miércoles, julio 14

El Legajo Tinoco aclara la historia e independencia de Fuenteheridos, España

Rodolfo Recio, Eduardo del Valle y Julio Gómez donan al pueblo un archivo documental inédito · La colección incluye el pago por la 'secesión' de Galaroza

La localidad serrana de Fuenteheridos recibió el pasado fin de semana de la mano de Rodolfo Recio, Eduardo del Valle y Julio Gómez un amplio legajo de documentación relativa al pasado más reciente del pueblo desde el siglo XVIII hasta el presente con importantes revelaciones de la historia local. Los secretos históricos entregados incluyen los legajos de su denominación popular y la compra de su independencia de Galaroza por 54 personalidades locales.

El acto tuvo lugar en la tarde noche del pasado viernes en el salón de plenos del Ayuntamiento de Fuenteheridos con la presencia de una treintena de vecinos y el alcalde, Martín Martín Corbacho, como anfitrión de esta entrega de documentos de la historia del municipio que será custodiada en el archivo local bajo el nombre de Legajo Tinoco.

El gran impulsor de esta idea ha sido el escritor e investigador local Rodolfo Recio en su ímpetu de aunar mediante la investigación de numerosos archivos institucionales y personales parte de la historia de su pueblo, ya que Fuenteheridos, por diversos motivos y atrocidades de ciertos momentos históricos como los años de la Guerra Civil, carecía de gran parte de su pasado en los siglos más próximos al actual.

La reunión de documentación contó con momentos curiosos.

El arquitecto Eduardo del Valle, debido a su labor profesional cuando restauró parte de la parroquia del Espíritu Santo, debía conocer la historia y origen del mismo. Por lo cual se vio obligado a pedir toda la documentación necesaria a distintos archivos y aprovechando la ocasión solicitaba todo lo que llevaba el nombre de Fuenteheridos. En cuanto a Julio López, gracias a que su padre mantuvo y custodió por generaciones los legajos, ha sido posible obtener parte del tesoro de José Tinoco, entre otras joyas desde el punto de vista archivístico.

El Legajo de Tinoco, tal y como ha sido denominado por estas tres personas, contiene en primer lugar parte del tesoro de José Tinoco, un personaje muy reconocido en la historia local. De hecho, el propio Rodolfo Recio sacará próximamente un libro, ya mandado a imprenta, sobre la vida de este hombre y el contexto histórico de Fuenteheridos en ese momento.

Entre los documentos que se adjuntan, la mayoría de ellos, al carecer de originales, son fotocopias. Muchos han sido encontrados en archivos como el de Simancas, Aracena, Hinojales o colecciones personales. Incluso los tres donantes han realizado fotocopias a muchos de aquellos documentos que poseen para que cualquier persona de Fuenteheridos o curiosos en general puedan consultar e investigar su historia.

Una de las joyas entregadas es la separación de Fuenteheridos con respecto a Galaroza, gracias al pago de 54 personas, es decir las más pudientes de la época, con maravedíes como moneda de cambio en aquel momento.

También se entregaron varios censos poblacionales para saber tanto el número de habitantes como en algunos casos las familias y personas que residían en Fuenteheridos, en concreto de principios del siglo XX y antes de la Guerra Civil.

Así se puede saber, por ejemplo, la labor de cada uno para saber la actividad, artesanía y producción económica del pueblo de donde procedía.

Una de las cuestiones más señaladas a lo largo del acto fue la pérdida de los originales o el desconocimiento de su procedencia. De hecho, como anécdota, Rodolfo Recio indicó que tenía constancia mediante testimonios orales que había momentos donde los documentos servían como asiento a los encargados de colocar el empedrado y adoquines de las calles. Por otro lado existen documentos con la presencia por distintos motivos de muchas familias con la mención a su edad, estado civil, labor profesional y lazos familiares. Esto ha provocado que muchos vecinos puedan descubrir parte de su árbol genealógico.

martes, julio 13

Un primo nuevo...gracias a Internet

Se llama RICARDO BRACCIALE, y al igual que SENEN GUTIERRES Y CAROLINA BRACCIALE este Blog nos a permitido encontrarnos.
Somos primos, por ahora sin necesidad de mirar en que grado...pero la sangre tira y queria presentarlos en sociedad...
Estoy tan feliz de que la familia se agrande!!!
Ojala pronto podamos conocernos...
Bienvenidos!!!

Unión de raíces

FAMILIA LANGLOIS LANTERI-DEL BONO
Los franceses Langlois fueron pioneros en vitivinicultura varietal. Mientras que los italianos Del Bono generaron un "imperio olivícola" que duró en pie hasta principios del 2000.



Pese a venir de dos países europeos distintos, las familias Langlois Lanteri-Del Bono se encontraron dos veces en el árbol genealógico a lo largo de sus historias. Indudablemente producto de estas uniones nacieron frutos -no sólo hijos, nietos y varias generaciones más- sino verdaderos emprendimientos que aportaron al crecimiento de la provincia desde sus raíces: los franceses Langlois fueron pioneros en vitivinicultura varietal (fueron los primeros en plantar la variedad Syrah y difundir sus bondades en estas tierras, los vinos de su bodega "Las Piedritas" ya ganaron premios internacionales a principios del 1900, hicieron y financiaron estudios técnicos para salvar a la uva de plagas y aplicaron la pasteurización, entre otros adelantos para la época) mientras que los italianos Del Bono generaron un "imperio olivícola" que duró en pie hasta principios del 2000.

Jean Emile Langloise, un doctor en Química nacido y graduado en París, decidió salir a buscar aventuras y venturas en el Nuevo Mundo. A diferencia de otros inmigrantes no vino motivado por "hacerse la América" ya que venía de una familia francesa acomodada. Desembarcó (junto a sus hermanos Edouard y León) primero en Bolivia, después en Chile y finalmente eligió las tierras pocitanas para intalarse junto a su bodega, toda una novedad en el 1896 por la tecnología que tenía. No hay persona en todo Pocito que no lo recuerde por su generosidad y su inteligencia. Por ejemplo, en su casa, vivieron cerca de 40 familias provenientes de Sax (un pueblo español) del cuál descienden los forjadores del departamento.


En esos mismos años, Bartolomé del Bono abandonaba su Italia natal. Contaba que tardó 40 días en carreta hasta tocar tierra sanjuanina. Se instaló en Desamparados, motivado por la producción de vino y luego lo dejó todo por las aceitunas y el aceite de oliva. Bartolomé se casó con Enriqueta Lanteri Carvetti, justamente la cuñada de Emile Langloise, forjando el primer contacto de las familias.

Por su parte, Emile se casó con una vecina de la calle 13: Antonia Lanteri Cravetti con quien tuvo 8 hijos: Adela Antonia (casa con Tristán Palisa Mujica, papás de Delia, Arturo, Sara, Julio Eduardo, Luisa Clara y Estela); Emilia Enriqueta (casa con René Carlos Bonduel y padres de Jorge, Elena, Adela, Emilio, María Teresa, Cecilia, Alicia y Eduardo), Francis Pablo Langlois (casado con Irma Colombo y padres de Irma Esther y Elsa), María Juana (casada con Luis Larrínaga y padre de 4 mujeres), Clara (casada con Silvio Serafino Baistrocchi, quienes tuvieron 5 hijos), Dionisia (casa con Jean Charnelet) y Emilio (casado con Elsa Lidia Gutiérrez, quien llegó a ser intendente de un departamento pampeano).


El más fiel continuador de su pasión vitivinícola fue su hijo Francis, cuya hija mayor, Irma Esther (más conocida como Perla) hizo el segundo encuentro con los Del Bono. Pese a que eran primos, ella se casó con Juan Bautista Del Bono. Tuvieron 6 hijas mujeres (sólo una vive en Tierra del Fuego, el resto en San Juan) y 16 nietos.
Foto 1:Los hermanos sean unidos. León, Emile y Edouard Langloise dejaron todo en París para venir a experimentar en América latina. Esta foto fue tomada en Chile en 1886. Eduardo se volvió a París y León deambuló por Argentina, Perú, Bolivia, Ginea y Argelia. Emile se afincó en Pocito y pese a que pensaba retornar a Francia, nunca más lo hizo. Quizás esa sea la razón por la que les dio una educación europea a sus hijos. Además tenían una hermana mujer que quedó en Francia.

Foto 2: Los descendientes de Emile en la nueva casa que construyeron en Pocito, después del terremoto de 1944. De pie: Juana Langlois de Larrínaga, Emilio Luis Langlois, Clara Langlois de Baistrocchi, Adela Langlois de Palisa Mujica, Francis Pablo Langlois. Él fue el continuador de su padre (que falleció en noviembre de 1940). Sentados: Emilia Langlois de Bonduel, Antonia Lanteri de Langlois y Dionisia Langlois de Charmelet.


Foto 3:Y llegaron los nietos. En esta foto de 1946 aparecen: De pie: Adela, Alicia y Jorge (fallecido) Bonduel, Elsa (fallecida) y Perlla Langlosi, con Clara y Emilio (es uno de los bebés) Basitrocchi, Elena y Eduardo (fallecido) Bonduel. En el sillón están Emilio Bonduel, José E. Baistrocchi, Cristina Larrínaga, la abuela Antonia Lanteri de Langlois (fallecida en 1949) que tiene en brazos a Elsa Langlois Gutiérrez, a su lado Silvia Baistrocchi, Arturo (fallecido), Delia y Estela Palisa. Sentados en el piso: Graciela Larrínaga, Susana Palisa, María Clotilde Larrínaga, Marta Baistrocchi, Teresa Bonduel, María del Carmen Langlois Gutiérrez, Julio Palisa y Cecilia Bonduel. 

Foto 4 Un pionero. Esta foto es de la boda de Antonia Lanteri y Emilio Langlois. Se casaron el 10 de mayo de 1902 en San Juan. Los presentó una vecina de ambos que estaba segura que ese amor daría sus frutos.

Fuente: Diario de Cuyo

Reencuentro en Facebook

Una madre y una hija, descendientes de Lumbreras, retoman el contacto, tras más de medio siglo, con su familia emigrada a Chile gracias a Internet 




Corría el año 1918 cuando los hermanos Rufino y Pedro Martínez tuvieron que abandonar a su pesar su Lumbreras natal para buscar fortuna en Chile. Rondaban los 12 años y debieron decir adiós a sus padres, sus tres hermanas, la sierra, los rebaños que cuidaban y todo cuanto habían conocido hasta entonces.
Se afincaron en la región del Biobío, en localidades como Cañete y Contulmo, iniciaron un camino propio y crearon sus familias. Hasta 1945, las cartas que escribían periódicamente llegaron a su madre y a su hermana pequeña, Amparo Martínez. Fue el último año. A ambas ya sólo les quedaron recuerdos. Imágenes como la del día de su despedida, en que los chicos se escondieron entre las ovejas porque no querían marchar.
O detalles, como cuando la hermana recibió parte del primer dinero que ganaron para que se comprase una máquina Singer, ya que era muy aficionada a coser y a hacer ganchillo.
Transcurridos 65 años, los descendientes de Rufino Martínez (con los de Pedro mantuvieron contacto) y de su hermana Amparo han vuelto a encontrarse gracias a las nuevas tecnologías. «Mi madre me insistía muchísimo en que rastrease en Internet, porque mi abuela hablaba constantemente de sus hermanos y murió con la angustia de no volver a verlos», señala Amparo Rodríguez, nieta de Amparo Martínez. «Era una asignatura pendiente, que la heredé de mi madre y que debía cumplir puesto que la sangre llama», añade la madre de la anterior, Amparo Castro.
Así, la nieta entró el pasado día 17 en las páginas web de Cañete y Contulmo y dirigió una carta a un periódico digital de la zona -Lanalhue Noticias-, en la que explicaba que buscaba a su familia emigrada a Chile. Fue darle al click y besar el santo. Un rosario de invitaciones de amistad en Facebook le han llovido desde entonces de sus parientes en el Cono Sur. «Los descendientes de Rufino Martínez, que tuvo siete hijos, emplean este medio para comunicarse porque están repartidos por distintas ciudades de Chile y Francia», explica Amparo Rodríguez.
Ahora, gracias a Facebook, el árbol genealógico se ha multiplicado y la nieta, para aclararse, ha dibujado un croquis. «Estamos desbordadas», reconoce. Durante los sanfermines conocerán en Logroño a la biznieta de Rufino que reside en Francia y viene a pasar unos días a Pamplona. Será una primera cita, puesto que ya preparan un multitudinario encuentro familiar en Santo Domingo de La Calzada, donde vive Amparo Castro.
Madre e hija sienten tanta emoción por haber salvado más de medio siglo de silencios que agradecen profundamente la ayuda que les brindaron en la búsqueda el Centro Riojano de San Antonio y el diario Lanalhue Noticias.



lunes, julio 12

Algo para copiar: Los Suárez, de L'Otero, reúnen a cinco generaciones en Pruvia

En Llanera hay varias familias conocidas por su amplio árbol genealógico y por su buen hacer en sus lugares de origen. Los Suárez de Casa Pepito, de la localidad de L'Otero, en la parroquia de Pruvia, son una de ellas y ayer protagonizaron un encuentro familiar en el restaurante de La Torre en el que reunieron a cerca de 150 personas de cinco generaciones, en un acto que sirvió para que muchos de ellos se conocieran y que estuvo amenizado por la banda de gaitas La Madreña, de Posada. Previamente, se celebró una misa en la iglesia parroquial de Santiago de Pruvia, oficiada por José Julio Velasco.
Los cabeza de familia, Laura y Pepito, fallecieron hace más de 50 años, pero su legado ha quedado en los 229 descendientes que componen ahora la familia, con nueve 'cuadrinietos' de la sexta generación. El promotor del encuentro, Avelino Suárez, nieto de los fundadores, destacó de su abuela Laura que «era una santa, con una bondad extrema» y recordó las palabras que cuentan los más mayores del lugar: «Nunca hubo un entierro con más mendigos juntos». Avelino recordó la «bondad extrema» de su abuela y el «carácter recto, fuerte y valiente» de su abuelo Pepito. «Los Suárez tenemos muchas cosas en común, pero sobre todo que los valores permanecen tanto con los que llevan el apellido como con sus cónyuges y que se basan en humildad, el trabajo y el sentimentalismo», señaló.
La familia se remonta a 1870 y es de origen campesino, minero e industrial. Laura y Pepito tuvieron nueve hijos y hoy en día, la mayor parte de los descendientes continúan viviendo en el concejo de Llanera. Muchos llevan el nombre de sus antepasados, una forma de seguir teniéndolos presentes.
María y Ramona, dos de las nueras del matrimonio, eran ayer las familiares más veteranas. En el otro extremo, los pequeños, entre los que hay varios mellizos y hasta un bebé de un mes que se llama Verónica.
Durante el encuentro se exhibieron más de 600 fotografías del álbum familiar donde los más mayores recordaron tiempos pasados y los jóvenes descubrieron anécdotas y curiosidades de sus antepasados. Además, presidiendo el salón de la comida, se encontraba un árbol genealógico a la espera de que las últimas generaciones de la familia Suárez lo completen dentro de unos años.

domingo, julio 11

175 años de constancia

La breve historia de un siglo y tres cuartos de González Byass · Retrato de familia con una bodega al fondo

Todo comenzó en 1835 y, cómo no, con el vino. Aquel pipiolo hijo de un Guardia de Corps del Rey, Francisco González Viana, que fue destinado a Sanlúcar por su fama de donjuán, trabajaba en una modesta casa de comercio que nunca le convenció. Era el menor de siete hermanos del matrimonio entre Francisco y Rosario Ángel y Vargas. Se le impuso el nombre de Manuel María González Ángel (Sanlúcar, 1812-Jerez, 1887), un enorme emprendedor para su tiempo que forjó todo un emporio que ha llegado hasta hoy día bajo el mando familiar. No debería sobrarle dinerillo cuando Manuel María pretendió a Victorina de Soto y Lavaggi. Su padre era Pedro Nolasco de Soto y Araco, con importantísimos negocios de exportación e importación en Cádiz. Manuel María cortejaba a Victorina, pero su padre se oponía a la relación. Le echaron a los perros y cubos de agua para persuadirle, pero finalmente le vieron con buenos ojos cuando sus negocios comenzaron a florecer. Manuel María (MM a partir de ahora) y Victorina casaron. Victorina le dio nueve hijos: Victoria, Emilia, Josefa, Dolores, Manuel Críspulo, Pedro Nolasco, Gabriel, Luisa y Ricardo.  Un buen día, MM, hombre  inteligente y con muy buen ojo para los negocios, decidió actuar por su cuenta. Y se decidió por exportar vinos. “Trabajo para ser muy pronto rico, pero si no lo logro me llevaré un gran chasco”. 

Cuando contaba con sólo 23 años, hace su primer embarque: Diez botas de vino que viajaron a Inglaterra. Un año después, fueron 62. Estaba entusiasmado: “No encuentro negocio más bonito que los vinos y a él me voy a dedicar”. Para eso necesitaba dinero. O socios. Encontró socios, Juan Bautista Dubosc y Francisco Gutiérrez de Agüera y se llamó entonces la sociedad ‘González & Dubosc’. Aquello prosperó. Y MM comenzó a comprar terreno en la zona próxima a la Catedral jerezana todo lo que se le puso por delante, poniendo los cimientos de la futura bodega, la Casa.

En 1844, el equipo de trabajo funciona. MM se ocupa de todo desde Jerez. Dubosc viaja por toda Inglaterra e Irlanda y un tal Robert Blake Byass, futuro socio junto a González, realiza una importante labor de agente en Londres. González saca al mercado su primer brandy, compra sus primeras viñas y se inaugura la bodega ‘La Constancia’. De trabajo, constancia. Así era MM, un hombre laborioso y de una enorme tenacidad.

EL ‘TíO PEPE’. La bodega va viento en popa. Tanto éxito sin saber nada de vinos parecía un milagro. Hubo un personaje detrás: José Ángel de la Peña, tío de Manuel María, que le inició en el conocimiento del vino y del negocio. En compensación, MM regaló a su consejero una pequeña bodeguita para que criara a su gusto un vino fino. José Ángel hizo lo que le pidió y sólo exigió que le diera las llaves para entrar y salir a su antojo. Algún tiempo después, Byass envió a Londres varios lotes como muestra y los resultados fueron excelentes. Tan eficaz fue su acogida entre los consumidores que el propio MM se acercó un día a la bodeguita de su tío para escribir en una de sus botas: ‘Solera Tío Pepe’. Hay, por tanto, un ‘Tío Pepe’ de carne y hueso. Así fue la pequeña historia del nacimiento del fino más universal de González Byass.

AQUELLOS TIEMPOS.  Con pocos años frente al negocio, MM se convierte en  ‘capitán de empresa’, el conquistador, organizador y negociador, un hombre con capacidad de decisión que forja el espíritu de empresa que, unido a un espíritu burgués, constituye la esencia del espíritu capitalista. Al igual que muchos bodegueros foráneos, aventureros extranjeros o no que recalan en Jerez atraídos por el negocio del vino, MM cumple con los cánones del próspero empresario de la época: fidelidad mutua entre bodegueros con sólo el compromiso verbal, construcción de grandes residencias familiares, dedicación a las obras caritativas (o el buen uso de la riqueza) y, por supuesto, la formación de una gran familia, donde prima la endogamia para asegurar la continuidad en la obra iniciada. Un inglés, Julian Jeffs, escribe sobre las familias bodegueras que “todo el mundo está emparentado, por lo menos por matrimonios, por lo que el árbol genealógico de Jerez se parecería a un laberinto si alguien tuviese la perseverancia de intentar solucionarlo”.

Una de las primeras grandes alianzas es la de González y Domecq, que luego se diversificaría en cinco ramas familiares, lo que llevó a decir que “hablar, lo que se dice hablar, en Jerez los Domecq sólo hablan con los González. Y a lo mejor, los González sólo hablan con Dios”. Además las extraordinarias relaciones comerciales con Inglaterra, se convierten en signo de distinción. La caza, la hípica o deportes como el polo se imponen en la ciudad. Los hijos con posibles son mandados a estudiar en universidades británicas. Dice Julian Jeffs que “todo lo extranjero hacía furor en Jerez. Los jerezanos, luciendo sombreros de Lock y con trajes de Savile Row, iban en carruajes ingleses a los banquetes preparados por jefes de cocina franceses”.

LA FAMILIA. La familia era importante, como se ha dicho. González ha mantenido hasta ahora su intención de que el negocio sea siempre familiar. Sin embargo, por entonces, la vida sigue y, con ella, la empresa, que pasa a denominarse ‘González Byass’, dando entrada al socio inglés. Esta alianza durará hasta 1988. Empiezan las obras faraónicas: Se construye en 1865 el palacete de la calle Larga, se compra la residencia de El Altillo para solaz de la familia en época veraniega y, entre un sinfín de más cosas, se levanta la emblemática bodega de La Concha, atribuida a Eiffel.  Antes de morir, MM congregó a toda su familia para celebrar el santo de su mujer Victorina. Fue en El Altillo, la parte más alta de la ciudad, que adquirió en 1846, y que ahora ocupa en usufructo Blanca de la Quintana González, la última de las siete hermanas conocidas por las ‘niñas de El Altillo”.

LA DIVERSIFICACIÓN. El desembarco de la segunda generación de la compañía, en 1870,  con Pedro Nolasco y Manuel Críspulo González Soto, abre una larga y tranquila época de expansión, salpicada por algunos brotes de crisis en el consumo que González logra sortear. Se suceden las visitas reales, se incorporan los primeros avances tecnológicos, Luis Pérez Solero crea el logo del ‘Tío Pepe’, comienza a comercializarse el brandy ‘Soberano’ y se registra la marca ‘Lepanto’.
La búsqueda de nuevos mercados les hizo entrar  también en los licores hasta que en 1982, con la compra de las riojanas Bodegas Beronia, prueban suerte con éxito en el mercado de los vinos de mesa. Tras Beronia y, algo después, el Finca Constancia,  entran en el ámbito  del cava con Cava Vilarnau, lanza el ‘Finca Moncloa’, hasta culminar este proceso inversor con la compra de Viñas del Vero, de la denominación de origen Somontano.

En la actualidad, los vinos de Jerez suponen el 27% del grupo, brandies y licores aportan un 30% y el vino de mesa, el 43% restante, “que supone el área de mayor crecimiento”, dice Pedro Revuelta, vicepresidente y consejero delegado de la compañía y, por ende, miembro de la quinta generación de la familia. En su último ejercicio fiscal, la bodega comercializó 2,62 millones de cajas (equivalente a 31,52 millones de botellas), con una facturación de 161 millones de euros. González Byass está, actualmente, entre las diez mayores bodegas españolas.

...YDOÑANA.  Familia tan extensa, educada bajo las exquisitas y rígidas costumbres inglesas, dio un puñado de personajes singulares y polifacéticos, que alternaron su labor en la bodega con sus aficiones personales. Uno de esos principios fue el de la defensa de la naturaleza,  en la que se han volcado de forma importante las dos últimas generaciones de la familia.
Pedro Nolasco González Gordon,  marqués de Torresoto,  era un asiduo del Coto Doñana desde 1897 en que, junto con los naturalistas Chapman y Buck, adquirió los derechos de caza en aquél paraíso agreste. En 1940, su hijo Manuel María González Gordon, otro personaje al que, paradójicamente, unos sorbitos de vino le salvaron la vida siendo un bebé, junto con dos amigos, adquiere 17.000 hectáreas en Doñana, donde su nieto Mauricio, en la década de los sesenta, acompaña a una serie de expediciones científicas que fueron el germen de la creación de Doñana como Parque Natural.

Mauricio González Gordon, marqués de Bonanza, es enólogo, un gran enólogo. También ornitólogo y uno de esos primeros ecologistas que, contradiciendo los planes del franquismo de hacer de Doñana zona urbanizable en el litoral y una plantación de eucaliptos para la fabricación de caucho,  contribuyeron a ser de Doñana lo que es ahora. Mauricio cuenta con 86 años. Es, por tanto, miembro de la cuarta generación. Su padre Manuel María falleció con 94 y su abuelo a los 97. El vino alarga la vida pero tanta longevidad extraña. Un día se le preguntó esto a Mauricio y así contestó:“Perico, primo hermano mío, vive en Madrid y cumple ahora los 97. Su mujer tiene 94. Cada día, se toman entre  los dos una botella de ‘Tío Pepe’; media él, media ella”.                       

Era el vino. Qué será lo que tiene el vino.
Fuente: diariodejerez.es

Guinness Storehouse presenta un árbol genealógico interactivo a disposición de sus visitantes

Cuatro pantallas instaladas en el museo ofrecerán gratuitamente a los visitantes la posibilidad de investigar acerca de sus raíces, a partir de 1880
Guinness Storehouse, el museo de la popular cerveza que es la atracción número uno de Irlanda, ha puesto hoy en marcha unas pantallas que permiten a los visitantes descubrir la historia de sus antepasados, si éstos han trabajado para Guinness entre los años 1880 y los 90 del siglo XX.
Foto de la noticia: Guinness Storehouse presenta un árbol 
genealógico interactivo a disposición de sus visitantesEstos displays ofrecerán información de hasta 16.000 personas que trabajaron en la fábrica de St. James’s Gate. Guinness Storehouse es la compañía irlandesa con el archivo más grande y la única que lo tiene abierto al público.

Después de más de un año de implantación y de 5 meses con dos personas encargadas únicamente de digitalizar más de 16.000 archivos, Guinness Storehouse ofrecerá la posibilidad de que todos los visitantes indaguen si algún miembro de su familia trabajó en la fábrica y obtener detalles al respecto.
La documentalista de Guinness, Eibhlin Roche ha comentado que “este proyecto ha supuesto un gran compromiso para nuestro equipo y una fantástica innovación que nos ha llevado más de un año poner en marcha. Estamos encantados de poder compartir esta nueva experiencia con nuestros visitantes. Personas de todo el mundo nos contactan diariamente para encontrar sus raíces en la fábrica de St. James’s y a partir de ahora, nuestros visitantes podrán hacerlo por sí mismos con sólo tocar un botón y de manera gratuita”.
Las cuatro máquinas, situadas en la tercera planta, funcionan de la siguiente manera: los visitantes simplemente tienen que introducir el nombre de la persona que quieran buscar y al instante se les darán la siguiente información: fecha de nacimiento y defunción, el año que entraron a trabajar en la fábrica y el cargo que ocuparon. Además, se mostrará información adicional de cada departamento de la fábrica así como fotografías, permitiendo así que los visitantes viajen al pasado y mostrando en imágenes cómo era el ambiente de trabajo.
El servicio de búsqueda y obtención de información es gratuito, y quienes quieran además imprimir el certificado con toda la información y fotografías, podrán hacerlo por 5 euros. Para obtener mayor información al respecto, se puede solicitar una entrevista con los documentalistas de Guinness.
Rory Guinness, descendiente de la familia, inauguró ayer esta nueva atracción de Guinness Storehouse.
Famosos con raíces en Guinness
  • Las siguientes celebridades irlandesas tienen parientes que trabajaron en la fábrica: Tom Dunne, Simon Delaney, Mary Kennedy y Ryan Tubridy.
Datos acerca de la vida laboral de los empleados de Guinness
  • En 1901, una de cada 30 personas en Dublín eran económicamente dependientes de la fábrica
  • Los trabajadores de Guinness disponían de seguridad y continuidad de empleo, en una época en la que apenas se tenían garantías: los trabajadores dublineses solían tener entre dos y tres meses de desempleo al año
  • Los despidos eran muy infrecuentes y las dimisiones extrañas, ya que los salarios en la fábrica eran entre un 10 y un 20% superiores a la media de Dublín.
  • Guinness ofrecía pensiones desde el año 1860, mucho tiempo antes de que éstas fueran concedidas por el Estado
Fuente Notici@scadadia