilizaban un nombre distinto del de su linaje verdadero. Esto supone que en la construcción de la genealogía de estos individuos tiene tanta o más importancia la mecánica onomástica de los “alberghi” que la lógica de la sangre.”
Nuevo apellido señal de adhesión al albergo
Como hemos señalado, el parentesco que no se reducía solamente al marco estricto de las relaciones familiares, sino que se ampliaba para abarcar también a otros grupos familiares que se agregaban a alguna gran familia o constituían un nuevo clan, abandonando su apellido y adoptando el nuevo en señal de adhesión.
Junto con los constituidos por las grandes familias nobiliarias, se crearon nuevos albergos procedentes de la fragmentación de clanes anteriores, o bien de la constitución de nuevos “albergi popolari”. Este fue un fenómeno bastante común en la Génova del XV, siendo su motivación fundamental la asociación de varias familias con vistas a la realización de operaciones comerciales, aunque también los constituían familias que habían inmigrado recientemente a la ciudad.
Redes de solidaridad
En uno u otro caso, la solidaridad que existía entre sus miembros constituía una estructura perfecta que facilitaba tanto la acogida del recién llegado a la ciudad o a la plaza mercantil en el exterior, como el flujo de información o la red de relaciones que permitían efectuar los negocios con mayores garantías.
De esta forma, operaba con gran perfección y amplitud el conocido mecanismo de la cadena migratoria, lo cual puede contribuir a explicar la intensa movilidad que practicaban los genoveses, ya que en cualquier parte podían hallar un punto de apoyo que les introdujese en la localidad de destino. Y el mismo sistema podía favorecer su rápida integración en la estructura social cuando el asentamiento adquiría un carácter definitivo.
El modelo de empresa que se utilizaba estaba también muy influenciado por estas redes de solidaridad. Frente al centralismo de la casa matriz florentina, el sistema genovés se basaba en la actividad de pequeñas empresas que tenían un mayor grado de flexibilidad. Se trataba de negocios individuales o sociedades de corta duración que unían a personas vinculadas por lazos de parentesco o de solidaridad.
Con actuación multiespacial, se constituían o disolvían con cierta rapidez e integraban a personas que residían en una o varias ciudades. Operaban todo tipo de mercancías y realizaban operaciones financieras de forma complementarias con el fin de facilitar los pagos entre las diversas plazas comerciales. A finales del siglo XV desarrollaron funciones bancarias.
La importancia de sus asentamientos en Andalucía y su contribución al desarrollo del tráfico atlántico les permitió intervenir con intensidad en la colonización de las islas Canarias y el comercio colonial. La mayoría de ellos controlaban sus negocios desde Andalucía, enviando familiares o factores para que residieran temporalmente en las islas.
La afluencia de otras minorías junto a la tendencia a integrarse considerablemente en la sociedad, con unos índices de avecindamiento y de enlaces matrimoniales con la población autóctona bastante elevados. Los más enriquecidos (como los Riberol, Cairasco, Viña, Ponte,..) se vincularon a la élite local y ocuparon puestos de relevancia en la administración municipal o real.
En síntesis, el albergo es una institución puramente genovesa, bastante original. Al principio -en pleno siglo XIII- constituía la reunión de todas las casas de la misma sangre en forma de alianzas familiares; pero, a principios del siglo XIV emerge otra forma de agregación, consistente en la reunión de diversas familias ligadas por estrechos vínculos matrimoniales o por meros intereses económicos. Las familias que constituyen un albergo toman el mismo apellido, las mismas enseñas y armas nobiliarias y se reconocen emparentadas entre sí. El vínculo que une estas agregaciones es más fuerte que la parentela o “parentate “, es decir más que la propia sangre. Generalmente los miembros de un albergo habitan en el mismo barrio de la ciudad de Génova, al que dan su nombre y enriquecen con bellos palacios.

sábado, febrero 11

A los 99, camina, lee y disfruta de la vida

Si no fuera porque ella misma lo cuenta, nadie podría decir a simple vista que María Gabriela Calderón de la Barca de Zimmermann cumplirá 100 años dentro de tres miércoles. Muy coqueta, recibió ayer a LA NACION en el parque de su casa de San Isidro. "Tuve una vida normal y bastante sana. Los médicos me sacaron los remedios hace poco. Dicen que estoy muy bien -cuenta-. Eso sí, soy muy rica en cariño."
No es para menos. Cuando toda la familia se reúna para celebrar su cumpleaños, habrá que usar más de una mesa porque la convocatoria suma 11 hijos (tuvo 12, pero una murió), 54 nietos y 65 bisnietos... "Pero tendría que volver a contarlos [a los bisnietos] porque hay como seis panzas más en la familia", aclara de inmediato.

Una familia tan numerosa no le deja demasiado tiempo libre. Va a misa todos los días, sus nietos la invitan a almorzar o cenar, y dos veces por semana hace yoga con una profesora. "Bueno, es el yoga que puedo hacer -se excusa-, pero me hace bien. Así peleo contra la artrosis."
Además lee LA NACION a diario y muy a fondo: "Me interesa mi patria -dice, y se conmueve-. Todo se repite, pero con distintos personajes. Noto que hay como una ola de ignorancia, a la vez que una gran necesidad de mostrar y mostrarse, de show-off. Sí avanzamos en los descubrimientos, como en la medicina y la electrónica. Pero como civilización, volvemos hacia atrás".
También cuenta que le gustaría salir a caminar más seguido. Cuando lo hace, elige una vereda "que esté lisa", para evitar un tropezón, aunque cuando camina lo hace con paso seguro. Tampoco necesita ayuda para sentarse o levantarse de la silla que utiliza durante la entrevista.
Todos los días, María Gabriela, a la que todos llaman "Tuntén", se despierta entre las ocho y las nueve, pero duerme siesta de tres a cinco de la tarde. Es una costumbre que mantiene desde que amamantaba a sus hijos. Ahora se autodefine noctámbula. Es que la noche es el momento en el que lee y escribe, sin que suene el teléfono. "Escribo lo que me gusta y también lo que me disgusta -dice-. Ahora, le estoy respondiendo 15 preguntas que me hizo uno de mis nietos en un cuaderno. Las llama «Las preguntas del corazón»; quiere que le cuente cosas como qué me sorprende, qué pienso de la vida, qué es la familia, el amor. Ya respondí siete...".
Cuando se le pregunta si disfruta de la vida, Tuntén contesta con un enérgico "sí" . Y con una sonrisa..

Fuente LaNacion

Libro: HISTORIA GENEALOGICA ARGENTINA

"Muy lejos de la vana frivolidad social, este interesante libro busca explicar genealógicamente nuestra historia a través de los parentescos que unían y unen entre sí a sus protagonistas. La conquista -sostiene Narciso Binayán Carmona- fue una cuestión de familia. Tres nombres sucesivos concibieron la unificación del actual territorio argentino: Francisco de Aguirre, que dio nombre a Santiago del Estero, la más antigua ciudad argentina (1553); su consuegro, el oidor Juan de Matienzo, y Juan Ramírez de Velasco, que propuso en 1586 una gobernación cuyos límites serían al norte, la audiencia de Charcas -final del altiplano andino-, al sur el estrecho, al oeste la cordillera y al este el Paraná y el Plata (sólo quedaba afuera la Mesopotamia).

De mil doscientas familias en tiempos de Felipe III (siglo XVII) multiplicadas para mediados del XIX en cerca de un millón de almas, el núcleo criollo, estimado hoy en la cuarta parte de la población, se puede resumir -aparte de sus componentes indígena y africano- en veinte grandes grupos familiares originados en Castilla, Portugal y Navarra. La obra trata también de "todos los hombres del mundo que quieran habitar el suelo argentino", dando un pantallazo genealógico de las más diversas colectividades: los italianos (mitad de la población del país), alemanes, eslavos, árabes y judíos, y grupos menores como irlandeses, armenios, galeses, escandinavos, húngaros, escoceses, chinos, japoneses, boers, etc. El autor ha rastreado incluso la "memoria familiar" preamericana asequible en cada caso. Esta Historia genealógica argentina refleja así el crisol único del país en que vivimos.

Autor: BINAYAN CARMONA, NARCISO
Editorial:EMECE

viernes, febrero 10

En busca de las raíces del linaje

Los archivos diocesanos de Tui-Vigo y Ourense suman 2.000 visitas anuales, la mayoría para conocer su pasado.

Hacer la genealogía de un linaje puede resultar una aventura fascinante y además despierta la curiosidad histórica. La mayoría de las personas que deciden retroceder en el tiempo a través de sus raíces, terminan indagando en el contexto histórico de sus ancestros. Se trata de una labor que requiere tiempo, pero que cada vez acomenten más ciudadanos. Solo los archivos de las diócesis de Tui-Vigo y Ourense suman unas 2.000 visitas anuales, la mayoría de ellas de personas que están interesadas en completar el árbol genealógico de la familia.

ÁGATHA DE SANTOS - VIGO No solo quienes tienen un título nobiliario o son de origen hidalgo indagan en sus raíces familiares. Es más, en los últimos años, quienes consultan los archivos eclesiásticos civiles son personas que nada tienen que ver con la nobleza, según Carlos Acuña, presidente de la Asociación de Genealogía, Heráldica y Nobiliaria de Galicia. "Quienes tienen títulos nobiliarios ya conocen el origen de su linaje. Es la gente que no los tiene la que más acude a la asociación para asesorarse de los pasos que debe de seguir para hacer su árbol genealógico", explica. Indagar en las raíces depara siempre alguna sorpresa a los investigadores porque en muchos documentos se constatan aspectos como la profesión y tampoco es raro encontrar que en algún momento de la historia, una de las ramas familiares entronca con algún apellido de la baja hidalguía o alguna casa importante.

Para Acuña, el interés por la historia familiar responde a la necesidad del ser humano por conocer sus raíces. "Con la herencia familiar nos sucede algo parecido que con nuestro idioma, que defendemos porque lo sentimos como propio. Queremos saber quiénes somos y de dónde venimos. El saber es algo innato en el ser humano", argumenta.
Según el presidente de esta asociación, fundada en 2001, quien empieza una investigación genealógica siempre quiere ir más allá en el tiempo:"Hay muchos que empiezan con su familia y después investiga la de otros. Y además, terminan estudiando también el contexto histórico: qué pasaba en ese momento, quién gobernaba, cómo vivían...". Quien lo desee, además, tiene la posibilidad de publicar su investigación en la revista anual de la asociación. El único requisito: hacerse socio. ¿El coste? Veinte euros al años. "Todos los años publicamos una veintena de investigaciones en nuestro boletín y consultas recibimos todos los días", dice.
La partida de bautismo o de nacimiento de los padres es un buen punto de partida para comenzar a construir el árbol genealógico, ya que en este documento aporta, además de los datos del bautizado, los de sus padres y los cuatro abuelos. A partir de aquí, solo hay que ir buscando las partidas de nacimiento de cada uno de los familiares. Las actas matrimoniales son también otra valiosa fuente de información, así como otros documentos, como partidas de defunción, testamentos y escrituras. Hasta 1870, esta información se puede obtener tanto en los registros civiles como en los eclesiásticos. Sin embargo, para consultar datos de personas en fechas anteriores a la creación de los registros civiles hay que acudir a las parroquias, que desde 1563 tienen la obligación de llevar estos registros, y que se conservan en los archivos diocesanos.
El de la diócesis de Tui-Vigo, sin embargo, conserva una más antigua aún. "La más antigua que se conserva data de 1541 y es una partida de casados. Todos los archivos de las parroquiales con más de cien años están en el archivo", explica el canónigo archivero de la diócesis de Tui-Vigo, Avelino Bouzón. El sacerdote reconoce que no podría decir cuántos volúmenes guardan las estanterías del archivo, aunque calcula que poniéndolos en línea recta, ocuparían dos kilómetros.
Bouzón atiende entre 40 y 50 peticiones –presenciales, telefónicas y vía correo electrónico– cada semana de profesores, investigadores de la universidad e interesados en la genealogía familiar. "Las administraciones tendrían que preocuparse por estos archivos, que son propiedad de la Iglesia, también son un patrimonio histórico común. Aunque el archivo está muy bien conservado, habría que digitalizarlo porque el papel, aunque esté en las condiciones idónea, termina deteriorándose. Sería una forma de garantizar su conservación", añade.
Tanto el canónigo archivero de Tui-Vigo como el de la diócesis de Ourense, Miguel Ángel gonzález, reconocen que en los últimos tres años, la afluencia de peticiones de partidas de bautismo se han disparado, aunque el motivo no es el creciente interés por la genealogía, sino la Ley de Memoria Histórica, que ampliaba la posibilidad de acceder a la nacionalidad española por un periodo de dos años a partir de su entrada en vigor, en 2008. "Interés por los orígenes familiares ha habido siempre. Por aquí pasan al año casi mil personas y el 85% viene para hacer su árbol genealógico. La aglomeración de peticiones es por personas, mayoritariamente de Iberoamérica, que necesitaban acreditar su origen gallego para solicitar la doble nacionalidad", afirma González. 

Fuente: farodevigo.es

 

De monumentos, olvidos y desidias

La Ciudad de Vera de las Siete Corrientes atesora un valioso patrimonio tangible como pocas en el país. Es, en verdad, como Capital de Provincia histórica y trascendente, el reflejo de lo que también contiene su interior profundo, tan pleno y tan sobradamente bello en todo lo atinente a la herencia identitaria, al sentido de pertenencia transmitido a través de los objetos y las ideas, pensamientos, mentalidades, el legado tangible, pero también intangible, del que debemos sentirnos sanamente envanecidos y saber, a mas de cuidarlo, exponerlo por la riqueza inconmensurable que en cualquiera de sus órdenes puede Corrientes, mostrar, al país, y también al mundo.
La Ciudad de Corrientes, destaca en el fárrago de su exuberante patrimonio, un arte escultórico de calidad y trascendencia, no solo por las obras en si mismas reveladas, sino por quienes las fraguaron para el fin último, rendir justo homenaje de recordación y memoria eterna hacia hombres y gestas, rendir culto al arte en si mismo, expresar los sentimientos más profundos y los ideales más entrañables y queridos, de belleza, conforme el gusto y la mentalidad del tiempo en que fueron creados. Cualquiera sea el sentido, la sola ostentación pública significó para la ciudad un componente mas para hermosearla y para la comunidad, un elemento nuevo para su deleite.
Cierto es sin embargo que desde hace algún tiempo, tiempo ya preocupantemente prolongado por cierto, la sociedad heredera del patrimonio legado, pero custodia circunstancial y temporal del mismo en el compromiso de pertenencia y legataria a los que vengan, no está respondiendo, o para mejor, lo está haciendo con un desdén lastimoso, una falta de conciencia, una gran ignorancia y por sobre todo, dejando que ese legado sea cobardemente atacado, manifiestamente profanado, burdamente mancillado, casi tanto como aquella “Diana de Falguiere” cuando las hordas populistas de abril de 1953 al incendiar el aristocrático Jockey Club de Buenos Aires no conformaron su furia destructiva con lo que de por si ya estaban haciendo, sino a mas se ensañaron con la bellísima escultura, lujo y orgullo nacional, mutilándola por placer y cobardía… Un poco de esa historia, entre verdades y fantasías noveladas conto muy luego Beatriz Guido en “El Incendio y las Vísperas”…
Pero sucede que, volviendo al tema de marras, lo que nos está aconteciendo a los argentinos en general, a los correntinos en particular es triste por la cuasi indiferencia en la que nos sumimos. No estamos tomando las medidas del caso, “o el toro por los cuernos” para hacer mas castiza la expresión. Estamos perdiendo la conciencia agobiados por las urgencias cotidianas, y la ciudad de todos parece ser o terminar  siendo, la de pocos o la de nadie. Nos estamos acostumbrando a ello, y nos desentendemos de la defensa de su patrimonio, de nuestro patrimonio escultórico que está sufriendo las vejaciones más dolorosas, sin que medien razones para explicarlas o entenderlas. Simplemente, desaprensivos e ignotos ciudadanos que se suponen son poco menos que imberbes, o no -en muchos casos no- atacan nuestros monumentos y los destrozan en el mezquino placer de pasar el rato, de tal vez, no sentirlos como propios, y por sobre todo de la gran ignorancia de los que son, expresan significan, esos monumentos, y a quienes los debemos. Doble valoración por cierto, una intrínseca, el monumento y su conmemoración en sí mismo, y extrínseca, la otra, quien lo hizo, quien lo ideó, quien plasmó su sueño en ellos.
Esto nos lleva a otras cuestiones como ser la necesidad de una mayor concientización docente al respecto, de hacer carne y en serio aquella frase célebre de los grandes de la Generación del 80 “educar al soberano”.
La emisión del último programa “En el Camino” con el periodista y escritor Mario Marcik como conductor, realizado íntegramente en Corrientes y dedicado a su historia, mostró en sus imágenes aspectos lastimosos que nos despertaron verguenza ajena.E l bello monumento a Mitre -a quien ya hace tiempo lo despojaron de su espada- y a las Cautivas, ubicado en emblemático lugar del Parque homónimo, antiguo Campo de Marte y escenario funesto y sangriento de una de las batallas más terribles y dolorosas de la América Hispana, “la Batería”, lucía para verguenza de todos, pintarrajeado literalmente, olvidado y destruido, tristemente manoseado, y no por que no se tomaran las medidas para su puesta en valor, que las hubieron hace unos años, con los costos consabidos de esfuerzo humano, de restauradores y elementos, con decisiones claras y precisas para su restitución al recorrido urbano, sino que sencillamente no se lo valoró en esa costosa y sacrificada recomposición que experimentó, y volvió a caer en el toqueteo del grotesco irrespetuoso de los delincuentes que consumen sus horas entre el tedio, la haraganería y la tilinguearía propia de los inútiles.
Corrientes, lo decíamos, puede mostrar al país una herencia histórica, artística, cultural de primer orden, y en el aspecto escultórico mucho, curiosamente, pero aun sin la conciencia conservacionista y valorativa que debe primar en principio, en su sociedad, y en final como política pública de Estado. Tal vez valga recordar que el citado Monumento a Mitre y las Cautivas, en verdad un grupo escultórico que reune bronce, mármol y piedra en torno a un obelisco que se yergue sobre el río y debe, seguramente desde este, ofrecer una magnífica imagen de imponencia, tiene una belleza singular y llamativa. Inaugurado hacia 1941 en acto público, fue concebido por el eximio escultor argentino Luis Perlotti cuya casa en Buenos Aires atesora un museo dedicado a su memoria. A propósito, valga la recordación, en el escritorio y biblioteca de la casa historiada de los Cabral de Corrientes, aquella mansión fantasmal de la calle Tucumán, hay una fotografía auténtica de este artista trabajando en torno a su proyecto, y aun mas, entre cartas de Juana de Ibarbourou y otros escritores de su tiempo, una maqueta sobre este monumento que el mismo Perlotti obsequió a los descendientes de una de las cautivas, Da. Jacoba Plaza de Cabral, una maqueta tan parecida, no igual, a la que se guarda en el Museo Histórico de Corrientes junto a otras maquetas de Perlotti referidas a monumentos varios que ofrendó a nuestro pueblo. Porque a decir verdad, fue, Perlotti, el gran escultor de los años veinte-treinta para Corrientes.
Este grupo escultórico de Mitre y las Cautivas siguió al Mausoleo levantado a la memoria del Gobernador Genaro Berón de Astrada en el atrio de la Iglesia Catedral Metropolitana, una tumba que no por sus medidas sino por su estilo y conformación ameritan el título auténtico de Mausoleo. Y esto viene a cuento, pues una vez, por medios periodísticos, un reconocido historiador nos cuestionó públicamente que llamásemos mausoleo a la tumba de Berón de Astrada, recordándonos cuál era el origen de la palabra y su relación con el famoso y viejo Rey Mausolo…Otro asunto.
Sobre un triángulo rodeado por esculturas de bronce que alegóricamente simbolizan la Patria, la Libertad y la Constitución, ideales que levantó Corrientes en sus Cruzadas Libertadoras contra la Tiranía Rosista, se yergue una gran urna de bronce en cuyas fachadas laterales el escultor expresó en sobre relieves, escenas importantes de la historia de Corrientes. Bronce y mármol conforman la tumba en memoria del Mártir de Pago Largo, un mausoleo que mereciera el título de Sepulcro Histórico Nacional, desde 1946, y como tal se encuentra, en el ámbito de la Catedral Metropolitana, el primer templo de la Provincia bajo cuyas bóvedas de cañón corrido, yacen también, casi en el anonimato incomprensible, otros ilustres prohombres de Corrientes. Esa tumba de Berón de Astrada llegó en algún tiempo a un grado de deterioro lastimoso solo salvado cuando se puso en valor el atrio catedralicio y se le restituyeron elementos a la propia tumba por entonces sumida en el más absoluto abandono. Es que ni siquiera nuestras tumbas, como en el viejo Egipto, se han librado de sus propias rapiñas.
Fue Perlotti también quien ideó el no construido monumento ecuestre al Gobernador Genaro Berón de Astrada, sobre la Costanera vieja, en 1939. A el mismo se le debieron la estatua en tamaño natural del Gobernador Mariano Indalecio Loza que se alza en el patio neoclásico de la Escuela Normal homónima de la ciudad de Goya, como que al mismo Perlotti se le encomendaron los bustos de Juan Gregorio Pujol, en el patio externo de la Escuela Normal de Maestras  -como era entonces “de Maestras”- de Corrientes, un altorrelieve en una de las galerías internas conocida como “Las Tejedoras”, los bustos de Mariano Moreno, en la Escuela N°4 de la Ciudad, de Domingo Faustino Sarmiento en el señalado Parque Mitre, y también en la Escuela N° 2, el de Belgrano, en los interiores de la Escuela Graduada N°1, el Cristo Resucitado que corona la bóveda de Vidal, y la de Nalda en el Cementerio San Juan Bautista, etc.
Afortunadamente el historiador Hernán Felix Gomez en su “Lugares y Monumentos Históricos de Corrientes” o en su “La Ciudad de Corrientes” se  tomó el tiempo y el esfuerzo de recopilar información e inventariar los emblemas de la Ciudad. Esas obras son el referente memorioso al que acudir cuando queremos recuperar el arte y la historia de una sociedad que pierde conciencia de lo que fue, primer síntoma que los antiguos atribuían a la decadencia de las civilizaciones.
Enfrente mismo de la Catedral, en tantas veces despojada Plaza Cabral, la plaza que tuvo menos suerte de todos los espacios verdes a partir de las desafortunadas intervenciones sufridas desde principios de los setenta, y que, a decir verdad, hoy está mas digna de lo que estuvo en los últimos tres lustros, se alza sobre un insulso monumento que desplazó al pedestal historicista original, la estatua del Sargento Juan Bautista Cabral, fundida con el bronce de los cañones españoles, y debida a otro destacadísimo escultor Camilo Romairone, en 1887, cuyas obras valoradas en toda la Nación, son orgullo de la Patria. Es, parece, la única obra de Romairone en la ciudad y en Corrientes lo que lo colocan en situación de pieza única. También conformaban el conjunto del monumento al menos las dos estelas rectangulares originales que se conservan, y algo mas, que ya no existe, o se lo llevó alguien mas que el viento.
Otra plaza, entre tanto, llamada indistintamente “Plaza de la Cruz” o “Plaza José Ramón Vidal”, para volver hoy a ser denominada como originalmente la conocía la sociedad, guarda en el centro mismo, sobre un pedestal de piedra roja, la estatua del gran héroe civil de la fiebre amarilla que azotara la ciudad en 1871 tras la gran contienda de la Guerra con el Paraguay. Es el monumento al Dr. José Ramón Vidal, una obra hecha en bronce por otro ilustre escultor argentino, Juan Carlos Oliva Navarro, del que los correntinos casi nada sabemos, no por desconocerse su vida y obras, sino por -como en los casos de Perlotti y Romairone- no saber que sus obras están entre nos.
Sobre el pedestal de Vidal, en sus cuatro fachadas de piedra están insertas en cuatro rectángulos, escenas de la epidemia y de los héroes civiles que acompañaron heroicamente, por amor a la comunidad, en tiempos en que toda la población huía despavorida a sus campos, sus quintas, sus estancias, tratando de confundirse y pasar desapercibida, escapar de la epidemia que con su guadaña desgarradora hacía víctimas a diario. Junto a estas inmortales escenas cuajadas en cuadros de sobrerrelieve, los nombres de los practicantes inmolados, en letras de realce. De las cuatro allí habidos, ninguna queda. Alguien o muchos se ocuparon de quitarlas de su sitio y llevárselas sin que jamás fueran restablecidas. Un nuevo daño se había cometido, no al monumento solo, a la sociedad en su conjunto que deja que le roben sus bienes mas preciados.
En 1928-29, hurgando los depósitos del Congreso Nacional, aquel gran Gobernador de Corrientes que supo ser el Dr. Benjamín Solano Gonzalez, tal vez el mandatario que mas y mejor se ocupó de la cultura de los correntinos -y de quien se decía por su cercanía y amistad con el Presidente Yrigoyen este hizo retrasar la “intervención reparadora radical” sobre el gobierno conservador de Corrientes- halló entre las esculturas que la gran Lola Mora había hecho para el edificio del Congreso Nacional, una estatua de mármol de Carrara que representaba al Gral. Carlos María de Alvear. Ya por entonces, se había eclipsado la estrella de Lola y torpes ciudadanos, politiqueros de pacotilla y mandamás de turnos se arrojaban la autoridad de cuestionar sus obras y suponerlas obcenas…. Pero eso es también otra historia. Al encontrar la magnífica escultora que Lola Mora dedicó a la memoria del Gral. Alvear, el Dr. Gonzalez que no era manco en cuestiones de saber, invocando el supuesto origen correntino de Alvear, gestionó el traslado de la estatua y muy pronto esta se levantó sobre un bellísimo basamento, también de piedra roja, adornado con bronces y alegorías representativas de la heráldica nacional, en el área fundacional original de 1588, monumento que en verdad parecía estar en la periferia de la ciudad de entonces, en las intersecciones de las avenidas Costanera y  3 de Abril, pero que hoy constituye una inmejorable ubicación en lugar estratégico y permanentemente visitado. Sin embargo, pocos saben que este bellísimo monumento es de la primera gran escultora argentina, Lola Mora, y aun hoy, entre el olvido y la desidia, y alguna que otra pieza de bronce quitada, pasa desapercibido.
Irónicamente no ocurre lo mismo con otra escultura emblemática de la ciudad, que todos la conocen y a todos llama la atención e incluso generó en su tiempo acalorados debates cuando el Padre Esteban Bajac, uno de los más ilustres historiadores, poeta clásico y sacerdote ilustrado a la europea como que era un fiel representante de la formación sólida y profunda del clero de entonces, opinó que era una burda imagen de la mujer indígena correntina y que mas valía arrojarla al fondo del río que mostrarla como emblema de las féminas. Era y es la Taragüi, primer premio escultórico del año 1936 en el Salón Nacional de aquel año, premio por cierto para el correntino Amado Puyau, un artista que no tuvo la mejor suerte al verse truncada su vida tempranamente y habiendo pasado a la inmortalidad por esta su obra, su única obra de valor conocido, que no obstante ello, y de guardarse su maqueta en el Museo de Bellas Artes de Corrientes, este bronce, al alcance de la mano de todos, -como que  fue pensado para alzarse sobre una escultura- ha sufrido todos los ataques posibles y las faltas cometidas en su contra por desaprensivos, acaso por traviesos alumnos del Nacional, primero, y por ignotos habitantes de la ciudad que descargan como con el monumento a Mitre y a las Cautivas, sus iras, sus retorcidos pensamientos, acaso, sus frustraciones y sus mediocridades.
En suma, y en conclusión, sin que esto sea ni pretenda ni tan siquiera parecer un inventario, que no lo es, del arte escultórico en Corrientes a través de sus principales representantes a nivel nacional, -ya de hecho el Prof. Marcelo Fernandez se ha ocupado del tema en otro momento- al menos los citados son obras elocuentes del arte de los argentinos que a los correntinos nos toca en suerte y nos llama a la responsable conservación de los mismos. Ahora bien, sabido es que el olvido y la desidia, la ignorancia y la inconciencia han conducido al estado calamitoso interminable y desaprensivo que nos conmueve. Cuál será entonces la respuesta?. Muy sencillo. En otras partes del país ya se ha hecho, y en tanto no sepamos respetar estos nuestros monumentos públicos, valiosos porque nos representan y por toda la riqueza que encierran en formas, pensamientos, autores, ameritan en principio, ser restaurados, recuperados, iluminados y finalmente enrrejados.
Las vallas serán los heraldos que custodiarán el arte para salvarlo de los ultrajes, de las las intemperancias de los marginales, de sus ansias destructivas, y hasta tanto las libertades se las entiendan en su real magnitud.
Lo contrario sería mantener lo que a modo de título encabeza esta pobre reflexión.

 Datos del Autor
Miguel Fernando Gonzalez Azcoaga
Miguel Fernando Gonzalez Azcoaga
Profesor en Historia y Geografía y Licenciado en Historia. Nativo de Itatí. Miembro de Número de la Junta de Historia de Corrientes, del Instituto Correntino de Ciencias Genealógicas, del Instituo de Investigaciones Históricas y Culturales de Corrientes y Director del Museo Histórico de Corrientes "Tte. de Gdor. Manuel Cabral de Melo y Alpoin". Es autor de libros y folletos sobre Historia de Corrientes.

Fuente: Corrientes Opina